La sombra de la sospecha de la compra de plazas en los torneos profesionales de tenis planea sobre el W35 de Nairobi (Kenia), un torneo profesional con miles de dólares en premios. Y, la verdad, es que es evidente que algo raro ha pasado en esa competición cuando se ven los viralizados vídeos de una de las participantes, una egipcia de 21 años llamada Hajar Abdelkader.
En el vídeo salta a la vista desde el segundo uno que la mujer no había jugado al tenis en su vida. En primer lugar no sabe ni coger la raqueta, por no decir sacar, uno de los aspectos más complicados del juego. Por no saber, no sabe ni parar la pelota cuando su rival, la alemana Lorena Schaedel, se la devuelve para que pueda intentar otro nuevo esperpento de saque.
Como era de esperar, Abdelkader perdió en dos sets con sendos roscos (6-0, 6-0). Cometió más de 20 dobles faltas (alguna bola entraría de ‘chiripa’ en el cuadrado de saque de su rival) y solo ganó tres puntos en todo el encuentro. Bueno, se podría decir que los perdió la alemana, ya que dos se produjeron por dobles faltas y otro por un error no forzado.
La lamentable actuación recuerda a la del nadador Éric Moussambani, quien participó en la prueba de 100 metros de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 defendiendo la bandera de Guinea Ecuatorial y casi se ahoga. En este caso, el hombre fue a los Juegos porque fue el único que se presentó a unas pruebas para incentivar los deportes de piscina en su país.
Pero el caso de Hajar Abdelkader es bastante más grave ya que la ‘deportista’ recibión una wild card para participar en el torneo. Es decir, fue invitada. Se desconoce el motivo pero en las redes sociales ya se especula con la compra de la plaza, cosa que muchas voces del tenis denuncian como práctica habitual en muchos países.
No hay pruebas, más alla de los documentos gráficos, que demuestren que se ha comerciado con las plazas para el torneo. Pero la egipcia debe de ser una persona super optimista si creía que comprando la plaza podría ganar sin saber nada de tenis y optar así a los miles de dólares del premio. Muy extraño y muy bizarro todo.
UEFA Nations League
EDUARDO J. CASTELAO
Enviado especial
@EJCASTELAO
Enschede (Países Bajos)
Actualizado Miércoles,
14
junio
2023
-
12:16Ver 1 comentarioEl seleccionador, más tranquilo que...
El éxtasis acaba de suceder en el París Norte Arena, un pabellón efímero para los Juegos construido en el Centro de Exposiciones de Villepinte. El francés Traoré ha ganado su pelea y se apaga poco a poco el fervor del «Allez les Bleus» cuando, con calzón rojo y paso firme, emerge Enmanuel Reyes Pla. Rafael Lozano, del que le separan unos llamativos 41 centímetros, imparte las últimas instrucciones mirando hacia arriba y el Profeta acude a su rincón antes de que suene la campana. Agacha la cabeza, levanta sus manos hacia el rostro y pronuncia: «Allahu akbar».
Inolvidable el cubano de La Habana, por su boxeo atildado y feroz a la vez, y también por su provocativa locuacidad. Hace tres años dejó estampas para el recuerdo en el Kokukigan Arena de Tokio, cuando perdió el combate por la medalla con su compatriota Julio César la Cruz, la 'Sombra'. Con polémica incluida. El «voy a arrancar cabezas» sigue siendo su lema, pero, entonces, algo cambió. Y no sólo en su forma de pelear. «Ahora estoy con Alá», dice en conversación con EL MUNDO tras pasar por encima del chino Han en octavos. El jueves, al mediodía, peleará con el belga Victor Schelstraete en cuartos: un triunfo asegura medalla.
Tokio fue algo más que la primera experiencia olímpica para ese gigante llegado a España tras peripecias de película. Al reclamo de su familia, afincada en La Coruña, y con el bloqueo que suponía a su carrera pugilística la competencia con Erislandy Savón, bronce en Río, inició un viaje con destino incierto en 2016. Enmanuel se encontró con un escollo burocrático en Moscú para poder ingresar en la UE. Con miedo a ser detenido por no tener los papeles en regla, pasó cuatro meses encerrado en un piso junto a su primo.
Reyes Pla, en acción contra el chino Han.MOHD RASFANAFP
Cuando logró salir viajó a Austria, donde solicitó asilo político y estuvo dos meses internado en un centro de refugiados. Después, camino hacia España, fue detenido en Alemania cuando intentaba pasar la frontera con Francia. Las autoridades germanas lo enviaron a un centro de reclusión para migrantes, donde pasó un tiempo antes de que lo mandaran de vuelta a Austria. Finalmente decidió arriesgar y tomar un vuelo directo a Barcelona. Al fin pudo reunirse con su familia en el verano de 2017. «Meses brincando por fronteras», encajando los golpes de la vida, viendo como su prometedora carrera pasaba por delante.
En el ring, de la mano del equipo español tras obtener la nacionalidad, se reencontró. Pero faltaba algo que llenara el vacío al que siguió su desengaño olímpico. «Me convertí por mis amigos. Y por lo que pasó en Tokio. Fue la clave. Ahora estoy con Alá. Él es que el me da el triunfo, el que siempre me está apoyando. Con Él va a salir la victoria», explica aún sudoroso.
"Me ha dado paz y tranquilidad"
Sus amigos son sus compañeros Ayoub Ghadfa, peso pesado marbellí que hoy compite (21:52) en primera ronda. Y Gazi Khalidov, el niño refugiado del Daguestán que se quedó a las puertas de París. Con ellos comparte vida, aficiones y rezos, el Ramadán y las visitas a la mezquita. Incluso en La Habana, donde estuvieron hace unos meses. «Claro que hay mezquitas allí. Yo era cristiano por mi abuela, que fue la que me inculcó esa religión. Decidí cambiarme al islam. Creo que es algo que está más acorde conmigo. Me ha dado paz y tranquilidad. Y doy gracias a dios», añade.
En lo deportivo, Reyes Pla sigue siendo el mismo. "Él tiene su boxeo. Ya tiene más experiencia y sabe que no puede dejar nada para última hora. Porque se escapa, como le pasó con Julio La Cruz, que estuvo ahí, ahí... y se contagió de las filigranas que hacía el otro", reconoce Rafael Lozano, el Balita, seleccionador nacional. Y, a continuación, le toca el turno al Profeta, que por momentos recuerda en la verborrea y la provocación a Muhammad Ali. "Vengo a por el oro. El rival soy yo. No me preocupan los demás. El que salga, a arrancarle la cabeza", lanza.
"Venimos al 1.000 por 1.000. Esta vez no vamos a dar la opción de que los árbitros tomen decisiones, vamos a ir a todo, dando palos, como siempre ha hecho el Profeta", sigue en tercera persona. "Vengo trabajando desde los seis años, esta es la cumbre de mi carrera, estoy en la mejor forma. Así que la medalla de oro va a llegar", no para. Y cierra, con guiño tenístico: "Que la gente esté atenta, el boxeo va a dar una sorpresa y va a ser en Roland Garros, donde Rafa Nadal ha ganado muchas copas. Va a ser ahí y nos haremos la foto con él y Carlos Alcaraz".
El Estadio Azteca, escenario de las consagraciones de Pelé y Diego Maradona como astros del fútbol, cambió su nombre este viernes para adoptar el de un banco a cambio de la financiación necesaria para la modernizarse de cara a ser sede de la Copa del Mundo en 2026.
"A partir de hoy, la Catedral del Fútbol Mundial llevará el nombre de Estadio Banorte", informaron en un comunicado el Banco Banorte -con 125 años de historia- y el Grupo Ollamani -constituido en 2024-, propietario del escenario.
En el documento, ambas entidades mexicanas anunciaron "una alianza a largo plazo que incluye una financiación de dos mil cien millones de pesos (casi 100 millones de euros) para la remodelación del estadio, que lo colocará entre los mejores del mundo y ofrecerá una experiencia extraordinaria a la hora de vivir espectáculos en México".
Inaugurado en 1966, el estadio Azteca se encuentra en obras de remodelación desde 2024 para cumplir los requerimientos de la FIFA para ser sede -por tercera vez en la historia- de la Copa del Mundo en 2026.
En la próxima Copa del Mundo, la cancha del ahora Estadio Banorte tendrá cinco partidos: tres de fase de grupos -incluida la inauguración-, uno de dieciseisavos de final y uno de octavos de final.
Emilio Azcárraga Jean, presidente de Grupo Omallani, garantizó que el nuevo Estadio Banorte "respetará la esencia y diseños arquitectónicos reconocidos por décadas" del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
Cambios de nombre
El empresario Emilio Azcárraga Milmo -padre de Azcárraga Jean- impulsó en 1962 el inicio de la construcción del Estadio Azteca, que fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con miras a la Copa del Mundo de 1970.
El nombre original de Estadio Azteca surgió de un concurso popular dirigido a la población a nivel nacional y convocado a través de los medios de comunicación en los años 60. El ganador fue Antonio Vázquez Torres, ciudadano de León, Guanajuato.
La adopción de la denominación de Estadio Banorte es el segundo cambio de nombre del recinto. En 1997 se llamó Estadio Guillermo Cañedo, tras el fallecimiento de este dirigente del fútbol mexicano, de la Concacaf y de la FIFA, que participó en la organización de los Mundiales de 1970 y 1986 en México.
El nombre de Estadio Guillermo Cañedo, como homenaje al mencionado dirigente, duró unos cuantos meses porque la afición mexicana se resistió y se mantuvo la costumbre de llamarlo Estadio Azteca.
El otrora Estadio Azteca ha sido sede, entre otros eventos, de conciertos internacionales de figuras como Vicente Fernández, Michael Jackson y Paul McCartney; de reuniones multitudinarias como la visita del papa Juan Pablo II y de peleas de boxeo como la del ídolo Julio César Chávez frente a Greg Haugen en 1993, que tuvo una asistencia de 132.274 espectadores, cifra récord para una función pugilística.
El inmueble, ubicado en el sur de la Ciudad de México, llegó a tener una capacidad para 120.000 personas sentadas. Hasta antes de su remodelación tenía un aforo oficial de 81.000 localidades y se prevé que tras la remodelación tenga 84.700 asientos.