Kevin Porter Jr, jugador de los Houston Rockets en la NBA, fue arrestado este lunes por la policía de Nueva York, acusado de agredir a su novia en un hotel neoyorquino.
La policía acudió al hotel neoyorquino en torno a las 6.45 de la mañana de este lunes y arrestó al baloncestista de 23 años, informaron medios estadounidenses.
Para saber más
La cadena ‘ABC News’ informó de que una fuente aseguró que una joven de 26 años sufrió heridas en el rostro y dolor en el cuello.
Las primeras reconstrucciones determinaron que una persona le golpeó varias veces en el cuerpo y le puso las manos en el cuello.
Elegido en la posición 30 del ‘draft’ de 2019 por los Milwaukee Bucks, Porter Jr jugó en la NBA con las camisetas de los Cleveland Cavaliers y de los Houston Rockets.
En la última temporada, promedió 19.2 puntos, 5.3 rebotes y 5.7 asistencias por partido en los Rockets
Hace pocos días, por puro recuento estadístico de inicio de año más que por reivindicación, se ha sabido que las licencias de jugadoras de baloncesto en España han vuelto a superarse en número: 138.267. El deporte con más mujeres federadas. Son más mujeres en España tirando a canasta que escalando, jugando al golf o al fútbol. Ningún periodista especializado en fútbol le remarcará este dato. También en baloncesto hay una mujer como presidenta, Elisa Aguilar, elegida democráticamente por sus estamentos. La única gran Federación en este país en el que sucede esto. Y les diré que a nivel federativo internacional (he viajado un poco por el basket de distintos continentes), no he visto a muchas mujeres al frente de deportes referentes.
Hay especialidades en las que la mujer practica más que el hombre: voleibol (ellas doblan a ellos), patinaje, gimnasia, hípica... Y hay otros donde hay una cierta paridad en cifras: atletismo, natación, surf o bádminton. Si el criterio y la pauta es la atención supuestamente general que se le dedica a un deporte, es lógico que el fútbol femenino tenga ahora un boom mediático. También muy fomentado por la inercia periodística y la facilidad del balompié para generar polémicas inacabablemente aburridas pero clickeadas. En negativo.
Si el criterio es la libertad de la mujer para elegir su disciplina deportiva, su tiempo de ocio y actividad física y las ganas de hacerlo en las mejores condiciones, entonces estamos haciendo el ridículo con otros deportes. Ahí tenemos el silencio. Claro que el baloncesto femenino español no es perfecto y las jugadoras de las ligas más potentes quieren equiparaciones, atención y contratos televisivos. Pero tampoco parecen, con razón, querer estar viviendo en la toxicidad del foco mediático por años, a cambio de un paraíso colectivo. A una llamada de ser la fuente fiable que denuncia.
La cifra que me parece más relevante es que más de tres millones de hombres están federados en todos los deportes y solamente un millón y pico de mujeres. Es una equiparación para luchar. Aunque es verdad que generalmente ellas (más inteligentes en esto y en tantas cosas) no necesitan de la competición ni de una licencia para sentirse deportistas cada semana.
Cada sábado y cada domingo temprano, cuando vea una niña orgullosa con su equipación, los colores de su club, con su bolsa de deporte, con su balón de baloncesto bajo el brazo piense que no hay un deporte con más mujeres en España que quieran jugarlo. En positivo.
Fue una noche extraña. Una noche desproporcionada en el Palacio, un festival de canastas que no de buen baloncesto. El Real Madrid ganó al Maccabi recibiendo 113 puntos en casa. Lo nunca visto. Pero no se quebró su racha, sus 11 victorias en los últimos 12 duelos, seis de carrerilla en Europa, donde ya atisba los puestos de playoff. Sobrevivió a su lastimosa defensa entre otras cosa por lo de siempre, por el de siempre: Facundo Campazzo. [Narración y estadísticas: 116-113]
En tal frenesí ofensivo, el argentino se puso las botas (31 puntos, ocho asistencias...). Hubo más nombres propios en el Madrid. Mario Hezonja (25 puntos sin ningún triple), otro que empieza a ser también sospechoso (para bien) habitual. Y esta vez secundarios dando un paso adelante, especialmente Eli Ndiaye. Chus Mateo suspiró de alivio con el bocinazo final. El jueves le aguarda el Olympiacos.
Cuando juegas un partido cada dos-tres días, lo normal es tomarte una jornada de asueto. Pura desubicación. O agotamiento. Real Madrid y Maccabi comenzaron el choque un buen rato después del salto inicial. Concretamente, tras el descanso. Los primeros 20 minutos los resumió Dzanan Musa: "Hemos hecho una mierda de verdad. Es una broma". Acababan de encajar 63 puntos.
Y anotar 57, para un total de 120, récord absoluto en la historia de la Euroliga (los 229 finales también fueron récord de un partido sin tiempo extra; el anterior fue en la 2003-2004 entre Skipper de Bolonia y Zalgiris, 224). Pero "una mierda", al cabo, porque no fueron 120 puntos de brillantez sino de ausencias defensivas, una dimisión colectiva en toda regla que permitió números de escándalo. Como los 12 puntos de Hoard y Jokuibaitis -tremendo el ex del Barça, cinco asistencias también- o los 13 de Sorkin. Respondidos por el desatado Hezonja (17) y Campazzo y Musa (13 cada uno). Evidentemente, algo tenía que cambiar.
Hezonja y Campazzo, tras la victoria.JUANJO MARTINEFE
Al menos la actitud. El Madrid regresó con una agresividad aparentemente distinta: no habían pasado ni dos minutos y ya había cometido tres faltas. Pero iban a saltar las alarmas bien pronto. El Maccabi, que no pasa por sus mejores momentos en su exilio de Belgrado -a las puertas del Palacio hubo una manifestación en protesta por la invasión israelí de Gaza-, volaba 12 arriba (62-74) ya avanzado el tercer acto.
Y como la cosas en defensa no parecía que iban a ser la solución, el Madrid optó por la otra opción, anotar todavía más puntos que el rival. Reaccionó pronto con un parcial de 16-2 que le hizo ponerse por delante, con Campazzo y Hezonja explorando sus topes. Pero el tipo que iba a resultar clave en el siguiente tramo, cuando el Maccabi se rehízo, fue Eli Ndiaye, siempre secundario, siempre listo para la brega. Esta vez hirió con tres triples sin fallo desde las esquinas y fue determinante con sus movimientos defensivos, como un perro de presa sobre Jokubaitis. Contrastaba el canterano con la grisura de Edy Tavares, que ni un lanzamiento ejecutó.
Jokubaitis
El Madrid se había disparado con 34 puntos en el tercer acto. Pero aún no había ganado el partido, entre otras cosas porque Hoard y Jokubaitis seguían haciendo daño.
Y también apareció Jasiel Rivero, sobrepasando a un Tavares ausente (Ibaka causó baja). Y todo se enredó hasta un final de locura, un pim pam pum que a punto estuvo de costarle la racha y la inercia al Real Madrid. Un Maccabi que no falló ninguno de sus 26 tiros libres y que sólo cedió en la meta.
Ahí siguió la tónica de los aciertos. Blatt, Randolph, Rivero... Musa y Campazzo respondieron para el Madrid, que se plantó uno arriba a falta de poco más de una posesión. En el ataque clave visitante, Ndiaye y Abalde forjaron un monumento defensivo hasta agotarle la posesión al Maccabi. Un triunfo que fue un parto, un alivio cuando Randolph erró el triple que hubiera llevado la batalla a la prórroga, que hubiera sido un desenlace del todo acorde a lo vivido, por alocado, en el Palacio un frío martes de enero.