Tras la triste noticia del fallecimiento de Torie Bowie, que ha conmocionado al mundo del atletismo, varios medios ingleses han publicado que la atleta estaba embarazada de siete meses en el momento en el que perdió la vida.
Además, añaden que la campeona del mundo en 2017 y la triple medallista olímpica en los Juegos de Río en 2016 estaría sufriendo una depresión que le habría hecho quitarse la vida.
El cantante Paul Askew, gran amigo de la atleta, ha confirmado esta información en el mensaje que ha publicado tras conocer el fallecimiento de su amiga: “La depresión es real, por favor cuiden de su gente. Nunca sabes contra qué pueden estar batallando sus mentes”, escribía el artista.
La deportista llevaba sin competir desde el pasado mes de junio de 2022 y no había participado en ninguna prueba a lo largo del 2023. Sus vecinos han apuntado al Daily Mail, que Bowie tenía serios problemas personales y apenas salía de casa.
“Una noche salí a la calle y me la encontré con un cuchillo en la mano gritando a un hombre”, ha explicado uno de sus vecinos en unas declaraciones recogidas por el citado medio. Además, también han asegurado que la velocista había estado a punto de sufrir un embargo debido a una deuda que alcanzaba los 22.000 dólares.
El aluvión de finales de toda jornada de clausura de un Campeonato de atletismo deparó, en el Nacional Short Track de Valencia, unas cuantas certezas sobreentendidas y otras tantas sorpresas sobrevenidas. Quique Llopis personalizó ambas. Rindió tributo a la certeza ganando los 60 metros vallas. Se plegó ante la sorpresa no batiendo el récord de España.
Quique, que nunca sonríe, atisbaba el récord (7.45) con esa mirada suya de lobo. Completó una carrera impecable. Reaccionó rápido, abordó ya en cabeza el primer obstáculo, no rozó ninguno y venció con holgura. Pero con 7.51 por delante de Asier Martínez, que, con 7.65, protagonizó su propia certeza de que se va asentando y la sorpresa de que no mejoró su marca de la temporada (7.59). Tiempo al tiempo. En Asier hay material de primera calidad en proceso de restauración.
Llopis y Mohamed Attaoui son actualmente nuestros mayores referentes internacionales. Attaoui agarró los 800 con los dientes, los zamarreó y no los soltó, descuajaringados, hasta que cruzó la línea de meta. Cuando corre contra la élite mundial es más cauto. Contra la española, se desmelena. Con esa su zancada corta y su frecuencia trepidante, tiró para adelante desde el primer metro a un ritmo imposible para los demás y terminó en 1:45.62, la gran marca del Campeonato junto a los 8,19 de Eusebio Cáceres en la longitud.
En la prueba femenina, de buen nivel general, Rocío Arroyo (2:01.30) no llegó a verse apurada por Marta Mitjans, que, un cohete de 19 años que cumplirá 20 en diciembre, rebasó por la cuerda a Lorea Ibarzabal y Daniela García. Con 2:01.86 batió el récord de España sub-23. Ya el pasado año nos sorprendió y, a la vez, nos ofreció la certeza de que ha nacido una gran mediofondista. La victoria de Mariano García en los 1.500 no fue una sorpresa. Pero tuvo una cierta oposición en Adrián Ben y Carlos Saez. Con certeza, La Moto se ha adaptado muy bien al kilómetro y medio.
Hay sorpresas que se cuelan en silencio y quiebran sin estrépito la lógica lindando con la certeza de la competición. Eso ocurrió en la final femenina de los 1.500. Cuando Marta García rompió la carrera para animarla por el procedimiento de dejarla resuelta, nadie dudó del resultado. Pendiente el personal de Marta, que iba destrozándolo todo, nadie, o casi, advirtió que Carla Masip no se despegaba de la lideresa. Cuando reparamos en que, a falta de una vuelta, seguía soldada a ella, aguardamos el tirón definitivo de la favorita. Pero lo que ocurrió es que Carla (4:17.12) superó a Marta (4:17.25), sin respuesta, en los metros finales y la dejó sin el histórico doblete que perseguía la leonesa, doctora en Medicina, tras su victoria en los 3.000. Sin la presencia de Esther Guerrero, Marta Pérez y Águeda Marqués, más especialistas que ella, que se encuentra más cómoda en distancias superiores, perdió Marta una ocasión que quizás no se repita.
Bonito Campeonato en conjunto, con gran afluencia de público y muchas pieles oscuras en la pista, reflejo de la actual realidad sociológica española.
El desafío de Sifan Hassan era descomunal. Si en Tokio corrió del 1.500 al 10.000, con dos oros y un bronce, el último en la distancia más corta, en París se había propuesto ampliar el reto a la maratón. Finalmente, lo redujo y eliminó el 1.500. No pudo ganar el 5.00 y 10.000, como hace tres años, pero subió al podio en ambas pruebas para colgarse el bronce. Tenía sentido, porque la neerlandesa había fijado su preparación en la distancia más larga. La última prueba del atletismo en París lo demostró, resuelta en un apretado sprint en el que Hassan aprovechó la velocidad que conserva de la pista para entrar en la recta de Invalides como se entra en la gloria. El legendario Emil Zatopek logró el oro en 5.000, 10.000 y maratón en los Juegos de Helsinki, en 1952. La neerlandesa lo emula en plata y bronce en París.
A los 31 años, esta mujer ha extendido su dominio del mediofondo al fondo, combinación que le sirvió para explotar el final que se adquiere en la pista, en la prueba más larga. Antes, sin embargo, demostró una resistencia y un sentido de la estrategia impecables, sin desgastarse en absoluto. Jamás perdió el control de la prueba y jamás la lideró. El momento estaba en el último kilómetro, en el que dejó atrás a la etíope Assefa, que intentó entorpecerla, como si estuviera en la recta del estadio, en el final de un 1.500.
La exigencia del recorrido no impidió a la atleta de Países Bajos correr la maratón más rápida de los Juegos, como ya había ocurrido en la categoría masculina, para acabar en 2.22.55 y superar el registro de Londres 2012 (2.23.08).
En la línea de salida, Hassan permanecía concentrada. Miraba al frente. A nadie más. En carrera hizo un ejercicio de administración de fuerzas impecable. La prueba se inició a un ritmo asequible, lo que permitió a la española Majida Maayouf permanecer en el grupo. En la meta fue la primera española, decimoséptima, seguida de Meritxel Soler (25) y Esther Navarrete (42).
Inclinada en la rampa
Maayouf y otras atletas pudieron resistir sólo hasta que las africanas quisieron. Al llegar a la rampa que seleccionaba el maratón olímpico, en el kilómetro 25, rompieron la prueba. Hassan no se inmutó por el ritmo de subida impuesto por etíopes y kenianas. Se inclinó hacia adelante y dejó que se distanciaran. Lo contrario podía arrebatarle toda la energía y la atleta de Países Bajos la necesitaba para correr el último cuarto de la maratón como si corriera un 10.000, otro más.
Las atletas africanas, las etíopes Assefa y Shankule y kenianas Obiri y Lokedi, sabían que Hassan podía ser imbatible en el final, por lo que atacaron con cambios de ritmo constantes, especialmente a partir del kilómetro 30. Cinco mujeres, dos de cada nacionalidad más Hassan, llegaron a un final que iba a exigir un sprint. Eso le beneficiaba. En realidad, la neerlandesa, nacida en Etiopía, es genéticamente una atleta de la altiplanicie africana, el paraíso del fondo, tanto por los biotipos como por la altitud.
El grupo de cinco mujeres pasó el kilómetro 40 sin que ninguna intentara despegarse. Obiri lo intentó primero, pero pagó el esfuerzo y se descolgó. Un poco antes lo hizo Lokedi. Hassan seguía a la expectativa. En su rostro, ni un ápice del sufrimiento que se podía apreciar en Obiri. El ataque final de la neerlandesa no pudo ser sostenido por Assefa, pese a sus maniobras. El oro más deseado esperaba a Hassan, que sólo entonces se permitió sonreír. La obra olímpica sobre el podio, del 1.500 al 5.000, con seis metales en dos ediciones, está completa pero no cerrada.
La plata de la España plural. Un chico de Sopelana, un pacense nacido en Alcorcón, una manchega de La Solana y una madrileña de Majadahonda. Markel Fernández, campeón nacional indoor, con sus heridas en el muslo y los mareos que ni celebrar le dejaban. David Fernández Zurita, que se reivindicaba: "No he sido tan cagón como en el 400 individual". Paula Sevilla, la experiencia de ir "paso a paso", recibiendo el testigo en la última posición, dejando atrás el caos de la aparatosa caída que arruinó a Estados Unidos y Países Bajos. Y Blanca Hervás, bellísimas zancadas, sonrisa magnética en la meta, generosa ella, pues en un rato disputaría una final mundial, nada menos, la primera de su vida. Y prefirió el frenesí al descanso.
La medalla mundial en el estreno del relevo mixto 4x400 bajo techo, Torun ya para siempre en la memoria colectiva del atletismo español. La plata de la España solidaria, de la España valiente, de la España sufridora. Y de la España metódica, porque detrás de la Historia está el trabajo en la sombra, ese Plan Nacional de Relevos, donde tres técnicos que merecen mención (Antonio Puig, Esther Lahoz y Berni Domínguez), elaboran como orfebres desde hace años el salto enorme del relevo español. Que ya se traduce en éxitos.
Con su melena canosa, Puig arengaba al colectivo en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena. "Todos positivos, en la cámara de llamadas es donde se ganan las medallas. Disfrutad ahí dentro", espoleaba en el corrillo, donde no sólo estaban los cuatro titulares (los cuatro que compitieron en las semifinales del individual, decisión pensada), también Gerson Pozo, Rocío Arroyo, Carmen Avilés, Daniela Fra y Ana Prieto, los que se quedaron fuera. Ellas, este domingo, buscarán repetir gesta en el 4x400 femenino, siguiendo la estela de las Golden Bubbles, que el pasado año se proclamaron campeonas en el World Athletics Relays de Guangzhou.
Zurita y Blanca Hervás se abrazan tras lograr la plata en el relevo mixto 4x400.Petr David JosekAP
"¡Cuántas hostias!", gritaba después desde la tribuna Fra, alucinando con la norteamericana que completó su posta sin zapatilla. Porque, si algo marcó la carrera, fue el enganchón tremendo que se produjo en el primer relevo, por los aires los atletas por la imprudencia, después sancionada, de Jamaica (fue descalificada y perdió el bronce en favor de Polonia). En ese primer 400 España iba última, perjudicada por partir desde la calle 1, con un Fernández (47,76) enredado en choques, ahí sus "heridas de guerra". "Ese cambio está estrenado", se congratulaban las compañeras cuando, limpísimos, los españoles salieron bien parados y Paula Sevilla, esquivando el incidente, la veterana del cuarteto, se lanzó a por todas (52.05). De repente, con dos rivales menos.
Valiente fue García Zurita (46,09), quien dejó todo listo para Blanca Hervás (51.06), una atleta que crece a zancadas. Con "cabeza y calma", siguiendo los consejos de Puig, la madrileña, formada en la Universidad de Florida (aunque no guarda los mejores recuerdos deportivos de allí), aguardó a rebufo de la jamaicana Leah Anderson, lejos ya la belga Helena Ponette, contundente oro. Y en la recta de meta, un acelerón hacia la gloria. "Se la va a comer", anticipaban sus compañeras.
España pulverizó el récord de España (3:16.96, mejorando los 3:17.12 logrados en el Europeo de Apeldoorn). Y España, en los rostros de juventud y ambición de Markel, Paula, David y Blanca, conquistó la segunda medalla mundial en pista cubierta para un relevo español. En Belgrado 2022, el masculino 4x400 compuesto por Bruno Hortelano, Iñaki Canal, Manuel Guijarro y Bernat Erta también consiguió la medalla de plata.