¡Abajo la modestia! Carlos Alcaraz ha descubierto la perfección. Ocho títulos en ocho meses lo avalan; él mismo lo reconoce. Su tenis brilla tanto que sólo cabe preguntarse si, a sus 22 años, puede superarse. Quizá sea imposible. Ya es su mejor temporada, ¿Será 2025 la temporada de su vida? La Historia apenas le ofrece espejos —el Federer de 2006, el Nadal de 2013, el Djokovic de 2015—, y sólo queda esperar. Es posible que la convierta en inigualable, con un Masters 1000 -no estará en Shanghai, sí en París-, las ATP Finals y la Copa Davis todavía en juego.
De momento, la única certeza es que sólo tiene un rival: Jannik Sinner. El resto sigue a una distancia exagerada. Si Taylor Fritz le había derrotado hace unos días en el ambiente distendido de la Laver Cup —un torneo de exhibición con ínfulas—, este martes el número uno del mundo lo arrolló en la final del ATP 500 de Tokio. El marcador, un doble 6-4 en una hora y 32 minutos, es hasta benévolo: el español fue superior.
Con el reciente tropiezo en mente, Alcaraz apareció en la pista central del Ariake Tennis más tenso que de costumbre. Si en otras ocasiones eligió otras armas, esta vez su revés fue el golpe que más daño le hizo a Fritz, aunque le costó adelantarse. Una bola de break. Y otra. Y otra. El español desaprovechó hasta cinco —algunas con todo a su favor— antes de lograr su primera rotura, en una progresión que le tocó el ánimo.
“No has jugado al tenis”
En ese primer set, antes de sentenciar, llegó incluso a tener una extraña discusión con el juez de silla, el irlandés Fergus Murphy. Algo inhabitual en él. Antes de un servicio recibió un warning por pérdida de tiempo y, en el siguiente cambio, no dudó en recriminárselo: “¿Tú ves normal que yo acabe un punto largo en la red y luego apenas tenga tiempo para ir a por las pelotas, sin tiempo para descansar? ¿Lo ves normal o no? Ok, no has jugado al tenis en tu vida”. Murphy guardó silencio.
El incidente pudo descentrarlo y llevarlo a cometer errores, pero ocurrió todo lo contrario. Poco después elevó su nivel, encarriló el triunfo y se lanzó a por el título. Con Fritz aquejado de unas molestias en el muslo derecho, Alcaraz ya era campeón. Una genialidad aquí, otra allá. El público japonés se deleitaba con su tenis y hasta celebró que en el segundo set un despiste le costara un break y le obligara a prolongar el espectáculo un rato más.
“He disfrutado de cada segundo del torneo, excepto de los minutos en los que estuve tirado en el suelo. Estoy muy contento con el nivel que he mostrado aquí en Tokio pese al problema que sufrí en el primer partido en el tobillo. Me siento en mi mejor momento, sin duda”, comentó el español, que al acabar el partido se quitó el vendaje del tobillo en señal de alivio. Después de vencer en Róterdam, Montecarlo, Roma, Roland Garros, Queen’s, Cincinnati y el US Open, suma otro título, el octavo del año. Ya es su mejor temporada, ¿Será 2025 la temporada de su vida?
El sol saliendo por el río Sena después de la tormenta, la luz iluminando la Torre Eiffel como un foco y los marchadores brillando, fugaces y esforzados, sobre el puente d'Iéna. Tenía que ser así, con este resplandor, como España celebrara su segunda medalla en esos Juegos de París, la que debe alborear. Álvaro Martín fue fuego en los 20 kilómetros marcha y alcanzó así lo que le faltaba: un podio olímpico.
Hasta este jueves había sido dos veces campeón del mundo y dos veces campeón de Europa, había dominado la marcha durante varias temporadas, pero le faltaba la gloria más absoluta, la que soñó toda la vida. Si hace tres años en los Juegos de Tokio acabó cuarto, la carrera más dolorosa, en estos Juegos de París demostró que había aprendido la lección para finalizar tercero sólo por detrás del ecuatoriano Brian Daniel Pintado y el brasileño Caio Bonfim
"Si atacas que sea para no mirar atrás", le repetía su entrenador, José Antonio Carrillo, en los días previos y no hacía falta: lo sabía, Martín lo sabía. En Tokio las ganas, las ansias, los nervios le llevaron a lanzarse cuando no tocaba y, de ahí, su decepción. Este jueves en el escenario más bonito que ha tenido nunca la marcha, el marchador español aguantó y aguantó hasta el toque de campana. "Es ahora, es ahora", le gritaban los suyos y Martín, siempre impertérrito, cambiaba la cara.
Con él, en ese último kilómetro, Pintado,Bonfim y el italiano Massimo Stano, todos rivales más que conocidos. Con él, en ese último kilómetro, la posibilidad de tocar el cielo. Atacó Pintado primero, violento hacia el oro, se fue con él Bonfim y Martín supo que era el momento: si seguía detrás, era medallista olímpico. En los últimos metros, en el empedrado del Trocadero, Martín miraba para atrás para controlar el ataque de Stano y ya estaba, ya lo tenía. En la meta, derrumbe: no podía más.
"Mi oro era este bronce"
"Hoy mi oro era este bronce, lo he dado todo. Pintado era superior al resto y mi esperanza era que Bonfim, que tenía dos tarjetas, se quedara atrás. Al final ha podido atacar y me he quedado con esa medalla, que para mí lo es todo", explicaba Martín, emocionado, en zona mixta, antes de anunciar que "seguramente serán mis últimos Juegos". "Tengo 30 años y creo que la máquina y la cabeza no me darán para más", aseguraba antes de abrazar a Carrillo e irse a buscar a su pareja, MarEsquiliche, presente en el circuito, y a sus amigos.
Ellos fueron los que, en la parte gratuita de las gradas, en la contrarrecta, justo a los pies de la Torre Eiffel, dieron color a la prueba y mucho, muchísimo aliento a Martín. "¡Tú puedes, Álvaro, tú puedes!", le gritaban mientras peleaba por el éxito de su vida. El niño de Llerena que a los 15 años se marchó a entrenar al Centro de Alto Rendimiento de Madrid y una década más tarde se volvió a mudar a Cieza, en Murcia, para entrenar con Carrillo ya tiene su medalla olímpica. La segunda de España en estos Juegos, la más brillante, bajo la luz de la mañana en París.
En la pista de patinaje de Boadilla del Monte un joven da vueltas y vueltas a una velocidad de vértigo bajo la atenta mirada de de Elba Alonso, su entrenadora. Guillermo Gómez Correas (Aranjuez, 2007) gira, salta, baila, hace piruetas, cae y se levanta, una y otra vez. «No duelen, estamos acostumbrados», explica después. Hace un par de meses se proclamó campeón del mundo júnior de patinaje artístico en Rimini (Italia), dominando el programa corto y el largo con una superioridad tal que su puntuación global (257,76) estuvo por encima incluso de la de los competidores senior.
«Y sólo pude llegar al 90% de lo que era capaz, porque hubo un combinado que por la lesión no pude entrenarlo del todo», rememora el patinador sobre su pesadilla, una fractura por estrés en el pie por la que tuvo que renunciar al Europeo para intentar acudir en la mejor forma posible al Mundial, un escaparate imprescindible. Porque pese a su excelencia, el sueño de Guille es de esos que van contra corriente, una disciplina no sólo minoritaria sino también fuera del universo olímpico, el gran anhelo.
Sólo el skate logró colarse en el programa de los Juegos de verano de los deportes que engloba el patinaje sobre ruedas, aunque la modalidad sobre hielo sí que este incluida en los invernales. Ahí está la leyenda de Javier Fernández, un espejo en el que Guillermo se mira, aunque en su paradoja cierre puertas, visibilidad y subvenciones. «A nosotros sólo nos faltaría ser olímpicos. El nivel es altísimo. Por rivalidad y competitividad, estamos por encima del hielo, que, sin las patinadoras rusas, ha bajado. Sin ellas no hay saltos cuádruples. Y los triples también los hacemos en ruedas», expone Gómez Correas, familia de nadadores, cuyos inicios se sitúan en el club Patinaje de Ocaña hasta que Albert Palau le descubrió en su primera competición: «Un diamante en bruto».
Guillermo Gómez Correas, en acción.JAVIER BARBANCHOMUNDO
Ese hándicap nunca frenó su deseo. Guillermo creció viendo los éxitos de Pau García, cuatro veces campeón olímpico ya retirado, y a ello aspira. Aunque por el camino no sólo tenga que realizar malabares sobre los patines. «Por suerte, el material me lo subvencionan mis patrocinadores. Pero tenemos que pagar las coreografías, el montaje de discos, los trajes, los viajes a las competiciones...», detalla ante la atenta mirada de su madre, Loli, que también es la que le prepara físicamente y que seis veces a la semana recorre 150 kilómetros para que su hijo pueda entrenar en Boadilla después de terminar en el instituto. Ante los obstáculos, Guillermo nunca dudó en recurrir al ingenio.
El año pasado, para poder revalidad su oro en la Copa del Mundo, tenía que competir en Trieste y, sobre todo, en San Juan (Argentina). Ante lo elevado de la cuantía, organizaron un crowdfunding y en pocos días superó los 4.000 euros que necesitaba. En su lucha por dar visibilidad a sus hazañas no sólo recurre a las redes sociales, donde es todo un fenómeno viral con sus hipnóticas coreografías. Cuando tenía 13 años impresionó en el programa televisivo Got Talent, donde se presentó ante el jurado con un emotivo discurso: «Quiero que el patinaje se presente en televisión, porque es un deporte muy bonito y con mucho sacrificio».
Gómez Correas, entrenando en Boadilla.JAVIER BARBANCHOMUNDO
También ha aparecido en una serie americana de Disney +, 'Saturdays'. Y hasta ha batido un récord Guiness. «Me escribieron del programa, me habían visto con la spinner y creían que se podía batir el récord. Empecé a ensayar más, a plantearme el objetivo. Lo logré al primer intento», explica sobre un reto 'mareante' para «seguir visualizando el patinaje artístico a nivel mundial». El 27 de febrero en Milán, en el programa de televisión italiano 'Lo Show Dei Record', Guillermo dio 92 giros con una sola pierna sobre su spinner de entrenamiento en sólo un minuto.
Pero, más allá del show, que él asume como necesario para reivindicar su disciplina, lo de Guillermo es pura pasión por el patinaje artístico, un talento único. En lo artístico -«me encanta emocionar a la gente, no sólo quiero ganar, quiero transmitir»-, donde cuenta con la complicidad de las tribunas, y en lo deportivo. Ahí, el madrileño ha supuesto todo una revolución a la hora de romper estereotipos. Porque su patinar no sólo se apoya en poderosos saltos de dominio físico, también ha incluido un nivel altísimo en las piruetas, algo que parecía exclusivo de las patinadoras. «Se ha comprobado que un chico puede saltar, hacer triples perfectos, pero también piruetas igual que las chicas o mejor. Eso antes no pasaba», asegura quien hasta logró que la Federación Internacional homologara una pirueta única, bautizada con su nombre. La Hell-Biellmann Go-Co (Gómez Correas, sus apellidos) fue incluida por World Skate en el reglamento en 2020, una combinación inédita de dos dificultades en una con un valor base de 5,8 puntos, el mayor de los que se realizan.
Gómez Correa, durante un entrenamiento en Boadilla.JAVIER BARBANCHOMUNDO
Toda esa destreza la tuvo que poner a prueba en el Mundial de Rimini, a pesar de que los meses anteriores fueron una tortura por una lesión a la que sigue buscando solución. Tuvo que renunciar al Europeo -que ganó otro español, su compañero de selección Unai Cereijo- y asumir mentalmente que no llegaría en la plenitud deseada. Lo bordó en el programa corto, pero después le llegó «una crisis de ansiedad» que estuvo a punto de arruinarlo todo. «Las expectativas eran altas. El pabellón estaba lleno, todo el mundo estaba esperando que Guille lo hiciera perfecto, que hiciera un discazo y toda la grada se levantara. Había mucha presión, pensamientos intrusivos, no estaba seguro de querer salir a competir, estaba mal», recuerda quien logró superar el trago cuando la música comenzó a sonar. Campeón del mundo júnior, el objetivo de una vida. «Estaba contento, pero en el fondo sabía que podía haber hecho mucho más. Es raro, pero fue un poco sabor amargo», admite.
A Guille le queda un año más en la categoría , donde tratará de revalidar todos sus títulos -«he ganado todo lo que he competido», entre otras cosas cuatro veces consecutivas campeón de España- antes de dar el salto inaplazable a la absoluta. Seguirá esquivando prejuicios («muchos piensan que el patinaje es un deporte más femenino, pero a la gente que no te hace bien hay que silenciarla») y luchando por una disciplina en la que España e Italia son los dominadores mundiales y que reivindica con un discurso claro: «Es un deporte que abarca muchísimo. Tienes que correr para hacer cardio, hacer gimnasio para estar fuerte, saber interpretar todo tipo de músicas, ser buen bailarín, flexible... y, por supuesto, patinar. Y, además, ser mentalmente fuerte. Es la suma de muchas pequeñas disciplinas. Tiene tantos detalles, que te acaba enamorando esa suma».