Chimy Ávila rescata al Betis y el Alavés golpea al Rayo para colarse en los cuartos de final

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Betis y Alavés también estarán en cuartos de final. A los verdiblancos los salvó Chimy Ávila con dos goles de remontada ante el Elche (2-1) y los vitorianos desmontaron al Rayo, algo desquiciado (2-0).

Al Betis le costó entrar en su duelo ante un Elche que, durante toda la primera mitad consiguió tener el control, pero no hacer daño. Las ocasiones más claras fueron para los locales, un cañonazo de Ruibal que rozó el larguero en el minuto 25 y una falta desde la frontal de Lo Celso que atajó el vuelo de Dituro al filo del descanso.

El susto no doblegó al Elche y, en el arranque de la segunda parte, encontró premio. Ruibal apareció de la nada para rebañarle al joven Adam un remate que olía a gol y, de ese saque de esquina, nació el gol. Balón al área pequeña para que la empujara Leo Petrot en el minuto 58. El segundo de los ilicitanos lo evitó el palo cuando Álvaro enganchó un centro perfecto de Josean y, como castigo, vieron cómo una contra dibujada por Fornals y Antony acabaron en el empate del Chimy Ávila. El argentino, con rumores de marcha al Getafe, le dio vida al Betis y lo metió en cuartos con otro gol en el 80.

En Vitoria, el Alavés impuso su ley. El tanteo con el Rayo duró media hora. La lesión de Camello en el 39 y, sobre todo, la decisión de Iñigo Pérez de sacar del campo a Baillu sin motivo aparente pusieron el morbo y distrajeron a los vallecanos que, aún así, tuvieron la mejor ocasión de la primera mitad en un remate de Fran Pérez en el punto de penalti que obligó a lucirse al guardameta Raúl Fernández.

Tenaglia impide a Fran Pérez pelear un balón.

Tenaglia impide a Fran Pérez pelear un balón.EFE

El segundo tiempo arrancó con un libre directo de Gumbau, pero fue el Alavés quien logró golpear. Una pérdida de balón en el inicio de la jugada la aprovechó Denis para colgar una pelota que Mañas, con fe, peleó hasta controlarla y ponerla al punto de penalti donde, en acrobacia, la cazó Toni Martínez para batir a Cárdenas y adelantar a los vitorianos.

De Frutos pudo empatar para el Rayo, sin embargo, la roja a Isi Palazón por una entrada a Aleñá se lo complicó todo un poco más y Carlos Vicente, reservado por Coudet para asestarel golpe, hizo crecer la ventaja en el 89 para amarrar los cuartos.

El Athletic salva la Copa con un penalti en la prórroga y la Real en la tanda de penaltis con el guardameta Marrero como héroe

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Athletic y Real Sociedad se vieron durante muchos minutos fuera de la Copa del Rey, pero con un penalti en la prórroga los bilbaínos y dos paradas de Unai Marrero, en la tanda de penaltis, los dos equipos vascos están en cuartos.

El partido más loco se vivió en el Reino de León, con los seis goles en los primeros 45 minutos, una prórroga y una pena máxima decisiva para culminar la remontada. Y es que la Cultural puso al Athletic contra las cuerdas desde el minuto 16, con un gol de Iván Calero. Guruzeta empató en el 26 pero, en la jugada que se inició en el saque de centro, el madrileño volvió a marcar.

La respuesta se la dio de nuevo el goleador del Athletic. Sufrían los de Valverde, que se vieron 3-2 abajo con un penalti de Rubén Sobrino por mano de Vivian. Sin embargo, Sancet con el tiempo cumplido, marcó un penalti hecho sobre Nico y puso la igualada.

La situación se complicó más para el Athletic al inicio de la segunda mitad con la expulsión de Paredes por insultar al árbitro. No se arrugaron los leones, pero tampoco el equipo de Ziganda, que les forzó a una prórroga decidida con otro penalti a Nico que marcó Unai Gómez.

Iñaki Williams intenta recortar a la defensa de la Cultural.

Iñaki Williams intenta recortar a la defensa de la Cultural.J.CASARESEFE

Tanto o más que el Athletic se tuvo que aplicar la Real para remontar a Osasuna. Le sorprendió Moncayola en el minuto 4 con un derechazo a bote pronto desde la frontal del área y, en el 17, puso un córner que, un mal despeje de Oyarzabal, convirtió en el 0-2.

Espabilaron los donostiarras, pero el zafarrancho de remontada lo tocó Turrientes con un gol en el 75 que incendió Anoeta para, con el tiempo cumplido, forzar la prórroga con otro de Zubeldia.

En el tiempo extra, como el Athletic, tuvo un penalti a favor por mano de Javi Galán que, inesperadamente, Oyarzabal falló. Guedes tuvo en sus botas evitar los penaltis, pero erró. En la tanda apareció su héroe, Unai Marrero, que atajó dos penaltis a Moncayola y Catena.

Pape Thiaw, ex del Alavés y recién llegado al banquillo: así es el seleccionador más joven de la Copa África que maneja la ‘dinamita’ de Senegal

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La Copa África 2025 no ha deparado ninguna sorpresa. Marruecos, Senegal, Nigeria y Egipto se jugarán el título como corresponde a su condición de favoritas. Sin embargo, alguna ha llegado en los banquillos. Por primera vez en la historia, las cuatro semifinalistas están dirigidas por entrenadores africanos y, entre ellos, el más joven del torneo: Pape Thiaw. El senegalés, a sus 44 años, busca llevar a la gloria a un equipo plagado de estrellas que lideran Mané y Koulibaly cuando acaba de cumplir un año al frente de los Leones de Teranga.

Thiaw se sentó en un banquillo nada más colgar las botas en 2018 tras recorrer campeonatos en Europa sin demasiado brillo. Delantero centro, llevó una vida nómada que arrancó con 17 años en Francia, en el St. Étienne, por el Lausane suizo y el Dinamo de Moscú para regresar al Metz, con quien logró el ascenso a la Ligue 1. Desde allí llegó a la Liga. En el verano de 2004, Dimitri Piterman lo fichó para impulsar el ascenso del Alavés. El aval eran ocho goles jugando tan sólo 14 partidos como titular la temporada anterior, y que formaba parte de la selección senegalesa -aunque fuera como suplente- que dio la sorpresa en el Mundial de Corea y Japón de 2002 ganando a Francia, empatando con Dinamarca y Uruguay y dejando a Suecia en el camino en los octavos de final. Su avance lo cortó en cuartos Turquía, pero la proeza estaba lograda. Solo lo habría logrado Camerún en el 90, y pasó casi una década hasta que Ghana lo logró en Rusia y Marruecos en Qatar.

Ese cartel no le sirvió para sobrevivir en España los cinco años que había firmado. En Vitoria apenas marcó cinco goles y, cuando llegó el descenso, fue cedido al Lorca Deportiva en Segunda. Su aventura, ya como agente libre, la terminó en 2009 en Murcia, esta vez en el Atlético Ciudad en Segunda B. El fútbol le llevó a Senegal y a las Islas Reunión, donde colgó las botas en 2014.

El impulso de la Copa Africana de Naciones

Cuatro después, llega al banquillo del Niarry Tally y, pese al descenso, en 2022 la Federación le da las riendas de la selección A, la formada solo por futbolistas que juegan en campeonatos africanos y que pueden disputar la Copa Africana de Naciones. Es en esa competición donde labrósu futuro. En 2023 se proclamó campeón al vencer a Argelia en penaltis.

Unos meses después, se convierte en asistente en la absoluta de Aliou Cissé, que había sido su capitán en el Mundial de Corea y que había guiado a Senegal a su primera Copa África en 2022. Eso no evitó que, en octubre de 2024, fuera destituido y Pape Thiaw elevado a seleccionador. «Es un modelo a seguir de resiliencia y perseverancia, demostrando a las nuevas generaciones que, con trabajo duro y determinación, todo puede llegar», alabó la federación.

Su primer reto, llevar a Senegal al Mundial de Estados Unidos, lo ha logrado. Se las verá con Francia, Noruega y Bolivia, Surinam o Irak. Antes, tiene que responder a la exigencia de conquistar el segundo trofeo continental. "Cuando me duermo cada noche, sueño con la Copa África", reconocína hace unos días. Para ello tiene dinamita.

Porque a los Mané, Koulibaly o el guardameta del Chelsea Edouard Mendy, ha sumado el empuje de una nueva generación con el centrocampista del Villarreal Pape Gueye, los atacantes del Everton y el Bayern Ndiaye y Nicolas Jackson y, sobre todo, la jovencísima perla de 17 años del PSG Ibrahim Mbaye. «Es una bendición que debemos proteger», confiesa un entrenador que sabe que tiene pólvora para ganar, primero a Egipto, el próximo miércoles y esperan a Marruecos o Nigeria en la final.

El Valencia no da para más: se hunde en el descenso tras un empate ante un Elche gris

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"Carlos, vete ya". Lo cantó a coro un Mestalla asqueado que no puede más. La fidelidad tiene un límite y, como de una pasión no se puede dimitir, solo hay una opción: protestar, aunque sea como desahogo porque la Avenida de Suecia queda demasiado lejos de Singapur. El Elche, más gris que nunca, prendió la mecha del estadio con un gol de Diang en el minuto 75 que Pelelu, con un gol de penalti, no pudo apagar. No hay quien aguante tanta mediocridad. [Narración y estadísticas (1-1)]

Corberán llegó hace un año con una varita para salvar al equipo del descenso, pero la magia apenas duró seis meses. Hundido en la clasificación, solo en el palco lo ven capaz de obrar otro milagro. Eso o es que temen más llamar a los Lim para pedirles el cese de otro entrenador.

El Valencia atravesó un calvario ante el Elche. Y no porque le atosigara, sino porque es víctima de sus propios errores, algunos tan inverosímiles que parecen fruto de un mal de ojo. Todo el estadio, asqueado, cansado de empujar, acudió dispuesto a cobrarse facturas. Abroncó a sus jugadores antes de arrancar el partido, la grada de animación le dio la espalda en el primer minuto y no hubo piedad con algún futbolista. Sadiq, el flamante fichaje que esperó en el banquillo su momento, debió pensar que ha vuelto, y esta vez para quedarse, en otro Valencia desquiciado.

Una lesión y un susto

El Elche quiso desplegar su alabado fútbol, pero llegó agarrado al empate a cero al descanso de milagro. Aunque en la estadística la posesión fue suya, Dimitrievski, que se estrenaba en la portería vivió tranquilo. El Valencia encontró la forma de sacar partido a la propuesta casi suicida de Sarabia: cada robo era una ocasión para plantarse ante Dituro. Lo hizo Rioja, en sus duelos con Víctor Chust y abriéndose hueco en una defensa con una pradera a la espalda, pero el sevillano, sobreexcitado después de la suplencia en Vigo, no hizo más que equivocarse.

No había transcurrido un cuarto de hora cuando llegó la primera señal de que al Valencia no le libra nadie esta temporada de empujar una piedra por la ladera sin que, de vez en cuando, corra riesgo de aplastamiento. Eso fue la lesión muscular de Thierry, que hizo a la grada castigar a Foulquier cuando pisó el césped. La marcha del portugués no cambió un panorama en el que el Elche seguía sin arrancar, pero el Valencia, con mal colmillo, no conseguía asestar el bocado y, además, tuvo otro susto. Dimitrievski se fue al suelo con la mano en la rodilla derecha. Una lesión del macedonio, con Agirrezabala en el palco, era otro mal presagio. Por suerte, se recompuso para mantenerse en un duelo soso. Ni el Elche llenaba la vista.

El peligro llegaba a balón parado, desde las esquinas, con balones que Rioja o Pepelu teledirigían al punto de penalti sin encontrar rematador, con contras ganadas en la carrera y perdidas con remates de infantil. Todo en campo ilicitano, con Sarabia intentando que su equipo despertara del sopor, pero todo lo que hizo fue un buen centro de cabeza de Álvaro en el área pequeña que salvó sin despeinarse Copete.

Corberán, el sábado, en la zona técnica de Mestalla.

Corberán, el sábado, en la zona técnica de Mestalla.EFE

El Valencia necesitaba volver del descanso a por más. Un empate no sirve para salir del descenso ni para calmar los ánimos de una parroquia en colerizada ante tanta mediocridad. Por eso aplaudió a Sadiq en cuanto salió a calentar, como quien ve una luz esperanza ante tanta negrura. Lo que llegó fue el gol de del Elche para incendiar Mestalla. Un error de Tárrega en la salida de balón lo aprovechó Pedrosa para asistir a Diang. Pañuelos blancos en la grada y, sobre todo, un cántico contra un entrenador que no consigue que este Valencia no parezca aún más insignificante lo que es.

De un ridículo aún más letal le salvó Diang con una mano en el área que Pepelu, con coraje y personalidad, convirtió en el empate. Esos últimos 15 minutos fueron eléctricos. Ramazani cruzó un disparo ante Dituro, Foulquier se instaló cerca del área y cada pelota a Sadiq era jaleado. Pero los arreones no son suficientes cuando el lastre arrastra cada vez más al abismo.

De Beckham, Piqué y Villa a Emery o Mbappé: estrellas que dieron el salto a la gestión de la industria del fútbol antes que Sergio Ramos

De Beckham, Piqué y Villa a Emery o Mbappé: estrellas que dieron el salto a la gestión de la industria del fútbol antes que Sergio Ramos

Sergio Ramos quiere comprar el Sevilla, una propuesta que ha sacudido LaLiga al inicio de 2026 pero que no es una excentricidad. Las estrellas del fútbol empiezan a tener peso en la industria más allá del césped o de los banquillos. Los palcos, los despachos, las gerencias y la propiedad ya no son terreno inexplorado para los jugadores una vez llegado el final de su carrera deportiva. De la base de la industria están pasando a la cúspide, incluso al frente de grupos empresariales que abarcan casi todo el espectro de negocio relacionado con el fútbol profesional. Con razones variadas, son cada vez más.

Ramos, si los máximos accionistas del Sevilla aceptan la oferta presentada con un grupo de empresarios, puede seguir la estela de compañeros de selección que iniciaron la senda. Uno de ellos es David Villa. El Guaje creó antes de colgar las botas DV7 Group, una empresa que gestiona junto a Víctor Oñate, y que tiene una dimensión global, con divisiones que van desde el management y la representación -en su cartera están Davide Ancelotti o Quique Sánchez Flores- al marketing, la comunicación y la formación a través de academias repartidas en todo el mundo. El último salto lo dio en marzo de 2023 cuando compró el Club de Fútbol Benidorm.

El asturiano ya había invertido en 2019 en levantar el proyecto del Queensboro FC en Nueva York, una franquicia con plaza en la USL Championship, la segunda división en Estados Unidos. Con su vuelta a España, tuvo oportunidad de comprar el Burgos, pero buscó un club al que hacer crecer desde cero y lo encontró en la Costa Blanca. «Esto no es solo crear un club de fútbol que gane o empate los domingos; esto es mucho más», aseguraba el ex goleador. La idea es subir un peldaño más y acercar la metodología de sus academias internacionales al fútbol profesional.

Villa, junto a su socio y el alcalde de Benidorm.

Villa, junto a su socio y el alcalde de Benidorm.E.M.

Por el momento juega en la Lliga Comunitat, la Tercera Federación de la Comunidad Valenciana, pero ha hecho crecer la base con 38 equipos en la cantera, dos de ellos femeninos. Con un estadio, el Guillermo Amor, con 9.000 localidades, la intención es ir dando pasos, desde la sostenibilidad, al profesionalismo en una ciudad con un potencial infinito y una colonia británica que se deja notar en las gradas. Villa optó por crecer desde la humildad, porque las fuentes de ingresos de su conglomerado empresarial vienen de las otras ramas en las que su intervención directa es menor. Para el Guaje, el contacto con los jóvenes talentos y ejercer como padrino ha sido su motivación para entrar de lleno en la industria.

Más atrevido fue Gerard Piqué cuando, en 2018, compró a través de Kosmos el Andorra. Cubrió sus deudas y, un año después, invirtió 452.000 euros para comprar la plaza del Reus en la entonces Segunda B y hacer pasar al club del Principado de la Primera Catalana a las puertas del fútbol profesional al que, con una inyección de casi cuatro millones de euros, no tardaría en llegar. De momento, lo tiene asentado en mitad de la tabla en Segunda y, al contrario que Villa, poco amigo de los palcos, Piqué sí sigue de cerca los partidos de su equipo. «Claro que volvería a invertir en el Andorra y en el país porque ha sido un éxito estar donde estamos ahora. Me he rodeado de buenos amigos que saben de esto y estoy convencido que algún día escucharemos el himno de la Champions en Andorra. Sé que es difícil, pero lucharemos y normalmente logramos las cosas que nos proponemos», ha reconocido el ex azulgrana en uno de sus alardes. La tarea no será fácil.

Sin hablar de Champions, palabras mayores, asentar un equipo en Primera fue lo que buscó Ronaldo Nazario en el Valladolid. Logró dos ascensos, pero no llegó a consolidarlo y, con la afición en contra y expectativas en Brasil, acabó vendiéndolo. Hasta el momento, el brasileño es la única estrella que ha sido dueño de un club de la máxima categoría en España.

Mucho más éxito ha tenido David Beckham, pero en Estados Unidos, donde las reglas con otras y la inversión es menos arriesgada porque la MLS es una competición cerrada, sin ascensos ni descensos que lo condicionen todo. Cuando el inglés firmó en 2007 con Los Ángeles Galaxy, su contrato incluía un acuerdo para comprar una franquicia a un precio reducido de 25 millones de dólares. En 2014 llegó el momento. Se asoció con los empresarios Jorge y José Mas y, en 2020, nació el Inter de Miami, con un crecimiento deportivo en el que se involucró el ex del Manchester para acabar conquistando a jugadores como Leo Messi, Luis Suárez o Busquets, que acabaron vistiendo la camiseta rosa en Florida y le dieron una dimensión global al club.

Beckham, junto a Leo Messi.

Beckham, junto a Leo Messi.D. BECKHAM

Ya sabía Beckham lo que era poseer un equipo, aunque a escala mucho menor. Sus compañeros de la Clase del 92 en el United se lanzaron al rescate del Salford City en 2014, un club en la cuarta categoría inglesa. Ryan Giggs, los hermanos Gary y Philp Neville, Paul Scholes y Nicky Butt se hicieron con 60% de la propiedad y el otro 40% lo compartieron con Peter Lim, que le cedió un 10% a Beckham. El dueño del Valencia salió de la sociedad en agosto de 2024 vendiéndole su paquete accionarial a Gary Neville. La nefasta gestión en el conjunto valencianista le ha llevado a renegar del fútbol, aunque sea en categorías casi de aficionados y por romanticismo.

La nostalgia y el sentimiento de pertenencia también provocan que jugadores y entrenadores acaben invirtiendo en los que fueron sus equipos. O de sus familiares. Es el caso de Unai Emery, que se ha convertido en el máximo accionista del Real Unión de Irún, uno de los 10 clubes que fundó la Liga en 1929, con cuatro Copas del Rey y cuatro temporadas en Primera. Allí jugaron de porteros su abuelo Antonio y su padre Juan Mari. «Es un proyecto que va más allá de lo deportivo. Mi sueño es ver al Real Unión en Primera, pero el objetivo es que nos sintamos orgullosos de nuestra tierra», aseguraba el entrenador del Aston Villa, que tiene a su hermano Igor en la presidencia y a su hijo Lander como guardameta del primer equipo, que lidera el grupo 2 de Segunda Federación.

A la lista de propietarios se unió hace un año hasta Kylian Mbappé, que compró el Caen normando de la tercera francesa.

Alves, con la camiseta de su nuevo equipo portugués.

Alves, con la camiseta de su nuevo equipo portugués.E.M.

Más reciente es la compra de Dani Alves que, además de predicar tras sus problemas judiciales, se ha convertido en copropietario del São João de Ver, un equipo de la Tercera División portuguesa cercano a Oporto.

El francés ex del Chelsea N'Golo Kanté, tras su millonario fichaje por el Al-Ittihad, compró el club belga Royal Excelsior Virton, de la tercera división. Drogba y Maldini decidieron invertir en la segunda división de Estados Unidos, en el Phoenix Rising el goleador y en el Miami FC el lateral italiano.

Si la lista de propietarios es larga, la de accionistas no deja de crecer. Thierry Henry y Cesc Fábregas se unieron al Como italiano, equipo que ahora entrena el español, y ha sido seducido Luka Modric, que adquirió en marzo un porcentaje del Swansea británico.

¿Puede un gobierno dejar a un país sin selección de fútbol? La insólita medida de Gabón que castigará la FIFA

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¿Puede quedarse un país sin selección nacional de fútbol por decisión de su gobierno? Antes de contestar, hay que tener en cuenta un dato: los 193 estados reconocidos por la ONU tienen equipo nacional de fútbol, posean o no arraigada tradición futbolera. El pasado mes de agosto se sumó Islas Marshall, una nación compuesta por cinco islas, 29 atolones y alrededor de 40.000 personas. Esa es la razón que ha convertido en insólita la decisión del Gobierno de Gabón de suspender a su selección tras el ridículo en la Copa África.

El Consejo de Ministros se reunió el 31 de diciembre, después de la última derrota ante Costa de Marfil (2-3) tras perder una ventaja de 2-0, y anunció la estrambótica resolución. «Teniendo en cuenta la deshonrosa actuación de Las Panteras en la Copa África, y considerando los efectos multiformes en las antípodas de los valores de ética y ejemplaridad de la V República, el Gobierno decide: la disolución del cuerpo técnico, la suspensión del equipo nacional hasta nueva orden y la exclusión de los jugadores Bruno Ecuele Manga y Pierre Emerick Aubameyang.

Además, el Gobierno solicita a la Federación Gabonesa de Fútbol que asuma toda su responsabilidad», recogía el comunicado en el que, de manera evidente, queda demostrado que el fútbol no hay olvido. Al varapalo ante Costa de Marfil se habían unido antes las derrotas ante Camerún (0-1) y Mozambique (2-3). «Es una parte de la identidad nacional lo que se ha roto», aseguró el presidente Brice Clotaire Oligui Nguema.

El precedente de Eritrea

Gabón, que volvía a la Copa África tras no clasificarse en 2023, se queda sin selección, hasta nueva orden y con sus dos estrellas señaladas. Para Aubameyang, que acudió al torneo con problemas físicos a sus 36 años y que ha jugado 86 partidos internacionales en los que ha marcado 40 goles, la razón del fracaso en Marruecos es más profunda. «Creo que los problemas del equipo son más profundos que la persona insignificante que yo soy», dijo en sus redes sociales.

La decisión del Gobierno de Gabón no tiene precedentes. Nunca la injerencia política había alcanzado a suspender la existencia de un equipo nacional hasta que la federación de fútbol se plegara a los cambios que, desde el gobierno, se estimaran oportunos. Hasta ahora, la única intervención gubernamental que había sacado a un equipo de las competiciones por voluntad propia la había protagonizado Eritrea, que retiró a su selección de las competiciones internacionales por miedo al riesgo de fuga, a que sus futbolistas, al viajar a países extranjeros, acabaran desertando y pidiendo asilo. Esa decisión, llevó a la FIFA a impedirle participar en la clasificación para el Mundial de Estados Unidos, Rusia y Canadá. En esa carrera sí estuvo Gabón, que no logró plaza.

Las Panteras se enfrentan ahora a sanciones que pueden marcar su futuro. De acuerdo con los Estatutos de la FIFA, las asociaciones miembro deben administrar sus asuntos de forma independiente y sin interferencias externas. El artículo 14 establece que la injerencia gubernamental puede derivar en sanciones, incluida la suspensión del país de todas las competiciones internacionales. Es decir, la FIFA tiene tolerancia cero ante cualquier decisión externa que afecte a la gobernanza deportiva.

Guelor Kanga marca ante Costa de Marfil, el 31 de diciembre en Marrakech.

Guelor Kanga marca ante Costa de Marfil, el 31 de diciembre en Marrakech.AFP

Son muchos los ejemplos en los que el máximo organismo internacional ha cerrado las puertas a selecciones por este motivo. Una de ellas, la República Democrática del Congo, que mañana jugará los octavos de final ante Argelia. En febrero de 2025 fue sancionada porque el Gobierno tomó el control de la sede de la Federación y todas sus instalaciones deportivas, además de intervenir sus cuentas. En mayo, una vez restituida la independencia federativa, la sanción le fue levantada.

Otro castigo aún pesa sobre Pakistán y El Salvador y Kenia han estado también en situación similar, que la FIFA levanta cuando certifica que la injerencia ha cesado. No es el caso de las sanciones que impone por razones 'políticas'. Alemania, Japón o Yugoslavia fueron apartadas de competiciones por su intervención en conflictos bélicos, y Sudáfrica por el apartheid. Actualmente, Rusia está excluida desde 2022.

El Celta despedaza a un Valencia desgraciado que acaba sin portero

El Celta despedaza a un Valencia desgraciado que acaba sin portero

La inercia, la confianza y, sobre todo, la calidad desnudaron la realidad de Celta y Valencia en el estreno de 2026 en Balaídos. Con la esperanza de entrar en la pelea europea y sin lastre, los gallegos despedazaron a un rival ruinoso y desgraciado que se encontró con mil muros que no pudo saltar y que ponen en duda, una vez más, todo el proyecto que Peter Lim decidió dejar descansar en la espalda de Carlos Corberán. Solo tres victorias en 18 partidos, una en los últimos 13, son un balance que no sostendría a otros entrenadores. [Narración y estadísticas: 4-1]

Es incapaz el Valencia de dominar un partido, menos aún lejos de Mestalla, y además, lucha contra su propio infortunio. No fue el Celta avasallante y pegajoso. Le bastó con esperar tanteando al rival hasta que llegó el momento de aprovechar sus armas. No le pesan las botas a los gallegos, que viven con la cabeza alta, mirando cómo progresar y no en una huida permanente de las cloacas.

Al Valencia la necesidad le apremia. Como en la yenka, si da un paso adelante alguna vez, lo retrocede con una facilidad desconcertante en un mismo encuentro. En Balaídos fue efervescente. Buscó contener al Celta arrebatándole la pelota y manejándola con intención. A los seis minutos, Almeida, colándose en el área, fue trabado por Aidoo y De Burgos no dudó en señalar un penalti que marcó el listón para el resto del partido. Pepelu, con efectividad 100% esta temporada, se plantó ante el parapenaltis Ionut Radu. La fama del rumano hizo que se jugara un lanzamiento tan ajustado que se estrelló en el poste, y con él la ventaja de un Valencia que sufre un calvario para marcar goles.

No tardó en responder el Celta, primero con un derechazo de Mingueza desde la frontal que hizo estirarse a Agirrezabala y después con un cabezazo de Aidoo a la salida de un saque de esquina. No le perdieron la cara a los valencianistas al duelo, y Jesús Vázquez, como pretendía Corberán dándole la titularidad en lugar de a Gayà, puso un centro raso al punto de penalti que no alcanzaron a empujar por centímetros ni Hugo Duro ni Thierry en el segundo palo.

Hasta ahí llegó la amenaza. Hasta ahí asomó el Valencia, un guion que cansa al valencianismo de tan repetitivo que es. Apenas diez minutos de ataques con intención que se esfuman. De repente, el Valencia ya no encontraba la manera de pisar el área, ni siquiera teniendo el manejo de la pelota. Y es que de nada sirve amasar juego si, cuando se logra progresar, no hay calidad ni chispa que lo catalice en peligro. Necesita el Valencia ir al mercado, cierto, pero en Vigo Corberán podía mirar a su banquillo, con Rioja, Diego López o Danjuma. Tres de los jugadores más desequilibrantes no tuvieron sitio en el once.

No sentía el Celta que el partido se le fuera complicando. Aidoo volvió a burlar a Vázquez en otro córner, pero cazó mal el centro de Bryan Zaragoza. Se precipitó el lateral valenciano con un disparo que se le fue alto, en un claro ejemplo del ansia que domina al equipo cuando pisa área y le aboca a decisiones equivocadas.

Mientras, Giráldez esperaba lo que se dibujaba en el horizonte. Borja Iglesias, que se había medido poco con Diakhaby, cayó en el área por un toque mal medido de Foulquier. De Burgos, como en la primera parte, señaló el penalti que el Panda no desaprovechó para agarrar ventaja.

El gol asentó al Celta antes del descanso y provocó zozobra en un rival al que se multiplicaban las tareas: tenía que amenazar y, al tiempo, sujetar las aceleraciones que los vigueses empezaban a multiplicar. Demasiado para un equipo que arrastra muchas dudas.

El inicio de la segunda parte cambió poco y Corberán tuvo que tocar arrebato. Sin deshacer la defensa de cinco, con el refresco de Tárrega por Foulquier, buscó colmillo con Rioja, Ramazani y Danjuma. Un minuto después, en tres toques, el Celta amplió su ventaja. Pared de Mingueza con Pablo Durán -con el hombro dañado- para que se colara en el área y burlara a Agirrezabala regalando la asistencia a Borja Iglesias al borde del área pequeña en el minuto 59.

Parecía imposible que el Valencia levantara el resultado, pero Pepelu alimentó la esperanza. Centró Danjuma, tocó Ramazani en lucha con Marcos Alonso y el capitán, en la media luna, disparó con el alma en el minuto 70. El gol fue un espejismo, porque de nada sirvió. Ni siquiera se percibió que el Valencia hubiera podido empatar. De hecho, el Celta recuperó en un ataque comandado por Rioja en la banda derecha para poner un balón buscando la espalda de Diakhaby, que falló el despeje y perdió la carrera con Jonas El-Abdellaoui. El tercer gol fue un mazazo, pero llegarían más. El joven marroquí fue protagonista de otra contra que provocó la salida desesperada de Agirrezabala y le provocó una seria lesión en el isquiotibial.

El guardameta vasco se mantuvo cojo bajo los palos y nada pudo hacer cuando Iago Aspas encaró y le regaló el cuarto tanto a Hugo Álvarez en el tiempo añadido. Con la goleada en el marcador, Pepelu acabó de portero en la mejor demostración de que el Valencia ha perdido el camino. La derrota, dura, deja secuelas para el duelo ante el Elche, que el equipo afrontará sin Hugo Duro, Copete ni Agirrezabala.

De Tomé a Sonia Bermúdez: nuevo ciclo en la selección femenina, mismo gen ganador

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No hay selección femenina que juegue mejor al fútbol que España. Es algo que nadie discute y que ha llevado al equipo español a encaramarse al número 1 del ranking de la FIFA en 2025 por primera vez en la historia. Sus pasos, firmes, avasallantes ante la mayoría de los rivales que se cruza, desvelan un crecimiento que no parece tener límite y que, por primera vez, en este año que acaba ha estado firmemente acompañado por la RFEF.

Si en la lista de prioridades no había estado el fútbol femenino, tras la marejada desatada por el triunfo en el Mundial en 2023 y el caso Rubiales, el nuevo presidente, Rafael Louzán, puso el foco en arropar el talento de las jugadoras con un cambio radical en el organigrama federativo, tanto en su junta directiva como en esa rama, que dejó en manos de Reyes Bellver. Esa apuesta hizo a España brillar en la Eurocopa de Suiza, donde solo una tanda de penaltis la separó de la gloria. Pero de aquel sinsabor en Basilea pasaron a explotar de emoción proclamándose campeonas de la Nations League, por segunda vez, en el Metropolitano. Entre ambas citas se produjo un cambio de ciclo con la salida de Montse Tomé y la llegada de Sonia Bermúdez al banquillo que no afectó a lo esencial: el gen ganador.

La Eurocopa fue el primer gran torneo que unió a la selección. El grupo de jugadoras fue una piña —aunque sin Jenni Hermoso- manejadas con mano izquierda por Montse Tomé desde el banquillo e impulsadas por las mejores condiciones de trabajo posibles, las que se habían pasado años reclamando. No siempre fue fácil, porque hubo imprevistos como la meningitis de Aitana Bonmatí o las anginas de Cata Coll, que privaron a España de dos puntales de su once titular. Aun así, arrollaron a todas las rivales que encontraron a su paso, con Alexia como líder y domando todas las estadísticas de la competición: goles, posesión, pases acertados y hasta selección entre las menos goleadas. El campeonato llevaba camino de ser perfecto. Superaron el muro de los cuartos de final y en semifinales vencieron a su particular ogro, Alemania, en una prórroga y con un soberbio gol de Aitana, ya recuperada, y se plantaron en la final ante Inglaterra. Llegaron no confiadas, pero sí convencidas de que podían ser campeonas. En el estadio St. Jakob-Park de Basilea apareció el único lunar. Las inglesas forzaron la prórroga y estiraron el duelo hasta una tanda de penaltis donde España erró más de lo que se esperaba y el título fue para Inglaterra. Se les escapó entre los dedos, y eso dejó una huella.

Montse Tomé, en un partido de la Eurocopa de Suiza.

Montse Tomé, en un partido de la Eurocopa de Suiza.EFE

La primera decisión de la RFEF fue no renovar el contrato de Montse Tomé. Fue una propuesta de Reyes Bellver a Louzán que el presidente asumió. Su visión es que tocaba un cambio de ciclo que rompiera, de manera definitiva, con todo lo anterior, por muy exitoso que fuera. La asturiana, que estuvo en el cuerpo técnico de Jorge Vilda en el Mundial, se fue con una Nations League, la primera clasificación para unos Juegos Olímpicos y el subcampeonato de Europa, algo impensable apenas tres años antes.

Su relevo fue Sonia Bermúdez, desde 2022 seleccionadora Sub-20. Sus primeras decisiones ya hicieron ver que nacía una nueva etapa. Jenni Hermoso volvió a ser convocada, como Mapi León, dando por zanjada una brecha abierta antes del Mundial. Su primer reto, y no fácil, era revalidar la Nations League. Tomé había dejado a España clasificada, pero quedaban por delante, y a doble partido, las semifinales ante Suecia y la final frente a Alemania. No era un debut plácido para la nueva seleccionadora que, además, por el camino perdió por lesión a Patri Guijarro, pieza vital en el centro del campo.

Las suecas recibieron un vapuleo en Málaga (4-0) y también cayeron derrotadas en Gotemburgo (0-1) con Alexia como estrella. En la final, Alemania demostró, por primera vez en mucho tiempo, que España era vulnerable, pero solo arañó un empate a cero en Kaiserslautern. La vuelta en el Metropolitano fue una fiesta, con Clàudia Pina como estrella, que acabó con la selección campeona.

Será en este 2026 cuando Bermúdez afronte su gran reto: llevar a España al Mundial de Brasil de 2027. En marzo arrancan los seis partidos de clasificación ante Inglaterra, Islandia y Ucrania. Solo la primera de grupo tiene billete directo y, todo hace indicar, que será un mano a mano con las inglesas, una vez más. Además, la seleccionadora tendrá que afrontar no solo la baja de Patri Guijarro, que no estará aún de vuelta, sino también la de Aitana Bonmatí, que se rompió el peroné justo antes del partido de vuelta ante Alemania. Será la hora de evaluar la gestión que la nueva entrenadora hace de un equipo de lujo.

Marruecos, el rugido de un fútbol en explosión: dominar África con talento importado y el apoyo institucional

Marruecos, el rugido de un fútbol en explosión: dominar África con talento importado y el apoyo institucional

"No es normal que solo hayamos ganado una Copa África, en 1976. Nuestro trabajo es cambiar eso". Tiene claro el seleccionador de Marruecos, Walid Regragui, cuál es el objetivo con el que parte su equipo en la competición que acaba de arrancar. Pero su ambición va mucho más allá. Los Leones del Atlas trazaron hace unos años una estrategia de crecimiento y modernización hasta 2030 que está dando frutos deportivos. Si en Qatar 2022 hicieron historia para el fútbol africano alcanzando, por primera vez, las semifinales de un Mundial, ahora quieren levantar un título. El único que tienen es, como recordaba Regragui, la Copa África que ganaron hace 49 años en un formato de liguilla. En 2026 no solo son anfitriones, sino también los favoritos.

Marruecos empezó a acaparar miradas el 6 de diciembre de 2022, cuando en octavos de final eliminó a la España de Luis Enrique. Había creado problemas a Croacia, Bélgica y Canadá, pero frente a la selección española se le vio como enemigo. Más aún cuando en cuartos de final frenó también Portugal y a Cristiano Ronaldo. Solo Francia los frenó en semifinales y Croacia, de nuevo, le impidió subir al podio.

Ese equipo revelación no nació de la casualidad. Marruecos casi dos décadas empeñado en impulsar su fútbol. La primera receta fue captar todo el talento joven que, con raíces marroquíes, estaba repartido por Europa para ofrecerles vestir su camiseta. Muchos de ellos ya habían debutado con las categorías inferiores de sus países de nacimiento, pero los captadores diseminados por toda Europa y los argumentos de Regragui, acabaron convenciéndolos. Solo se les escapó el futbolista llamado a marcar la próxima era: Lamine Yamal.

De los 26 convocados para este campeonato, menos de la mitad, 12, nacieron en el reino alauita. Cinco tienen pasaporte español desde los consagrados Achraf Hakimi, el capitán, o Brahim Díaz, hasta el portero Munir El Kajoui y los delanteros Ilias Akhomach e Ismael Saibari. En Francia nacieron el defensa Romain Saiss, el centrocampista del Bayer Eliesse Ben Seghir y el de la Roma Neil El Aynaoui. En Países Bajos pescó a tres de sus mejores futbolistas: Noussair Mazraoui, el bético Sofyan Amrabat y Hakim Ziyech, ausente en este campeonato por lesión. De Bélgica llegaron Bilal El Khannous y Chemsdine Talbi y nacionalidad canadiense tiene el portero sevillista Yassine Bounou.

Para convencerles, necesitaban apelar al corazón... pero también ofrecer proyecto. "Sabía de dónde venía el mal de nuestro equipo. Había que cambiar la mentalidad. Hemos tenido jugadores en equipos muy importantes, pero era hora de mirar a los ojos a los grandes, sin miedo. Esa es la chispa que prendimos", confesaba Regragui. En 2009 se fundó la Academia de Fútbol Mohammed VI en Rabat, unas instalaciones de alto rendimiento de 2,5 kilómetros cuadrados donde formar, en deporte y estudio, talento local y que ofrece las mejores condiciones para la selección masculina, y también para la femenina, cuya dirección se le encomendó a Jorge Vilda. El técnico español llevó a las leonas a la final de la Copa África Femenina el pasado verano, pero Nigeria acabó proclamándose campeona (2-3).

El crecimiento de la competición nacional, la Botola, también se ha fomentado para que las promesas no tengan que emigrar a otros campeonatos al inicio de sus carreras, porque la mirada está puesta en la organización del Mundial 2030, que compartirá con España y Portugal. Eso ha provocado que se hayan invertido más de 1.800 millones de euros en centros de alto rendimiento, más de 100 campos homologados por la FIFA por todo el país, y se hayan modernizado hasta nueve estadios, en lugares como Rabat, Tánger, Fez, Agadir o Marrakech. La joya es el Estadio Hassan II que se está construyendo en Casablanca, con capacidad para 115.000 espectadores y que peleará por acoger la final del Mundial dentro de cinco años.

Brahim celebra el gol que marcó en el partido inaugural.

Brahim celebra el gol que marcó en el partido inaugural.AFP

No había prisa con los éxitos deportivos, pero han llegado. La selección absoluta ha hecho una clasificación para el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, el cuarto consecutivo que disputarán, tan cómoda como brillante. No solo acabó invicta, sino que Níger fue el único rival capaz de marcarle un gol. A esta Copa África se clasificó con la misma contundencia: sin perder y con otro solo gol en contra, esta vez marcado por Gabón.

Sin embargo, los resultados de la inversión en la base llegan con mucha fuerza. En 2023, Marruecos fue campeón de la Copa de África Sub-23, subcampeón en la categoría Sub-17 y cuartos en el Mundial. En 2024, en los Juegos de París, se colgaron la medalla de bronce y hace apenas unos meses, en Chile, hicieron historia al proclamarse campeones del Mundo Sub-20. Ganaron a España y Brasil en la fase de grupos y fueron deshaciéndose de Corea, Estados Unidos y Francia, por penaltis, en los cruces hasta llegar a la final con Argentina, a la que vencieron 0-2.

El reto ahora es levantar esta Copa África y mirar de nuevo a un escaparate Mundial en el que, en la fase inicial, tendrá a Brasil, Haití y Escocia.

El Valencia no se sacude el suplicio de mirar al descenso con otro empate ante el Mallorca en Mestalla

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No hay manera de huir. El Valencia está condenado a no encontrar la salida a una temporada en la que paga carísimos sus errores, lo que comete en su portería y también en la contraria. El empate ante el Mallorca no sirve para abrir hueco con los puestos de descenso y la enérgica busca de la remontada al gol de Samu Costa en el minuto 22 solo sirvió para que Hugo Duro igualara en el arranque de la segunda parte. Después, todo fueron ocasiones lamentadas. [Narración y estadísticas: 1-1]

El Valencia desesperó a Mestalla. Otra vez. El peregrinaje al estadio de la Avenida de Suecia se ha convertido en un acto de devoción, porque la alegría se la han arrebatado. El fútbol cuesta que aparezca en un equipo que, con la calidad repartida a cuenta gotas, juega a trompicones, a fuerza de arrebatos alocados cuando el runrún de desaprobación de la grada espolea a los futbolistas que, casi siempre, acaban tomando malas decisiones.

Después de la honesta imagen en el Metropolitano y la victoria copera en Gijón, el equipo no logró intimidar al Mallorca hasta bien entrada la primera parte y con el marcador ya en contra. Fue Gayà el primero que buscó puerta en el arranque pero, acto seguido, tuvo que despejar a córner un centro envenenado de Muriqi para que nadie lo rematara. En la jugada de ese saque de esquina, Pepelu volvió a despejar en la frontal del área pequeña.

El plan de Arrasate le estaba haciendo daño al Valencia, lento en el control del partido y con pérdidas que alimentaban el ansia de los baleares, que tuvieron en un disparo de Jan Virgili que atajó Agirrezabala una clarísima ocasión de ponerse por delante en el marcador. En esa no lo logró, aunque en la siguiente no fallaron: falta lateral al segundo palo que cabecea Raíllo para dejar el remate franco a Samu Costa. Otra vez el Mallorca obligaba a remar contracorriente a un equipo que tiembla.

Al Valencia le costó sacudirse el jarro de agua fría. Corberán había imaginado otro duelo, con más control, con Beltrán y Hugo Duro, por primera vez juntos en el once, intimidando y Rioja y Gayà, en modo carrilero, buscando el desequilibrio. Pero nada de eso se vio porque faltaba velocidad, confianza y atrevimiento. Fue gobernando el duelo sin que eso se tradujera en ocasiones, como si la pelota quemara en las botas y nadie viera cómo fusilar la portería de Leo Román. Esas dudas se acrecentaron cuando la parroquia empezó a mostrar su desesperación ante cada decisión, errónea, que tomaban los valencianistas que, aun así, se instalaron en campo contrario, con algún destello de Beltrán, el coraje de Ugrinic y el arma, infructuosa, del balón parado. Hasta al VAR quiso recurrir el Valencia para reclamar unas manos de Maíllo que no vieron dignas de castigo.

El primer tiempo lo acabaron calentando en la banda Danjuma y Ramazani, pero Corberán los aguantó. Algo iba a cambiar. Fue la carrera de Thierry por la orilla derecha, ganando a Mojica y sirviendo un centro a Hugo Duro que entró como una locomotora en pugna con Maffeo al segundo palo. El Valencia empataba y Mestalla encendía la caldera. La remontada estuvo en la cabeza de Gayà, que estrelló en el palo la pelota llovida que se puso Rioja desde la banda derecha. Con el Mallorca encerrado en su área, Leo Román lo salvó cuando, a contrapié, salvó un testarazo a bocajarro de Lucas Beltrán.

No fueron bastante esos momentos de locura, porque Arrasate enfrío el partido con sus cambios. El navarro envió a su equipo a dar un paso adelante, mientras que a Corberán no le respondieron los hombres con los que pretendía volver a acelerarlo. El Mallorca creció, aunque fuera a base de pelotazos a la carrera. Uno lo bajó Samu Costa y se la entregó a Muriqi para el segundo gol, pero un talón lo dejó en fuera de juego. Otra vez el bosnio se quedó sin marcar porque Agirrezabala se la jugó para corregir un error de Tárrega.

Desde ese momento, su misión fue proteger el punto, que solo se vio amenazado cuando, otra vez Lucas Beltrán, cabeceó alto un centro de Danjuma, que buscó un desequilibrio que no consiguió. Menos aún hizo Ramazani. Y es que el Mallorca no iba a dejar jugar más a un equipo que sigue sin doblegar un destino que le aboca al sufrimiento.