Alcaraz se viste con su mejor traje para derrotar a De Miñaur y presentarse en sus primeras semifinales en Australia

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En cada Grand Slam hay un momento en el que Carlos Alcaraz se transforma. A partir de entonces sus golpes retumban, alcanza cualquier bola que le propongan y su magia se desborda; es su versión de leyenda. Puede ocurrir en cuartos de final o en semifinales, nunca antes. Antes simplemente se está preparando. Desde ese momento, sólo un rival, Jannik Sinner, es capaz de recordarle que la duda existe. Esa mutación llegó en este Open de Australia este martes, en cuartos de final, ante Alex de Miñaur, para la victoria del español por 7-5, 6-2 y 6-1 en dos horas y 15 minutos.

Pese a que su adversario estaba en el mejor estado de forma de su vida, con la confianza necesaria y todo el público de la pista Rod Laver a su favor, Alcaraz lo anuló y se clasificó para sus primeras semifinales en Melbourne, donde se medirá el viernes a Alexander Zverev. Será la reedición del duelo en el que cayó eliminado el año pasado, pero en esta ocasión está listo.

No había mejor rival que De Miñaur para ponerle a prueba ni hubo mejor rival que De Miñaur para demostrarlo. Nadie más incómodo, nadie más fatigoso. La estadística dirá que Alcaraz ganó en tres set con sólo un 57% de primeros servicios, cediendo dos ‘breaks’ y después de cometer 32 errores no forzados, pero cualquier conclusión basada en esos datos será errónea. No fue un mal partido del australiano, más bien todo lo contrario. Si el español tuvo algún problema durante el partido, especialmente con el saque y el revés, fue mérito suyo.

Dita AlangkaraAP

De Miñaur propone el mejor tenis defensivo del circuito: no es un pegador, no busca el ‘winner’, pero lo devuelve todo y lo hace a toda velocidad para complicarle la vida a quien tenga enfrente. Pese a que el recuento de datos lo ignore, la mayoría de los fallos del número uno llegaron desde posiciones a las que le había llevado un excelente De Miñaur. Pero, aun así, no fue suficiente. Ni mucho menos. Con su derecha como argumento, Alcaraz derrumbó la resistencia del tenista local.

La actitud correcta

En ningún momento vaciló el número uno, y eso que podía haberlo hecho. En el primer set, cada vez que De Miñaur llegaba a una bola que ya estaba perdida, cada vez que respondía a un ‘winner’, Alcaraz se reía, juguetón, mirando a su equipo. En años anteriores, antes de alcanzar su madurez, quizá le hubiera frustrado que su buen hacer no tuviera recompensa. Pero ahora ya es un jugador hecho.

En el primer set tuvo que ganar los puntos una vez y otra, y otra vez, y lo hizo sin rechistar. Luego ya todo sería más fácil. Bajo el calor sofocante de Melbourne, con temperaturas de 45 grados durante el día, De Miñaur insistió en castigar el revés de Alcaraz y este peleó para salir de la trampa. En ocasiones probaba paralelos imposibles; en otras se invertía para golpear con su derecha. Esa estrategia permitió al australiano remontar dos ‘breaks’ en el primer set y presentar batalla, pero no le duró más de una hora. Cuando Alcaraz afinó ese instrumento, todo se acabó.

“Desde la primera ronda mi nivel ha creccido en cada partido. He hablado mucho con mi equipo de ser paciente. Yo lo quiero todo ya. Pero mi equipo ya me decía que mi nivel llegaría y en este partido siento que ha llegado”, comentaba Alcaraz al acabar el partido en conversación con Jim Courier sobre la puesa. “De Miñaur es un rival muy difícil. Te hace sentir que siempre estás en problemas, tienes que estar concentrado en cada golpeo, tienes que ganar cada punto tres o cuatro veces”, analizaba el número uno.

kpd