Alcaraz revela en un documental su lucha interna entre ser una leyenda y tener una vida normal: "A Ibiza voy a reventarme"

Alcaraz revela en un documental su lucha interna entre ser una leyenda y tener una vida normal: “A Ibiza voy a reventarme”

«En 2023 ya estaba bastante cansado mentalmente. Era 24/7 pensando en tenis. En el Roland Garros de aquel año perdí con Novak Djokovic en semifinales y mis amigos estaban en Ibiza de vacaciones. Les dije: ‘Ostras, mañana voy para allá’. Lo primero que hice fue hablar con Albert [Molina, su agente] para decirle que me quería ir tres o cuatro días. Y al final me voy y todos [su equipo] saben a lo que voy. Ibiza, no te voy a engañar, es fiesta y salir. Voy allí básicamente a reventarme, no sé si está bien decirlo de esa manera, pero sí, a salir. Cuando tengo algo así lo aprovecho al máximo. Y a la vuelta, claro, gané Queen’s y Wimbledon. No digo que ganase por la fiesta, pero me fueron bien esos días y soy de los que si las cosas van bien, hay que repetirlas», relata Carlos Alcaraz en el documental A mi manera que desde este miércoles está disponible en Netflix.

Desde que en 2022 ganó el US Open con apenas 19 años, alrededor de Alcaraz existe una dicotomía: quiere ser el mejor tenista de la historia y al mismo tiempo seguir siendo el joven extrovertido y familiar que es. Es la ambición y las ganas de estar en casa. La leyenda que no quiere ser esclavo.

Después de seguirle por todos los torneos durante una temporada entera, en el documental de tres capítulos se observa perfectamente esa discusión. Y Alcaraz no duda en reivindicar que solucionarla es posible: puede seguir acumulando Grand Slam mientras come los domingos con su familia -de hecho todavía vive en la casa de sus padres de El Palmar- y sale con los amigos de toda la vida. De ahí el título, A mi manera.

Las escenas junto a Nadal

«Mi sueño ahora mismo es ser uno de los mejores de la historia, sí, sentarme en la misma mesa que el Big Three, sí. ¿En mi cabeza está hacer todo lo posible, lidiar con todo y hacer todo lo posible para ser uno de los mejores de la historia? Ahora mismo no lo sé. He vivido poco. Me queda mucho por vivir. Pongo por delante la felicidad al tener muchísimo éxito. Porque la felicidad ya es éxito. Y no es fácil encontrarla», comenta en un discurso maduro.

NETFLIX

Más allá de la lucha con parte de su equipo, especialmente con su entrenador, Juan Carlos Ferrero, por tener más días de fiesta, en realidad Alcaraz plantea la necesidad de que su ascenso al Olimpo no le cueste la salud mental. ¿Cuántos mitos del deporte, de Diego Maradona a Michael Phelps, de Andrés Iniesta a Simone Biles, cayeron en depresión? Como muestra en el documental, para el ahora número tres del mundo la felicidad está en el pollo al horno de su madre -«Voy a vivir con ella hasta los 50», bromea- y en las noches con los chavales.

La pieza audiovisual está centrada en esa dualidad entre la gloria y la normalidad de Alcaraz, aunque también guarda escenas de valor para el aficionado. Especialmente interesante es el seguimiento de sus Juegos Olímpicos de París y de sus rutinas junto a Rafa Nadal. Como cuando Nadal le muestra a Alcaraz, reciente ganador de Roland Garros, los entresijos de la pista central Philippe Chatrier y éste le contesta: "Tú te conoces esto mejor que yo". Como un partida de parchís a vida o muerte que Alcaraz gana y Nadal se niega a aceptar: "Era a una partida única, a 100 partidos hubiera ganado menos que yo". O como cuando Nadal bromea sobre la actividad de Alcaraz en 'Instagram': "Das likes a todas las tías".

'Litus' Ballbé, olímpico en Londres 2012, ahora sacerdote: "Mis rivales pensarán que es imposible que ahora sea cura porque era lo peor"

‘Litus’ Ballbé, olímpico en Londres 2012, ahora sacerdote: “Mis rivales pensarán que es imposible que ahora sea cura porque era lo peor”

Un cura al que llaman 'Litus', empezamos bien. En la parroquia de la Bonanova, en plena zona alta de Barcelona, Carlos Ballbé, 'Litus', se presenta con un hábito clerical bastante 'urban', un stick de hockey hierba y mucho, mucho humor. Explica que este año ha empezado a entrenar con los veteranos de su club de siempre, el Atlètic Terrassa, y que ya teme el día que le toque jugar porque él en el campo siempre fue «tremendo» y a ver si va a blasfemar. «Estoy acojonando con el debut, a ver si me comporto. Por suerte, los domingos trabajo», bromea en conversación con EL MUNDO.

Ballbé combinó el hockey hierba con el seminario y llegó a disputar los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con España, pero después se retiró, se ordenó sacerdote y hasta hace poco no había vuelto a tocar un stick. Ahora, a los 40 años, además de jugar de nuevo, es vicario en la parroquia de la Bonanova y coordina la Pastoral del Deporte, una comisión de la Conferencia Episcopal Española que busca mezclar goles con fe.

No es habitual que un deportista español admita que cree en Dios. Que uno se meta a cura ya es una rareza absoluta.
Pero en otros países es lo más normal del mundo. En Estados Unidos, hay deportistas de la NBA o la NFL que hacen retiros religiosos; en Brasil, muchísimos futbolistas muestran su fe abiertamente; en los países balcánicos, también es muy habitual. En España cuesta más, es verdad. Hay más deportistas creyentes de los que se piensa, pero hay pocos que lo expresen, quizá por vergüenza. Lo comprendo, por supuesto.
¿A usted le avergonzaba?
Ser creyente nunca me dio vergüenza y tampoco ir a misa. Si viajaba con el Atlètic o con la selección española, preguntaba en la recepción de los hoteles por la iglesia más cercana y me iba a misa los domingos por la mañana antes de los partidos. Mis entrenadores y mis compañeros siempre me lo pusieron fácil, aunque me caían todas las bromas del mundo. Cuando volvía de misa, le decían al míster que ya no hacía falta charla técnica porque Dios iba con nosotros. Yo me reía, siempre era de buen rollo.
Pero cuando entró al seminario se lo comunicó a sus compañeros del Atlètic por email.
No era por vergüenza, era por miedo al rechazo. Un cura me lo dijo: «Prepárate porque puede haber quien lo acepte y puede haber quien no lo acepte». Pensaban que algunos compañeros me rechazarían por friki y que los más íntimos me rechazarían por no habérselo explicado antes. Pero no pasó ni una cosa ni la otra. Todos me aceptaron y fue un regalo para mí. Alguno, de cachondeo, me preguntó qué estaba fumando y por qué no lo compartía. Pero siempre me mostraron su apoyo. Empecé en el seminario cerca de Pamplona y a jugar en el Atlético San Sebastián.

David RamírezAraba Press

¿Por qué quería ser sacerdote?
Siempre fui creyente, como mi familia, también iba a un colegio religioso [Viaró de Sant Cugat], pero aquel año sentí que ése era mi camino. Coincidió con el fallecimiento de mi abuela y con una peregrinación a Medjugorje, en Bosnia, que me marcó mucho.
Sus excompañeros cuentan que antes era un fiestero de manual.
Salía de fiesta, no te lo voy a negar. De hecho, algún domingo fui a misa con resaca. Si ahora entrase en la iglesia un chaval como yo le pediría que se fuese a casa, que para estar así mejor no estar. Recuerdo una vez que ganamos la Liga con el Atlètic y mientras todos mis compañeros seguían de celebración, yo me fui a misa. Para mí no era una obligación, iba porque quería. Era consciente de mis debilidades, nunca me he visto como un buen cristiando, pero siempre quería ir a misa porque me ayudaba.
¿Sus compañeros le cuestionaban sobre su fe?
Constantemente y yo lo agradecía, incluso lo incentivaba. Compaginé el hockey hierba con el seminario durante cuatro años, algunos en San Sebastián y otros de vuelta a Terrassa, y en ese tiempo mantuve conversaciones realmente interesantes en los vestuarios, en los hoteles y en los desplazamientos. Había coñas, pero también preguntas existenciales, mucha curiosidad. Me ayudó a ahondar en mi fe.
Al escribir «Carlos Ballbé hockey», Google sugiere «expulsado». ¿Realmente era tan peleón en el campo?
Algunos rivales pensarán que es imposible que ahora sea cura porque yo era lo peor. Me encantaría decir que fui un ejemplo en el campo, pero no fue así. Era muy pillo, protestaba mucho, era tremendo. Aunque cuando entré en el seminario ya cambié un poco. Empecé a pensar en el deporte como filosofía, en mi crecimiento como persona, en la solidaridad, en el trabajo en equipo... muchos conceptos relacionados con la fe.
Ballbé, en acción, durante los Juegos de Londres 2012.

Ballbé, en acción, durante los Juegos de Londres 2012.EFE

Para prepararse los Juegos Olímpicos de Londres 2012 aparcó el seminario y se fue a Bélgica a jugar. ¿Por qué?
Necesitaba coger aire. Había crecido en el Atlètic, había jugado en San Sebastián, había vuelto al Atlètic y, antes de los Juegos de Londres, quería alejarme un poco de todo y decidir realmente qué hacer con mi vida. Estuve una temporada en Bélgica, pero a finales me costaba entrenar, ya pensaba que realmente quería acabar el seminario, que tendría que estar en la iglesia, que quería ayudar a los demás. Así que poco después de los Juegos Olímpicos colgué el stick.
Entre los deportistas creyentes hay muchos que piden ayuda a Dios para ganar o incluso para jugar bien o marcar. ¿Cómo lo ve?
Para ganar un partido no hay que rezar, hay que entrenar. Igual que para aprobar los exámenes no hay que rezar, hay que estudiar. Dios te ayuda, te acompaña, te hace mejor persona, pero tiene cosas más importantes que hacer que seguir un partido. Cuando jugaba recuerdo que antes de los partidos rezaba para portarme bien, para no liarla, para no montar algún número, pero Dios no siempre me hacía caso.
¿Ha conseguido que alguno de sus ex compañeros de equipo se haga creyente y vaya a misa?
Qué va, ni uno. Pero desde que era niño mis padres me enseñaron la fe y la libertad. Yo era libre para creer y ellos, por supuesto, también lo son. Me consuelan dos cosas. La primera, que muchos me han acompañado en misas largas, misas importantes para mí que igual duraban dos horas y media. Eso es un tesoro que guardo. Y la segunda que, aunque no vayan a misa, quizá reflexionan más sobre determinadas cosas y ahondan en su bondad gracias a conversaciones que mantuvimos durante aquellos años.
Alcaraz despeja dudas sobre su físico: "He notado un poquito de dolor y me he desconcentrado, no me va a perjudicar para Madrid"

Alcaraz despeja dudas sobre su físico: “He notado un poquito de dolor y me he desconcentrado, no me va a perjudicar para Madrid”

El humor es lo último que se pierde. Al acabar la final del Trofeo Conde de Godó de Barcelona, derrotado por Holger Rune por 7-6(6) y 6-2, Carlos Alcaraz se sentó en su banquillo y sacó su teléfono del raquetero. Antes de hablar tranquilamente con su equipo todavía le quedaban toda la ceremonia de trofeos, cientos de fotografías con los aficionados y una rueda de prensa y quería avanzarles detalles sobre su problema físico. «¡Sígueme en Instagram!», le gritó entonces un espectador con guasa y Alcaraz respondió de la misma manera. Se giró, lo localizó, le lanzó una sonrisa y un ok con el pulgar. El humor es lo último que se pierde.

Pese a la derrota y a las molestias que expresó durante el partido, Alcaraz mostró mucho optimismo respecto a su físico en los torneos que vienen. «Al inicio del segundo set he notado un poquito de dolor en la zona del abductor derecho y me ha costado mantener la concentración en el juego. Cuando sientes un tirón, saltan las alarmas y ya te preocupas más por eso que por cosa. Creo que se curará con un par de días de descanso», comentaba Alcaraz, que a partir del próximo viernes estará en el Masters 1000 de Madrid en la Caja Mágica y que antes cumplirá con los muchos compromisos que le esperan en la capital de España. Además de eventos de sus patrocinadores y del mismo torneo, el ahora número tres del mundo presentará su documental A mi manera producido por Netflix el próximo martes en la Torre Picasso. «Haremos pruebas y nos aseguraremos de todo, pero creo que esa molestia no me va a perjudicar de cara al Masters de Madrid».

"Con la cabeza bien alta"

Quizá por las 14 victorias consecutivas previas en Barcelona, quizá por su estrecha relación con Rune o quizá por los límites establecidos de su propio cuerpo, Alcaraz aceptó la derrota con tranquilidad: ahora nada cambia. En tropiezos anteriores, especialmente aquel desastre en segunda ronda en el Masters 1000 de Miami, el español había dudado sobre su progresión, vacilaba sobre su estilo de juego. Pero esta vez fue distinto. En Barcelona, durante toda la semana, desplegó un tenis notable y si cayó en el partido decisivo fue por mérito de su rival. «Perder nunca es fácil, más una final y más aquí en el Godó, donde había sido campeón dos veces, pero debo darle crédito a Holger. Ha jugado un partido excepcional y yo me voy orgulloso, con la cabeza bien alta. He perdonado en ciertas situaciones, me he precipitado en algunos puntos, pero Holger también ha sabido aprovecharlo», analizó Alcaraz con un punto clavado en la mente.

Joan MonfortAP

En el tie-break del primer set, cuando se decidió todo, nadie era capaz de romper una igualdad de hormigón hasta que, con 5-4 en el marcador, se lanzó a la red con todo y Rune le rebasó desde el fondo. Un error suyo, un acierto del danés. El español escapó llegó a escapar de tres bolas de set, pero esa desventaja ya fue definitiva. Justo después el segundo set empezó con varios intercambios muy intensos y su físico se resintió. «Me ha faltado paciencia. He empezado muy bien el partido, con grandes tiros, y a mitad del primer set Rune ha cambiado la táctica. Ha corrido más, ha planteado más rallyes, ha metido más bolas dentro. Después de eso yo no he sabido calmarme», reconocía el español, que este lunes perderá el número dos del mundo en detrimento de Alexander Zverev, que este domingo se proclamó campeón en el ATP 500 de Munich al vencer a Ben Shelton por 6-2 y 6-4.

El ánimo de sus amigos

«Me quedo con lo mucho que he disfrutado esta semana jugando aquí en Barcelona delante de mis amigos y de mi familia», proclamaba Alcaraz, que sí vivió una celebración ayer: por la mañana su hermano pequeño Jaime ganó el torneo sub-14 del Rafa Nadal Tour celebrado en el Club Esportiu Valldoreix de la cercana Sant Cugat. «¡Vamos, Charly!», le repetían una y otra vez una docena de sus amigos de El Palmar, en la zona baja de las gradas de la pista central de Barcelona, para alegrarle el ánimo.

Pese a la derrota y a las molestias, la presencia del grupo fue una delicia para Alcaraz, que incluso les dedicó algún gesto en la final cuando se apuntaba golpes ganadores. Eran los murcianos los que más alentaban, más aplaudían, más festejan. De hecho, ya anocheciendo en Barcelona, el número tres del mundo se juntó con ellos para darles las gracias y para rearmarse antes de, si las pruebas no indican lo contrario, encarar el cercano Masters 1000 de Madrid.

Rune arrebata el Godó a su amigo Alcaraz e inaugura una rivalidad para el futuro

Rune arrebata el Godó a su amigo Alcaraz e inaugura una rivalidad para el futuro

Con 11 años, Carlos Alcaraz ya era tan extrovertido como ahora, pero los viajes le costaban. En sus primeros torneos internacionales, como el Longines Futures, una especie de Roland Garros sub-12, o el histórico Les Petits As, todavía no conocía a nadie y apenas hablaba inglés. Pero descubrió que un niño danés estudiaba castellano en la escuela y veraneaba en Málaga. Se le acercó, se presentó y tan simpático era que se hicieron amigos íntimos. Este domingo, ese chaval, Holger Rune, le arrebató su tercer título del Trofeo Conde de Godó de Barcelona al vencerle en la final por 7-6(6) y 6-2 e inauguró una preciosa rivalidad para la próxima década.

De aquellas bromas de infancia, como la coleta en la frente que Alcaraz le hizo a Rune en París, a jugarse los trofeos más importantes. Una historia bonita y que apunta a larga, con 21 años ambos.

Después de que Alcaraz ganase cuatro Grand Slam, para que los dos se igualaran en la élite sólo se necesitaba que Rune madurara y, al parecer, ya lo ha hecho. Tenista con un físico y un juego parecido al del español, en 2022 asombró ganándole el Masters 1000 de París-Bercy a Novak Djokovic, pero desde entonces siempre se quedaba a un paso.

Con mil cambios de entrenadores, más de una discusión con rivales e incluso una famosa riña con su madre, a quien expulsó una vez de las gradas de Roland Garros para concentrarse, su mente no estaba a la altura de su tenis. En Barcelona esta semana ha ocurrido todo lo contrario.

Alcaraz enloquece a Fils y jugará su tercera final del Godó

Alcaraz enloquece a Fils y jugará su tercera final del Godó

En los minutos previos a saltar a la pista, en el restaurante de los jugadores del Real Club de Tenis de Barcelona, Carlos Alcaraz formaba un conjuro junto a su equipo: "Hoy, sí". Hace sólo una semana en Montecarlo no se había gustado ante el mismo rival, el francés Arthur Fils, y esta vez tenía que ser distinto. "No hay prisa, no hay prisa", le recordaba su entrenador, Juan Carlos Ferrero, como última instrucción. Apenas una hora y 14 minutos después, volvía al mismo lugar con una victoria por 6-2 y 6-4 para celebrar, muchos aplausos a su alrededor y el convencimiento de haber cumplido con la promesa: "Hoy, sí".

En las semifinales del Trofeo Conde de Godó, Alcaraz ganó con su mejor tenis de la semana, quizá incluso de la temporada. Ya es definitivo: este Alcaraz no es el de Montecarlo. Allí fue campeón entre dudas, con titubeos con su derecha y gestos extraños. En Barcelona, en cambio, es el vigente ganador de Roland Garros que debe ser, tan convencido como confiado.

Fils fue la mejor prueba del cambio. Si en el torneo anterior el galo le hizo cometer demasiados errores, esta vez los nervios cambiaron de bando. En Montecarlo, ante su potente derecha, Alcaraz había pecado de ser demasiado directo, de precipitarse, de olvidar su tenis, y pese al triunfo acabó disgustado. En ningún momento se sintió cómodo. Y esta vez tocaba darle la vuelta.

Minimizar los errores

Desde el primer punto de juego, Alcaraz salió a la pista Rafa Nadal a presionar a su adversario hasta el infinito, a llevarle a lugares insospechados, a molestarle todo el tiempo que fuera falta. Si Fils quería arriesgar, que lo hiciera: delante tendría un muro. Quizá no era el plan más vistoso, pero el plan más acertado. Funcionó. El primer golpe ganador del español llegó a los 18 minutos de juego y, para entonces, tenía encarrilado el primer set. De hecho, sus estadísticas globales, 11 ‘winners’ y 13 errores no forzados, resumen los motivos de su victoria. Fallar poco, acertar cuando tocaba.

MANAURE QUINTEROAFP

Fils, al fin y al cabo un tenista de 20 años en su primer curso con los mejores, se desesperaba. Una bola aquí, una bola allá hasta acabar eliminado. Su cuenta de fallos, hasta 38, fue exagerada, aunque muchos de ellos hay que atribuirlos a la intimidación de Alcaraz. Hubo un detalle que confirmó los problemas del galo para serenarse. En el primer set cedió dos ‘breaks’ y ambos terminaron con una doble falta. Después, en el segundo set, se calmó, pero Alcaraz ya se abalanzaba sobre la victoria. Es más, por primera vez en todo el torneo el español ganó sin conceder ni una sola rotura de servicio.

Este domingo (a las 16.00 horas) Alcaraz disputará su tercera final del Godó -cuarta si se cuenta el torneo sub-14 que ganó en 2017- ante Holger Rune, que derrotó en la otra semifinal a Karen Khachanov por 6-3 y 6-2. Amigo del español desde la infancia -compartieron dobles en Les Petits As-, el danés se ha mostrado en excelente forma y será un obstáculo a la altura.

El Alcaraz más dominante ya está en las semifinales del Godó

El Alcaraz más dominante ya está en las semifinales del Godó

¿Quién puede derrotar a Carlos Alcaraz? Aquella pregunta que brotaba en cada uno de sus partidos del último verano se repite ahora de nuevo en el Torneo Conde de Godó. Si no hay lesión, si no media maldición, lo que viene en las próximas semanas volverá a ser extraordinario. ¿Realmente quién puede?

Este viernes, en cuartos de final del ATP 500 de Barcelona, ante un rival muy a considerar en tierra batida como Álex de Miñaur, Alcaraz volvió a mostrar su versión más dominante, aquella en la que niega hasta la sonrisa. Pocos gestos, muy pocos gestos: debe divertirse para jugar bien, pero cuando realmente lo borda es cuando está más serio. Ante De Miñaur, Alcaraz fue el mejor Alcaraz. Este sábado, en semifinales, nuevamente ante Arthur Fils, como en el Masters 1000 de Montecarlo, deberá volver a serlo.

En su victoria por 7-5 y 6-3 en una hora y 39 minutos de juego, hubo de todo, idas y venidas, magia y barro, pero su éxito se construye así. En el aficionado español queda ese anhelo ‘nadaliano’ de un Alcaraz intratable que nunca será. En el primer set, por ejemplo, cedió hasta en dos ocasiones su servicio. ¿Y qué?

"En tierra batida el saque no es tan importante porque sé que yo también tendré oportunidades de breaks", comentó después en rueda de prensa con razón. Los problemas en el saque obligarán a afinar en otro momento de la temporada, cuando llegue la superficie dura, pero no aquí, ni en Madrid, Roma o París. Ante De Miñaur, un defensor como pocos, más sobre arcilla, lo más importante era otra cosa.

Un mal día de De Miñaur

Como no había huecos, como era complicado crear golpes ganadores, era esencial no desesperarse. En el arranque del partido, Alcaraz amagó con ese mal, acumulando errores en busca de 'winners', pero después se tranquilizó e hizo lo que debía. Un golpe, otro, otro y otro hasta realmente dominar el punto y sumarlo a su marcador. La estadística dice que sumó 16 ganadores y 34 errores no forzados, pero eso sólo demuestra el precio del triunfo. Su segundo set fue uno de los mejores de la temporada.

"He aprendido a ser paciente, a meter una más, una más, una más. Eso me ha permitido mejorar mi juego de fondo", analizó Alcaraz que se declaró "físicamente muy bien" pese a la acumulación de partidos. Entre Montecarlo y Barcelona ya lleva ocho en apenas 10 días y si llega a la final del domingo serán 10 casi consecutivos. "Me ayuda estar en casa. Estar en España, con mucha familia, con mis amigos, me hace estar muy relajado", aseguró.

Este viernes, en cuartos, también le ayudó el nerviosismo de De Miñaur. Séptimo del mundo, cuartofinalista del último Roland Garros y semifinalista en el último Masters 1000 de Montecarlo, el australiano formado en España venía en buena racha, pero se precipitó en exceso. Al contrario que Alcaraz, ante los continuos 'breaks' del primer set, De Miñaur multiplicó sus fallos y se perdió en el camino a la derrota. En el primer set, con 6-5, Alcaraz le rompió el servicio para llevarse el periodo y en el segundo rebajó el ánimo.

Sara Sorribes, actual líder de España, se retira a los 28 años: "La Sara alegre no es la realidad de lo que llevo dentro"

Sara Sorribes, actual líder de España, se retira a los 28 años: “La Sara alegre no es la realidad de lo que llevo dentro”

Hace sólo unos días Sara Sorribes era la imagen de la victoria, líder de la España clasificada para la Final a Ocho de la Copa Billie Jean King, una tenista en un momento destacable. En los últimos tiempos no había brillado en individuales, pero en el dobles venía de colgarse el bronce en los Juegos Olímpicos de París 2024 junto a Cristina Bucsa o de disputar las semifinales de Wimbledon 2023 al lado de Marie Bouzkova. A los 28 años, con dos títulos WTA y en el puesto 85 del ranking mundial, su carrera decrecía lentamente y nada hacía presagiar algún problema. Pero interiormente algo no funcionaba. Este jueves la tenista anunció una pausa indefinida de su carrera profesional.

"Vengo sufriendo desde hace muchos meses dentro de una pista de tenis. La Sara alegre y feliz que se ve fuera de la pista no es ni mucho menos la realidad de todo lo que llevo dentro", afirmó la española en un escrito a mano publicado en Instagram en el que añadió: "He perdido la ilusión por entrenar, por mejorar e incluso por ir a los torneos. Los momentos de sufrimiento son muchísimos más que los de tranquilidad. Lo dice una persona a la que siempre le ha encantado trabajar, mejorar y competir. Por eso, además de necesitar ayuda, siento que necesito descansar. No sé si definitivamente o temporalmente".

Probablemente la crisis de Sorribes empezó a mediados de 2022, cuando se lesionó el escafoides del pie derecho y tuvo que estar medio año parada. En ese momento se había consolidado entre las 50 mejores del ranking WTA, había triunfado en los WTA 250 de Guadalajara y Cleveland y había logrado su victoria más importante, ante la entonces número 1 Ashleigh Barty en los Juegos Olímpicos de Tokio. De Castellón, formada en el Club de Tenis Uxó, a los 14 años ya había sumado su primer punto WTA -sigue siendo la española más joven en hacerlo- y en aquel momento vivía su madurez. Especialista en partidos largos, muy largos, superarla se había convertido en un suplicio para sus adversarias. Pero la lesión lo torció todo.

MARTIN DIVISEKEFE

Cayó más allá del puesto 150 de la lista mundial y el regreso le obligó a un esfuerzo notable. Si volvió a la élite fue por su coraje, si volvió a la élite fue para aplaudirla. Aunque cuando volvieron los malos resultados la presión fue exagerada. El año pasado llegó a encadenar seis derrotas entre Roland Garros y Wimbledon y volvió a salir del Top 100. Las victorias en dobles, especialmente en los Juegos Olímpicos, servían como consuelo, pero cada semana costaba más empuñar la raqueta. Esta temporada apenas había superado los torneos clasificatorias en algunos torneos, quedándose fuera del Open de Australia o los WTA 1000 de Miami o Indian Wells. Ahora durante un tiempo indefinido parará para descubrir si quiere regresar o no.

Un Alcaraz pletórico vence a Djere y ya está en cuartos del Godó

Un Alcaraz pletórico vence a Djere y ya está en cuartos del Godó

Cientos de miles de vecinos de Barcelona salen escopeteados porque empieza la Semana Santa, las calles ya están vacías, casi nadie asoma por el metro, pero alrededor del Real Club de Tenis de Barcelona se repite el bullicio de siempre. Pese a la mala coincidencia del Trofeo Conde de Godó con los días festivos, el público vuelve a rebosar su pista central porque juega Carlos Alcaraz y el espectáculo está asegurado.

Las expectativas son altas: un Alcaraz campeón por tercera vez después de los títulos de 2022 y 2023. Y parece que no puede haber fallo. Alcaraz, el dueño de todas las miradas, está pletórico.

Quedarse en la ciudad habrá valido la pena porque el número tres del ranking ATP ha llegado para brillar, para disfrutar, para ganar. Después de su irregular Masters 1000 de Montecarlo, el título le ha colmado de confianza y ahora parece imbatible.

Este jueves, en octavos de final, Alcaraz superó al serbio Laslo Djere por 6-2 y 6-4 con un dominio que no se le advertía desde el año pasado en Roland Garros. De inicio a fin, el español fue mejor; la derrota no fue una posibilidad.

Con Ferrero, un saque mejor

Más allá de que haya afinado su derecha, de que esté más veloz y de que se le vea mucho más tranquilo, más sereno e incluso más feliz, hay un factor que ha volteado las sensaciones alrededor de Alcaraz: el saque. Si en el Principado su servicio iba y venía, con buenos ratos y ratos para olvidar, como el primer set en la final ante Lorenzo Musetti, en Barcelona ha mejorado muchísimo.

Otra vez con Juan Carlos Ferrero en su palco, Alcaraz vuelve a entregarse a su saque para encarrilar sus victorias. Ante Djere no fueron los números -cuatro 'aces', un 71% de primeros-, fue la superioridad en sus propios puntos, la ausencia de peligro.

Y a partir de ahí el resto. En el primer set Alcaraz llegó a encadenar cinco juegos seguidos -del 0-1 al 5-1- para expulsar a su rival del encuentro. Djere planteó una estrategia agresiva, de golpes ganadores, pero andaba desafinado y no le funcionó. Entre errores no forzados, apenas planteó competencia a Alcaraz hasta mediado el segundo set, cuando logró un 'break'. Entonces sí, quizá habría emoción. Pero el español remendó su error -del 2-4 al 6-4- y no hubo más que decir.

En cuartos, este viernes, se enfrentará al vencedor del duelo entre Alex De Miñaur y Jacob Fearnley y su tenis volverá a ser el principal atractivo para quedarse en la ciudad.

La confesión de Ronnie O'Sullivan, leyenda del snooker: "Rompí el taco por un ataque de ira, he perdido el amor al juego"

La confesión de Ronnie O’Sullivan, leyenda del snooker: “Rompí el taco por un ataque de ira, he perdido el amor al juego”

Qué difícil es sentir la fragilidad de un gigante. Ronnie O'Sullivan (Wordsley, Reino Unido, 1975) es el mejor jugador de la historia de snooker, la modalidad más popular del billar. Nadie duda de su talento, mucho menos de su palmarés: siete Mundiales, 41 títulos, 389 semanas como número uno... Pero lleva unos años peleado con su propio deporte. No sólo pierde, es que lo pasa mal, se cabrea, se frustra. En enero rompió un taco y decidió apartarse de la mesa, no jugar, ni tan siquiera entrenar, durante unas semanas. Ahora el snooker está en vilo por su presencia en el próximo Mundial, que empezará el sábado 19 de abril y emitirán Eurosport y Max en España, pero él no suelta prenda. En conversación con EL MUNDO asegura que se quiere «dar margen» para ver si está preparado. Cualquier otro pensaría en la retirada, pero O'Sullivan de momento prefiere luchar contra sus demonios. Qué difícil es sentir la fragilidad de un gigante.

¿Cuándo decidirá si juega el Mundial o no?
Lo decidiré el 17 o el 18, antes de que se haga el sorteo. Me estoy dando tiempo. Realmente me encantaría sacar mi taco y simplemente jugar al snooker, pero no sé si lo haré.
¿Qué se lo impide?
Llevo sin jugar bien desde el 2020, llevo cuatro años jugando fatal. Ha habido destellos [fue campeón del mundo en 2022], momentos en los que pensaba que mejoraba, pero en general estoy sufriendo una racha horrorosa y eso me está pasando factura. Me he sentido exhausto, he llegado a perder el amor por el juego. Por eso rompí el taco a principios de año, fue un ataque de ira, pura frustración. Después de eso, me asusta volver a jugar ante el público, la idea de hacerlo es demasiado para mí. Me alejé de la mesa y ahora llevo tres semanas entrenando, pero todavía no sé cómo irá.
En 2020 ganó el Mundial y luego perdió cinco finales seguidas. ¿Ahí empezó todo?
No fueron las derrotas, tampoco fue una lesión. Antes que todo eso, hace seis o siete años, quise perfeccionar algunos aspectos de mi juego, ciertos entrenadores me dieron consejos y me fueron realmente mal. Pensaba que me ayudarían, pero no fue así. Ahora estoy deshaciendo todo eso y es un proceso lento. Me doy dos años para ver si puedo volver a disfrutar del juego.
Va a cumplir 50 años. Con su palmarés... ¿Qué le empuja a seguir?
El amor por el snooker. Lo amo con locura. El problema es que cuando amas tanto algo y no te devuelve nada, te desesperas. Pero he jugado a snooker desde que tenía ocho años y sé que cuando todo va bien, es lo mejor del mundo. Ahora que todo va mal necesito paciencia. Si hace 10 años me hubieran dicho que estaría así, me hubiera parecido una absoluta locura. Nunca pensé que podría tener tan mala relación con el snooker. Por eso no quiero dejarlo ahora, no de esta manera.
¿Se está preparando para la vida después de la retirada?
Es difícil hacerlo. Este año, desde que pasó lo del taco, casi no he jugado al snooker y me he aburrido muchísimo. Me he pasado los días pensando: «¿Y ahora qué hago?». Ya me pasó en 2012, cuando me tomé un año sabático. Pensaba que iría a correr, que iría al gimnasio, que tendría mucho tiempo para mí y en realidad no hice nada. Me aburrí muchísimo. Me di cuenta que los seres humanos necesitamos un propósito, tener siempre algo que hacer. Cuando lo deje quizá trabaje como entrenador de snooker, puedo empezar un podcast o dedicarme al automovilismo, que me encanta.

JAMES RUDLANDEUROSPORT

"El ejemplo de Djokovic me ayuda"

Es amigo de Novak Djokovic, que está viviendo un proceso similar.
Para mí es un ejemplo. Tiene un deseo tremendo de ser el mejor de todos los tiempos, está trabajando con Andy [Murray] y quiere seguir superándose. Eso me ayuda. Para él, lo más importante no es ganar otro Grand Slam, sino recuperar la motivación, vivir el proceso. Novak tiene el mismo desafío que yo: volver a disfrutar. He ido un par de veces a verle a Wimbledon y es fenomenal.
Suelen nombrar a ambos entre los mejores deportistas de la historia.
Uf. Pienso en Novak, también en Nadal, Federer, Woods, Verstappen, Hendry... ha habido grandes deportistas en la historia. Para mí, de todos, lo más importante no siempre es el palmarés. ¿Qué pasaría si Messi no hubiera ganado el último Mundial? Igualmente sería el mejor futbolista de la historia. Para mí, la clave es la constancia y la determinación. Eso la gente no lo valora suficiente. Muchas veces se habla de talento natural y es muy injusto. Pienso en Bolt. Lo hacía muy fácil, pero si ves su documental verás cómo se machacaba en los entrenamientos.
En una entrevista reciente comentaba que los jóvenes de ahora no tienen esa determinación.
El nivel ha empeorado en el Top 10. Creo que ahora hay más talento que nunca si miramos el cómputo global, los jugadores entre el 10 y el 50 del ranking mundial son mejores que antes. Pero en la parte alta de la lista no es así. Ahí seguimos Higgins, Williams o yo, que tenemos 50 años. Hay jóvenes que me gustan, podría ver cada día jugar a Luca Brecel, por ejemplo, pero creo que el nivel ha bajado respecto a hace 10, 15 o 20 años.
Decía Mark Williams, rival suyo desde siempre, que todavía es usted quien vende entradas para los torneos y atrae a los patrocinadores.
Hay jugadores muy interesantes en el circuito. Brecel, como decía, Judd Trump, KyrenWilson, Ding Junhui... Supongo que habla de mí porque siempre he tenido claro que el deporte es para los aficionados, que se vayan a casa pensando: «¡Cómo me lo he pasado!». Quiero volver a disfrutar porque es la única manera de dejar a los fans con esa sensación. A mí me gusta el boxeo y hay boxeadores bastante aburridos, aunque ganen. ¿Voy a trasnochar y pagar 20 libras por ellos? No, necesito emoción.
El milagro de Paulina Biegun, la alpinista que sobrevivió a una caída de 650 metros en los Pirineos: "Me reventé de la mejor manera posible"

El milagro de Paulina Biegun, la alpinista que sobrevivió a una caída de 650 metros en los Pirineos: “Me reventé de la mejor manera posible”

En el valle de Arán crece una leyenda: cuentan los bomberos que la rescataron y los sanitarios que la atendieron que es imposible, que tendría que estar muerta. Pero Paulina Biegun no sólo vive, también disfruta. Ha vuelto a la montaña pese a que el pasado 26 de diciembre la montaña casi acaba con ella. Desde lo más alto del corredor Milhomes que sube a la Forcanada, un pico de los Pirineos de poco menos de 3.000 metros, sufrió un resbalón, cayó, cayó y cayó y la encontraron 650 metros más abajo.

«Dentro de la tragedia, he tenido mucha suerte porque no me han quedado secuelas», celebra en conversación con EL MUNDO quien tiene una relación muy profunda con el alpinismo. Polaca de nacimiento, residente en España desde hace 20 años, apenas había pisado el monte cuando una desgracia la empujó a buscar lo que ahora considera su «refugio».

¿Qué recuerda del día del accidente?
Casi todo. Iba con un compañero, Jonatan García, y el día era malo, la nieve estaba transformada, pero nos confiamos porque la Forcanada no es una montaña de mucha altitud. Hicimos la subida muy rápido y, en la bajada, destrepando, sin llegarnos a encordar, empecé a caer. Al principio no sabía qué pasaba. Luego quise agarrarme a Jonatan que estaba más abajo. Y al final empecé a rodar, y rodar, y rodar cada vez más rápido. De hecho, salté un repechón y bajé hasta el ibón, así que descendí toda la montaña. Quería decirle a Jonatan que estaba bien, que no me había matado, pero no podía levantarme. Luego estuve dos horas sobre el hielo, semidesnuda, sintiendo cada vez más frío y más sueño. Recuerdo escuchar el helicóptero y pensar: «Ya está, ya estoy salvada».
La trasladaron a la UCI del Hospital Arnau de Vilanova en Lleida. El parte médico allí es terrible.
Llegué en hipotermia, estaba a 32 grados, y estuve cinco días en la UCI. Me rompí cinco vértebras, lo que me obligó a llevar un corsé durante dos meses, ocho costillas, la muñeca derecha, los pómulos y la nariz y sufrí muchas quemaduras y muchísimos hematomas. Perdí la cuenta de las transfusiones que me hicieron.
Y con todo eso fue un milagro.
Completamente. Es raro decirlo, pero la caída me reventó de la mejor manera posible. Además, hubo muchos factores a mi factor: era mediodía, el cielo estaba despejado para que pudiera volar el helicóptero, las piedras eran redondas, no me metí en el ibón... y así muchas. Jonathan se acababa de comprar un nuevo iPhone, de los que pueden conectarse al satélite, y gracias a eso pudo enviar el mensaje a Emergencias. Tuve mucha suerte por muchas razones; alguien me protegió desde arriba.

MUNDO

Su marido.
En 2017 lo perdí por culpa del cáncer. Teníamos muchos planes de futuro, acababa de nacer mi hija pequeña y todo se fue al traste. Hubo un momento que, para hacer algo, empecé a ir al gimnasio, conocí a gente que me invitó a probar la escalada deportiva, luego la escalada en roca, el alpinismo, fui por primera vez al Nepal... En la montaña encontré mi refugio, la tranquilidad que necesitaba. También descubrí que se me daba bien y que podía hacer rutas súper largas con mucho desnivel.
¿Antes no hacía nada de montaña?
Hacía senderismo como mucho. Nací en 1985 en una zona minera muy pobre de Polonia, recuerdo ir con mi padre a tirar pintura a un monumento de Stalin. Vine a España con 19 años para trabajar de aupair para una familia de Sant Cugat. Me gustó y decidí quedarme. Trabajé en tiendas de lujo en el Paseo de Gracia de Barcelona, en la inmobiliaria Engel&Volkers... nada que ver como la montaña. Ahora sí, vivo en Benasque y me dedico a la distribución por toda Europa de varias marcas polacas de alpinismo.
¿Ha vuelto a La Forcanada, la montaña del accidente?
No, pero quiero hacerlo. Quiero estudiar por dónde caí y recuperar mi casco, que lo perdí en el descenso. De momento no he podido hacer mucha montaña por culpa del tobillo. Curiosamente no me lo rompí, pero es lo que me está dando más problemas. Sufrí un desgarro muscular y todavía me baila. En verano espero estar ya recuperada del todo porque en julio quiero unirme a una expedición para subir al Pico Lenin, en el Pamir, una cima de 7.100 metros.
¿No le ha cogido miedo?
La mente es muy poderosa y no me quiero hundir. Si me hubiera venido abajo cuando caí no sé si hubiera sobrevivido. La caída me ha cambiado la visión de la vida, porque estoy decidida a vivir el ahora, pero también me ha supuesto un aviso. No me puedo volver a confiar en la montaña, tengo que ser más precavida. Tengo un hijo de 17 años y una hija de 10 años que ya no tienen padre y casi les dejo también sin madre. Eso no puede pasar, debo mantener el respeto a las alturas.