Alcaraz celebra un punto ante Tsitsipas.EMMANUEL DUNANDAFP
Si alguien puede buscar la vuelta al formidable tenis que viene realizando Carlos Alcaraz es Novak Djokovic, un jugador con avales altamente contrastados. El español está jugando a un nivel muy superior a los demás, pero si deja algún resquicio, Nole
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Novak Djokovic llega a la final de Wimbledon con sed de revancha sobre Carlos Alcaraz y con el reto de emular el récord de ocho de títulos de Roger Federer, a sabiendas de que puede ser su última oportunidad. El número dos mundial se deshizo del italiano Lorenzo Musetti con mayor facilidad de la esperada (6-4, 7-6 [2], 6-4), nada que ver con la maratón de cuatro horas y media que los dos disputaron en su penúltimo encuentro en Roland Garros.
Con un aparatoso protector en la rodilla derecha, Djokovic confirmó su milagrosa recuperación en tres semanas tras su operación de menisco y dio una lección más de "eficiencia implacable" sobre la pista central del All England Club.
El juego vivaz y alegre del número 25 en el ránking de la ATP, con ese revés plano a una sola mano que levantó al público de sus asientos, no fue suficiente para contrarrestar el aplomo y la movilidad del serbio. Los gritos de ¡Forza Lorenzo!, se estrellaron con el goteo inapelable de golpes desde el fondo de la pista y las voleas a media pista con las que Djokovic decidió rubricar su victoria.
Destellos de un 'mago'
Djokovic llega a la cita frente a Alcaraz con las baterías cargadas, beneficiado por un cuadro bastante más benigno que el de su rival y una jornada extra de descanso por la retirada de Alex de Miñaur, lesionado en la cadera. A la chita callando, abroncado por el público durante su partido frente a Holger Rune, el campeón de 24 majors ambiciona el desquite ante Alcaraz tras haber cedido un solo set a lo largo de un torneo donde no se contaba inicialmente con él.
Musetti, que venía de disputar la final de Queen's, se plantó en la Central con la vitola de mago tras su victoria en cuartos sobre Taylor Fritz en uno de los mejores partidos de esta edición. Tardó en enontrar su lugar en la pista, pero consiguió desplegar su mejor repertorio de golpes en la recta final del primer set y a la salida de la segunda manga, cuando logró romper el servicio con su mortífero revés paralelo.
Llegó a ir por delante en el segundo set hasta el 1-3, pero Djokovic consiguió darle la vuelta imprimiendo un giro más agresivo a su tenis y arriesgando incluso con el saque-volea. Llegaron así al 6-6, que el genio de Belgrado supo rematar gracias a su experiencia. Musetti ofrecería aún destellos en la tercera tanda, pero sus errores no forzados sirvieron para allanar el camino. Nole avanzó en la recta final como un apisonadora y tuvo incluso tiempo para hacer alardes con algunos de sus numeritos en la Central, que le despidió entre aplausos (y algún que otro abucheo).
En la red, Novak Djokovic, pletórico, se acerca a Carlos Alcaraz y le dice: «Estoy seguro de que algún día tú también ganarás un oro olímpico». Se abrazan. Y mientras el serbio se va a celebrar con su familia a las gradas de la Philippe Chatrier, Alcaraz se sienta en su banco y llora. En los Juegos Olímpicos de París acaba de perder la primera final 'grande' de su vida, pero lo que le apena no es la derrota en sí, son aquellos que le rodean. Como
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Si hubo mala racha, incluso crisis, ya no existe, ni mucho menos. Los titubeos del Open de Australia desaparecieron, también la flojera de la gira sudamericana de tierra batida. Carlos Alcaraz ya ha vuelto a la senda del éxito. Como hizo el año pasado, este domingo levantó el trofeo en el Masters 1000 de Indian Wells y se recolocó para celebrar este año otro -u otros- Grand Slam, quizá incluso regresar al número uno.
Después de batir de forma consecutiva a Alexander Zverev, Jannik Sinner y Daniil Medvedev, es decir, al tercer, cuarto y quinto del tres del ranking mundial, ha recuperado su condición de contendiente al cinturón que ostenta Novak Djokovic. Ya se verá en el inmediato Masters 1000 de Miami y más en la cercana gira europea de arcilla, pero Alcaraz, a sus 20 años, parece que pronto alcanzará su mejor versión, incluso una todavía desconocida.
Este domingo, en la final del torneo de California ante Medvedev que terminó con un 7-6(5) y un 6-1, ni tan siquiera necesitó sublimar su tenis para vencer; sólo ser él. Ausente en Melbourne, la presencia de su entrenador, Juan Carlos Ferrero, fue esencial para que Alcaraz pudiera encontrar la calma, la paciencia, la relajación. "¿Y qué hago? ¿Sólo paso bolas?", le llegó a decir el tenista a su técnico cuando éste le reclamaba peloteos. La respuesta, por raro que pareciera, era que sí: tenía que sólo pasar bolas.
Como hizo en las semifinales del pasado US Open, Medvedev planteó una nueva estrategia a Alcaraz, un plan de juego sorprendente. Al contrario que entonces, el ruso se colocó dentro de la pista, propuso un partido directo, a derechazos, de tú a tú, y el español entró al capote. Con los nervios a flor de piel y el viento como enemigo, Alcaraz empezó la final fallando prácticamente todos sus golpes. Un error no forzado, luego otro y luego otro. Fueron 17 en el primer set -26 en total-, pero la mayoría, 13 de ellos en los cinco primeros juegos. Hasta que se serenó.
Los consejos de Ferrero
Gracias a un cambio de lado, a empezar a jugar junto a Ferrero, Alcaraz entendió que no podía ganar en media hora, que tenía que alargar los intercambios y su tenis mejoró. Un punto extraño supuso la catarsis. En pleno salto para un remate se trastabilló, pero tuvo tiempo para rehacerse, correr atrás, salvar la bola y acabar más tarde con un passing ganador. Del 0-3 inicial se pasó al 3-3 y el duelo se igualó. Desde ese momento Medvedev empezó a acumular fallos, a sentir la presión y Alcaraz recuperó la puntería. Ambas evoluciones colisionaron en el tie-break y se acabó la final. En el segundo set ya no hubo competencia, no hubo nada.
Si acaso espectáculo del español: velocidad en sus piernas, ángulos en sus golpes, un deleite para los aficionados presentes. Si acaso espectáculo del ruso: quejas al árbitro, maldiciones contra sus raquetas y gestos al público estadounidense claramente alineado con su rival.
Alcaraz, ante Medvedev, en la red.AFP
El título supuso el primero de Alcaraz desde su gesta en Wimbledon, su obra maestra, y el quinto Masters 1000 de su vida. La cifra parece corta después de los tiempos de Djokovic, Rafa Nadal y Roger Federer, pero no lo es. Si se compara, sólo un tenista levantó tantos antes de cumplir los 21 años: Nadal. Si se compara, Alcaraz ya es el segundo español con más Masters 1000 de la historia por delante del mismo Ferrero (cuatro) o Carlos Moyà (tres).
En su discurso de celebración, Alcaraz desveló que antes de empezar el torneo apenas podía moverse por la lesión de tobillo que sufrió en el ATP 500 de Río de Janeiro y que incluso en las horas previas a su debut dudaba sobre el nivel que podría ofrecer. Fue en ese estreno, contra el italiano Matteo Arnaldi, cuando cedió un set, precisamente el primero. Después, en el resto de la competición, sólo otro rival, Sinner, le logró arrebatar un parcial. Alcaraz ya ha vuelto a la senda del éxito y en ella cualquier cosa es posible de nuevo.