¿Quién será la gran estrella de los Juegos de París? Sólo Biles opta al trono que dejó vacío

¿Quién será la gran estrella de los Juegos de París? Sólo Biles opta al trono que dejó vacío

Hace tres años, en el Ariake Gymnastics Center de la bahía de Tokio, Simone Biles se retiró al vestuario, se puso encima un enorme albornoz blanco y salió a anunciar al mundo entero que se retiraba de los Juegos Olímpicos. Iba a ser la estrella, tenía que ser la estrella, pero ya no podía ser la estrella. Con su decisión construyó un enorme debate sobre la salud mental en el deporte de élite, la presión de la competición, la incomprensión pública, incluso el efecto a largo plazo de los abusos sexuales, pero también dejó un enorme vacío.

Si en Múnich 1972 el rey fue Mark Spitz; en Montreal 1976 la reina fue Nadia Comaneci; en Los Ángeles 1984, Carl Lewis; en Barcelona 1992, el Dream Team; en Atlanta 1996 lo fue Michael Johnson; y en Pekín 2008 reinaron Michael Phelps y Usain Bolt; en Tokio 2020, Biles tenía reservado el trono. Y sin ella nadie ocupó su sitio. "No quiero ser una estrella, no he nacido para ello", llegó a proclamar el nadador estadounidense Caeleb Dressel, que se colgó cinco medallas, el que más, y pocos meses después cayó en una profunda depresión.

Hoy los Juegos Olímpicos de París 2024 arrancan con el puesto de máxima estrella, de leyenda, de emblema todavía vacante. ¿Quién será el mayor o la mayor protagonista? Quién sabe, aunque la aspirante mejor situada vuelve a ser quién era: Biles. Apenas se recuerda, pero después de su catarsis de mareos y lágrimas, la gimnasta estadounidense se apuntó al último día de competición en Tokio para ganar un bronce en la barra de equilibrios, su peor aparato, y dejar escrito un mensaje: "Volveré".

Desde entonces la cuatro veces campeona olímpica en los Juegos de Río 2016, ha vivido todo un proceso de curación que pasó por no competir dos años, acudir a terapia para evitar esos temibles twisties y, entre otras cosas, recibir una medalla de honor de manos de Joe Biden o casarse con el jugador de la NFL Jonathan Owens. A mediados del 2023 regresó con tanto éxito que dominó el último Mundial. A partir del martes 30 -el domingo será la clasificación-, en el Bercy Arena de París encontrará la competencia de otras gimnastas como la brasileña Rebeca Andrade, amiga suya, compañera de entrenamientos, pero principalmente dependerá de ella misma.

Si sostiene todo el peso que tiene sobre sus hombros no sólo ganará, también reinará. Si no lo hace, hay pocas candidaturas más. De hecho, la otra que más reluce también tiene nombre de mujer y concretamente nombre de mujer estadounidense: Katie Ledecky. La nadadora tiene en sus brazos y en sus piernas un récord de los que quedan en el recuerdo: si vence en las tres distancias que disputará se convertirá en la deportista con más oros de la historia de los Juegos.

Dueña ya de siete, sumará 10, uno más que la ucraniana Larisa Latynina, mito de la gimnasia antes de Biles. En su contra su timidez y su apuesta absoluta por el fondo, las pruebas menos espectaculares de la natación. A sus 27 años y después de 12 en la élite -en Londres 2012 ya ganó un oro-, Ledecky ha abandonado los 200 metros y los relevos cortos para situar todas sus opciones en los 400 metros que disputa mañana, los 800 metros y los 1.500 metros. En la piscina no hay nadie con su historial, pero podrían surgir nuevas estrellas.

JJOO Paris. Sedes

El público local espera que triunfe Leon Marchand, especialista en mariposa, y en los 100 metros libre se vivirá un duelo eléctrico entre el rumano David Popovici y el chino Pan Zhanle, ambos recientes plusmarquistas mundiales. Necesitarán volar y derrochar carisma para saltar las fronteras de su propio deporte, pero podrían hacerlo.

Como podría hacerlo el velocista Noah Lyles en el tartán del estadio de Saint Denis o como ya ha hecho Eliud Kipchoge, leyenda haga lo que haga en el maratón. En realidad, lo más probable es que nuevamente el protagonista o la protagonista de los Juegos no estén en el atletismo y la natación y esté en el tenis, con todos los ojos mirando a Carlos Alcaraz o en el baloncesto, con otro Dream Team (Lebron James, Stephen Curry, Kevin Durant, Jayson Tatum, Joel Embiid) en acción y el fenómeno Victor Wembanyama en su casa.

Faltan estrellas, siempre falta alguien, como el maratoniano recientemente fallecido Kelvin Kiptum, algunos rusos sancionados como el nadador Evgeny Rylov o quienes renunciaron, como Kylian Mbappé o Tadej Pogacar, pero unos Juegos Olímpicos no esperan a nadie. Un trono está libre y quien lo ocupe posiblemente será una mujer.

Támara Echegoyen, antes de la inauguración en París: “Soy abanderada gracias a mis derrotas”

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 22:27

En el agua, siempre en el agua. Támara Echegoyen (Ourense, 1984) creció sobre un barco, maduró sobre un barco, triunfó sobre un barco y, cómo no podía ser de otra manera, hoy disfrutará sobre un barco, el que llevará a la delegación española por el Sena con ella al frente. «Me encanta que la ceremonia de inauguración se haga dividiendo a los equipos en barcos, ¡imagínate! Los estadios están muy bien, pero para mí será como un sueño. Estoy disfrutando mucho de los momentos previos. Estas ceremonias cansan, son muchas horas de pie, pero se pueden vivir muy pocas en la vida», asegura a EL MUNDO.

La vela, el deporte que más medallas ha dado a España, tendrá otra abanderada, una campeona olímpica, aunque de aquello hace 12 años y la lejanía duele. Por el camino, Echegoyen ha logrado el récord que nadie querría: tanto en los Juegos de Río 2016 como en los Juegos de Tokio 2020 acabó cuarta, dos medallas de nada. En París quiere olvidar la racha.

Su padre tenía un barco en Sanxenxo, navegaba con la familia desde que era una niña. No imagino unos inicios tan idílicos.
Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia en el mar, pero aquello tenía poco que ver con el deporte, menos aún con la competición. Te lo contaría de manera muy romántica, pero sería mentira. Mi familia sólo tenía un barco de ocio y yo quizá probé 10 deportes antes de decidirme sólo por la vela.
Cuentan que ahora es imposible sacarla del mar, que no sale ni para ir a tomarse algo.
(Risas) Totalmente. En mi vida hay muy pocos días sin mar. Incluso de vacaciones estoy en el agua. A veces necesito desconectar de la competición, pero nunca del mar. Lo único que me cuesta es convencer a mis amigos a que salgan conmigo porque siempre voy al 100%, me sale sin querer, y ellos quieren que el barco vaya tranquilito, plano, para que no se vuelquen las cervezas.

RFEV

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 apareció de la nada, junto a sus compañeras Ángela Pumariega y Sofía Toro, para ganar el oro en aquel barco Elliot 6m.
Es inolvidable, aquello fue una sorpresa incluso para nosotras. Nos costó clasificarnos y llegamos a los Juegos con un objetivo muy realista, conseguir un diploma. Quizá esa fue la clave. No presionarnos nos permitió disfrutar de los Juegos al máximo, centrarnos en nuestra rutina, hacer lo nuestro. Aún tenemos las tres un grupo de Whatsapp y la relación es muy, muy buena. Muchas veces sólo nos centramos en el resultado, pero el valor de lo vivido es enorme.
Fueron el 'Chiquitas Team'.
¡Eso es! En mi casa siempre me han llamado 'chiquita' y de ahí vino. Luego, como estaban empezando las redes sociales, nos pusimos ese apodo y aún hay gente que lo recuerda.
Luego vinieron dos 'casi' consecutivos. ¿Cómo los vivió?
El tiempo es necesario para asimilar que has acabado cuarta. Las dos veces me sentía igual, desolada, triste, frustrada... ¡uf! Sería injusto no llorarlo, pero luego vas dándole el valor que tiene. En tres Juegos Olímpicos he acabado con opciones de medalla. Es difícil relativizarlo, pero el deporte es así, no todo es bonito.

RFEV

¿Seguiría aquí si se hubiese colgado un bronce en Tokio?
No lo creo. Ese diploma me ha permitido llegar a París, puedo decir que soy abanderada gracias a mis derrotas. Con una medalla no hubiera seguido navegando y no estaría aquí, pero la cabezonería siempre ha sido mi tripulante. Acabar cuarta es doloroso, pero hay que apreciarlo.
Ahora que lo aprecia, ¿Se retiraría tranquila sin otra medalla olímpica, con el oro de Londres 2012?
Tendría que hacerlo, ¡Qué remedio! Pero me quedaría una espina clavada, no te lo puedo negar.
Ya ha vivido varias aventuras fuera de la vela olímpica. ¿Hasta qué punto llegó al límite en sus dos vueltas al mundo a vela en 2018 y 2023?
¡Buf! Hasta límites insospechables. Llegué a estar completamente agotada. Antes hablábamos de estar siempre en el mar y ahí sí que deseé pulsar un botón que me devolviera a tierra. Pero siempre había algo que me empujaba a seguir adelante. Unos Juegos Olímpicos tienen dificultades, tienes que navegar muy rápido, con presión, pero no llegas al límite. En la vuelta al mundo pude comprobar qué es realmente la extenuación.

Marcus Cooper, primer abanderado nacido fuera de España: “Es un honor llevar la bandera más bonita del mundo”

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 22:25

Señala la estadística que Marcus Cooper (Oxford, Reino Unido, 1994) será el primer abanderado español en unos Juegos nacido fuera de España, pero él responde de la manera más española posible. Ahora una guasa: «Mi tatarabuelo ya veraneaba en Mallorca». Y ahora, mucha pasión: «Yo siento muchísimo los colores, todos mis éxitos han sido siempre de España. Aquí he crecido, de aquí soy y para mí es un honor llevar la bandera más bonita del mundo». Si en algún momento hubo polémica, incluso alguna duda suelta, ya no queda nada.

Cooper, el piragüista que sorprendió en solitario con un oro en Río 2016 y brilló en equipo con una plata en Tokio 2020, está ante su momento. La bandera, su bandera, bien alta.

Se subirá a la barcaza, saldrá a navegar por el Sena y levantará la bandera con toda la delegación detrás. ¿Se lo ha imaginado?
No soy capaz, llevo varios días nervioso, como a la espera. Lo he hablado varias veces con Sául [Craviotto, abanderado en Tokio 2020] y lo comenté con Pau Gasol [abanderado en Londres 2012]. Me cuesta aceptar lo que significa ser el abanderado de tu país en unos Juegos Olímpicos. Es fuerte, eh. En el deporte te acostumbras a pensar en el siguiente objetivo justo después de ganar. En 2016 gané el oro olímpico y a las pocas horas ya pensaba en la temporada siguiente. Pero no hay nada más allá de ser abanderado.
Diría que le impone más el simbolismo por la bandera que el hecho de que le vayan a ver millones de personas, que gane popularidad, que le empiece a seguir más gente.
Totalmente. No me preocupa que me reconozcan, lo llevo muy bien. Tiene más cosas buenas que malas. Incluso cuando ha habido alguna crítica, lo he encajado bien, con naturalidad. Al final si soy conocido es por el deporte, es por algo bonito y eso me permite ayudar a la gente.

JORGE PETEIROEL MUNDO

Habla del Plan Cooper, su proyecto web para mejorar la salud de las personas. En el proceso cuentan que ha probado todos los planes nutricionales posibles.
(Risas) Sí, la verdad. Me gusta probar, ver si hay algo que me permita recuperar mejor, entrenar mejor, sentirme mejor. Durante una época probé la dieta eco, por ejemplo, todo lo que comía era bio. Pero todo, todo, absolutamente todo. También probé el ayuno intermitente, incluso con entrenamientos intensos. Me sentía más ligero, la verdad, no notaba que me empeorara. Pero no hay nada que sea la panacea. Ahora, con la ayuda de profesionales, simplemente intento comer lo más sano posible.
También, junto a Miravia, patrocinador de estos Juegos Olímpicos, protagoniza la campaña 'Con la cabeza bien alta', que cuida de la salud mental. ¿Cuál ha sido el momento más duro de su carrera en ese sentido?
Nunca he tenido un bajón muy grave, pero sí toques de atención. En 2015, por ejemplo, no me pude clasificar para los Juegos de Río 2016 en la modalidad que yo quería y pensé en dejar el piragüismo. Sólo tenía 21 años, pero pensé que tenía que dejarme de grises: o me retiraba o me metía por completo, a por todas. Y me puse como un robot, todos los entrenamientos perfectos, los descansos, las comidas... Empecé a ganar en una prueba que no era la mía, me clasifiqué para los Juegos a última hora en la repesca y saqué el oro.

JORGE PETEIROEL MUNDO

El piragüismo nunca falla.
Sí, siempre dicen eso. Recuerdo en Tokio que estábamos viendo a alguien competir en la tele española, diría que a Lydia Valentín, y como no sacó medalla dijeron: 'Bueno, nos queda el piragüismo'. Esa presión se nota. Pero conseguimos manejarla bien, nos lo tomamos como algo positivo. Y en todo caso en el K4 [el barco que comparte con Craviotto, Rodrigo Germade y Carlos Arévalo] nadie nos va a poner más presión de la que nos ponemos nosotros mismos. Somos muy autoexigentes.
Ustedes mismos han admitido que el año pasado eso cayó [fueron séptimos en el último Mundial].
Nos relajamos, no lo podemos negar. Nos faltaba chispa, diría que incluso un poco de humildad. Cuando llevas tantos años compitiendo te olvidas de que para estar ahí arriba necesitas seguir entrenando, seguir mejorando, seguir trabajando. Hemos conseguido grandes cosas, pero no somos invencibles ni mucho menos. A nivel técnico nos faltaba sincronización, acople.
Pero si llevan juntos una eternidad.
Da igual. Hay tantos detallitos que pueden fallar que si te despistas todo se derrumba. En lo técnico, en una piragua con cuatro personas, la hidrodinámica es muy compleja. Cuesta mucho sincronizarse completamente y si no lo haces vas mucho más lento. Es un deporte de fuerza, pero también de resistencia, es muy duro, de verdad. A mi me gusta decir que vas tan al límite que después de llegar a paso el siguiente paso es morir. Por eso hemos hecho sesiones agónicas en las que nos grabábamos y luego, en seco, en una pantalla grande, estudiábamos hasta el último detalle. Así día a día, entrenamiento a entrenamiento, hemos vuelto a nuestro nivel, o mejor, y venimos a estos Juegos a por todas.

¿Qué se vive como abanderado en la inauguración de unos Juegos? “Si te olvidas algo ese día es para matarte”

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 22:23

«Ese día repasas la mochila tres veces. Normalmente te llaman a un ensayo por la mañana y luego te convocan horas antes de la ceremonia. Antes de salir de la Villa lo revisas todo: que los calcetines sean los que tocan, que el gorro sea el adecuado. Imagínate que llegas allí y te falta algo, es para matarte. Durante todo el día se pasan muchos nervios, la verdad. Es como una víspera de Reyes: estás feliz y al mismo tiempo a la espera», recuerda Ander Mirambell, el último abanderado español en una ceremonia de inauguración, en su caso junto a Queralt Castellet en los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín 2022. Él es el último de una tradición que hoy en los Juegos Olímpicos de París continuarán Marcus Cooper y Támara Echegoyen.

Hasta ahora España ha tenido 39 abanderados. De José García Lorenzana en Amberes 1920 hasta Saúl Craviotto y Mireia Belmonte en Tokio 2020 pasando por el rey Felipe VI en Barcelona 1992 o algunos repetidores, como Francisco Fernández Ochoa, que llegó a encadenar tres ediciones.

«Es un honor muy grande, equiparable sólo a ganar un oro. Estás representando a un país y, al mismo tiempo, encabezas la delegación, eres el elegido entre tus compañeros», comenta Alejandro Abascal, campeón olímpico de vela en Moscú 1980 y abanderado español en Los Ángeles 1984, que más allá de lo sentimental rememora los pormenores de llevar la bandera.

«Recuerdo que me sorprendió el detallismo de la preparación. En el ensayo de la mañana nos explicaron el recorrido, toda la ceremonia... Ya estaban allí, por ejemplo, las niñas que llevaban el letrero de España. Pensaba que la bandera pesaría más, pero nada, es una pluma. Aunque en esos momentos, con la emoción, el orgullo y la juventud podría pesar lo que quisiera», añade 'Jan' Abascal, que luego en aquellos Juegos yankees sólo pudo ser undécimo. Con aquella ceremonia de inauguración como recuerdo, el regatista no tardó en retirarse y pasar a ser entrenador de, entre otros, jóvenes que ahora aspiran a medalla como Diego Botín.

El recuerdo de Mirambell y la anécdota de Abascal

«No sé cómo será en París, pero el momento de salir del túnel y entrar en el Estadio Olímpicos es espectacular. Nosotros, con Queralt, quisimos cambiar un poco el protocolo y en lugar de ir en línea recta, hicimos un círculo sobre nosotros mismos. Además yo que colaboro con la asociación Cris contra el cáncer, que ayuda en la pediatría oncológica, me quite el gorro y me toqué la cabeza en recuerdo a los niños», recapitula Mirambell, especialista en skeleton, primer español en este deporte, que en Pekín 2022 disputó sus cuartos Juegos y después colgó el trineo.

Hoy, como Abascal, se dedica a preparar a los más jóvenes y transmitirles su experiencia que incluye, cómo no, sus recuerdos de aquella inauguración. «Justo cuando dejé la bandera hice una videollamada con mi mujer y mi hijo y tengo guardada una captura de pantalla», comenta quien subraya el honor de liderar a otros deportistas. Porque, junto a la bandera, el valor está en quién está detrás.

«Yo siempre hice vela, pero el deporte que me entusiasmaba era el baloncesto. Seguía mucho a la selección, teníamos muy buena relación. De hecho, fui de los pocos españoles que vieron la final de Los Ángeles. No había manera de conseguir entradas, pero el entrenador, Antonio Díaz Miguel, me dijo que me subiera al autobús con ellos. Llegamos al estadio de los Lakers, Epi me dejó su bolsa, yo me estiré todo lo que pude para parecer más alto y nadie me dijo nada. Yo flipaba en los vestuarios, entre las taquillas de Magic y de Abdul Jabbar. Acabé al lado del banquillo, disfruté como un niño aquel día», recuerda Alejandro Abascal, uno de los 39 elegidos que hoy ya serán 41.

Un chasco antes de empezar: Brasil noquea a España y le complica mucho los Juegos

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 15:47

Acabó su duelo contra Brasil y entonces, sólo entonces, España descubrió que estaba en unos Juegos Olímpicos. No venía la selección de balonmano femenino de su mejor ciclo, con algunas decepciones en Mundiales y Europeos, pero incluso así su debut en el pabellón 6 del recinto Puerta de Versalles fue desesperanzador. Errores, errores y más errores. Lamentos, lamentos y más lamentos. Brasil atropelló a España con el carácter con máximo argumento. La selección sudamericana no es favorita a la medalla ni mucho menos, si la lograra sería la primera de su historia, pero apareció en París con ganas y eso le sirvió para volar. Al final el resultado fue inequívoco, 18 a 29.

Aunque la fase de grupos es amable y queda un rival en principio asequible, Angola, España ahora tendrá que ganar a Hungría, Francia o Países Bajos sólo para estar en cuartos de final. Para evitar a favoritas como Dinamarca o Noruega en esa fase necesitará sumar tres o cuatro victorias. Mal asunto.

La primera línea, perdida

España llegaba a los Juegos con jugadoras capaces de generar goles, una mezcla de las dos últimas generaciones, Shandy Barbosa, Mireya González, Lara González y Paula Arcos, pero ninguna de ellas encontró el camino, más bien lo contrario. Ante la defensa feroz de Brasil y bajo el ruido de un público carioca entregadísimo -París parecía Río-, la primera línea española entró en un laberinto del que no salió en los 60 minutos del encuentro. Se acumularon pérdidas, faltaron los goles.

ARIS MESSINISAFP

Mientras se crecía la portero brasileña, Gabriela Moreschi, y sus dos laterales, Bruna de Paula y Patrícia Matieli, España desaparecía con los únicos chispazos de sus extremos y de los siete metros provocados por sus pivotes. Mal asunto.

Otro sorteo explosivo para Nadal: puede jugar ante Djokovic en segunda ronda en los Juegos

Actualizado Jueves, 25 julio 2024 - 12:30

Rafa Nadal ha jugado al póker, vaya si ha jugado al póker. Este jueves, en el Club Les Lodges de Roland Garros, lugar habitual de sus celebraciones, el sorteo del cuadro de los Juegos de París le situó ante el más difícil todavía y él hizo como si nada, tranquilo, impasible. Invitado por la organización para presenciar el acto en primera fila no movió ni una ceja. Y eso que, como ya le pasó en el Grand Slam francés, en la cita olímpica deberá saltar un altísimo obstáculo si quiere jugar por las medallas.

Esta vez el trago no será en primera ronda. De inicio, se medirá al húngaro Marton Marton Fucsovics, el 83 del mundo, un tenista al que nunca se ha enfrentado. En segunda ronda llegará la dura prueba. Allí, si ambos vencen, le esperará el actual número dos del mundo, su adversario en la cima del tenis, el rival al que más veces se ha encontrado (30 derrotas y 29 victorias), Novak Djokovic. En el último duelo entre los dos, también en Roland Garros, venció el español, pero han pasado dos años y tantos, tantos dolores. El favorito esta vez será el serbio, más tras su rápida recuperación de la lesión de rodilla y su reciente final en Wimbledon.

Además, si gana Nadal, si supera ese Rubicón, el camino tampoco será sencillo. En tercera ronda podría aparecer Matteo Arnaldi, que llegó a cuarta ronda en el último Roland Garros y luego Stefanos Tsitsipas o Sebastián Báez. Luego ya, en semifinales, su adversario potencial tiene el nivel que merece la fase, un Alexander Zverev que ya lo eliminó hace sólo dos meses. Pese a su tranquilidad durante el evento, el sorteo no fue nada amable con él.

Alcaraz y el dobles

Todo lo contrario de lo que fue para Carlos Alcaraz. Sin Jannik Sinner, de baja por una amigdalitis, y con Djokovic y Zverev por el otro lado del cuadro, el horizonte está despejado. Su estreno será ante el libanés Hady Habib, el 275 del mundo, un jugador con invitación que apenas ha jugado 15 partidos en el circuito ATP y luego surgirán nombres como el británico Cameron Norrie, el chileno Alejandro Tabilo o el argentino Tomás Etcheverry antes de un posible duelo con Alex de Miñaur en cuartos de final. En semifinales podrían aparecer Daniil Medvedev o Casper Ruud, ambos adversarios a los que ha vencido recientemente.

Nadal y Alcaraz tuvieron así suertes dispares en el sorteo y como pareja, en el dobles, se quedaron un punto medio. Su debut será complicado, ante la pareja argentina formada por Máximo González y Andrés Molteni, dos tenistas que suelen jugar juntos y que, por ejemplo, han ganado las dos últimas ediciones del Godó, pero luego la competencia será menor. El cruce complicado le cayó a la dupla formada por Marcel Granollers y Pablo Carreño que empezarán contra los italianos Simone Bolelli y Andrea Vavassori, los cabeza de serie número 1, finalistas este año del Open de Australia y Roland Garros.

Hugo González, la gran esperanza en la natación: “He entrenado en tiempos que pensaba imposibles”

Actualizado Miércoles, 24 julio 2024 - 01:00

Antes de los Juegos Olímpicos de Tokio, los que iban a ser sus Juegos Olímpicos, Hugo González (Palma de Mallorca, 1999) pensaba en retirarse. Con sólo 22 añitos, el nuevo líder de la natación española no se sentía apoyado por la Federación Española (RFEN), más bien todo lo contrario, y se veía fuera de la piscina. Querían que fuera a entrenar al CAR de Sant Cugat y él deseaba seguir en Estados Unidos, en la universidad donde estudiaba, Berkeley, en California. El desencuentro duró y duró. Hasta que el año pasado, después de mucho lío, hubo acuerdo entre las partes, González recuperó las ayudas, encontró varios patrocinadores y su futuro se aclaró. Desde entonces alterna meses en Berkeley con estancias en Madrid con un sistema único en el que lleva su propio plan, siempre acompañado de un técnico de su confianza. Desde entonces, brilla, vaya que si brilla.

Este año, en febrero, en el Mundial de Doha, se colgó dos medallas, un oro en los 200 espalda y una plata en los 100 espalda. Ahora sí estos Juegos Olímpicos de París tienen que ser sus Juegos Olímpicos. También nadará en los 100 espalda y los 200 estilos, pero apunten la fecha y la hora de su final, la final de los 200 espalda: 1 de agosto, 20.37 horas. Desde el ocaso de Mireia Belmonte, España no tenía una opción de medalla tan clara en el agua.

¿Ya puede entrenar y competir sin dudas sobre su futuro?
Depende cómo se mire. Ahora tengo más sponsors que nunca, como Iberia o YoPro y tengo más facilidades para poder viajar a las competiciones y para seguir mis entrenamientos. Todavía creo que hay cosas que mejorar, pero no me puedo quejar, me encuentro más cómodo que antes, sí.
Entonces, a sus 25 años... ¿Después de estos Juegos Olímpicos de París puede afirmar que seguirá nadando?
Diría que sí, porque estoy más arropado. Es más fácil seguir mi plan, prepararme en Estados Unidos y, al mismo tiempo, ha sido muy ilusionante poder volver a España. Ha sido un cambio importante en mi vida, he encontrado un equilibrio tanto en lo deportivo como en lo personal.
¿Cómo divide su vida ahora entre España y Estados Unidos?
Con muchos viajes. Esta temporada he estado algunos meses en Madrid y otros en Berkeley. En Madrid tengo el apoyo de mi familia y de Taja [el técnico del Real Canoe José Ignacio González], que ya era mi entrenador cuando tenía 16 años. Y en California, con Dave [Durden], soy parte de a un grupo de más de 40 nadadores de élite, muchos de ellos medallistas [como el campeón mundial de los 100 espalda, Hunter Armstrong, o el cuatro veces campeón olímpico Ryan Murphy]. Por el nivel que hay en la piscina, los entrenamientos allí son imposibles de replicar aquí, pero también es importante para mí poder volver a casa.
Los viajeros dicen que uno vive donde deja el cepillo de dientes.
Bueno, yo tengo dos cepillos, tengo mi vida en los dos sitios. En Berkeley tengo una habitación, comparto piso con un excompañero de universidad y en Madrid estoy en mi casa, con mis padres. Cuando estoy en uno u otro sitio me adapto a lo que hay, incluso a los entrenamientos, no impongo lo mío. Con el tiempo y la experiencia me he hecho muy flexible. Estoy muy a gusto en los dos sitios, la verdad.
¿En Berkeley acabó sus estudios de Ingeniería Informática?
No pude, no pude. En mi primer año en Estados Unidos, además del aprendizaje del idioma, cambié dos veces de universidad y cuando llegué a Berkeley ya iba muy retrasado. Intenté ponerme al día, pero me costó muchísimo y al final me cambié de carrera. Como mi madre es de Brasil, me pasé a Lingüística Portuguesa y me gradué. Tenía ventaja, la verdad. Este año no estoy haciendo nada, estoy completamente centrado en los Juegos, pero no me gusta estar así. No sé lo que haré después, pero necesito algo más que entrenar y competir, quiero aprender.
¿Ha habido otros cambios en su preparación que expliquen su éxito en el Mundial?
Creo que no. Ha cambiado más mi vida, pero a nivel técnico, físico o incluso mental hago lo que ya hacía. Si acaso he hecho más hincapié en los entrenamientos de velocidad, que era mi punto débil. Con Dave y Taja hemos entendido que puedo entrenar más intensidad sin que afecte a mis posibilidades en los 200 metros espalda, todo lo contrario. Ahora estoy delante desde el principio, no necesito conservar y no tengo que acabar siempre en remontada.

EM

P. ¿Cómo analiza sus medallas en ese Mundial?
No las analizo mucho. Para mí el Mundial fue una competición de clasificación para los Juegos en la que nadé mucho mejor de lo esperado. Pero lo importante es lo que pase estos días en París. La confianza, la confianza de verdad, nace de los entrenamientos y en los últimos he entrenado en tiempos que pensaba imposibles. Ahora tengo claro que el método funciona.
¿Está en su mejor momento?
A nivel experiencia desde luego. Estuve en los Juegos de Río cuando era un chaval y en los Juegos de Tokio podía haberlo hecho mejor [fue finalista en los 100 metros espalda]. Y a nivel deportivo, por marcas es mi mejor momento, sí. Nunca he estado mejor. Llego con mucha ilusión.
Parece que algo se mueve, por fin, en la natación española.
Sí, el equipo es mucho mejor que el de los últimos años. Nunca hemos llevado a tantos nadadores a unos Juegos Olímpicos y hay muchas ganas en los relevos. La ambición es estar en más finales, ir sacando la cabeza. Espero que todos podamos conseguir nuestros objetivos.
Van de Velde, un violador en los Juegos Olímpicos: "No puedo revertir mis actos, tengo que soportar las consecuencias"

Van de Velde, un violador en los Juegos Olímpicos: “No puedo revertir mis actos, tengo que soportar las consecuencias”

Luz, mucha luz en la Ciudad de la Luz, luz en la pista de vóley playa instalada a los pies de la Torre Eiffel y, al mismo tiempo, también oscuridad, la más negra, cruda y desagradable oscuridad. El próximo domingo, Stevan Van de Velde, un jugador holandés de voleibol sobre arena, vivirá su debut olímpico en un escenario único y sólo cinco días después se cumplirán 10 años del atroz delito que cometió.

El 3 de agosto de 2014, cuando tenía 19 años, voló de su casa en La Haya a Milton Keynes, en Reino Unido, para encontrarse con una niña de 12 años que había conocido en Facebook, invitarla a beber hasta que perdiera el conocimiento y violarla repetidas veces en los alrededores de un lago Furzton. "Antes de venir a nuestro país entrenabas para representar a Países Bajos en los Juegos Olímpicos. Ahora tus sueños se han acabado", sentenció el juez Francis Sheridan del juzgado de Aylesbury, en Inglaterra, cuando en 2016 le condenó a cuatro años de cárcel. Pero no estaba en lo cierto. En absoluto.

Su regreso en 2018

Van de Velde se declaró culpable de tres cargos, entre ellos, abuso sexual a una menor, pero al mismo tiempo reclamó el traslado a una cárcel de su país, donde se ajustó su pena y en poco más de un año ya era libre. En 2018, de hecho, ya disputó el Europeo y a final de temporada llegó a colgarse un bronce en la Copa del Mundo. Pese a la violación, volvía a estar bajo los focos. Oscuridad en la luz.

Con su anterior pareja de juego, Christiaan Varenhorst, no consiguió billete para los Juegos de Tokio, pero hace unos meses con su compañero actual, Matthew Immers, logró plaza para París y su historial delictivo ya saltó a los titulares, especialmente a los de los tabloides británicos. ¿Debía ser excluido por el Comité Olímpico Internacional (COI) o directamente apartado por su país? Ni una cosa ni la otra. Ni el COI puede hacerlo ni Países Bajos quiere hacerlo.

"Van de Velde ha demostrado ser un profesional y un ser humano ejemplar. No ha habido motivos para dudar de él desde su regreso", comentaba Michel Evaraert, director general de la Federación Neerlandesa de vóley y añadía: "Ahora cuando él se mira al espejo ve a un hombre maduro y feliz, casado y padre de un niño hermoso". El Comité Olímpico de Países Bajos también ha ratificado que permitirá que compita, aunque no se hospedará en la Villa para evitar las críticas de deportistas de su propio país y no acudirá ni a entrevistas ni a ruedas de prensa. Algunos medios británicos apuntaban que se había contratado seguridad especial para Van de Velde, pero el COI niega esa máxima.

"Ya no puedo hacer nada al respecto"

El jugador, que durante su juicio aseguró que él no era "un depredador sexual", pidió perdón hace unos años, cuando volvió a la competición internacional, y desde entonces no ha vuelto a hacer ninguna aparición pública. "Cometí un grave error, nadie lo puede negar. Ya no puedo hacer nada al respecto", dijo Van de Velde en 2018 en una entrevista concedida al ente público holandés NOS: "No puedo revertir mis actos, así que tengo que soportar las consecuencias".

Las instituciones holandesas ya han lamentado que el delito de Van de Velde se haya hecho noticia en todo el mundo y temen que genere protestas de asociaciones ajenas al deporte como la inglesa National Society for the Prevention of Cruelty to Children (NSPCC), que ya ha pedido su exclusión. A favor de la discreción, sólo las escasas opciones de medalla de Van de Velde, un outsider en el circuito del vóley playa. Pero tanta oscuridad resultará llamativa en el que será, durante unos días, el lugar más luminoso de la tierra.

Carlos Alcaraz: “Con 11 años soñaba con esto pero todos los niños sueñan cosas surrealistas”

Actualizado Lunes, 15 julio 2024 - 18:40

"Se me nota en la cara, eh, se me ve", reconoce Carlos Alcaraz y habla del cansancio que lleva encima la mañana después de ganar Wimbledon, de celebrar la victoria de España en la Eurocopa y de bailar en la protocolaria cena de los campeones del torneo. "Me fui a dormir un poco tarde, sí, sí. La cena de los campeones era muy tarde, en un hotel en el centro de Londres, y cuando volví todavía me quedaban cosas por hacer, como la maleta. Me acosté tarde, pero en contra de mi voluntad. Estaba cansado, ya quería coger la cama", comenta en conversación con EL MUNDO en la terraza de los jugadores del All England Club, a un paso de la Pista Central.

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Reconoce el ya campeón de cuatro Grand Slam que su celebración, en realidad, consistió en intentar ver el España-Inglaterra con poco éxito: el control antidoping le arrebató los primeros minutos, luego estuvo en su casa de alquiler en el gol de Williams, el empate de Palmer le pilló de camino en coche a la cena -"vi por la ventanilla cómo lo celebraban en un pub"- y el gol de Oyarzabal lo festejó con la retransmisión de la BBC en el móvil. "Ya habíamos llegado al sitio, pero no quería bajar del coche hasta que acabara el partido", apunta.

¿Hay alguna pequeña cosa que haga en cada celebración, algo que ya sea tradición?
No, de momento, no, la verdad. Siempre me gusta revisar los mensajes que he recibido en el teléfono, ver quién me ha felicitado, hablar un poco con mis colegas, pero no tenga nada especial para celebrar.
¿Aún vive momentos de asombro con su propio éxito?
Muchos, muchos. Este año aquí diría que no lo he vivido tanto, pero aún hay momentos en los que estoy hablando con alguien y viviendo una experiencia y pienso ¿Qué hago yo aquí?¿Cómo me está pasando esto? Es increíble. Me pasa cuando vienen celebridades a verme. Me impresionaron mucho Zendaya y Tom Holland este año en Indian Wells o Tom Cruise, que estuvo el año pasado aquí en la final. Ese mundo del cine me impresiona y entonces me digo: 'Esta persona está aquí, vamos a intentar hacerlo bien'.
Queda el famoso vídeo suyo de niño, a los 11 o 12 años, en el que dice que quería ganar Roland Garros y Wimbledon. ¿Cuántas opciones veía entonces de conseguirlo?
Ninguna, ninguna. Con 11 años lo soñaba, pero todos los niños sueñan cosas surrealistas. En ese momento no esperaba tanto. Siempre he confiado en mí mismo, siempre he trabajado, siempre he puesto mi alma y a aquella edad todavía la ponía más. Pero una cosa es perseguirlo y otra cosa es conseguirlo. Estaba muy lejos de la realidad aquel entonces.

Después de triunfar en Roland Garros, cualquiera que se le acercaba, fuera periodista o aficionado, le preguntaba por Wimbledon. Este lunes todos a su alrededor le hablaban de los Juegos Olímpicos de París, que empiezan en menos de 15 días. Para un tenista que busca ser leyenda la rueda nunca para. Ante esa exigencia Alcaraz siempre se muestra amable, como es, un joven realmente agradable, pero por dentro, algo se le nota, está pidiendo un descanso.

Los cuatro días en Ibiza este junio fueron una distracción, pero la mente necesita más. Ahora, antes de encarar la cita olímpica en la que hará pareja con Rafa Nadal -"Yo haré lo que él me diga, cierro la boca y él manda", bromeaba-, pasará un tiempo en su casa de El Palmar, con su familia, buscando el descanso suficiente. Por delante se presentan grandes gestas, del oro en los Juegos al US Open pasando su regreso al número uno del ranking ATP que no está tan lejos, pero todo el mundo necesita un respiro.

Escribía este lunes Mats Wilander en L'Equipe que cuando fue número 1 a los 24 años sentía que tenía 34 años, que es muy difícil mantener la frescura en el deporte de élite. ¿Lo siente?
Totalmente. A veces cuesta seguir disfrutando. Cuando estás ahí, ya no es la presión que te pone la gente, es la presión que te pones tú mismo. Quieres ganar todo, quieres ganar los Grand Slam y si no lo consigues te frustras. Ahí es cuando tienes que poner en práctica lo que has hecho en los entrenamientos con tu mente, ya no es técnica o físico. Debes buscar ese equilibrio para seguir disfrutando, para seguir gozando de estas situaciones, de torneos como este. Luego es bonito cuando vuelves a disfrutar, te alegra el doble. Entiendo completamente las palabras de Mats, yo a veces también me siento mayor de la edad que tengo.
Viéndole cuesta pensar en el día que no disfruta.
He tenido momentos difíciles, tanto a final de la pasada temporada como al principio de ésta por culpa de las lesiones. En esos momentos hay muchos pensamientos que te vienen a la cabeza, muchas cosas. El tenis es un no parar, día tras día. Acabo de ganar y ya tengo que estar centrado en los Juegos Olímpicos. A veces pienso que me gustaría tener más tiempo para mí y el tenis no me lo permite. Siento frustración por ello, es una sensación rara. Hay días en los que no he tenido ganas de entrenar o he tenido ganas de parar más de la cuenta para tener más tiempo para mí. Pero siempre han sido pensamientos fugaces que se han marchado rápido.

Alcaraz, una charla con Kate Middleton, retraso en el baile de campeones y una promesa: “Quiero sentarme en la mesa de las leyendas”

Actualizado Lunes, 15 julio 2024 - 03:12

Minutos después de su victoria, la vicepresidenta de Wimbledon, Debbie Jevans, enseñaba a Carlos Alcaraz la actualización del histórico cartelón con los 'Gentlemen's singles champions' del torneo. Arriba, "2023. Carlos Alcaraz". Y abajo ya se podía leer "2024. Carlos Alcaraz". "Espero salir también aquí", deseaba el español señalando el siguiente bloque que recogerá los campeones a partir de 2030. Ahora ya no hay dudas sobre si Alcaraz ganará más títulos sobre la hierba del All England Club, la única duda es cuántos.

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El cielo está en los ocho trofeos de Roger Federer o incluso en los nueve de Martina Navratilova, pero paso a paso. "Aún no me siento un campeón", aseguraba en la ceremonia de entrega de trofeos y, luego, repreguntado, señalaba a su rival este domingo, Novak Djokovic, y añadía: "Me refiero a un campeón como él".

"De momento estoy construyendo mi camino, sólo eso. Para mí un campeón es alguien que ha ganado 14, 20, 24 Grand Slam. Esos son los tenistas que comen en la mesa presidencial. Yo he conseguido éxitos, pero quiero estar ahí algún día y para eso necesito seguir trabajando, seguir adelante", explicaba posteriormente en rueda de prensa, con un enorme respeto hacia el serbio, a quien halagó en múltiples ocasiones. Con la concentración de la final y el encorsetamiento de los actos posteriores -charla con la princesa Kate Middleton incluida-, le costó a Alcaraz dejarse ir, sólo lo hizo en el habitual abrazo conjunto con su equipo y ya fuera del club, en la casa que tiene alquilada cerca, cuando se puso a ver la final de la Eurocopa.

Andrew ParsonsAP

La Eurocopa y un baile

Ahí, en el sofá, rodeado de todos sus ayudantes, de su familia e incluso de varios amigos llegados desde El Palmar, soltó toda la tensión, aunque todavía le quedaba mucha noche. Por deferencia hacia él -y por interés de los propios organizadores, se supone-, la clásica Cena de los Campeones de Wimbledon se retrasó hasta el final del España-Inglaterra y sólo después, cuando ya se había resuelto el partido, empezó el convite. Fue entonces cuando a Alcaraz le tocó bailar con la campeona del torneo femenino, la checa Barbora Krejcikova.

"Me he sentido diferente que el año pasado. Antes del partido estaba mucho más calmado, he hecho un calentamiento realmente bueno y hasta una hora de empezar a jugar estaba realmente tranquilo. Eso me ha ido muy bien", aseguró Alcaraz que antes de la rueda de prensa se dio un baño de masas, con una enorme ovación en el balcón de la Central. Entre los líos de otros ídolos, como los que tuvo Novak Djokovic durante el torneo, el español, puro carisma, se ha ganado al público británico, que ya admira su figura histórica. No en vano, sólo otros dos tenistas, Björn Borg y Mats Wilander, tenían cuatro 'grandes' a los 21 años y 70 días como él. No en vano, sólo otros cinco jugadores, Rod Laver, el mismo Borg -tres veces seguidas-, Roger Federer, Djokovic y Rafa Nadal -dos veces-, encadenaron Roland Garros y Wimbledon en el mismo año.

"He visto o he leído todos esos récords, todas estadísticas, pero intento no pensar mucho en eso. Es un gran inicio en mi carrera, pero como decía quiero seguir creciendo. ¿Dónde está mi límite? No quiero pensarlo, la verdad", insistió Alcaraz que este lunes se hará la foto protocolaria con el trofeo a primera hora de la mañana y volverá rápido para España, primero a Madrid y luego a Murcia, a su casa, para tomarse unos días de descanso antes del siguiente reto. En menos de dos semanas en París disputará sus primeros Juegos Olímpicos, otra vez en tierra batida, en solitario y con una leyenda de las que "comen en la mesa grande", Rafa Nadal, al lado.