El conductor que la arrollo trató de reanimarla sin éxito, tras lo que fue trasladada al hospital donde sólo pudieron certificar su muerte
Imagen de Danielle Belard publicada en el mensaje de despedida de la Universidad de Luisiana.LSU
Danielle Ballard, una ex jugadora de baloncesto de de LSU (Louisiana State University) ha fallecido después de un trágico accidente ocurrido en las calles de Memphis, Tennessee. La mujer de 29 años ha sido atropellada cuando cruzaba por un paso de peatones y los médicos no han podido salvar su vida.
El conductor del vehículo que la arrollo, desplazándola varios metros, trató de reanimarla sin éxito, tras lo que fue trasladada por los sanitarios al Hospital Regional One Health, donde no pudieron más que certificar su muerte. La Policía está investigando las causas del atropello.
La ex jugadora de la Universidad de Luisiana fue un estrella del baloncesto colegial con Central High School y era muy querida por el mundo de baloncesto en Memphis. Las redes sociales se han llenado de mensajes de recuerdo y de apoyo a su familia.
“Estamos profundamente entristecidos por el fallecimiento de Danielle Ballard. Ella significó mucho para nuestro programa y fue una parte tan importante de nuestra familia de baloncesto femenino. Es difícil entender por qué le sucedió esto a alguien que estaba tan llena de vida y prometía tanto. Nuestros pensamientos y oraciones están con su familia”, ha compartido la LSU.
Que Bolonia sea el principio de un buen final. Eso pedía Chus Mateo, el sentir general de un Real Madrid permanentemente enredado esta temporada, en una búsqueda de sí mismo que parece como escapar de un laberinto imposible. La primera de las seis finales fue un ejercicio de seriedad y defensa y, por brevísimos momentos, buen baloncesto ante la Virtus. Un trampolín desde el que impulsarse, del que huir de la "frustración" y la "ansiedad" reconocidas. [67-80: Narración y estadísticas]
Hacía dos meses que los blancos no ganaban a domicilio en la Euroliga (cuatro derrotas), hacía más que no se sentían tan dominadores. No se reencontraron con el triple (otra vez porcentajes impropios, cinco de 20), pero tampoco lo necesitaron. Fueron de más a menos y su relajación en la segunda mitad no hizo peligrar en ningún momento un triunfo coral, burocrático y sin héroes.
Apoyado en un amanecer contundente, como un puñetazo en el sofá. Con Dzanan Musa eléctrico e incontenible y secundarios como Usman Garuba, Andrés Feliz y Serge Ibaka aportando lo que se espera de ellos. Poco pero intenso. Bien es cierto que enfrente estaba una Virtus golpeada por las bajas (Clyburn, Pajola, Belinelli) y las derrotas (seis de carrerilla), penúltimo y desahucidado en Europa.
Se rindieron pronto los de Dusko Ivanovic, como si no les alcanzara la motivación para aguantar el ritmo rival. Ayudó al Madrid que Musa acertara con el primer triple. Resultaron determinantes la calma y la circulación con la que se desempeñó en ataque, con Campazzo a los mandos y sin alardes. Garuba dominando la pintura y, desde el banquillo, el empuje de Feliz para aumentar más y más una ventaja que llegó a los 19 puntos en el segundo cuarto (29-48).
Garuba
No había ambiente ni espíritu de remontada en el Virtus Segafredo Arena. Garuba, buscando su mejor momento desde su vuelta de la NBA, aumentó la distancia (35-57, esa fue la máxima) y aunque los italianos, con Tucker, Morgan y un par de triples intentaron animarse, no encontraron resquicio. Apenas un toque de atención para no bajar la intensidad. Y eso que Bruno Fernando deambuló errático, la peor noticia sin duda para Chus Mateo.
La pena fue que la segunda mitad fue bastante pobre y eso no ayudó en la necesidad de confianza que necesita el Madrid. Mezcla de falta de competitividad y de desacierto. Del amor propio de Shengelia y la falta de alegría blanca. Era como si todos estuvieran deseando acabar.
Era, eso sí, una noche para no fallar. Ni siquiera para dudar. Una derrota en Bolonia no sólo hubiera alimentado todas las dudas, hubiera dejado en una misión casi imposible el camino del Madrid. Ahora sigue estando complicadísimo, hasta para el objetivo de mínimos de estar en el play in. Las siguientes dos estaciones son en el Palacio, ante uno de los casi eliminados, el Asvel, la semana que viene y frente al Milan (que este jueves ganó en Belgrado al Estrella Roja), rival directísimo, la siguiente.
Un duro golpe para la Virtus Bologna y el baloncesto italiano. A pocas horas del tercer partido de la final por la liga, que el equipo lidera 2-0 frente a Brescia, se ha conocido que Achille Polonara ha sido diagnosticado con leucemia mieloide. El alero, que entre 2019 y 2021 militó en el Baskonia, es también internacional com Italia.
El jugador de 33 años, que no juega desde el tercer encuentro de semifinales ante el Emporio Armani Milan, fue sometido a una serie de exámenes médicos que revelaron la enfermedad. Actualmente se encuentra hospitalizado en el Hospital Sant'Orsola Malpighi, donde ya ha iniciado el tratamiento específico.
No es la primera vez que Polonara enfrenta una situación médica delicada. En octubre de 2023, durante un control antidopaje de rutina, se le detectó una neoplasia testicular que lo obligó a pasar por el quirófano y someterse a ciclos de quimioterapia. Tras casi dos meses de recuperación, regresó a las canchas a comienzos de diciembre, en un partido ante Tortona.
Polonara lanza a canasta durante un partido entre el Baskonia y el Zalgiris en 2020.SHUTTERSTOCK
Casado con Erika y padre de dos hijos —Vitoria y Achille Jr.—, Polonara ha demostrado una enorme fortaleza tanto dentro como fuera del parquet.
Hace apenas cuatro días, el jugador ha querido tranquilizar a sus seguidores con un mensaje alentador: "Estoy mucho mejor". El club, por su parte, le ha mostrado todo su apoyo. "Toda la familia de Virtus Bologna está cerca de Achille y sus seres queridos, y le desea una pronta recuperación", se lee en el comunicado oficial.
Virtus disputará este martes en Brescia el tercer partido de la final, con la intención de dedicarle un eventual título a Polonara. Una liga que aún no ha conseguido levantar, pese a haber disputado finales con Reggio Emilia, Sassari y la propia Virtus Bologna.
"Hace tres años ibas al Carpena y la gente se marchaba al descanso porque el equipo no luchaba", recuerda Fran Vázquez. Lo del Unicaja no es sólo el histórico liderato de la Liga Endesa a estas alturas de temporada. Ni la consecución de la Copa del Rey de 2023, un título 17 años después. Ni la clasificación por segundo curso consecutivo para la Final Four de la Champions League, sellada este martes en Patras ante el Promitheas. Lo del Unicaja es un Plan, con mayúscula. "Ibon tiene un plan", cantan las tribunas su mantra, un guiño al entrenador que lo ha cambiado todo, con la sensación de que no sólo lo deportivo es lo que vuelve a funcionar.
Hace no tanto, el Carpena lucía a medio gas, ni 5.000 espectadores de media. Hoy se agotan los abonos y no hay pabellón en la ACB con más espectadores, encadenando 'no hay billetes'. "Con 10.000 gargantas apoyando es más difícil perder", razona el pívot gallego, que llegó con 18 años a Málaga y vivió tres etapas en el club para convertirse en un histórico. "Para que la pelotita entre hay que favorecerlo. Con el cambio de presidencia hay un antes y un después. Ni nos metíamos en Copa y se estaba un poco lejos de lo que siempre fue Unicaja, de nuestra época", analiza otra leyenda. Carlos Cabezas pone en valor los cambios introducidos en 2021, cuando el ex árbitro Antonio Jesús López Nieto se hizo con las riendas del club reemplazando a Eduardo García. "Lo primero que hizo fue escuchar a la afición, solucionar problemas y ser más cercano. Ha sido un acierto", coincide Vázquez.
El pasado domingo, el Unicaja caía de 20 en el Nou Congost. "Y lo remontan sin Osetkowski [el líder en anotación del equipo]", realza Cabezas sobre un resultado que, horas después con la derrota del Madrid en el Palau, iba a otorgar el liderato a los malagueños. A falta de seis jornadas, con el mejor porcentaje de triunfos de su historia (23-5), empatado con los blancos pero con mejor balance de puntos, depende de sí mismo para igualar lo logrado en 2006 con Sergio Scariolo, el curso en el que después iba a levantar la única ACB de su historia. Hace nueve años, con Joan Plaza, también fue líder en la jornada 28, aunque después perdió cinco partidos y acabó tercero.
"Hay paralelismos, cosas que recuerdan a la mejor época. Son dos equipos ganadores", destaca Cabezas, base de aquel Unicaja que a principios de siglo cosechaba éxitos (la Korac de 2001, la Copa de 2003, la Liga de 2006 y la histórica presencia en la Final Four de la Euroliga de 2007). "Ibon ha logrado algo similar a aquellos tiempos de Scariolo o Aíto: tener un grupo compacto, con buen ambiente en el vestuario y en el que los roles están muy claros. Aquí nadie juega más de 23 ó 24 minutos. Un día le toca a Kendrick Perry, otro a Tyson Carter, el siguiente es Alberto (Díaz), otro Dylan....", pone en valor el sentimiento colectivo el que fuera campeón del mundo con España en 2006.
Navarro, en un partido reciente.ACB Photo
Y menciona a Ibon Navarro, la clave de bóveda de todo lo que está sucediendo, de los números y también del estilo, reconocible en su intensidad, en su valentía. "Un entrenador que tira y afloja, que sabe cuando apretar y cuando dejarles más libres. Al que los jugadores escuchan, porque sabe manejar las sensaciones", dice Vázquez. "Es un entregado al trabajo. Venía con un proyecto y unas ganas locas de trabajar en un club como es el Unicaja. Por lo que le conozco y lo que le veo trabajar, es un apasionado", apostilla Cabezas, que destaca la "apuesta por la continuidad" del director deportivo Juanma Rodríguez y del presidente. Con respecto a la plantilla que el año pasado logró la Copa en Badalona, apenas un cambio. La venta de Darío Brizuela al Barça (que dejó en caja más de un millón de euros) y la llegada de Kameron Taylor.
Uno de esos síntomas de comunión entre una ciudad "entusiasmada" y un equipo lanzado fue la "fiesta de Dylan". Cuando ganaron la Copa, el pívot estadounidense prometió invitar a los aficionados, que se lo recordaron cada partido desde entonces con otro cántico ya imprescindible: "¡Paga la fiesta, Dylan!". En septiembre, en la explanada del Carpena, con la plantilla presente, hubo comida y bebida para todos.
Ese "volver a las raíces" y a los éxitos de Unicaja, a la esencia de intentar interrumpir la tiranía de Madrid y Barça (han ganado 17 de los últimos 21 títulos nacionales), tuvo en el origen otra decisión no tan popular pero a la postre efectiva. Cuando López Nieto llegó a la presidencia, el Unicaja renunció a la Euroliga (entonces disputaba la segunda competición, la Eurocup) y se unió a la estructura FIBA para jugar la Champions League. "Se dijo que era un error muy grande. Pero eran momentos de cambios, de mirar presupuestos y más allá. Y se ha demostrado que probar fue un acierto. Porque no es la misma BCL en la que jugué yo hace años. Ahora hay equipos muy fuertes, ha crecido y cada año es más difícil. Muchas veces hay que dar dos pasos atrás para dar uno grande hacia delante. Y a nivel económico era la mejor opción", concluye Vázquez.