Steven van de Velde, el jugador de voley playa holandés que cumplió una condena en prisión por violación, fue abucheado cuando fue presentado antes de su partido inaugural el domingo en los Juegos de París.
Van de Velde fue condenado en 2016 por tener relaciones sexuales con una niña de 12 años en Inglaterra. Su historial resurgió el mes pasado cuando se clasificó para los Juegos Olímpicos como uno de los dos mejores equipos holandeses en el circuito internacional.
Van de Velde fue recibido con algunos abucheos cuando primero pisó la arena para el calentamiento, pero los abucheos fueron más fuertes durante la presentación formal previa al partido. Su compañero de equipo, Matthew Immers, y todos los demás jugadores que han aparecido en el Estadio de la Torre Eiffel hasta ahora en los Juegos de Verano, recibieron solo vítores.
La Federación Internacional de Voleibol dijo que no tenía poder para impedir que los Países Bajos enviaran a Van de Velde a París después de que se clasificara de la manera habitual. Van de Velde, quien no se hospeda en la villa de los atletas y no ha estado disponible para los medios, dijo después de ganar su plaza olímpica que el incidente fue “el mayor error de mi vida.”
Las pesadillas se acaban con un despertar, no son eternas. Basta con un detalle para que salir de un doloroso letargo. En Mestalla, ente el Girona, fueron dos los que permitieron al Valencia ver reconocido su esfuerzo, resoplar y soltar la piedra que siempre lastra los pies del colista. Seguirá abajo, siendo un equipo que se hace pequeño, pero de él ya pueden tirar sin temblar las casi 41.000 personas que le rescatan siempre desde la grada. [Narración y estadísticas (2-0)]
No quería vestir Baraja el partido de decisivo y lo hicieron sus jugadores. Lo encararon responsabilizados, ordenados, batalladores, algunos incluso incombustibles en los duelos ante un Girona espeso, lento, con tantos recursos como dudas y sin la pátina que le hizo brillar hace pocos meses.
Su derrota tuvo tanto de merecimiento como de desgracia. En dos minutos, entre el 56 y el 58, Pepelu recuperó dos balones que abrió sus extremos. Fue primero Rioja quien, cansado de intentar centros en balde, probó un disparo que desvió Juanpe para desgracia de Gazzaniga. En la banda contraria se reprodujo el ataque y, esta vez, el capitán gironí lo que no pudo es desviar lo suficiente el tiro de Dani Gómez. En dos zarpazos el Valencia había despertado.
Antídoto contra el veneno
No fue un duelo de ida y vuelta desde el arranque y apenas se pisaron las áreas. Ambos equipos parecían incapaces de recordar lo que fueron hace pocos meses. El Girona se olvidó del fútbol con el tuteó a las elites del campeonato y el Valencia de la capacidad de asestar golpes definitivos a sus rivales con una velocidad endiablada. Se alternaron el control pero, como si hubieran pactado una tregua, no lograban amenazarse.
El plan valencianista era sostenerse en busca de un triunfo que ejerciera de antídoto al veneno que le condena en la clasificación. Ganar pasaba por no equivocarse ante un rival que no suele perdonar. Eso lo logró, con Tárrega y Mosquera desesperando dejando sin balón a Abel Ruiz y haciendo desaparecer a Miovski, con Barrenechea siempre vigilante en las ayudas y Thierry frenando en seco el poder destructor de Danjuma. Hasta Javi Guerra parecía tener un partido a su medida que no se lanzó a aprovechar hasta el paso por el vestuario.
Donde el Valencia encalló fue arriba. Sin Hugo Duro, es un equipo romo. Nadie apareció para cazar un centro de Guerra que se paseó por el área en la primera parte, como tampoco el de Diego López que acabó en las manos de Gazzaniga, a quien Dani Gómez estuvo a punto de sacarle los colores. Fueron sustos, pero más que los del Girona, que ni siquiera probó a Mamamardashvili.
Seis meses después
El paso al frente lo dieron en la segunda parte, lanzando más a sus extremos y encontrando en ellos la vía del gol. Cuando llegaron y la ventaja fue cómoda en un pispás, el equipo fluyó.
El pueblo de Mestalla, que no celebraba desde marzo, empujó. No llegaron más goles, ni siquiera ocasiones claras, pero no hubo sufrimiento pese a la revolución de un contrariado Míchel. Eso sí, Mamardashvili salvó con su vistosidad habitual un testarazo de Misehouy para confirmar que la victoria tenía dueño.
El ex campeón de los pesos pesados Anthony Joshua logró un nocaut en el sexto asalto ante el youtuber convertido en boxeador Jake Paul en su lucrativo combate respaldado por Netflix este viernes en Miami. Esta pelea enfrentó a dos boxeadores de niveles y complexiones muy desiguales por una bolsa estimada en 184 millones de dólares.
Aunque Paul, 'ex enfant terrible' de internet devenido en promotor y boxeador profesional, resistió más de lo previsto. Su estrategia de evitar contactos e intercambios de golpes desesperó a más de uno en el Kaseya Center.
Un año después de su pobre victoria ante Mike Tyson, leyenda del noble arte entonces de 58 años, el estadounidense (1,85 m de estatura, 98 kg) se midió a un rival mucho más joven y peligroso (1,98 m, 110 kg).
El británico de 36 años, campeón olímpico en 2012, sin embargo tuvo que esforzarse para vencer a un adversario que intentó provocarlo con muecas, hasta que finalmente impuso su tamaño superior y potencia en los últimos compases del duelo pactado a ocho asaltos.
"No fue mi mejor desempeño, en mi mente estaba derrumbar a Jake Paul, castigarlo, quería haberlo hecho antes, pero quiero darle el reconocimiento por haberse enfrentado a mí y porque lo hizo como un hombre. A todo hombre que se ponga los guantes hay que darle su respeto", afirmó el vencedor.
"Mandíbula fracturada"
Los primeros rounds de la pugna ofrecieron un pobre espectáculo, entre un Paul huidizo y con equilibrio precario, y un Joshua, que peleaba por primera vez en quince meses, expectante pese a una superioridad manifiesta.
El ex rey de los pesos pesados pareció en todo momento el más peligroso, al conectar 48 de 146 golpes lanzados, frente al exiguo total de Paul de 16 aciertos.
GIORGIO VIERAAFP
Después de ser contado por primera vez en el quinto asalto, el estadounidense acabó por sucumbir en el sexto y se levantó por segunda vez antes de ser definitivamente noqueado por un derechazo directo.
El momento definitivo del enfrentamiento estuvo precedido, dos rounds antes, de un llamado al orden del juez Christopher Young para que ambos púgiles pusieran a trabajar sus guantes: "Los fanáticos no pagaron para ver esta porquería", les dijo.
El golpe decisivo de Joshua hizo sangrar la boca de su contendiente, quien al final del combate aseguró que su mandíbula estaba fracturada.
"Me cansé mucho, no podía aguantar su peso", dijo Paul antes de escupir sangre ante las cámaras. "Pero está bien porque me partió la mandíbula uno de los mejores del mundo".
Paul, quien ingresó al cuadrilátero con un uniforme en homenaje al fallecido luchador de lucha libre Hulk Hogan, debía enfrentarse inicialmente a Gervonta Davis, otro gran nombre aunque de una categoría de peso muy inferior.
Pero cambió sus planes el mes pasado tras las nuevas acusaciones de violencia doméstica presentadas contra el púgil estadounidense, de 31 años.
Tras la derrota, la segunda de su carrera, que incluye doce victorias, aseguró que se tomará "un descanso", aunque volverá a luchar.