Ding Liren resucita, aplasta a su rival e iguala el Mundial de ajedrez

Ding Liren resucita, aplasta a su rival e iguala el Mundial de ajedrez

Actualizado Lunes, 9 diciembre 2024 - 15:48

¿Cuántas vidas tiene Ding Liren? El domingo parecía muerto, después de que Gukesh Dommaraju gananara la undécima partida, tras una sucesión de siete tablas. El indio se había metido medio Mundial en el bolsillo. Hoy, el campeón aplastó a su rival, casi con furia. Le dio una lección de estrategia cuando lo tenía todo en contra y da la sensación de haber recuperado tres cuartos de la corona. El marcador solo habla de igualdad: 6-6 a falta de dos partidas. Si se mantiene el equilibrio, se jugarán cuatro rápidas de desempate, un ritmo que en teoría favorece al campeón, pero a estas alturas la teoría es un concepto demasiado etéreo.

Los periodistas presentes en Singapur repetían una y otra vez la misma pregunta, con pequeñas variaciones. ¿De dónde saca las fuerzas Ding Liren para levantar tantas bolas de partido? El gran maestro Anish Giri, uno de los mejores del mundo, confesaba su estupor: "Simplemente, no entiendo lo que está pasando con Ding... Es un gran misterio para mí. Ayer parecía tan roto y ahora juega de manera absolutamente increíble".

Llueve sobre mojado, porque cuando ganó el título, Ding Liren hizo lo mismo contra Ian Nepomniachtchi, ¡hasta en tres ocasiones! Contra el ruso remontó por última vez justo en la partida 12. Antes de abandonar la sala de prensa, el campeón recordó el domingo ese dato, como para darse ánimos a sí mismo, más que para convencer a una audiencia escéptica.

El 17, su número favorito

Este lunes le preguntaron al gran maestro chino si cree en la numerología y aseguró que, en todo caso, su favorito es el 17, que no le sirve de mucho porque en el Mundial solo se juegan 14 partidas. En realidad, si son necesarios los desempates, sí llegaremos a ese número. Como curiosidad, en Kazajistán Ding le ganó la 18 a Nepo y se aseguró el título de campeón, que quizá le dure más de lo esperado.

El propio Ding Liren no se explica del todo su fortuna cuando más la necesita. Él dice que ni siquiera altera sus costumbres. "Ayer continué con la rutina normal, cené y me fui a dormir pronto, antes de una partida tan importante". Luego añadió que además de recuperar fuerzas en la cama, en el desayuno se tomó dos cafés, que lo llenaron de energía. El chino es una persona sencilla, cuyo aspecto frágil solo es un trampantojo que ya solo engaña a los más inocentes de sus rivales.

Gukesh lo tenía todo de cara. Su rival preparó una línea, por supuesto, pero no la llegó a materializar porque el indio se adelantó con una sorpresa, con lo que parecía llevar la partida a su terreno. Se jugó una inglesa que derivó en una defensa neocatalana, sutilezas modernas en las que no hay que buscar paralelismos políticos. De cualquier modo, algo falló en la preparación del aspirante, porque su procés fue a peor. Ya en la jugada 20, Vishy Anand, pentacampeón del mundo, anunciaba con pena que no veía esperanzas para su compatriota.

Ding, que si ha pecado de algo en este Mundial es de pesimismo, no lo vio claro hasta la 23, justo después del único error obvio de Gukesh. Lo más sorprendente de la partida fue precisamente que el indio no cometió grandes errores. Simplemente, fue superado centímetro a centímetro. La fuerza invisible que genera Ding lo aplastó sin violencia, pero sin compasión. El chino se negó a revelar sus verdaderos secretos, si acaso los tiene, y se limitó a explicar que la posición encajaba muy bien con su personalidad.

En un juego tan racional como el ajedrez, sorprenden estos factores misteriosos. Hay algo inexplicable en el estado mental que alcanza el campeón cuando lo necesita. En un momento dado, pudo capturar una torre con su caballo, lo que suele representar una ventaja de material insuperable. Los comentaristas especulaban sobre los motivos que llevaron a Ding a ignorar esa posibilidad. Parecía un lujo o un adorno innecesario, impropio de un jugador nada exhibicionista. La verdad era mucho más prosaica según comentó: "Simplemente, no vi que me podía comer la torre". Así es Ding, no se da cuenta de jugadas al alcance de cualquier aficionado, pero ve cosas que muchos maestros no pueden ni soñar.

Para Gukesh, el golpe es devastador. Ahora tiene que partir de cero, en mucha peor situación que si las dos últimas partidas hubieran terminado en tablas. El indio reconoció que se sentía "muy decepcionado", pero que intentaría recuperarse y jugar bien las dos partidas que faltan. Su discurso no daba para más y la mera presencia de este chico de 18 años en la rueda de prensa ya era una demostración de entereza, porque al final de la partida se quedó hundido, sin poder despegarse del tablero, con aspecto de que podía romper a llorar en cualquier momento.

Por suerte o por desgracia, porque pensar demasiado también puede ser contraproducente, mañana hay jornada de descanso. El aspirante necesita un milagro como el de Ding, encontrar su fuerza interior con ayuda de la meditación y la exterior que le pueda proporcionar su equipo. Liren contó otra cosa, quizá más fácil de imitar: "Mi madre también me ayudó. Me dio confianza y me dijo que podía volver a conseguirlo".

El campeón del mundo colapsa y entrega media corona del Mundial de ajedrez a Gukesh

El campeón del mundo colapsa y entrega media corona del Mundial de ajedrez a Gukesh

Actualizado Domingo, 8 diciembre 2024 - 17:23

Aunque Ding Liren se acabara de bajar de la proa del Titanic con Kate Winslet en sus brazos, la derrota que ha sufrido este domingo en Singapur amenazaría con sumirlo en los peores pensamientos. El campeón del mundo, que además no vive sus años más felices, ha caído derrotado en la undécima partida del Campeonato del Mundo de Ajedrez después de cometer un error grosero, de los más graves que se han visto en una cita por el título. El indio se ha puesto por delante y solo quedan tres partidas.

En ajedrez, los fallos rara vez se producen por casualidad. El gran maestro chino estaba muy presionado por el reloj y en posición delicada, después de un encuentro del todo atípico, en el que los dos jugadores gastaron océanos de tiempo en las primeras jugadas. Ding necesitó 38 minutos para una de ellas y Gukesh empleó más de una hora en otro movimiento poco después. De hecho, puede que hayamos visto la partida más lenta de la historia en un Mundial. Había mucho en juego y el planteamiento de las blancas los había alejado a ambos de los terrenos más conocidos.

Seis minutos para la historia

En esa circunstancia de presión extrema, Gukesh Dommaraju, el jovencísimo aspirante de 18 años, demostró mayor estabilidad, aunque también pasó algunos momentos de zozobra. De hecho, llegó a abandonar la sala durante seis minutos larguísimos, porque ya no le quedaban tantos. Los aprovechó para tratar de recomponerse. El indio confesó después que estaba muy enfadado consigo mismo por meterse en problemas muy difíciles de resolver, pero que en esos instantes logró tranquilizarse y recuperar la concentración. "De algún modo funcionó", dijo, y es verdad que desde ese momento jugó muy bien, presionando a un rival que tampoco estaba nada seguro de sus posibilidades. La fortaleza mental fue el factor clave de una partida capital. Gukesh logró ser un témpano, el iceberg contra el que se estrelló Ding Liren.

Difícil recuperación

La salida del campeón del escenario, cabizbajo y en silencio, reflejó la dureza del momento. Pese a todo, diez minutos después compareció en la rueda de prensa, donde con una delicadeza que se agradece le permitieron responder primero las pocas preguntas que le hicieron, antes de huir en busca de una recuperación para la que solo tendrá unas horas.

En sus análisis de la partida, Ding volvió a mostrar que a veces es demasiado pesimista y no es consciente de sus posibilidades. Pese a todo, por momentos jugó realmente bien y tuvo a Gukesh al borde del abismo de la desesperación. Una partida de ajedrez se parece mucho a una de tenis, en ese aspecto. La fuerza mental es clave, solo que en el tablero un solo error puede ser el definitivo, no es solo un punto, y hay menos oportunidades para recuperarse. Al menos, Ding Liren tiene ahora tres juegos para tratar de remontar el set y el Mundial.

La undécima partida tuvo una complejidad bestial y reflejó de muchas maneras distintas la riqueza y la belleza del ajedrez. Después de solo cinco jugadas, se llegó a una posición que no aparecía en las bases de datos de partidas entre grandes maestros, al menos entre las jugadas al ritmo clásico. Gukesh contó que la receta fue idea de sus ayudantes, cocinada apenas unas horas antes. El indio se siente en deuda por todo el trabajo que hace su equipo. Le han dado varias oportunidades y él había desperdiciado la mayoría. Esta vez no dejó escapar al campeón, por lo que tenía motivos para sentirse "feliz y aliviado".

Como siempre, Ding resolvió sus problemas bebiéndose el tiempo, pero con tanto acierto en sus decisiones que esta vez fue su enemigo el que batió el récord de parsimonia en una sola jugada, más de una hora de reflexión. Gukesh reconoció ante la prensa que ya no sabía ni lo que estaba calculando. Hay una vieja anécdota de Mijail Tal, campeón del mundo en 1960, que una vez pensó un sacrificio de pieza durante 40 minutos. Los analistas daban por hecho que estaba calculando todas las variantes. Él admitió después que, llegado un momento, un hipopótamo imaginario atascado en un pantano se había colado en sus pensamientos. Casi todo lo que hizo en ese tiempo fue resolver el problema de cómo rescatar al animal. Cuando vio que era imposible y que se le escapaba la victoria, lo abandonó sin piedad -"¡Pues que se ahogue"-, sacrificó su caballo y, por supuesto, ganó la partida.

En Singapur, la undécima partida estuvo plagada de sutilezas y alternativas, con algún que otro hipopótamo en la sala de juego. En la jugada 9, muchos pensaban que Gukesh tenía medio título ganado. Dos movimientos después, el favorito era Ding. Al final se impuso quien parece el más fuerte, pero nada está decidido todavía, aunque el ajedrecista chino deberá recobrar la serenidad en tiempo récord.

Mañana tendrá la primera de sus dos oportunidades con blancas. De entrada, debe decidir si lanzarse ya al cuello del aspirante o cortar primero la hemorragia con unas tablas tranquilas, como recomiendan los clásicos. Este lunes también comprobaremos de qué pasta está hecho el indio de 18 años. Nadie sabe si le temblarán las manos, ahora que está a punto de verse en los libros de historia como el campeón más joven de todos los tiempos.

El campeón reinventa el ajedrez sin damas

El campeón reinventa el ajedrez sin damas

Actualizado Sábado, 7 diciembre 2024 - 16:10

Sin entrar en polémicas históricas entre ciudades o países -Valencia y Salamanca se disputan el honor, dentro del nuestro- la dama fue introducida en el ajedrez en tiempos de Isabel la Católica. Fue el último gran cambio de un juego que nació en la India, pero que fue evolucionando y se modernizó con la incorporación de la pieza más poderosa. Las partidas se hicieron más ágiles e interesantes con esta nueva arma de destrucción masiva. En los últimos años, gracias a la inteligencia artificial, sabemos además que el viejo consejo de no sacar la reina a pasear demasiado pronto puede eludirse con un poco de cuidado. Con la dama en el tablero, el ajedrez es un juego más bonito, con mayor espacio para la creatividad.

Aquí es donde llega Ding Liren, campeón del mundo, un hombre que lleva meses con problemas para conciliar el sueño y que se enfrenta a un joven agresivo con ganas de quitarle el trono. El gran maestro chino tiene como ayudante a Richard Rapport, un jugador que destaca por su creatividad, pero el plan trazado por ambos parece incluir una idea nociva para el espectáculo: llegar a posiciones en las que las damas se hayan marchado del tablero. La idea es minimizar los instintos agresivos de Gukesh Dommaraju, quien además partía como claro favorito en el Mundial.

En la décima partida, celebrada este sábado, Ding volvió a jugar sin disimulo "a dos resultados". Quien no arriesga puede que no gane, pero en su caso tampoco pierde. Cuando estaba en su pico de forma, el chino logró un récord impresionante, luego superado por Carlsen: jugó cien partidas en la élite sin perder ninguna. Sin damas en el tablero, derrotarlo es aún más difícil, no digamos con las piezas blancas. Gukesh tampoco puede perder la cabeza cuando lleva las negras, aunque los expertos empiezan a pensar que ya no es el favorito. El peligro para él es ponerse nervioso, porque quedan cuatro partidas y solo en dos de ellas jugará con blancas. Pese a su fachada de seguridad inquebrantable, mucho más sólida en apariencia que la de Ding, las dudas pueden hacer mella en su fe, sobre todo si sospecha que no es tan favorito en las partidas rápidas de desempate.

Sin favorito claro en el desempate

Es cierto que Gukesh, un optimista incorregible, bien puede sentirse ganador también en las partidas rápidas y que, como apuntó el gran maestro Miguel Santos en la retransmisión de Chess.com, está mejor preparado en las aperturas, lo que puede ser otro factor decisivo cuando hay menos tiempo en el reloj.

Criticar a Ding por explotar sus opciones tampoco sería justo. Jugar a no perder en espera de los desempates ya lo hizo Magnus Carlsen, número uno del mundo y sin el menor problema de inseguridad. A Sergey Karjakin y a Fabiano Caruana les ganó el título así, al segundo después de terminar todas las partidas de ajedrez clásico en tablas.

Dicho esto, la décima partida no ofreció grandes emociones, aunque como suele suceder en estos casos, el porcentaje de precisión fue altísimo. Ni siquiera hubo grandes apuros de tiempo, como en ocasiones anteriores. Ding y Gukesh fueron intercambiando piezas, hasta que decidieron repetir jugadas para no castigar al público con la obligación de llegar a la jugada 40. Partidas así le dan la razón a Carlsen, cansado del ajedrez clásico, en el que conseguir ventaja al más alto nivel es realmente complicado.

El marcador refleja un empate a 5 y se espera que Gukesh invente mañana alguna forma de hacer daño al campeón. Lo ha logrado en unas pocas partidas, que al final han sido las más interesantes. Los nervios irán a más, porque cada vez hay menos tiempo para rectificar; solo quedan cuatro partidas. En todo caso, el aspirante asegura que no suele perder la calma, aunque obviamente, el peso de las emociones aumenta cada día que pasa.

Huelga a la japonesa en el Mundial de Ajedrez: partida perfecta, larga y... aburrida

Huelga a la japonesa en el Mundial de Ajedrez: partida perfecta, larga y… aburrida

Actualizado Jueves, 5 diciembre 2024 - 17:00

Gukesh Dommaraju y Ding Liren han sido apaleados desde antes incluso de llegar a Singapur. Kasparov despreció su nivel, dijo que no consideraba que fuera un campeonato del mundo y que el último campeón legítimo había sido Magnus Carlsen. Con el juego empezado, otro excampeón ruso, Vladimir Kramnik, aseguró que la calidad del duelo era una broma. Sin quejarse de nada ni de nadie, el campeón chino y el aspirante indio siguieron a lo suyo. Empezaron de forma espectacular y luego no lograron superarse el uno al otro, pero en las dos partidas anteriores nos regalaron dos tablas espectaculares, dejándose la piel y arriesgando en varios momentos más allá de lo razonable. Entonces, los censuraron por cometer errores, como siempre ocurre cuando los jugadores se exponen para ganar.

Es improbable que este viernes se pusieran de acuerdo, pero la novena partida pareció la escenificación de una huelga a la japonesa. El juego fue largo, perfecto hasta la obsesión (99,2% de precisión frente a 99,3%) y, como consecuencia de todo ello, muy aburrido en su segunda mitad. Para el aficionado, supuso un bajón tan grande como la selección española de fútbol cuando se contentaba con encadenar mil pases sin disparar a puerta.

En definitiva, la igualdad sigue agarrada como una lapa al marcador, 4,5 a 4,5. A falta de cinco partidas, Ding tendrá la ventaja de jugar tres de ellas con blancas, aunque Gukesh dijo hoy en la rueda de prensa que los colores no están siendo un factor importante en este Campeonato del Mundo. Al menos según los datos, eso también es verdad, pero salvo en una ocasión, con negras le ha hecho muy poco daño a su rival.

La catalana, apertura centenaria

En huelga o no, los dos contendientes destacaron el nivel de perfección que habían logrado. Como siempre, el campeón se peleó también contra su reloj, pero esta vez ni siquiera tuvo que correr después. Gukesh volvió a conseguir una ventaja mínima después de plantear la apertura catalana, pero luego omitió una idea de su oponente y las inevitables tablas empezaron a divisarse con 30 jugadas de antelación. Sin la regla impuesta en este Mundial de que los jugadores no pueden ofrecer el empate antes del movimiento número 40, la lucha habría acabado allí mismo. En su demostración a la japonesa, Gukesh y Ding siguieron moviendo madera más allá de lo exigido, hasta el movimiento 54, cuando los reyes se quedaron solos en el tablero. Tablas por extinción.

La catalana, por cierto, no es tan antigua como la española, pero tiene casi un siglo. En realidad, ya se había practicado antes en alguna ocasión, pero fue bautizada así en 1929 a partir de un encargo de la organización de la Exposición Universal de Barcelona. Sus responsables querían rendir homenaje al ajedrez catalán y le pidieron una apertura nueva a Savielly Tartakover, algo así como el Oscar Wilde del ajedrez, porque se le atribuyen casi todas las citas sobre el juego.

Nacido en Rusia, Tartakover tiene una biografía fascinante. Fue ciudadano polaco y más tarde francés. Nunca ganó el título mundial, pero su influencia en el juego fue destacada. Además de algunas frases que no son suyas, se apropió también de este planteamiento flexible, que mantiene su vigencia casi un siglo después pese al examen feroz de la inteligencia artificial.

Nada más terminar, a los jugadores les preguntaron un día más por el advenimiento de las partidas de desempate, si son incapaces de romper el equilibrio antes. Gukesh afirmó que han vivido algunas partidas muy interesantes y que espera que les queden varias más. Él y Ding Liren también hablaron de cómo sus respectivos equipos los mantienen con el ánimo elevado. Como chanza del día, se enfrentaron a una especie de prueba: "Si hubiérais podido mirar por un momento el ordenador para ver cuál era la evaluación que hacía de la posición, ¿qué momento habrías elegido para consultar?". El indio se ganó los aplausos: "Yo no querría hacer trampas en ningún momento". El chino se quedó con las risas: "Hoy no he tenido ninguna oportunidad de ganar, así que me guardaría la opción para el futuro".

Mañana habrá jornada de descanso, así que tendrán la oportunidad de repasar sus armas y revisar la estrategia para lo que queda de Mundial. En caso de empate a 7 final, el título se decidiría en partidas rápidas, más azarosas, en las que paradójicamente Ding Liren se puede sentir más fuerte. Los apuros de tiempo son su talón de Aquiles en el ajedrez clásico, pero si lo obligan a mover rápido desde el principio, tiene más Elo y, por tanto, mayor nivel que el aspirante, al menos en teoría. Los dos son muy duros de doblegar.

Ding Liren y Gukesh no se bajan de la montaña rusa

Ding Liren y Gukesh no se bajan de la montaña rusa

Actualizado Miércoles, 4 diciembre 2024 - 23:00

La octava partida del Mundial de Ajedrez fue de las que no se pueden escribir mientras las piezas siguen bailando. Las alternativas se sucedieron durante cinco horas y, hasta el último instante, era demasiado aventurado predecir cómo acabaría la lucha. Terminó en tablas, por lo que el marcador refleja un empate a cuatro. Llevamos cinco empates seguidos, pero nadie se podrá quejar del espectáculo ofrecido este miércoles por los dos grandes maestros (4-4 en el cómputo general).

En Singapur estamos viendo la lucha entre un optimista casi suicida y un pesimista sin miedo a probar nuevas experiencias. Esa contradicción constante entre las personalidades de ambos genera una mezcla explosiva, cuando otras circunstancias lo permiten. En otro rasgo insólito por parte de un campeón, su sinceridad en las ruedas de prensa nos permite conocer con inesperada fidelidad el estrés casi insoportable que sufre un gran maestro de élite.

Ding Liren reconoció que el aspirante lo volvió a superar al comienzo de la partida, durante el cual se sintió muy nervioso e incómodo. Luego, un día más, consiguió darle la vuelta a la tortilla y fue el chino quien, sin darse cuenta de la magnitud de su ventaja, no atinó con las mejores jugadas para ganar. «No fue una partida demasiado perfecta», reconoció el campeón del mundo, a quien le vendría bien ver el vaso medio lleno para no conformarse a veces.

«Pensé que no era demasiado peligroso»

Y si a Ding hay que agradecerle que se tome sus comparecencias ante la prensa como si fuera una reunión de Alcohólicos Anónimos, a Gukesh Dommaraju no se le puede negar una valentía pocas veces vista a este nivel, aunque también sea consecuencia de un optimismo indómito. En la octava partida, cuando lo peor para los dos parecía haber pasado, el indio pudo concluir el choque con unas nuevas tablas por repetición de jugadas. Era, de lejos, la decisión más sensata. En su lugar, el más joven de los dos finalistas hizo una jugada inferior, arriesgadísima, porque suponía la pérdida de otro peón, pero era la única vía para mantener la lucha viva.

Un titular rondaba la cabeza de este cronista en esos momentos: «Gukesh da ejemplo y pierde». Por suerte para él, el karma o lo que quiera que le ayuda en esos momentos le dio la fortaleza necesaria para regalar a los aficionados unos minutos más de alegría, sin ningún disgusto final para los protagonistas. El jovencísimo gran maestro no parecía darle importancia: «Pensé que no era demasiado peligroso y que tenía algunas oportunidades. Sí, juzgué mal la posición», reconoció a los periodistas.

La objetividad es vital para triunfar en el ajedrez. Evaluar bien es una de las cualidades esenciales, porque no se puede jugar del mismo modo con ventaja o cuando hay que defenderse. Gukesh peca siempre de optimista y Ding suele ver su posición con malos ojos. Si alguno corrige ese pequeño desajuste, estará muy cerca de ganar el título.

Ding, durante la octava partida del Mundial.

Ding, durante la octava partida del Mundial.FID

La partida también tiene otras lecturas. El nivel de precisión descendió hasta casi el 90%, que no es demasiado alto para ellos. Es verdad que cuando no se afrontan riesgos se cometen menos errores y las tablas son inevitables. Esta vez el empate fue fruto casi del azar, un accidente probablemente justo para dos gladiadores que olvidaron ponerse el peto antes de saltar a la arena.

Gukesh tuvo otro detalle: agradeció a sus ayudantes las ideas que le han permitido conseguir ventaja al principio de la mayoría de las partidas. En este caso, su séptimo movimiento dejó con la boca abierta a otros grandes maestros, incluido su compatriota Vishy Anand, pentacampeón del mundo. El reconocimiento a sus segundos añadía de forma implícita una autocrítica: pese a esa ventaja, él había sido incapaz de rematar las oportunidades concedidas, a excepción de la tercera partida.

Para Ding, la asignatura pendiente sigue siendo la gestión del tiempo, aunque cuando los minutos son más escasos suele encontrar un conejo salvador en la chistera. Las partidas de ajedrez tienen tres fases: apertura, medio juego y final. Si fueran tres asaltos, el indio suele ganar el primero, el chino el segundo y el tercero acaba casi siempre con resultado nulo.

Gukesh se estrella contra el muro de Ding Liren en la partida más larga y emocionante del Mundial

Gukesh se estrella contra el muro de Ding Liren en la partida más larga y emocionante del Mundial

Actualizado Martes, 3 diciembre 2024 - 16:45

El ajedrez clásico puede ser apasionante incluso cuando la partida acaba en tablas. Después de tres empates consecutivos sin demasiadas emociones, la séptima partida del Mundial que se celebra en Singapur, la más larga hasta la fecha, fue un espectáculo vibrante del que sale reforzado el campeón. Ding Liren estuvo contra las cuerdas, con muy poco tiempo en su reloj y tratando de sostener una posición que parecía a punto de resquebrajarse. En esos instantes, el gran maestro chino afinó y resistió de forma heroica. Modesto, aseguró después que estuvo a punto de rendirse cuando vio alguna de las jugadas de Gukesh. También dijo que «encontró» los recursos defensivos justo cuando los necesitaba, aunque en el tablero eso no sucede por casualidad.

Gukesh, que no ocultó su decepción, lo tenía todo a su favor, salvo la tenacidad de un rival que además fue valiente, aunque algunos lo critiquen por lo contrario. El indio no supo o no pudo rematar, pero no cometió apenas errores durante más de cinco horas y 72 movimientos. «Fue más difícil de lo que esperaba», admitió. También dijo que es frustrante no ganar una partida que se pone tan de cara, pero volvió a ser positivo y aseguró sentirse «satisfecho por haber superado a su rival».

Estamos en el ecuador del duelo, con empate a 3,5 puntos. Recordemos que Ding Liren, vigente campeón, ganó la primera partida y luego perdió la tercera. El resto han sido empates. El gran maestro indio era favorito antes de llegar a Singapur, pese a tener solo 18 años, y vio más cerca que nunca el sueño de convertirse en el campeón más joven de la historia. Le quedan otras siete partidas para culminar su hazaña.

Espectáculo en el tablero

La séptima fue emocionante porque Gukesh presionó y su rival no se arrugó. Cada uno usaba sus armas, más afiladas de lo que parece. No es sensato pensar que hayan cambiado su estilo como reacción a las críticas, no siempre justas, después de solo tres empates. En otros mundiales hemos visto sucesiones de tablas mucho más largas. En Singapur, salvo en una ocasión, el indio siempre ha buscado la victoria con blancas y el campeón tiene un certificado médico para no presentar batalla cuando no se siente con ánimo.

La apertura elegida por el aspirante fue inteligente. Encontró una idea interesante y sacó del libro a su oponente, que en la séptima jugada ya había gastado 35 minutos de los 120 que tienen los jugadores para hacer los primeros 40 movimientos. La gestión del reloj es su asignatura pendiente.

Los aficionados e incluso los grandes maestros se preguntan a veces por qué un ajedrecista capaz de jugar una partida entera en un minuto dedica veinte o incluso media hora a una sola jugada. Otros querían saber en qué piensa Gukesh cuando cierra los ojos recostado en su sillón, mucho más cómodo y grande que el de su oponente. El indio es aficionado a la meditación, mientras que Ding parece perderse en disquisiciones filosóficas. Comer o no comer un peón, esa es la cuestión más frecuente a la que se enfrenta. En general, decide con arrojo y se lo zampa. El campeón es un hombre herido, pero no se esconde.

En esas largas pausas para el espectáculo, los dos finalistas calculan como posesos. Son capaces de profundizar hasta niveles insondables para otros humanos, casi como las máquinas. La mayor diferencia entre ambos parece de preparación. Gukesh da la sensación de llegar mejor armado en los planteamientos, aunque esta vez también tuvo que improvisar desde bastante pronto.

Dudas en el remate

Cuando llegó la hora de rematar, quizá el indio vio algún fantasma y se quedó algo paralizado. Su ventaja era evidente, pero él necesita tenerlo todo bien atado, sin dejar nada al azar. Lo malo para sus intereses (y una suerte para la humanidad) es que en ajedrez a veces las posiciones son demasiado complejas y hace falta suplir esa incertidumbre con sentido práctico. Es lo que le falta a Ding a menudo, aunque en la última partida afectó también a Gukesh.

Tras algunos titubeos, el indio le lanzó por fin hacia la victoria, aunque ya con los relojes prácticamente igualados. Ambos tenían menos de un minuto por jugada y todo era dificilísimo. En esos instantes, el porcentaje de precisión descendió, como es natural, pero en contra de lo que sugieren los detractores, este Mundial se caracteriza por un índice elevadísimo de exactitud. Solo Vishy Anand, el padre ajedrecístico de Gukesh, había estado a esa altura en el pasado. Es interesante que Anand le ganara en 2008 la corona a Kramnik, justo quien más ha censurado a los finalistas en Singapur.

En los momentos decisivos, con los relojes temblando, Gukesh y Ding se enredaron un poco, pero las pequeñas imprecisiones culminaron con la maldición de la jugada 40, que pagó Ding Liren. A lo largo de la historia son incontables los sueños rotos justo en ese movimiento, el último del primer control de tiempo. El chino movió nervioso y paró el reloj cuando solo le quedaban 7 segundos. Justo a tiempo, pero no había tomado la mejor decisión.

Le quedaba por delante un final con aspecto de tortura. En ese momento, ambos jugadores reciben 30 minutos y un regalo añadido, 30 segundos cada vez que mueven. El ritmo es algo más relajado, pero ya era tarde para volver atrás.

Condenado a sufrir y de nuevo con menos tiempo, salvo en los últimos instantes, el campeón se resistió con una capacidad de sufrimiento admirable. El aspirante buscó mil vueltas para atravesar la muralla china, dispuesto a reescribir la historia. Después de 72 movimientos, sobre el tablero solo permanecían los dos reyes exhaustos y un alfil blanco, insuficiente para dar mate. Tablas de reglamento, espectaculares, de las que hacen afición. Queda por delante la segunda mitad del Mundial, con Ding fortalecido y Gukesh convencido de sus posibilidades.

A falta de ajedrez, Ding Liren y Gukesh se agarran a las emociones

A falta de ajedrez, Ding Liren y Gukesh se agarran a las emociones

Actualizado Domingo, 1 diciembre 2024 - 19:15

El Mundial de Ajedrez prosigue en Singapur sin grandes alardes en la calidad del juego. La verdadera batalla es subterránea y apela a las emociones. La sexta partida acabó en tablas (3-3 en el global) y sorprendió más por la actitud de ambos grandes maestros que por sus movimientos sobre el tablero.

De entrada, Ding Liren planteó el controvertido sistema Londres, una especie de receta para todo con blancas, que algunos adoran y otros odian. No es que él y sus ayudantes hubieran encontrado un agujero en la preparación de Gukesh Dommaraju. La explicación era mucho más simple: «En el último Mundial gané la sexta partida de forma bonita con el Londres y quería repetir el éxito». Está a un paso de la conocida superstición de Simeone, cuando debería ser aún más racional.

A la hora de la verdad, ambos demostraron conocer bien las posibilidades de esta apertura práctica, pero timorata, aunque no exenta de maldad si las negras se relajan. De hecho, el campeón logró una ventaja minúscula, suficiente para que los espectadores y los comentaristas fantasearan con salir de la rutina. Ding, mucho menos optimista, o demasiado realista, ofreció tablas, en su empeño en mantener baja la presión arterial. Lo sorprendente aquí fue la actitud de su rival. Tan tranquilo estaba Gukesh que se permitió el lujo de rechazar el empate, cuando tampoco tenía motivos para buscar la victoria. "Simplemente, me gusta jugar al ajedrez. No sentí que estuviera en peligro, aunque las tablas eran el resultado más probable", adujo después.

"¡No puedo creerlo!"

Durante unos instantes, se dio la paradoja de que quien estaba peor era el que menos perseguía la igualada. Era una especie de partida de póker en la que el que tenía las peores cartas era el más agresivo, pero con más audacia, porque en el ajedrez las cartas están a la vista de todos. La pentacampeona del mundo Susan Polgar fue muy crítica con el campeón: «¡No puedo creerlo! Una vez más, en un final cómodo y sin riesgos, muy agradable, ¡Ding optó por repetir jugadas! Esto es muy decepcionante. Enhorabuena a Gukesh por intentar seguir luchando».

Otro excampeón con espíritu crítico es el ruso Vladimir Kramnik, quien, de polémica en polémica, aseguró que no comentaría la última partida del Mundial en su canal de YouTube porque, según él, los jugadores le habían decepcionado profundamente y no estaban mostrando el mínimo nivel necesario. Otros grandes maestros le recordaron que el porcentaje de precisión del campeón y el aspirante no bajó del 87% durante las 46 jugadas que duró el choque. El índice es relevante, porque ha sido utilizado con frecuencia por Kramnik para desenmascarar a presuntos tramposos en el ajedrez 'online'.

Al margen de los ataques a los protagonistas en el escenario de Singapur, lo cierto es que los aficionados han visto cómo se pinchaba el globo de la emoción en las últimas partidas. No obstante, Ding considera que deben estar contentos, porque el duelo está igualado todavía, aunque él espera mejorar.

"Tal vez sonreiré"

Y como prueba de que el bienestar personal es lo esencial ahora mismo, ambos respondieron de manera parecida a una pregunta que les pilló con la guardia baja. "¿Qué harán al día siguiente de proclamarse campeones?". Gukesh, que ha empezado a tomar la iniciativa ante la prensa y ya responde a menudo antes que el campeón, se lo pensó unos segundos y dijo que, probablemente, empezaría por ser feliz. Ding replicó: "El año pasado lloré cuando gané el título; ahora tal vez sonreiré".

Cuando le preguntaron si no intenta forzar más cuando tiene ventaja por su estado de salud, el chino se salió por la tangente y empezó a enumerar posibles líneas de juego, para demostrar que no era tan fácil convertir su ventaja en el marcador. Otro periodista lo interrogó sobre el porqué de sus dudas cuando acaba la preparación y tarda tanto en mover. Con su eterna actitud humilde y sin enojarse, con una pedagogía casi poética, el bueno de Ding respondió: «Hay muchas líneas que preparar y en el tablero solo aparece una de ellas. Como en un iceberg, ves solo una mínima parte, la que está sobre la superficie». Y en eso consiste la belleza y la dificultad del ajedrez.

Gukesh y Ding Liren, superados por la tensión

Gukesh y Ding Liren, superados por la tensión

Actualizado Sábado, 30 noviembre 2024 - 17:40

Los errores son contagiosos en ajedrez. Después de un inicio muy prometedor, el Campeonato del Mundo que se disputa en Singapur ha caído por una pendiente peligrosa, una pequeña pandemia de juego que con suerte pasará pronto. En la quinta partida y con el marcador empatado a dos, los dos grandes maestros que luchan por el título colapsaron, cada uno a su modo. Las tablas con las que terminó su aventura no reflejan el drama que se vivió.

El aspirante, Gukesh Dommaraju, planteó de entrada una apertura muy pobre, como si sus entrenadores le hubieran querido amputar la agresividad para evitar posibles efectos secundarios, ya conocidos. En una nueva defensa francesa que le tra malos recuerdos, eligió la llamada variante del cambio, poco incisiva. Luego cambió damas a las primeras de cambio, con lo que se llegó a una posición en la que jugar a ganar parecía una quimera. En las dos partidas que había jugado con blancas hasta ahora, Ding Liren había sido sometido a grandes presiones, aunque el chino se las arregló para ganar la primera. En el tercer intento, Gukesh erró el tiro por completo. Luego reconoció que, aunque la apertura elegida le sigue pareciendo buena, «es verdad que no sirvió para crear demasiados problemas al campeón».

Hasta ahí, más allá de la pequeña decepción del público sediento de sangre, todo fue hasta ciento punto normal, pero ese primer error de estrategia desencadenó otros en cadena. Lo mejor es que el espectador cambió un espectáculo aburrido a un pequeño carrusel de emociones, aunque la mayoría fueran negativas.

El punto débil

El indio de 18 años es un tigre nacido para atacar y estaba incómodo por el guion que él mismo estaba escribiendo. En cuanto pudo, provocó un giro inesperado en busca de la adrenalina que parece necesitar en sus partidas. Lo encontró, hasta donde era posible, pero luego cometió un error y se quedó al borde del abismo. Esa impaciencia en algunos momentos o esa ambición no siempre bien medida es la que justifica la actitud de Ding, quien sin embargo debe estar más atento para aprovechar sus opciones, como ya le advirtió Magnus Carlsen.

Como mínimo, parecía que veríamos un largo final en el que el campeón trataría de hacer valer su ventaja, lo que tampoco era sencillo. Ding, sin embargo, se dejó igualar con una facilidad pasmosa, como si en su cabeza no cupiera otra posiblidad que lograr las tablas. Minutos después, cuando comprobó en plena rueda de prensa las opciones que había desperdiciado, se mostró arrepentido. «El resultado no es ideal porque tuve algunas oportunidades. Hoy tenía alguna ventaja y no la aproveché. Necesito mejorar», admitió poco después cuando le pidieron un balance de las cinco primeras partidas del Mundial. Tenía el aspecto de un escolar en un examen oral, inseguro e incluso asustado.

La pentacampeona mundial Susan Polgar resumió el sentir general durante la quinta partida: «Parecía que Ding estaba contento con un empate en lugar de presionar y hacer sufrir a Gukesh. Si Magnus jugara esa posición, torturaría a Gukesh durante varias horas».

FIDE

La actitud de Gukesh ofrecía otros matices. Con la voz casi ronca y menos firme de lo habitual, el indio admitió que se sintió aliviado, aunque cree que no llegó a estar perdido y que podía sostener su posición. Reconoció también que se dio cuenta muy rápido de su error, pero aseguró que nunca entró en pánico. No sabemos cómo están los dos ajedrecistas por dentro, si hay tanta diferencia entre los candidatos al título como aparentan en el exterior, pero en ese tablero el aspirante sigue siendo claro favorito.

Ambos han comprobado ya que en un Campeonato del Mundo es difícil dar lo mejor de uno mismo, que la tensión es tremenda y que en la posición más sencilla se puede colapsar. No es casualidad que Carlsen, que justo este sábado cumplía 34 años, decidiera alegarse de esta presión tóxica del ajedrez de primer nivel.

Quedan siete partidas y cada vez será más difícil recuperarse de un error, por lo que el sistema nervioso será el factor más importante, con clara ventaja sobre los conocimientos técnicos o la preparación de aperturas. Gukesh, de hecho, comentó en la rueda de prensa que lleva varios meses trabajando para mejorar su preparación mental y que para él esa faceta es «muy importante». Que no se confíe en exceso, porque Ding ya demostró que es capaz de ganar la corona con la casa de sus pensamientos en llamas.

El campeón Liren renuncia a la ventaja de jugar con blancas

El campeón Liren renuncia a la ventaja de jugar con blancas

Actualizado Viernes, 29 noviembre 2024 - 17:13

La cuarta partida del presente Mundial de Ajedrez no pasará a la historia por transmitir emociones. Empezó bien, porque Ding Liren planteó la apertura Reti, una forma de plantear batalla pocas veces vista en los campeonatos del mundo. Este esquema fue popularizado hace un siglo por un jugador austrohúngaro que enarboló la bandera del hipermodernismo, un estilo de juego que podría compararse con la estrategia del contraataque, útil casi en cualquier deporte.

Ding Liren, un jugador todavía herido, sabe que no le conviene un intercambio de golpes en el centro del ring contra Gukesh D, más joven y con mayor pegada. El chino prefiere tender emboscadas y provocar las embestidas de su rival, intentar atraerlo al ataque para conseguir que se pase de frenada y se caiga, como ocurrió en la primera partida del Mundial.

Por desgracia para los espectadores, esta forma de jugar ha propiciado un Mundial de dos velocidades. Cuando Gukesh juega con blancas, pasan cosas. Cuando es Ding quien debe llevar la iniciativa, se conforma con llegar a su habitación de hotel sin una herida nueva en el marcador. Intenta un truquito o dos, improvisa alguna sorpresa y, si no le salen, se vuelve tan contento con su medio punto sanador. Llevamos ya cuatro partidas y Ding ha conseguido al menos no ir por detrás en el marcador (2-2). En el Campeonato del Mundo que ganó al ruso Nepomniachtchi en abril de 2023, el gran maestro chino tuvo que remontar hasta en tres ocasiones. Nunca se sabe, pero si tuviera que repetirlo Gukesh parece un joven demasiado rocoso.

A Ding se le perdonan más cosas que a otros porque es humilde y no puede caer mal. Además, aún se recupera de una larga convalecencia mental y puede admitir pecados sin que le claven en la frente la etiqueta de cobarde. Después de la cuarta partida en Singapur, el chino describió a grandes rasgos su estrategia: «Después de una dura derrota, ayer tuve un día de descanso para recuperarme. Hoy estaba de muy buen ánimo, intenté sorprender a mi rival y funcionó bien, pero la ventaja era muy pequeña». Ding también contó que planteó la apertura Reti porque había probado ideas parecidas con las piezas negras y le traían buenos recuerdos. Al llevar las blancas, podía hacer lo mismo, pero con una jugada de ventaja. La estrategia no es nueva ni mala, pero denota poca ambición para un campeón.

En cualquier caso, en una cita así lo único que vale es ganar y cuenta lo mismo exhibirse en ataque o cazar al rival en un error. Lo importante es convertir las oportunidades. Gukesh, de hecho, ganó la tercera partida sin que ninguna de sus piezas mayores cruzara el centro del campo. Solo un peón atravesó esa frontera invisible entre la cuarta fila y la quinta. Es lo más parecido a ganar un partido de fútbol sin pisar el área rival. ¿Se puede derrotar así a un campeón del mundo? A la vista está que sí.

Una regla inútil contra las tablas

Gukesh, por su parte, reconoció que la idea de Ding Liren le sorprendió un poco, pero no le costó demasiado neutralizar sus planes. Incluso se vio claro que era el chino quien buscó luego con más claridad las tablas. En este sentido, se ha vuelto a demostrar que la Federación Internacional no ha dado con una fórmula adecuada para acabar con los empates soporíferos.

En la cuarta partida, Ding dejó claro con su movimiento número 16 que las tablas le parecían un resultado aceptable y su oponente no encontró argumentos para contradecirlo. Las normas de este Mundial estipulan que no se puede ofrecer tablas antes de la jugada 40. En la segunda partida los jugadores lo resolvieron repitiendo jugadas. Este viernes, la solución fue hacer casi 30 movimientos más sin el menor interés. Fue como asistir a un partido de fútbol en el que a los dos equipos les vale el empate a cero. Se perdieron la recompensa de 200.000 dólares por cada victoria conseguida, pero esas cantidades todavía no valen poner en riesgo la corona.

Algo falla en el ajedrez como espectáculo cuando pasan estas cosas. Soluciones hay, pero son controvertidas. El gran maestro español Miguel Illescas propone que, en caso de empate, se juegue otra partida cambiando los colores y cada uno con el tiempo que le quede en el reloj. Si vuelven a hacer tablas, se repite la operación, así hasta que haya un resultado decisivo. En ajedrez los empates son mucho más frecuentes que en baloncesto, por lo que estas prórrogas se harían necesarias muy a menudo. Sería cuestión de probar.

Como resumen de las cuatro partidas disputadas, Ding ha esquivado la paliza que auguraban muchos. Algunos hablaban de «baño de sangre» y de «masacre», pero el campeón sigue tan vivo como al principio. Por otro lado, Gukesh tiene motivos para estar satisfecho: cuando juega con negras solo le han hecho cosquillas y cuando tiene la iniciativa el campeón tiende a exprimir el reloj en exceso, con los consiguientes problemas posteriores.

Pero como dice Ding Liren, "todavía quedan diez partidas" y puede ocurrir cualquier cosa. Si hay un deporte que se decide de verdad por los pequeños detalles es el ajedrez.

Gukesh iguala el marcador en el Mundial de Ajedrez y reaviva los fantasmas de Ding Liren

Gukesh iguala el marcador en el Mundial de Ajedrez y reaviva los fantasmas de Ding Liren

Actualizado Miércoles, 27 noviembre 2024 - 17:39

Después de las tres primeras jugadas de una partida de ajedrez (tres movimientos blancos y tres negros), hay unos 60 millones de posiciones posibles. Un movimiento más y ya hablamos de miles de millones de opciones. Como se ha repetido tanto, el número final supera al de átomos del Universo; no intenten calcularlo en casa. Lo importante es que en esa jungla inabarcable para la memoria humana e incluso para los discos duros de las máquinas, los ajedrecistas intentan orientarse aprendiendo unas pocas rutas exploradas, las llamadas aperturas. A menudo llegan muy lejos, más allá de la jugada 20, pero por cada camino que conoce un gran maestro hay un millón de veredas por descubrir.

En el mejor de los casos, tarde o temprano el jugador está solo ante al tablero, sin ayudantes ni inteligencia artificial en la que apoyarse. En esos instantes en los que se asoma a lo desconocido, el ajedrecista debe fiarlo todo a su instinto y a sus conocimientos, calcular lo mejor posible y elegir una jugada, todo ello en un tiempo limitado. En Singapur, un chico de 18 años y un veterano de 32, con el ánimo por recuperar, viven cada día ese drama con un título mundial en juego.

Ding Liren superó al muchacho en la primera partida, pese a que se vio ante ese abismo de lo ignoto, abrumado además por la escasez de tiempo. En la segunda hicieron tablas, sin tantos riesgos. En la tercera, Gukesh volvió a plantear problemas casi irresolubles en los minutos que dura una partida de ajedrez.

El indio confesó después que había preparado hasta la jugada 13, sin duda más que su rival. Su cerebro, más tierno y esponjoso, parece más capaz de memorizar esas cosas, pero sobre todo parece mucho más duro, aunque Ding volvió a dar muestras de la genialidad que lo llevó a ganar el Campeonato del Mundo.

Pese a caer en el primer asalto, Gukesh Dummaraju no ha pedido la confianza en sí mismo. Amante del yoga y la meditación, desveló que después de su inicial y sorprendente derrota su ayudante le dijo unas palabras mágicas con las que recuperó la confianza, que probablemente sea una de las mayores cualidades de este joven impasible.

Gukesh sabe que el primer día hizo algunas cosas mal, pero está satisfecho con su juego en general y orgulloso de lo conseguido este miércoles. "Estaba contento con mi juego los dos primeros días y hoy ha sido incluso mejor. Me siento bien en el tablero y simplemente he conseguido superar a mi rival, lo que siempre es agradable", declaró en la rueda de prensa posterior. Tampoco se sintió dolido por las críticas de Magnus Carlsen, número uno: "Perdí una mala partida, pero estaba bien... Siempre supe que cuando me asentara recuperaría el ritmo", respondió.

Ding Liren, temeroso

El marcador está ahora empatado a un punto y medio, después de tres días de juego y en vísperas de la primera jornada de descanso. A Ding Liren le preguntaron cómo encajará su primera derrota y respondió que el resultado quizá le influya en sus emociones "el resto del día". Si el problema no se extiende más allá del jueves, todo irá bien. La clave será comprobar si es capaz de seguir al mismo nivel. En esos bosques ignotos a los que lo lleva su enemigo, está demostrando una capacidad increíble para tomar las mejores decisiones, pero consume demasiados minutos en cada encrucijada.

En la tercera partida, volvió a consumir océanos de tiempo en fases demasiado tempranas. Ding aún no confía lo suficiente en sus posibilidades y a veces se queda como paralizado. De hecho, perdió la partida por tiempo. No fue capaz de hacer 40 jugadas en las dos horas asignadas. Cuando llegan a esa frontera, los jugadores reciben una pequeña inyección de media hora, pero ganarse la prórroga requiere haber hecho esos 40 movimientos en plazo. En realidad, el gran maestro chino ya estaba perdido cuando su reloj se agotó, pero no puede seguir gastando 20 o 30 minutos en algunas jugadas.

Cuando le quedaban unos pocos minutos, los comentaristas alertaban en varios idiomas del drama que se avecinaba. Ding Liren parecía congelado. Los políticos y nosotros mismos podemos aplazar las decisiones más difíciles e incluso inhibirnos del todo y asumir (o no) las consecuencias, pero en el tablero hay que elegir, aunque sea mal. No es posible pasar y ceder el turno. Gukesh explotó ese factor con la sabiduría de un viejo zorro y siguió planteando problemas a Liren, quien deberá mejorar esa faceta si quiere mantener la emoción del duelo.

Quizá tenga algo más que mejorar. En la crónica anterior alabábamos el desapego del ajedrecista chino por el dinero, pero su juego ha pecado hoy de materialista. Primero envió a uno de sus alfiles a una misión de caza que resultó ser una emboscada. Logró un rescate milagroso, pero luego lanzó su torre a por otro peón y esta aventura ya fue excesiva. Le costó la vida a su alfil y a la postre la partida. En el intercambio, logró dos peones y el sueño de poder resistir, pero Gukesh demostró ahí que, pese a su juventud, sería (¿será?) un dignísimo campeón del mundo.