Ricky Rubio en un partido con los Cavaliers.Mary AltafferAP
Vi el nacimiento de Ricky Rubio con La Penya y, como decía Aíto, era un jugador que tocaba distinto el instrumento, tenía una forma especial de jugar. El estilo Ricky. Era muy descarado. Muy hábil. Le cuadraba la comparativa con Pistol Pete Maravich.
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John y Mabel, como tantos, salieron de Nigeria en busca de una oportunidad. El destino les llevó a Tudela, donde nacieron Great y sus hermanas. Y después a Inglaterra, donde él sigue trabajando como taxista. Aquel niño que quería ser delantero pero era tan alto que le ponían de defensa, es hoy una de las grandes estrellas de la NCAA, líder de los Washington Huskies -en esa Universidad estudia Criminología-, con un salario NIL (Name, Image and Likeness) de dos millones de dólares y la determinación de jugar la próxima temporada en la NBA. También pronto con la selección española, así lo desvela a EL MUNDO desde Seattle.
Es su primera entrevista con un medio nacional y se disculpa antes de empezar: "Hace mucho tiempo que no hablo castellano". Hace unos días anotó cinco triples sin fallo ante Purdue. Y el fin de semana se enfrentó ante la UCLA de Aday Mara. Sus estadísticas impresionan: promedia 15,5 puntos, 8,6 rebotes y 3,3 asistencias. Un coloso (2,03 centímetros, 115 kilos) de 22 años fan de Osasuna.
Para quien no le haya visto jugar nunca, ¿cómo es Great Osobor?
Soy un jugador muy versátil, hago muchas cosas diferentes en la cancha de baloncesto. Mi juego de pies es muy bueno. Puedo rebotear, anotar, paso el balón muy bien, defiendo... No creo que sea un jugador especialista, que sólo hace una cosa. Eso no me gusta.
En EEUU le comparan por Charles Barkley y una de las cosas que destacan es su capacidad de pase.
Sí, a mí me gusta pasar el balón. Claro que lo importante es anotar canastas. Pero cuando estás marcando mucho, los equipos te envían a dos o tres defensores y tienes que tener la habilidad de hacer el pase correcto, por el bien del equipo. Me gusta mucho hacer eso. Charles Barkley fue un jugador excepcional, así que no me puede enfadar que me comparen con él. Pero yo quiero ser Great Osobor.
¿De dónde viene esa capacidad de pase?
Yo jugué en España cuando era pequeño, allí me formé. Aprendí en el CB Génesis, en Tudela, Navarra. Eso me ha ayudado mucho. Mi habilidad es diferente a la de los jugadores de Inglaterra o de EEUU. Y también de la de los españoles, porque tengo una combinación de todos esos sitios en los que he estado aprendiendo. Tengo un mix de todo, mi baloncesto es diferente.
¿Cómo es la historia de su familia?
Mis padres son de Nigeria y ellos querían darnos a mí y a mis hermanas más oportunidades. Llegaron jóvenes, todos nacimos en España. Yo en Tudela y estuve allí hasta que tuve 12 años. A mí me gustaba. Pero entendí que mi padre necesitaba una oportunidad más y no tuve ningún problema en ir a Inglaterra. Al principio estuvimos en Londres, dos meses. Y luego nos fuimos a un sitio que se llama Huddersfield. Allí estuve cuatro o cinco años (jugaba en los Bradford Dragons) y después me fui a un colegio que se llama Myerscough, dos años. Y después viajé a EEUU, a Montana State. Vinieron entrenadores de la Universidad a verme jugar. Han sido muchos cambios en mi vida en pocos años.
Osobor, contra Oregon.SOOBUM IMGetty Images via AFP
¿Echa de menos su infancia en Tudela?
Vamos de viaje cada dos años. Sigo teniendo amigos. Especialmente Alejandro Humanes, que es el hijo del entrenador del CB Génesis. Hablamos bastante. Esa es mi conexión con Tudela. Echo de menos la comida española, es excepcional. Me encanta la paella, una buena tortilla de patatas...
Danny Sprinkle, su actual entrenador en Washington, ha sido clave en su carrera en el baloncesto estadounidense.
A mi familia siempre le ha gustado mi entrenador, con el que estuve en mis primeros años en Montana. Él piensa que yo puedo llegar a ser un jugador muy bueno. Ha confiado en mí desde el principio. Así que cuando dio el salto a esta universidad más grande, ¿por qué no venir con él?
¿Cómo es competir en la División Big Ten?
La mayoría de los equipos de la Big Ten son de los mejores de Estados Unidos. Es decir, es jugar cada día contra los mejores. Pero tenemos que seguir jugando como sabemos. Es normal perder partidos en esta división, nos está pasando. Y nos fastidia. Pero el objetivo es clasificarnos para el March Madness.
Osobor, en acción, ante Purdue.STEPH CHAMBERSGetty Images via AFP
¿Ha asimilado bien el cambio a una Universidad como Washington?
Mis tres años antes en EEUU estuve en Bozeman (Montana) y luego en Utah. Montana es un poco como en la serie Yellowstone [ríe]. Son ciudades muy diferentes a Seattle. Esta es una ciudad grande, en la que puedes hacer muchas cosas. Es interesante estar aquí. Aquí hay mucho interés por el deporte, hay muchos aficionados y le dan mucha importancia. A nivel personal estoy bien. Al nivel en el que estoy ahora es el más alto en el que puedes jugar en EEUU a parte de la NBA. Es una oportunidad.
¿Le gustaría jugar con la selección española?
Sí, sería un sueño. Ya lo era cuando yo estaba en España y veía a Pau Gasol y los demás. Así que ahora que tengo una oportunidad de jugar, ojalá me seleccionen. Vamos a ver qué ocurre.
Great Osobor.Huskies
España está ahora en pleno relevo generacional. Podrías jugar por Nigeria e Inglaterra. ¿Ha hablado con Sergio Scariolo?
No he hablado con el entrenador Scariolo, pero sí con gente de la selección. Ojalá pueda estar este verano. Sería un sueño debutar en un Eurobasket.
Es su último año universitario. ¿Piensa mucho en su salto a la NBA?
Antes siempre estaba mirando cómo iban las cosas, las predicciones del draft y demás. Tengo muchos sueños. La NBA, la selección... Si sigo así, no están tan lejos. Pero ahora para mí lo más importante es cada día tengo que ser el mejor Great que pueda. Y después, ya veremos.
¿Qué le dicen sus padres ahora, viendo donde está llegando como jugador?
Para ellos lo más importante es que a mi me continúe gustando jugar al baloncesto y que no me olvide de donde he empezado. Los orígenes. No he ido nunca a Nigeria, pero voy a ir pronto a ver al resto de mi familia.
Un 14 de octubre de hace 25 años, un manchego de Ciudad Real debutaba en ACB. Han pasado otros 25 y Emilio Pérez Pizarro es, 814 partidos después, el rostro más reconocible del arbitraje español. Referente también en Europa, viral por los vídeos microfonados en los que se abre en canal con jugadores y entrenadores, el árbitro en activo con más encuentros (y noveno en la lista histórica que encabeza José Antonio Martín Bertrán con 1080), charla con EL MUNDO camino de Bolonia, donde el miércoles dirigió el Virtus-Mónaco de Euroliga.
¿Recuerda ese Breogán-Ourense del año 2000?
Como si fuera ayer. Un día que por las emociones, las vivencias, la ilusión y lo impensable que era estar allí, lo recuerdo al detalle. Las conversaciones con los compañeros, el viaje... Tengo lagunas del partido, eso sí. Estaba muy nervioso. Mucho.
¿Cuándo el niño Emilio dijo: 'Quiero ser árbitro'?
Nunca hubo ese día. Cogí un silbato con 14 años, por casualidad. Faltaba gente para arbitrar en un torneo de mi ciudad, Ciudad Real. Me gustó y a partir de ahí... escolares, federación, arbitrando por la provincia... Fui quemando etapas, sin pensar demasiado, disfrutando el camino.
11 años después estaba en ACB. ¿Cómo lo compaginó con la adolescencia, los estudios...?
De forma natural. Como otra gente que los fines de semana practica un deporte. Estudié historia, a distancia, poco a poco. Pero no creo que nunca me dedique a ello, porque no tengo vocación por la docencia.
¿Arbitrar es divertido?
Sin duda. Es una pasión. Y hay un componente alto de disfrute, porque si no...
¿Recuerda momentos de dificultad, de querer tirar la toalla?
Recuerdo tener que coger plena consciencia de lo que realmente se pasa en algunas canchas. En las categorías inferiores estás expuesto a una crítica bastante hiriente. Tuve que mentalizarme de que eso formaba parte también de lo que me apasionaba. A nadie le gusta, claro. Pero formaba parte del negocio.
Pérez Pizarro, durante un partido de esta temporada.ACB Photo
¿El episodio más duro?
Como árbitro por Castilla la Mancha tuve que abandonar pistas escoltado por la policía o por guardias civiles. Y en más de una, de dos y de tres ocasiones... No es sencillo. Pero nunca fue un lastre a mi ilusión. Sí me apena que yo y otros tuviéramos que vivir esos momentos. Porque se trata de un deporte. Y no tiene que haber nada más alejado de esas conductas. Qué pena. Que apoyar a un equipo tenga que estar relacionado con estas situaciones desagradables.
¿Quién es el ídolo de un árbitro?
Pues otro árbitro. Si me tango que quedar con una persona y que no se me enfade nadie... Paco Monjas. Él fue quien me ascendió a la ACB. Y sigo manteniendo una relación cordial. Luego, referentes en pista: Miguelo Betancor, Mateo Ramos...
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¿Qué se siente al ser juez de estrellas?
Eres consciente de que tienes que juzgar. Y el sentimiento de admiración tiene que estar ahí, pero nunca mezclado con el trabajo que tienes que hacer. Siendo todo lo profesional e imparcial que debemos. Y arbitrar a jugadores, no a nombres.
Se han hecho virales sus vídeos microfonados, en los que se le ve tratar con jugadores y entrenadores, llamarlos por sus nombres...
Me choca que la gente piense que se estoy haciendo un papel. Me siento igual de cómodo que si no llevara micro. Porque hago exactamente lo mismo. Realmente soy así. En pista. Nos llamamos por nuestro nombre. Luego, me veo una vez y ninguna más. Intento aprender de qué manera puedo comunicar mejor, pero no lo analizo con detenimiento. Sí creo que es un acierto por parte de la ACB, porque dota de mayor transparencia a nuestro trabajo. Acerca al público la manera en que tenemos de interactuar con jugadores y entrenadores, cómo nos comunicamos entre nosotros, el porqué de algunas decisiones...
A veces parecen psicólogos con los jugadores...
Se trata de bajar el pico de tensión. No puedes estar gastando bromas permanentemente, pero un comentario más distendido puede ayudar a destensar la situación. Aunque hay que saber con quién, de qué manera y en qué momento del partido. Pero en más de una protesta nos hemos acabado riendo los dos.
Es muy recordada la final de 2022, cuando Yabusele se le abalanzó. ¿Se sintió intimidado?
Nunca me ha pasado nada igual. ¿Intimidado? Si te digo que no, te estoy engañando. Me sorprendió, no me lo esperaba. No lo recuerdo con mucho cariño. Después tuve la ocasión de encontrarme con él en otros partidos y todo estaba correcto. Hay situaciones que te marcan más que otras y todo forma parte del aprendizaje.
Emilio Pérez Pizarro.ACB Photo
¿Un árbitro es capaz de disfrutar del juego?
Sí, se puede disfrutar. Estamos concentrados en nuestro trabajo. Pero hay momentos que eres como un espectador de lujo.
¿Cuál es el partido más bonito de sus más de 30 años de carrera?
A parte del debut en ACB, he tenido momentos bonitos, pero sobre todo en partidos por el descenso. Que alguien que acaba de perder la categoría, alguien que está jodido, te venga y te felicite por el trabajo realizado... Que te dé un abrazo en ese momento duro. Eso no se olvida, te marca, te emociona. Me quedo con ellos, más que las finales, claro.
¿Se imagina conviviendo con la polémica permanente del fútbol?
Por suerte, en baloncesto, aun teniendo nuestras polémicas, no tenemos ese volumen tan importante. Creo que es un tema mediático. Lo que arrastra el fútbol: el eco es mayor, todo se magnifica. Sigo las polémicas de mis compañeros de fútbol, hablo mucho con mi primo hermano, Pizarro Gómez (fue arbitro de Primera y ahora VAR) y nosotros estamos más alejados.
¿Hay más respeto en una cancha de baloncesto que en el parlamento?
Creo que en el deporte, en el baloncesto, la polarización está más amortiguada que en la sociedad. Más allá de la protesta o del fanatismo lógico por un club, no hay esos puntos de conflicto permanente. Es que parece que vivimos en el conflicto, que entenderse es algo complicado. Cuánto difícil hacemos por entendernos.
¿Cómo es Emilio Pérez Pizarro sin silbato?
Pues como apenas tengo tiempo de ocio, mi poco tiempo libre es para Álvaro, Laura y mi mujer Encarni, que sin ella no estaría aquí. El chiquitajo, que tiene seis años, siempre me dice que no me vaya. La mayor me escondía la maleta.