Alexia Putellas no estará con España en los dos últimos partidos de la fase de grupos de la Nations League ante Italia y Suecia. La jugadora del FC Barcelona ha abandonado la concentración tras ser examinada de las molestias que arrastra en la rodilla por los servicios médicos de la RFEF.
“Tras estudiar su lesión, la jugadora regresará a casa para continuar con su recuperación”, asegura el comunicado federativo. La seleccionadora Montse Tomé citó a 25 futbolistas, lo que la obligaba a hacer dos descartes en las convocatorias, ante la posibilidad de que la capitana no superara las molestias en las rodilla que la llevaron a perderse los tres últimos compromisos de su equipo: el Clásico ante el Real Madrid y la visita a San Mamés en la Liga F, además del duelo de la Champions frente el Eintrach.
Putellas volvió a sentir molestias en la rodilla en la que se rompió los ligamentos hace poco más de un año y tanto su club como la jugadora quieren ser prudentes en la recuperación. Por eso extrañó la llamada de Tomé hace una semana, citación que se produjo en plena tensión entre el Barça y la Federación por la lesión de Gavi en el duelo internacional ante Georgia.
A falta de un punto
“Las veremos, trabajaremos con ellas en la línea que podamos y tomaremos las decisiones velando por la seguridad de las jugadoras. Sin forzar y usando el sentido común”, advertía la entrenadora asturiana.
Con ese plural, Tomé se refería también a Irene Paredes, a quien también convocó y que se ha perdido los mismos partidos que Alexia pero, en este caso, por las secuelas de una amigdalitis con un fuerte proceso febril. La jugadora vasca, al contrario que su compañera, permanece en la concentración con la esperanza de que se pueda recuperar para disputar el duelo del próximo viernes en Pontevedra ante Italia o el del martes en La Rosaleda de Málaga ante Suecia.
A España sólo le hace falta sumar un punto para cerrar esta fase de clasificación como primera de grupo y asegurarse la presencia en la final four de marzo en la que se decidirán las cuatro selecciones que disputarán los Juegos Olímpicos en París.
Cuando la UEFA anunció en septiembre de 2018 que Alemania sería la sede de la Eurocopa 2024 nadie dudó que la organización rozaría la excelencia. La mirada crítica se situaba entonces en cómo sería el Mundial de Qatar. El siguiente campeonato de Europa, previsto para 2020 pero retrasado por la pandemia a 2021, iba a ser itinerante y después habría una exótica prueba de fuego para toda la maquinaria del fútbol internacional. Se agradecería que apenas dos años después la Eurocopa fuera el corazón del continente, con sedes en grandes ciudades de fútbol y con estadios renovados y preparados para un gran evento desde 2006.
No había que sufrir con los plazos de finalización de obras ni con los accesos y desplazamientos, algunos en un radio de menos de 100 kilómetros, ni tampoco por la organización interna de los partidos. O al menos eso se esperaba. La sensación vivida desde dentro es que Alemania no se ha tomado en serio este campeonato.
En esta primera fase se han sucedido caos inimaginables. Las ciudades, engalanadas, eso sí, han vivido algo de espaldas a la competición, sin que ni comercio ni hostelería fueran sensibles al aluvión de visitantes. Tampoco se ha visto alterado el ritmo cotidiano en la previsión de accesos y traslados. Los atascos en las carreteras han sido constantes y han complicado la movilidad de los aficionados que, especialmente en la cuenca del Ruhr, han viajado de Dortmund a Gelsenkirchen, Colonia o Düsseldorf. Un enviado especial tardó tres horas en recorrer 100 kilómetros que separaban la concentración de Turquía de Essen. La mejor opción ha sido el transporte público, muy extendido y con buen funcionamiento, pero a veces no ha resultado suficiente para llegar a estadios alejados del centro de las ciudades.
De la grada al césped
Pero donde especialmente ha flaqueado esta primera fase es en la seguridad. El Gobierno alemán puso especial énfasis en controlar cualquier amenaza -y sólo hubo una en Hamburgo, un hombre que portaba un cóctel molotov cerca de una fan zone y que fue abatido- y lo ha conseguido, como también que los altercados quedaran en alguna reyerta entre aficiones, un balance aceptable si se tiene en cuenta que se concentraban algunas de las más violentas de Europa con rivalidades ancestrales.
Lo llamativo es lo que ha ocurrido dentro de los estadios, en el propio césped, que también ha sido objeto de crítica por algunas selecciones. Especialmente el Deutsche Bank Park de Frankfurt, que la UEFA ha reconocido que debe cuidar una vez acabada esta fase de grupos porque no está a la altura de una competición internacional de primer nivel.
El césped no lo han pisado todos los jugadores en esta Eurocopa. Más de una decena de espontáneos han saltado en diferentes estadios sin que el centenar de miembros de la seguridad, contratados de la UEFA, con poca ayuda de las autoridades locales, hayan podido o sabido evitarlo. Especialmente significativo fue lo ocurrido durante el Turquía-Portugal en Dortmund, con una aplastante mayoría de seguidores turcos que no renunciaron a intentar fotografiarse con Cristiano Ronaldo... durante el partido.
Botes de humo y bengalas
Comenzó un niño, que logró su objetivo y provocó la sonrisa del portugués, pero le siguieron cuatro adultos y otro menor, lo que acabó desesperando al astro. «Porque tenían buenas intenciones, pero es increíble que esto ocurra», lamentó su entrenador, Roberto Martínez. Este hecho ha provocado que Cristiano recorra el interior de los estadios siempre acompañado por seguridad.
A la pasión en las gradas, que especialmente han puesto las aficiones balcánicas, también ha generado problemas. En estadios donde se revisan exhaustivamente hasta los bolígrafos de los profesionales, se han colado botes de humo y bengalas prohibidísimas por la UEFA. No una ni dos, sino muchas de la primera a la última jornada de esta primera fase.
Tampoco han faltado los lanzamientos de objetos, en concreto de vasos con cerveza. Han volado hacia las tribunas de prensa desde las gradas superiores, a veces fruto de la euforia y otras de la frustración, pero también hacia los banquillos. Gareth Southgate fue víctima en el Inglaterra-Eslovenia de la última jornada, con su equipo incapaz de ganar y los hooligans enfadados. La suerte es que no lograron hacer blanco.
Botes de humo en la grada de Portugal.C. NEUNFOREFE
Si la organización correspondiera a un club, la multa sería extraordinaria. Pero no parece que la UEFA se auto sancione, a pesar de que va revisando sus protocolos sobre la marcha ante las quejas. Zonas mixtas, horas de acceso a los estadios o condiciones de trabajo de los medios se han ido modificando a lo largo de estas dos semanas ante la evidente inoperancia.
No todo ha sido revisado. En esta Eurocopa se ha visto mucho tiempo efectivo de juego y poca visita del colegiado a la pantalla VAR. Se han findo del auxilio desde la sala VOR aunque, pese a la explicación en los videomarcadores de la decisión, algunas han sido polémicas.
Lo que también ha funcionado es la tecnología de gol. Vibró el reloj del colegiado del Turquía-Portugal tras el autogol más tonto del campeonato que elaboraron entre el defensa turco Samet Akaydin y su guardameta Altay Bayindir. De todo parece haber tomado nota la UEFA para aumentar el espectáculo de una competición que se acelera a partir del próximo sábado.
No acapara demasiadas miradas, no es amigo de los aspavientos y prefiere siempre aguardar un observador segundo plano a que llegue su oportunidad. La aprovecha, pero no la reivindica. Manuel Akanji (Neftenbach, 1995) evalúa siempre las alternativas que tiene cada vez que la pelota entre el juego y suele saber elegir. Es lo que un departamento de Recursos Humanos no dudaría en denominar líder silencioso. Ése es el papel que juega en la selección de Suiza, en las antípodas del capitán Granit Xhaka, pero con el mismo respeto.
Esa consideración se la ha tenido que ganar peleando cada paso de su carrera en la que ha ganado 11 títulos partiendo de este perfil bajo, menos preocupado en que estaba siendo subestimado que en mejorar. No han sido pocos los obstáculos. El primero, ser un niño delgado y bajito. Hijo de un futbolista amateur de origen nigeriano y con una brillante carrera en el mundo de las finanzas, su destino estaba pegado a una pelota. Podía haber sido de tenis porque Isabel, su madre, fue tenista profesional, pero ganó el fútbol, tanto que Manuel tiene como segundo apellido y nombre de guerra Obafemi, en homenaje al potente jugador del Inter Martins. En nigeriano ese nombre significa «coronado por los dioses» y explica por qué Akanji se pasó sus primeros años en la Bundesliga luciendo una corona en su apurado corte de pelo.
Ese fue el principio de su explosión. Antes tuvo que apretar los dientes. El cuerpo de aquel niño que aún no había pegado el estirón se transformó a los 16 años y el Basilea puso sus ojos en él. Sin embargo, Paulo Sosa, entonces el entrenador, no le veía futuro en la Superliga. No fue el único revés, porque con 20 años se rompió el cruzado. «Eso me ayudó a ser humilde y trabajar duro», ha relatado en muchas entrevista. Le quedó eso y una leyenda tatuada en la piel: «Demuéstrales que están equivocados».
Manuel peleó por volver al fútbol, a brillar en el Borussia Dortmund y a liderar una selección que como Sub-20 sólo le convocó una vez. Esta noche ante Alemania jugará su partido 60 como internacional. Nada ha apartado de su objetivo a un futbolistas que Pep Guardiola quiso en el City y se asombró de su inteligencia. «Es un placer entrenarle. Hay jugadores que necesitan diez sesiones para entender lo que quiero. A él con una le basta», cuenta el técnico español, que lo ha colocado de central, de lateral y hasta en el centro del campo. «No he jugado tres partidos seguidos en la misma posición», bromeaba al final de esta temporada en la Premier. Es un comodín que hasta responde con goles, pero en un equipo plagado de estrellas nunca se gira el foco hacia él. Tampoco le importa.
Inteligencia en el campo
La inteligencia que muestra en el campo le viene de fuera. Brillante en las matemáticas, fue más rápido resolviendo operaciones que una calculadora en un reto al que le sometieron en la televisión suiza hace unos años. «De pequeño disfrutaba haciendo sumas de cabeza, y me di cuenta de que me salía bastante bien. Pero no soy un genio, ellos pueden hacer multiplicaciones mucho más grandes, que llegan a los millones. Ellos están en otra liga».
La suya es el fútbol y un componente de activismo en el que se apoya en una de sus dos hermanas, Sarah, que jugó al fútbol, es activista por los derechos de las futbolistas y concejal en Zurich, además de tener una ONG que apoya proyectos para el desarrollo de la infancia en Nigeria.
Pese a que Xhaka es el gran agitador de Suiza, nadie duda de que Akanji es la pieza esencial, como esta noche en el duelo ante Alemania. Es la anfitriona y juega de local en todos los estadios de esta Eurocopa. Le sigue Turquía por el apoyo que tiene en la grada, pero mirando sólo al campo, Suiza es otra selección que se siente en casa.
Sólo ocho de los 26 convocados no ha pasado por alguna de las ligas alemanas. Xhaka lidera el ataque del Leverkussen, Kobel guarda la portería del Dortmund y Sommer o Breel Embolo, amigo íntimo de Akanji, pasaron por el Bayern o el Schalke. Para todos ellos, pisar el Arena de Frankfurt no es novedad.
Las nuevas generaciones se quedan en la Liga suiza o abren sus mercados a Italia, alguno a la Premier y a Francia. El germano ha dejado de ser el predilecto, aunque sigue pescando en Suiza. Esa amistad puede significar que vayan de la mano a los octavos de final.
No puede el Barça vestir siempre de gala, pero cuando se pone el mono y se afana también se convierte en un equipo temible que te destroza en tres zarpazos. Así, con más control que brillantez, liquidó al Brest para encaramarse a los primeros puestos de una Champions en la que se maneja con un andar seguro, en el que casi nadie acierta a cortarle el paso. [Narración y estadísticas: 3-0]
No fue tan fiero el Brest como lo pintaban o quizá al Barça le caló hasta los huesos el mensaje de desconfianza. Lo cierto es que logró que el equipo francés pareciera ramplón, la versión que ofrece en la Ligue 1 tan alejada de sus números europeos. Y eso que su gigantón delantero Ajorque quiso intimidar y marcar territorio ante Cubarsí en la primera pelota del partido. Fue la única vez que pudo hacerlo porque su equipo apenas fue capaz de pisar el área.
El Barça estaba dispuesto a sacudirse las dudas que le lastraron en Vigo y San Sebastián, pero es que antes siquiera de asimilarlo ya tenía el marcador a favor. Un pase de Pedri al corazón del área lo controló con el pecho Lewandowski cuando fue arrollado por el meta Bizot. El colegiado bosnio ni dudó. Señaló el punto de penalti y el polaco marcó su gol 100 en la Champions League, el que se sienta en la mesa de Cristiano Ronaldo (141) y Messi (129). La segunda juventud que está viviendo desde la llegada de Hansi Flick está haciendo que sea un arma infalible que siempre, siempre aparece cuando más lo necesitan, como los superhéroes.
El susto se lo habían llevado los franceses y los azulgranas se ajustaban el traje de que les ha confeccionado el alemán. Recuperaron la presión alta, por momentos asfixiante, y Pedri, batuta en mano, aceleraba el juego buscando las diabluras de Raphinha y que Dani Olmo y Fermín entraran en calor. El equipo se había adueñando del balón y obligando al Brest a esforzarse mucho en defensa para evitar los huecos que iba encontrando Raphinha. Primero entre los centrales para dejar a Fermín en un cara a cara y después con un centro al punto de penalti que el andaluz engatilló al lateral de la portería.
Amasaba el partido el Barça pero le faltaba romperlo. Ataques largos, buscando a Gerard Martín, a Dani Olmo, algo precipitado siempre, y Raphinha, para que de nuevo la segunda mejor ocasión del partido fuera un testarazo picado de Fermín que Bizot salvó con los pies como un portero de balonmano. No lograba engordar un marcador que noqueara a su rival y reflejara la facilidad con la que lo había maniatado. Al regreso del vestuario, los azulgranas sabían que tenían que afinar para no vivir en el alambre de una ventaja corta, pero antes despertó el Brest.
No le quedaba más remedio a los franceses que dar un paso adelante, igualar la presión, el robo y las carreras hacia Iñaki Peña. Apareció Sima, movió el banquillo Eric Roy y puso el campo a Baldé para romper a la espalda de Gerard Martín. Nada le funcionó. Y mientras, Dani Olmo se empeñaba en salir de la zona gris. Remató un centro de Koundé que salvó bajo palos el capitán Chardonnet para, justo antes de que Flick le mandara al banquillo, cazar el centro raso de Gerard Martín para vengarse del central francés con un control orientado, un regate y batir el arquero francés. Suspiraba el jugador, que necesita volver a ser tan explosivo como cuando se vistió de azulgrana por primera vez. Además, debe mostrar que puede hacerlo junto a Pedri antes de que el regreso de Gavi y De Jong, anoche silbado en Montjuic, le multiplique la competencia.
Con los tres puntos más cerca del bolsillo, Flick agitó su banquillo para que la revelación no se le revolviera. Y no pudo hacerlo el conjunto que había sorprendido en esta Champions. Hasta pudo verse con un gol más en contra en un error en salida de balón que Pablo Torre, en un robo en la medialuna, remató excesivamente cruzado. Parecía que el Barça no tenía chispa para golear al Brest, pero entonces apareció Robert Lewandowski para hacer el tercero, agrandar su figura y mantener su camino firme por Europa.