Carolina Marín se reencuentra con las gratas sensaciones. La campeona onubense, tras los enormes esfuerzos realizados para recuperarse de sus dos graves lesiones de rodilla, ha recogido el premio merecido. Unos meses después de su última victoria en un torneo, lograda en los Juegos Europeos celebrados en Cracovia el 2 de julio del año pasado, ha conseguido encadenar dos títulos consecutivos del BWF World Tour.
El pasado domingo conquistó el Abierto de Suiza de bádminton tras imponerse a la indonesia Gregoria Mariska Tunjung por 21-19, 13-21 y 22-20, en un duelo en el que tuvo que levantar un punto de campeonato para hacerse finalmente con la victoria. Un triunfo que se sumaba al alcanzado el 17 de marzo en Birmingham, un prestigioso All England. No ganaba dos torneos consecutivos desde hacía tres años.
“Me siento muy feliz y orgullosa del trabajo que he hecho, hay mucho esfuerzo detrás de todo esto. Muchas veces el trabajo sólo se reconoce cuando una sube al podio y le cuelgan la medalla, pero ha sido complicado. Este es el camino que queremos seguir y recorrer. He puesto el foco de atención donde queremos trabajar, que es en seguir mejorando el juego, esa parte mental, y, sobre todo, que físicamente me siga encontrando como me estoy encontrado a día de hoy”, aseguró la andaluza en el acto de presentación del Madrid Masters.
Su gran objetivo, cómo no, es poder colgarse una medalla en los Juegos Olímpicos de París. Las lesiones, al final, le impidieron reeditar el oro conseguido en Río de Janeiro en 2016 en una cita, la de Tokio, que se retrasó a 2021 por la pandemia de coronavirus.
“Llevo tres semanas seguidas de torneo, la primera fue en París, en el estadio donde se van a jugar los Juegos Olímpicos, y esa derrota fue bastante dura en el sentido de que no me lo esperaba porque las condiciones eran muy buenas. Físicamente me encontraba bien, mentalmente estaba preparada y fue un palo muy duro”, ha explicado una Carolina Marín.
La onubense destacó que tras esa derrota, y antes del All England, tuvo una conversación muy dura con su entrenador, Fernando Rivas, que ha sido clave para alcanzar los nuevos éxitos. “Lloré muchísimo, saqué cosas duras, pero aprendí muchísimo y eso es lo que ha hecho que cambie el foco en cada uno de los partidos que he jugado. Los principales temas fueron sacar los miedos, inseguridades. Había un miedo que estaba bastante escondido, que era fallarme a mí misma. Nadie me ha regalado nada”, sentenció la española.
Este año empieza a tener un mejor aspecto que el de 2023, en el que inició su camino de vuelta a lo más alto, tras romperse el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha en 2019 y sufrir esa misma lesión en la rodilla izquierda en mayo de 2021, además de una doble rotura de menisco.
El ejemplo de Nadal
El año pasado, tomando como ejemplo a Rafa Nadal, capaz de sobreponerse a los momentos más complicados, se hizo a sí misma la promesa de recuperar su mejor versión. Los éxitos, no obstante, le fueron esquivos. Al triunfo conseguido en los Juegos Europeos de Cracovia del pasado 2 de julio únicamente pudo sumar el primer puesto en el podio del Masters de Orleans del último mes de abril.
Ahora, sus sensaciones son inmejorables. Y su gran sueño es poder repetir el oro olímpico conquistado hace prácticamente ocho años. “No sé en qué porcentaje de plenitud estoy. Lo que sí sé es que estaré al 100% en el momento en que llegue a París, de eso no tengo ninguna duda. Hoy mi rodilla está perfecta”, sentenció en declaraciones realizadas a Olympics.com.
«No paro de ver las imágenes de mi lesión en los Juegos Olímpicos de París, no tengo más remedio, me las ponen allí donde voy, ¿y qué le voy a hacer? Lo tengo asimilado, lo tengo muy trabajado», reconoce Carolina Marín. Su dolor en aquellas semifinales trágicas vendrá a la memoria cuando se hable de ella en el futuro, pero tiene que haber otros recuerdos. Su palmarés enumera un oro olímpico, tres Mundiales y siete Europeos; su legado va más allá. De repente, de la nada, una española dominó Asia en bádminton. En Huelva, su ciudad, donde lleva días recibiendo homenajes, se sienta con EL MUNDO para repasar siete momentos de su carrera ya terminada.
1. UNA NIÑA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS
Antes de ser conocida en el mundo, en España o incluso en su Huelva, Marín ya lucía especial en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde se instaló a los 14 años. Contaba su entrenador Fernando Rivas que tenía una ambición impropia.
«Cuando llegué a Madrid ya quería ser la mejor en todo, campeona olímpica, número uno, todo lo que fuera posible. Nunca me conformaba y creo que eso fue lo que me empujó hacia arriba. Tenía dudas por dentro, pero por fuera siempre me mostraba muy segura. Ya entonces, desde los 15 años, empecé a trabajar con psicólogos para controlar los miedos, las inseguridades, los nervios», rememora Marín, que fue bronce en un Mundial júnior, debutó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con 19 años y al año siguiente ganó el Grand Prix Gold de Londres, el equivalente a un Grand Slam en el tenis.
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«Con Fernando creamos nuestra metodología, fuimos originales, hicimos nuestro propio camino. Si hubiera intentado imitar lo que hacían las asiáticas, tantas repeticiones, siempre hubiera ido por detrás», analiza.
2. EL PRIMER MUNDIAL: NACE EL MILAGRO
«Redunda su nombre, Carolina María Marín Martín, cumpliendo un cometido: la Historia ya no podrá olvidarlo», empezaba así este periódico la crónica de un éxito improbable. En 2014, en Copenhague, la española levantó su primer título en un Mundial y prometió más. «A principios de aquel año aprobé la selectividad y decidí dejar los estudios para centrarme en el bádminton. No es fácil dar ese paso, pero ahora sé que fue acerté», apunta Marín, que meses antes ya había ganado su primer Europeo. Acababa de cumplir 21 años y pasó de ser una rareza, una europea en la élite, a ser la rival más temible.
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«Diría que todo cambió en la segunda ronda de aquel Mundial 2014. Gané a la china Wang Yihan, que era la número tres del mundo, y en Asia empezaron a mirarme con otros ojos. Hasta ese momento nadie me hacía caso. A partir de entonces cada vez que jugaba tenía 10 cámaras de televisiones asiáticas alrededor. 'Cuidado, que viene la española'. Hablaban de mi carácter. Cuando iba a los torneos ya era diferente. Para mí era importante ese respeto, ahí noté que me había hecho hueco en el bádminton».
«Aquel oro fue el mejor momento de mi carrera. Para mí fue maravilloso que mis padres estuvieran allí, pero detrás de todas mis medallas siempre ha habido una angustia. Antes del Mundial de 2014 me hice una luxación de hombro y no podía levantar el brazo; antes del Mundial de 2015 me rompí el quinto metatarsiano del pie derecho; y antes de los Juegos de Río tuve un problema en el sacro. Estuve los cuatro meses sin poder hacer un buen entrenamiento. He tenido momentos de felicidad, pero mi camino nunca ha sido un camino de rosas», admite Marín, que asegura que aquel oro le cambió la vida.
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«En el bádminton ya era conocida, pero después de los Juegos me di cuenta de que ya no sería anónima en España, que la gente me reconocía por la calle. Eso te cambia un poco la forma de actuar. Es bonito, pero siempre hay ese momento en el que alguien quiere una foto y no entiende que estás en algo personal».
4. EL TERCER MUNDIAL: ¿LA MEJOR DE LA HISTORIA?
«Después de aquellos Juegos fue el único momento en el que noté un vacío. Ya había ganado todo lo que soñaba desde niña; al volver de Río me costaba sacar motivación. Me senté con mi entrenador y pensé: '¿Y si me propongo ser la mejor de la historia?'», narra Marín, quien venció después de haber vencido, lo más difícil.
En 2018, en Nankín (China), se impuso en la final a la india Pusarla Sindhu, la rival más importante de su vida, también amiga, y se hizo con su tercer Mundial. Hasta ese momento ninguna jugadora había conquistado tres títulos, pero la española considera que eso no la convierte en la mejor de la historia en lo suyo.
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«Me faltó un segundo oro en los Juegos . Pero igualmente yo ya no me quiero ni considerar ni la mejor ni nada de la historia. Ya no pienso así. Me quedo con que di todo lo que estaba en mis manos, exprimí mi cuerpo más allá de lo imaginable».
«El fallecimiento de mi padre fue el peor momento de mi vida, que a nadie le quepa duda. Las dos lesiones de rodilla que sufrí antes de París no fueron tan malas porque sabía que las podía superar. Me siento orgullosa de haber superado tantos obstáculos. La vida me ha puesto piedras grandes en el camino y siempre he querido tirar adelante. Al fin y al cabo he sido una privilegiada por haber vivido de mi deporte», proclama.
«Fue muy cruel», lamenta, y añade: «Había hecho la preparación más dura de toda mi carrera. Antes de empezar no confiaba en mí plenamente, pero una vez ya en semifinales la verdad es que tenía mucha confianza. Después tuve que trabajar mucho con mi psicóloga para entenderlo, para superarlo. Fue duro, evidentemente». En el momento de la lesión Marín tenía 31 años y por ello se agarró a un objetivo, un último objetivo. Huelva, su ciudad, había conseguido la organización del Europeo de 2026 y qué mejor lugar para retirarse, sobre la pista, con su gente. Tampoco pudo ser.
Después de un 2025 de dolores continuos, a principios de este año se volvió a operar y jugar de nuevo ya se convirtió en una quimera. «Hasta la última operación me costaba andar, iba coja. Sentía dolor desde que me levantaba hasta que me acostaba. Ahora tengo que ir con cuidado, no puedo salir a correr 10 kilómetros, pero puedo caminar y eso ya es vida», se congratula.
7. VIVIR DESPUÉS DEL BÁDMINTON
«¿Qué voy a hacer? Lo voy a hacer todo», resume Marín sobre lo que viene ahora. Desde la adolescencia su vida ha consistido en perseguir un volante con su raqueta y ahora brilla el sol y el mundo es infinito y no hay nada que la detenga. «Quiero probar todos los deportes que pueda, porque solo hacía bádminton. Quiero conocer mundo, no tenía tiempo libre. Quiero probar cosas diferentes. Estas primeras semanas las dedicaré a mi familia y a mis amigos, a recuperar las horas que no he tenido con ellos y después tengo el futuro abierto. No he decidido nada», asegura Marín, que en los últimos tiempos estudió a distancia Fisioterapia en la Universidad Católica San Antonio de Murcia y Dietética y Nutrición en la Universidad Alfonso X el Sabio, pero que parece improbable que vaya a ejercer.
EFE
Su vida laboral se intuye en los despachos, sean donde sean. «Ahora mismo puedo vivir tranquila. No voy a estar en el sofá de mi casa sin hacer nada, pero he tenido cabeza y he sabido invertir bien. Creo que con mi retirada he tomado la decisión acertada. Debía priorizar mi salud. Soy muy joven y ahora me toca vivir», finaliza.
Carolina Marín se proclamó campeona de Europa por séptima vez en su carrera tras deshacerse en el partido por el título de la escocesa Kirsty Gilmour por 21-11 y 21-18.
Esta era la cuarta ocasión en la que ambas se veían las caras en la final por el máximo título continental tras La Roche-sur-Yon 2016, Kolding 2017 y Madrid 2022, última vez en la que la onubense se alzó con el trofeo. En todas ellas ganó Marín, que también había conquistado el entorchado ante otras rivales distintas en Kazán 2014, Huelva 2018 y Kiev 2021.
Empezó la española con una marcha más, solida con su servicio y aún más al resto para obligar a Gilmour a ajustar mucho los impactos. De hecho solo una vez en todo el primer set encajó dos saques seguidos de su rival, cuando esta se puso 15-11. No hubo más concesiones por su parte, ya que no solo no administró la ventaja que tenía, sino que, con un parcial de 6-0, terminó ganando por 21-11.
Más equilibrada comenzó la segunda manga, sin que la onubense pudiera marcharse al paso por los banquillos con una renta superior a los tres puntos (11-8).
En esos márgenes se movió hasta que su oponente se acercó primero tras uno de los mejores intercambios del partido (14-13) y se puso por delante después (17-18). Ahí volvió Carolina a mostrarse agresiva, lo que desembocó en que Gilmour se dejase tres volantes seguidos en la red antes de ceder al primer punto de campeonato en contra.
Marín, en racha
De esta manera Carolina no solo vuelve a subirse a lo alto del podio en esta cita, sino que con la mente puesta en los Juegos Olímpicos de París 2024 se impone en su tercer torneo consecutivo tras ganar también el All England en Birmingham y el Abierto de Suiza en Basilea.
Además, agranda un palmarés que, junto de sus siete títulos europeos, también incluye un oro olímpico en Rio 2016, cuatro campeonatos del mundo, uno oro en los Juegos Europeos y numerosos torneos internacionales; todo ello pese a sufrir dos graves lesiones.
Carolina Marín se lesionó mientras dominaba las semifinales de bádminton en los Juegos contra la china He Bing-Jiao. La deportista ha emitido un comunicado que ha difundido en sus redes sociales en el que expresa que el domingo sufrió "uno de los momentos más difíciles de mi vida. Han pasado unos días pero necesitaré más tiempo para asimilarlo bien".
Durante el encuentro se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, le impidió seguir con el partido y dejó a un lado cualquier posibilidad de optar a una medalla. Marín decide llevar la lesión "de la mejor manera posible", pues tal y como ha expresado "la vida nos pone en situaciones que no queremos vivir y que nadie merece, pero debemos asumirlo".
Se ha mostrado muy agradecida por todo el cariño que está recibiendo, ha expresado que nunca antes había recibido tanto y que está "siendo inabarcable". Pero de entre todas esas muestras de afecto ha querido destacar la que ha tenido He Bing-Jiao, que posó en el podio sosteniendo su medalla de plata en la mano izquierda y un pin de España en la mano derecha. Carolina ha expresado que es "uno de los gestos más bonitos que han tenido hacia mí jamás y siempre le estaré increíblemente agradecida".
Ha querido recordar que "a veces usamos el deporte como ejemplo para la vida. Y el domingo también fue así: si trabajas duro y te esfuerzas más que nadie en cumplir tus sueños, estos se pueden hacer realidad. Pero no siempre ocurre" comentó. Ha destacado que ella sí cumplió "los sueños de la niña que salió de Huelva hace mucho tiempo, pero tenía otros por cumplir". Y ha afirmado que "no pasa nada" que la vida sigue y que ella seguirá buscando sus sueños.