Un equipo dirigido por el enigmático Ralf Rangnick siempre tiene un cierto atractivo. A pesar de que su breve paso por el Manchester United fue para olvidar y de que la suerte no le comenzó sonriendo en esta Euro, el técnico alemán ha conseguido implementar en la selección austríaca un estilo de juego reconocible y valiente por momentos. Con futbolistas como Baumgartner, Sabitzer y Marco Arnautovic como referencia, Austria pudo llevarse, no sin algo de sufrimiento, una victoria sinfónica para los oídos del país del Danubio Azul. [Narración y estadísticas (1-3)]
La orquesta no tardó en afinar su puntería. En el minuto 9, un centro desde la banda de Mwene lo remató Trauner en el primer palo para poner a su selección por delante. Todo parecía funcionar. La puesta en escena era notable ante una Polonia con pocos recursos para ofrecer, pero bastaron dos acercamientos para que el ex del Milan marcara el empate recogiendo un rechace en el área.
Sabitzer lo intentó desde fuera del área en el 41, pero su potente disparo acabó desviado por poco. A la vuelta de vestuarios todo se igualó mucho más y los polacos, con Lewandowski en la recámara, lograron contener los ataques del conjunto austríaco y asustar a su defensa de vez en cuando con algún acercamiento al contragolpe.
La utopía de Lewandowski
Con el minuto 60 cumplido, Polonia no quiso esperar más. El ariete del Barcelona y capitán de su selección saltaba por primera vez al campo con la esperanza de marcar el soñado gol de la victoria. Ese con el que todo delantero ha fantaseado alguna vez en la fase final de la Eurocopa, pero todo se quedó ahí. En una utopía.
En el 65, el primer violín de esta selección austríaca, Baumgartner, apareció en el punto de penalti para rematar un centro desde la banda de Prass y terminar así el compás del estribillo. Solo faltaba acabar con la Marcha Radetzky y para ello estaba Arnautovic, que convirtió un penalti provocado por Sabitzer en el 74 al ser derribado por Szczesny. Rompía a llorar el delantero del Inter tras anotar el tanto.
Laimer estuvo cerca de cerrar la clave de sol y poner el cuarto en el marcador, pero su disparo cruzado se marchó por poco. Con este resultado, Austria se queda tercera del grupo y deja a Polonia prácticamente eliminada.
Vinicius Júnior aterrizó por fin en el Mundial de clubes con una hora extraordinaria ante el Salzburgo. El brasileño anotó el primero tras un gran pase de Bellingham y regaló el segundo a Valverde con una pisada que recordó a aquel tacón de Guti en Riazor. Gonzalo, que sigue impresionando a todos, sentenció. Disfrutó y siguió evolucionando futbolísticamente el Madrid, que cuajó sus mejores minutos del torneo y ya está en octavos, donde se medirá a la Juventus (martes, 21:00 hora española).
Fue una noche de cambios en Filadelfia. Xabi Alonso mantuvo el bloque que goleó al Pachuca y sólo introdujo un cambio en la alineación: Rüdiger en lugar del sancionado Asencio. Pero el vasco modificó el esquema. Situó a Tchouaméni entre el alemán y Huijsen y jugó con tres centrales tanto en ataque como en defensa. Un sistema que permitió más espacios en el centro del campo para Valverde, Güler y Bellingham, con Vinicius y Gonzalo en la punta del ataque y Fran García y Alexander-Arnold abiertos en banda.
Después de ocho entrenamientos en Estados Unidos con la plantilla al completo a las órdenes de Xabi Alonso, salvo el enfermo Mbappé, el Madrid fluyó con balón, tuvo ritmo en su dominio sobre el rival, presionó cuando perdió la pelota y disfrutó sobre el césped del Lincoln Field, casa de los Philadelphia Eagles, últimos campeones de la NFL.
La posesión madridista construyó ocasiones con el paso de los minutos, teniendo paciencia con balón, moviéndose sin él, atrayendo rivales y generando espacios a la espalda de la defensa. La primera oportunidad clara llegó en el 19, cuando Vinicius se quedó sólo ante Zawieschitzky tras un pase de Bellingham, pero definió centrado. No sería la última palabra el brasileño. En la jugada siguiente, Güler encontró a Fran con un pase picado y nadie acertó a rematar en el área.
Alonso insistía en la necesidad de presionar y de tener un equipo "muy junto", y funcionó hasta que duró el físico de su plantilla. Pasada la media hora, el Madrid bajó una marcha y el Salzburgo acumuló más balón y peligro sobre el área de Courtois, hasta que llegó el gol.
Cinco minutos de Vinicius, 0-2
Bellingham se inventó un pase vertical de 30 metros, raso, hacia la carrera de Vinicius, el brasileño se plantó en el área, recortó hacia su izquierda y definió de zurda al palo del portero. Su primer tanto en un torneo que estaba siendo irregular para él, pero que cambió tras la noche de Filadelfia.
Cinco minutos después, el brasileño volvió a recibir al espacio tras desviar un defensa el pase de Güler, avanzó y pisó la pelota para la llegada de Valverde, que marcó con facilidad ante el guardameta. Fue, con distancias, el tacón de Guti en Riazor.
Bajón madridista
Tras el descanso, el Madrid comenzó a acusar el cansancio y Courtois empezó a aparecer. Los madridistas acumularon errores en la distribución y despistes en la marca y el Salzburgo tuvo sus mejores momentos del duelo. Daghim hizo volar al belga y cinco minutos después envió alto un disparo dentro del área. Más tarde fue Kjaergaard quien definió desviado y en la siguiente Bellingham tuvo que sacar sobre la línea el gol austríaco.
Alonso movió al equipo, dando entrada a Modric, Rodrygo y Jacobo Ramón, que sustituyó a Rüdiger, ya con molestias. Vinicius y Güler, exhaustos, dejaron el campo. El Madrid se recompuso y tuvo opciones a la contra mientras el Salzburgo seguía queriendo el balón. Valverde no acertó a conseguir su doblete, Gonzalo no definió un uno contra uno contra el defensa... Pero en el minuto 84 el canterano mantuvo su idilio con el Mundial. Recibió un pase en largo, se fue en carrera de un defensa y definió con una sobresaliente vaselina ante la salida del portero. El joven atacante ya lleva dos goles y una asistencia y parece haber llegado para quedarse.
Con 24 años, Cata Coll (Pòrtol, 2001) tiene el peso y la mentalidad de una veterana. Quizá porque llegó a la élite muy joven y a un equipo plagado de estrellas, donde tuvo baches; quizá porque su carácter es de líder, con un puntito canalla. Sobre sus guantes y su toque con los pies empezará a construirse la España de Sonia Bermúdez, con el reto de buscar la final de la NationsLeague ante Suecia con una convocatoria marcada por el regreso de Jenni Hermoso y Mapi León.
Pocos días con la nueva seleccionadora pero ¿qué percibís?
Tenemos muy buen feeling. Al final se nota que ha sido jugadora, que hace poco que se ha retirado y que nos entiende muy bien. Es una etapa nueva en la que empezamos de cero con un objetivo claro: ganar la Nations League. Creo que ella viene en un momento importante de esta selección y confiamos. Lo que nos transmite lo vemos bien y vamos adelante.
¿Qué cambio habéis notado más?
Que venga de ser una gran jugadora se nota. Nos deja libertad para que cada una se gestione como quiera su tiempo libre. Yo creo que también nos hace sentir más libres. Ésa puede ser la mayor diferencia, que nos comprende como jugadoras.
¿La recuerdas en el campo?
Sí, muy buena, muy técnica. Ha estado en clubes como el Barca, el Atlético, Levante, clubes top y hablan muy bien de ella. Si como jugadora era excelente, no dudo que como entrenadora también lo sea.
¿Le ha dicho ya que quiere tirar penaltis?
No, aún no, no hay esa confianza, pero la habrá, la habrá.
¿Qué supone para vosotras ver a Jenni de nuevo con España?
Estamos felices. La vemos contenta de estar aquí, con un poco de jet lag y cansada, pero ha llegado muy bien. Sabemos lo que nos puede aportar, la jugadora que es y estoy contentísima de que esté aquí.
¿Y Mapi, a quien tienes más cerca en el Barça?
Justo antes de la convocatoria le pregunté si iba a venir, y me dijo que estaba disponible, pero que no sabía. Eso ya me puso muy contenta. Como dices, la tengo cerca y la conozco muy bien. Sabemos todo el potencial que tienen Mapi y Jenni y lo vamos a aprovechar.
¿Era el momento del cambio de seleccionadora, del regreso de estas jugadoras?
Puede ser. Creo que hicimos buena Eurocopa, obviamente, pero es verdad que a lo mejor era una manera de cerrar el círculo. A veces hay que cerrar etapas también cuando salen bien. Y no pasa nada, no es nada malo. Es una nueva, con una entrenadora increíble y un staff en el que confiamos mucho. Esperemos que salga bien.
Más de una compañera ha dicho que tú matarías por ellas. ¿En algún momento de estos dos años has pensado: 'ojalá hubiera estallado'?
Bueno, puede ser, pero porque soy de mucho carácter, pero a veces también tienes que guardar un poco las formas. Pero sí, por las mías mato, siempre lo digo, y en el campo más.
Llevas un tatuaje que dice, en catalán, 'Feliz cerca del peligro', ¿por eso pasaste de ser central a portera?
Realmente no sé por qué cambié. Me gustaba mucho esta posición, el sentir esa presión extrema que tiene siempre el portero, ser diferente.
También juegan más...
Bueno, o menos (se ríe). El ser diferente es lo que me gustaba, la presión de ser portera. Al final, en el Barca no me llegan mucho y, cuando lo hacen, hay que intentar pararla. Y jugar bien con los pies, que creo que es lo que mejor domino. Por todo eso creo que dejé de ser central.
¿Te imaginas que un día te pasara como a Molina, que acabó jugando de centrocampista con Clemente?
Ojalá. Hace poco pasó en el Barça B que tenía muchas jugadoras lesionadas y le hicieron una camiseta de jugadora a una portera por si acaso. Y dije, qué envidia, ojalá me pasara. Mi sueño es subir a rematar un córner y meter gol.
Has ejercido de entrenadora en su campus, ¿tienes ese gusanillo?
Sí, me gusta mucho. No sé si sabría mucho de fútbol o no, pero sí que es verdad que me gusta mucho hacer el equipo, liderar. Me gusta estar presente, me gusta comprometerme con lo que hago. Fui al campus y me lo pasé en grande.
Lleva otro tatuaje que dice, también en catalán 'Me das pereza'. ¿Qué o quién le da pereza?
Me lo hice con uno de mis mejores amigos. Somos muy así, de 'quita, que me das pereza'. Es mi personalidad y nos tatuamos, sin más.
¿La lesión de cruzado también tiene un tatuaje?
Llevo 2023 tatuado del revés, de abajo a arriba, porque fue un año que empecé muy mal tras la lesión y acabamos ganando el Mundial. Es una enseñanza de que, por abajo que estés, luego puedes acabar muy arriba.
Supongo que de lo positivo también hay marcas en tu piel.
Sí, tengo la primera Champions, que creo que fue muy importante. También tengo un tatuaje del Mundial.
Ahora no hay nadie sin tatuaje...
El primero fue a los 16 años, con el permiso de mi madre, obviamente. Y ya cuando tenía 18, empecé. Me gusta cómo quedan tanto visualmente, porque estilizan, y también, sobre todo, me marco recuerdos. No me arrepiento de ninguno.
Ese carácter enérgico, ¿es una coraza?
Obviamente. Me considero una tía de carácter, pero intento no enseñar nunca lo que siento de verdad. Si estoy nerviosa, no me lo vas a notar. . Triste, tampoco. Intento siempre ser plana. Eso sí, haciendo bromas. Al final, si no tienes un buen día y te exiges sonreír, ya no es tan malo.
¿Y el puntito canalla, también es para protegerse? (Se ríe)
No, eso viene de serie.
¿Qué te enseñó salir de casa con 17 años?
Que mi madre no estaba, que no había nadie que resolviera los problemas. Me ayudó a ser como soy. Intenté madurar muy rápido. Mallorca es una isla pequeña, donde casi todo el mundo se conoce, y yo firmé por el Barça y me fui cedida a Sevilla, una ciudad grande y totalmente diferente. Eso también me hizo crecer como persona y como jugadora.
Hay debutantes en esta convocatoria, no sé si se hacen novatadas...
Sí, a Clara Serrajordi. Aún no se la hemos hecho, pero ya le he dicho que será peor que la del Barça.
¿Se puede contar?
Claro. Tenían que hacer juegos graciosos y cosas así. Pero ya le he dicho que aquí lo pasará peor.
¿Y a Jenni y Mapi?
Ya veremos, igual tienen que hacer algo. Estaría bien.
Cuando Olga Carmona soltó un zurdazo en el minuto 29 de la final del Mundial que sorprendió a la portera inglesa Mary Earps, España volvía a hacer historia. Eran campeonas del mundo contra viento y marea, gracias al talento de sus jugadoras, que ya acumulaban tres Balones de Oro, y su capacidad de guardar bajo la alfombra los desprecios. Muy poco había cambiado desde que, un año antes, un grupo de ellas levantara la voz contra unas condiciones de trabajo inmerecidas. Algunas estaban en Sídney, en un ejercicio de resiliencia y olvido forzado; otras estaban en casa. Pero aquello que apartaron para jugar al fútbol lo sacudió un beso, una agresión sexual de Rubiales a Jenni Hermoso que escandalizó al mundo. «Se acabó». Una frase de Alexia Putellas que fue principio y final de todo.
En Sídney nació la España campeona que hoy volverá a pelear por un título que no tiene, la Eurocopa, de nuevo ante Inglaterra, dejando un reguero de elogios por su fútbol y su talento. Pero el legado supera al hecho histórico. «Sabéis todo lo que hemos pasado, todo lo que hemos luchado, siempre manteniendo el foco en el fútbol. Y eso es muy complicado. Esta Eurocopa ha sido muy tranquila, cosa que agradecemos, y creo que eso también ha ayudado a sacar nuestra mejor versión. Siempre es más difícil jugar cuando tienes cosas externas», reflexiona Aitana. Esa resiliencia, que por momentos no fue eso sino un amargo trágala, les hizo más fuertes. «Este equipo es mucho más maduro, tiene mucha más experiencia y sabe competir en los partidos», añade la jugadora.
Montse Tomé tiene claro por qué España merece ganar la Eurocopa, y va más allá del fútbol. «Somos un equipo, una selección, unas jugadoras, que llevan luchando, trabajando y esforzándose con mucha energía en muchos lugares. Y ahora hemos sido capaces de que la tuvieran en lo importante, que es el fútbol», sentenció la seleccionadora.
Una reconstrucción difícil
«Esto ha hecho tener un bagaje increíble de todas y que todos los que acompañamos a la selección podamos disfrutar de la profesión pura. Que pueda sentarme aquí y que todas las preguntas sean de fútbol es de las cosas más grandes que habla del cambio que estamos consiguiendo. Por todo el esfuerzo, el equipo se lo merece», añadió.
El camino de reconstrucción no ha sido fácil. El despido de Jorge Vilda y la inhabilitación de Luis Rubiales -en medio de un clamor político y social sin precedentes que terminó también en una condena judicial-, no cerraron las heridas. Con un presidente interino, Pedro Rocha, sin demasiada capacidad de maniobra y con desconfianza absoluta en Montse Tomé, segunda de Vilda, la selección echó a andar tras una larga noche de reproches y compromisos en el salón de un hotel de Oliva. Todo era tóxico menos el fútbol de España, que dos días después ganó a Suecia y goleó a Suiza en la Nations League.
La campeona se exhibió en la nueva competición, la ganó y, por primera vez, se plantó en unos Juegos Olímpicos. Tomé resistía la pregunta constante sobre las convocatorias de Jenni Hermoso, las que iba y las que no, y fue trabajando un equipo que necesitaba muchos cambios en el staff y algunos en el terreno de juego.
Aitana, Martin-Prieto y Esther, durante el último entrenamiento en Basilea.AFP
La RFEF, inmersa en una crisis de imagen, se vio abocada a un camino que imponía la igualdad, el respeto y la atención a sus jugadoras, a las que debía dotar de todos los medios posibles para seguir haciendo su trabajo. El modelo lo tenían en Inglaterra y, más cerca, en el Barcelona. Media docena de jugadoras pasaba de un club hiper profesionalizado, entre los mejores de Europa, a una selección precaria. El fichaje de Markel Zubizarreta empezó a poner en marcha un cambio que, ya sin él, aceleró la llegada a la presidencia de Rafael Louzán. Sólo había que acompañar.
A Montse Tomé, cuyo contrato acaba el 30 de agosto, le han permitido dotarse de un cuerpo técnico amplio y preparado, capaz de analizar rivales y transmitir a las jugadoras dónde están sus puntos débiles, como que Berger se adelanta. Luego Aitana, pura inteligencia en el campo, lo interpreta y lleva a España a una final. Porque en la élite, los detalles marcan diferencias.
a golpe de meritocracia
Tomé ha sabido manejarse con un grupo de jugadoras que desconfiaban de ella, pero a las que ha ido convenciendo. En tres años ha ido moldeando al equipo, primero con las convocatorias, renovando el grupo a golpe de meritocracia sin subvertir el orden natural del vestuario. Dejó en sus manos las capitanías, que volvieron a Irene Paredes y Alexia, y ha ido sumando al centro de mando a nuevas jugadoras que garantizan la cohesión. El bloque no ha cambiado demasiado, salvo la irrupción de jóvenes como Vicky López y Jana y el premio a veteranas como Martín-Prieto.
El legado en el campo es tan fuerte que puede servir para conquistar un título que completaría una triple corona inédita: España sería la primera vigente campeona del mundo que también gana la Euro, pero, además, suma una Nations que puede revalidar en noviembre. En el campo siempre quieren más. «Hemos hecho historia, pero somos ambiciosas, queremos ganar y competir al máximo», recuerda Alexia, brillante de nuevo en este campeonato.
Lejos del césped la huella es casi igual de profunda. Igualdad, respeto, audiencias millonarias... el fútbol femenino ha ganado visibilidad en el deporte y seguimiento. Aunque el impulso a la Liga F ha sido limitado, estas jugadoras son iconos nacionales y mundiales. Empezando por Alexia y Aitana, las dos balones de Oro, y siguiendo por aquellas que han dado el salto a otras competiciones, como Esther o Mariona, cuyas experiencias enriquecen la selección. Es el círculo virtuoso de un éxito que se labró en Sídney con un gol y muchas lágrimas.