Según su propio enunciado, los años preOLÍMPICOS forman parte, a modo de antesala, de los Juegos. A partir de este 26 de julio de 2023, a un año de encenderse el pebetero en la capital de Francia (y del mundo), el tiempo corre con mayor rapidez. Cuan
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Quizás fue la presión de saberse el mejor y tener que demostrarlo en el instante cumbre. Quizás fue la responsabilidad de estar seguro de que millones de ojos estaban puestos en él en la convicción de que les proporcionaría un espectáculo inolvidable. Quizás... Pero IIia Malinin no ganó. Ni el oro, ni la plata, ni el bronce. Acabó en octava posición con una puntuación total de 264.49. Una conmoción en los Juegos. Una afrenta a los dioses del patinaje artístico. Ilia patinó peor que nunca cuando tenía que haberlo hecho mejor que siempre. O, al menos, como siempre. Le hubiera bastado.
El kazajo Mikhail Shaidorov no se lo creía. Era oro con 291.58 puntos. El japonés Yuma Kagiyama (280.06) tampoco. Era el máximo rival de Malinin. Y le había vencido. Era plata, sí, por delante de su compatriota Shun Sato, pero detrás de Shaidorov. Otra plata le hubiera satisfecho, pero no esa. Malinin se cayó dos veces, en un cuádruple lutz y en un cuádruple axel. Él, precisamente él, apodado El Dios de los Cuádruples. Nervioso, descentrado, aplastado por eso, por la presión, por la responsabilidad, es desde ahora mismo la gran decepción de los Juegos. Pero esto es deporte, y los deportistas, aunque se les otorguen alias divinos, son humanos. Muy humanos. Rabiosamente humanos.
Si el recinto hubiera sido el cuádruple (otro cuádruple) de grande, se habría llenado. Ilia Malinin concitaba desde el principio de estos Juegos la máxima expectación. Sólo las grandes estrellas del esquí (Lyndsey Vonn, Mikaela Shiffrin, Marco Odermatt) se le equiparaban. O, mejor, sólo él podía equipararse a las máximas estrellas del esquí. No Justificó la expectación con la actuación que se le presuponía en cuatro minutos de intensidad extrema y liviandad suprema. De dominio. De belleza. De alguien técnicamente impecable y artísticamente inspirado. Nada de eso ocurrió. Malinin, debutante en unos Juegos, sabe ahora lo que éstos implican de riesgo después de conocer lo que suponen de ilusión.
Ovación desordenada
Los patinadores salen por grupos. Cuatro grupos de seis participantes que aparecen en escena en sentido inverso a la clasificación en el programa corto. El grupo cuarto, "el de la muerte", que se asoma al fracaso. El de "la vida", que se inclina hacia el triunfo. Así que cuando Malinin, el último de los últimos, o sea, el primero de los primeros, saltó al hielo, ya en el calentamiento con sus compañeros de tanda, el público soltó su propia tensión con una especie de ovación desordenada, entre estruendosa y en sordina. Fue como si anticipara la definitiva y, a la vez, la reservara para el momento decisivo. La ovación final a un Ilia decepcionado hasta la mueca y abatido hasta las lágrimas, fue de comprensión, de conmiseración, de simpatía, de apoyo, de cualquier cosa que pueda ayudarle a superar este bache, este drama en el que se ha convertido su actuación en Cortina.
Malinin no hereda el trono de su compatriota Nathan Chen, el campeón en Pekín2022. También por equipos. Ver a un Chen ganar en China parece coherente. Y, aunque Nathan es un estadounidense de Salt Lake City, con un nombre perfectamente estadounidense en Utah o en cualquier otro estado, el apellido lo delata. En efecto, Chen es hijo de inmigrantes chinos. IIia, con otro apellido delator, lo es de uzbekos. He aquí que el moderno y triunfal patinaje artístico americano es de sangre asiática.
Malinin, abatido, a la espera de la decisión de los jueces.AFP
Chen tiene 26 años y no está oficialmente retirado, pero ha priorizado sus estudios de Medicina y anunció hace tiempo que no estaría en Cortina. Era, por muchas razones, el antecesor de Malinin. Le ha precedido en el récord mundial de puntos y en su reinado en los cuádruples. Estuvo imbatido desde 2018 a 2021. Malinin lo está desde 2023. Ahora ya no. Chen fue en 2017 el primer patinador en realizar cinco cuádruples diferentes (lutz, flip, loop, salchow y teeloop). Y, en 2022, el primero en realizar seis en el mismo programa. Se le apodó Quad King. El rey de los cuádruples. Pero Malinin ha realizado siete. Por eso se aupó en la jerarquía y se le conoce por Quad God. El dios de los cuádruples. Los reyes reinan en la tierra. Los dioses, en el cielo.
Malinin ha bajado a la tierra, al hielo, que iba a ser como una alfombra ardiente de triunfo y está más frío que nunca.
La primera etapa de las grandes rondas es a menudo como un ensayo con todo, como una especie de aperitivo para abrir boca antes de entrarle a fondo al menú. La de este Giro, entre Durrës y Tirana, en la insólitamente ciclista Albania, tuvo su interés y su sabor a causa de un recorrido quebrado, engañoso, con un puerto de segunda y otro de tercera que se subió dos veces.
La victoria de Mads Pedersen fue el fruto de una labor denodada, continua, indesmayable, premeditada del Lidl-Trek a partir del primer paso por el puerto de Surrel, de tercera, sí, pero de 7 km. al 4,6 % de media y con un tramo al 13%, a 40 km. de la meta.
Ya ese primer paso dejó fuera de combate a los sprinters (Kooij, Bennett, Magnier, Fretin). De eso trataba el esfuerzo del Lidl-Trek. En el segundo paso se quedó Groves. Y con él algunos hombres relevantes (Poels, Aresmann...) Al Lidl se le unió en la producción de la escabechina el Red Bull Bora de Roglic. No pocos hombres sufrieron las consecuencias de ese tipo de etapas de cierta, aunque no excesiva, dureza que les pilla con las piernas todavía no acostumbradas a los grandes esfuerzos. Padecen lo que en boxeo se llama un golpe en frío.
Fe y fatalismo
Cuando faltaban cinco para la llegada, en el frenesí de las colocaciones la cabeza y de una de esas curvas traicioneras que la velocidad convierte en asesinas, una caída de varios hombres dejó fuera de la carrera a Mikel Landa, evacuado en ambulancia con un collarín y con aspecto de haber sufrido no pocos estragos de consecuencias aún por determinar no solamente en este Giro. A las primeras de cambio, Mikel empezó y terminó a la vez.
Por fas o por nefas, tan reiterativas que hacen del azar una costumbre, el alavés no levanta cabeza, y hace tiempo que el landismo ha incorporado a la fe el fatalismo. Una combinación de desdichas que no deja de contribuir al culto al ídolo.
El pelotón del Giro, durante una de las ascensiones de la primera etapa.AFP
Así las cosas, el triunfo de Pedersen, primer líder de la carrera, fue el de la lógica, con Van Aert otra vez segundo en esa incompleta mezcla de éxito y fracaso, ambos a medias, que le caracterizan últimamente. Ninguno de los grandes favoritos, excepto Landa, que no reunía tamaña vitola en comparación con Roglic y Ayuso, e incluso con Bernal o Carapaz, experimentó merma en sus posibilidades. Ayuso, y nosotros con él, tuvo un susto a 91 km. de la llegada y cambió de bicicleta.
El Giro seguirá discurriendo por Albania en las dos siguientes etapas. La segunda, una contrarreloj apetitosa de casi 14 kms. Y la tercera, el domingo, con otra emboscada de media montaña que amenaza con seguir haciendo pupa a las piernas aún en proceso de mejora. El Giro se ha estrenado con emociones fuertes. Que no decaiga.
Los 800 metros eran la prueba globalmente de más nivel y mayor trascendencia, de cara a París, del Campeonato de España de Atletismo, celebrado las pistas alicantinas de La Nucía. Seis hombres corrían en persecución de los Juegos. La carrera se resolvió con el apabullante triunfo de Mohamed Attaoui. El medallista de plata europeo la dominó táctica y físicamente, controlándola desde las posiciones medias y accediendo a la cabeza antes de la última recta, que devoró.
Terminó, relajándose, celebrándolo, en 1:45.03. Tras él peleaban Adrián Ben y Mariano García, que había tomado desde el principio la iniciativa, en busca de la marca mínima de la Federación (1:45.20), que le otorgaría, junto al título, a ser posible, el pasaporte directo a París.
Sin embargo, viniendo desde atrás, inopinadamente, Elvin Josué Canales (1:45.53) le arrebató en el último suspiro la plata a Ben (1:45.55) y el bronce a García (1:45.92). Más atrás, Álvaro de Arriba (1:46.07) y Saúl Ordóñez (1:46.53) no participaron nunca de la fiesta. La Federación deberá ahora resolver qué tres nombres viajarán a los Juegos. Seguros Attaoui y Ben, la duda estriba entre Canales, de origen hondureño que el pasado jueves recibió en transfer de World Athletics para representar a España, y García.
Con la misma claridad que Attaoui se impuso, en los 1.500, Adel Mechaal (3:35.49) en una carrera lanzada desde el principio por un Javier Mirón que obtuvo el premio de la plata (3:36.15). Mario García Romo sigue sin encontrar la forma y las marcas. Su bronce (3:36.31) sabe a poco.
Había mucha expectación por ver, en el triple salto, a Jordan Díaz. Pero, como en el caso de Ana Peleteiro en la prueba femenina, su superioridad es tan incontestable que se limitó a ganar con 17,71. Realizó sólo dos saltos más. Uno de 17,32. El otro, de 17,50. Buenos números, para él rutinarios. Está en magnífica condición a la espera de los grandes momentos.
Los que le aguardan a Quique Llopis, imponente, rápido, técnicamente seguro en los 110 vallas. Bajó de 13.10. Sus 13.09 igualaron el récord de los Campeonatos de Orlando Ortega. Asier Martínez, aún en insuficiente forma, lo vio muy de lejos (13.42).
El sábado, el salto de longitud nos había deparado la agradable sorpresa de ver a Jaime Guerra plantándose en 8,17, por delante de Eusebio Cáceres (8,01). Óscar Husillos bajó en los 400 de los 46 segundos (45.66). Y Jorge Ureña sobrepasó los 8.000 puntos en decatlón (8.102).