El español, lastrado por una lesión en los últimos cuatro meses, se impuso en el contrarreloj de la ronda suiza
Juan Ayuso, durante la contrarreloj.AFP
Regreso sensacional de Juan Ayuso. El nuevo talento del ciclismo español, que en las últimos cuatro meses ha estado lastrado por una inflamación de un nervio en el talón de Aquiles, se anotó ayer la victoria en la tercera etapa del Tour de Romandía, disputada en la modalidad de contrarreloj de 18,7 kilómetros de longitud en Chatel Saint Denis, junto al lago Leman.
El español del UAE, compañero de Tadej Pogacar, vestido de blanco como mejor joven de la carrera, voló en un terreno sinuoso y marcó un registro de 25 minutos y 15 segundos, cinco segundos menos que el estadounidense Matteo Jorgenson, jefe de filas del Movistar en la carrera suiza. El tercero fue el británico Adam Yates, compañero de Ayuso en el UAE. Ahora, Ayuso encabeza la general con 18 segundos de ventaja sobre Jorgenson.
Primer triunfo del año de Juan Ayuso en su primera carrera de la temporada. Espléndido rendimiento de corredor preparado por Fernández Matxin, que ha exhibido una sorprendente progresión tras permanecer inactivo desde el última edición de la Vuelta a España. El miércoles fue segundo en una etapa de media montaña, con final disputado al sprint, ganada por el británico Ethan Hayter.
Ayuso es un especialista en jornadas de montaña, pero se desenvuelve con garantías en todos los terrenos. Muy polivalente, como ha demostrado este jueves, superando al noruego Tobias Foos (Jumbo), campeón de mundo de contrarreloj.
”Cada vez me siento mejor. A ver si pronto se olvidan los dolores y puedo rendir a plenitud de condiciones”, dijo Ayuso tras subir al podio y enfundarse con los maillots amarillo y blanco, de líder mejor joven, del Tour del Romandía.
Este viernes, la etapa reina de la prueba, con 160 kilómetros de recorrido en final en la cima de Thyon, primera montaña de la temporada que se asciende con más 2.000 metros de altitud.
Tras el abatimiento generado por el abandono en el Giro de Italia por la maldita caída en el sterrato camino de Siena y por el picotazo de la avispa en la salida de la decimoctava etapa, en Morgegno, Juan Ayuso encontró consuelo con su novia Laura y su perrita Trufa. La frustración se adueñó del ciclista de Jávea, desaparecido durante dos meses y que reaparece ahora con las heridas aún sin cicatrizar. Vuelve este sábado a la Clásica de San Sebastián, fortalecido físicamente pero sin cerrar el capítulo de su futuro en el poderoso equipo de Emiratos. Tiene contrato con el UAE hasta 2029, pero tanto ruido alrededor no garantiza estabilidad.
Ayuso sostiene que su intención es continuar en el grupo dirigido por Matxin, pero reconoce que no puede detener los permanentes rumores sobre su hipotética marcha. Es el nuevo referente del ciclismo español y a una escuadra como Movistar le vendría fenomenal su incorporación, aunque para ello debería abonar una elevada cláusula de rescisión y que el corredor tuviera intención de dejar el equipo, algo que ahora mismo no sucede. Juan se considera capacitado para ser un líder indiscutible, pero de momento quiere seguir compartiendo galones con Isaac del Toro y Joao Almeida en las rondas a las que no acude Tadej Pogacar.
El esloveno, tras arrasar en el Tour, se tomará un largo periodo de descanso y no participará en la Clásica de San Sebastián. Las apuestas del UAE serán Del Toro (segundo en el Giro) y Ayuso. El español asiste con el objetivo de afinar su preparación para la Vuelta (23 agosto-14 septiembre), prueba en la que compartirá jefatura con Almeida, que se recupera de una caída en el Tour.
«Sin prisas»
«Va a San Sebastián para recuperar la forma, sin prisas. No estará al 100%, pero sí que va con muchas ganas», afirman desde el entorno del corredor. «A Juan le han dado leña, pero él es fuerte. Se encuentra tranquilo y está entrenando bien», recalcan las mismas fuentes.
En San Sebastián pugnará, entre otros, con Marc Hirschi (último ganador), Oscar Onley (cuarto en el Tour), Giulio Ciccone, Julian Alaphilippe y Pello Bilbao. La carrera consta de 211 km, con seis puertos, entre ellos Jaizkibel, a 60 km de meta, y Murgil, 2,5 km con rampas del 10% a sólo siete para la meta.
En la planificación de la temporada de Ayuso también figuran Circuito de Getxo (domingo), Tour de Polonia, Vuelta a España, Mundial y Giro de Lombardía.
''Esto es un horno'', advierte Enric Mas. "Todos sufrimos con este calor'', exclama el belga Wout van Aert. Escalar una montaña con tramos de 20% de desnivel con una temperatura de 40º grados, como sucedió el pasado martes en Pico Villuercas, es un riesgo para la salud. La deshidratación amenaza a unos corredores que este miércoles parten de Extremadura y enfilan hacia el brasero de Andalucía. Llegada a Sevilla y máxima alerta en el pelotón hasta el domingo, cuando concluye el periplo andaluz, con el ascenso las cumbres de Sierra Nevada.
Trabajo extra para los médicos y preparadores físicos de los equipos antes y después de las etapas. Extraordinarias medidas de hidratación y de técnicas de enfriamiento para combatir el calor asfixiante. Los ciclistas, al margen de los enormes esfuerzos que realizan en las horas centrales del día, están expuestos a la agresión solar en brazos, piernas y espalda. Al menos, la cabeza la tienen protegida por el casco. "Con las altas temperaturas hay que contrarrestar el estrés térmico. La solución es enfriarse, aplicar soluciones frías en la cabeza, muñecas y cuello", explica el doctor Antonio Escribano, catedrático de nutrición deportiva de la UCAM de Murcia y especialista en endocrinología, nutrición y medicina deportiva, informa Efe.
Para hacer frente a estas temperaturas extremas, las escuadras han potenciado los recursos de suministro de agua. El Movistar, la formación de Enric Mas y Nairo Quintana, utilizará en cada etapa 200 bidones de agua y 80 kilos de hielo, casi el doble de la cantidad habitual. Lo esencial es que los corredores mantengan estable la temperatura corporal, para ello utilizan chalecos refrigerantes, cubitos de hielo anudadas en medias y maillots transpirables. La deshidratación baja el rendimiento y puede provocar la pérdida de orientación.
En las jornadas habituales, los corredores suelen consumir hasta 1,5 litros de líquido por hora. El agua llega en bidones de medio litro que les proporcionan los coches de los equipos y los auxiliares situados en zonas estratégicas de las carreteras. Ese consumo de agua en etapas con las de esta semana puede multiplicarse por cinco. Los auxiliares se suelen situar cada 20 kilómetros, pero en jornadas abrasadoras pueden hacerlo cada 10 kilómetros.
''El consumo de agua y líquidos reponedores no debe descuidarse antes, durante y después de la etapa. Hay que anteponerse a la sed, evitarla, ir por delante, porque cuando la sed aparece es que ya hay deshidratación. El consumo de agua depende del peso de cada corredor, pero el mínimo es de cuatro litros. Ante todo hay que beber con frecuencia y con antelación, luego mojarse todo lo que se pueda y también suplir el agua con bebidas isotónicas", advierte el doctor Escribano.
El Tour abandona el Norte, poco a poco hacia el macizo central, en nada ya en los Pirineos, donde la batalla se enciende el jueves en Hautacam. Lo hace pidiendo tregua, al fin un par de días de (supuesta) calma, de escapadas largas y equipos de sprinters afilando el cuchillo. Porque las siete etapas iniciales, en las que no se ha subido ningún puerto superior de tercera categoría, han resultado tan extraordinarias como exhaustas.
Menos el pasado sábado en Lille, victoria al sprint de Jasper Philipsen, y en la siesta que se permitieron hacia Dunkerque (Tim Merlier), la nómina de ganadores ha sido de quilates: dos victorias de Pogacar, una de Van der Poel, otra de Ben Healy y la contrarreloj de Evenepoel en Caen. El amarillo se lo han repartido entre el propio Van der Poel y Pogacar, que sólo dos días desapareció de los 10 primeros puestos de la etapa. Es tal el despliegue que se presenta este sábado en la salida de Saint-Méen-le-Grand como líder de la general y de la regularidad... y a un solo punto de su compañero Tim Wellens en la montaña. El décimo en la general está ya a casi cuatro minutos, por ejemplo. Primoz Roglic se ha dejado 3:06, Enric Mas (que ayer se vio involucrado en la dura caída final) 4:35, Carlos Rodríguez 4:51, Ben O'Connor 8:10...
Casi todo son buenas noticias para Pogi, casi todo parece encaminado hacia su cuarto Tour (sin cumplir los 27 años), el segundo consecutivo. Pero, llegando al Muro de Bretaña, aproximándose a la segunda de las ascensiones a la icónica colina, el esloveno tuvo la peor noticia de lo que va de Tour. En una velocísima transición, Joao Almeida -quien, como el propio Mas y otros, marchaba innecesariamente atrás del pelotón-, su gran escudero, el hombre llamado a escoltarle en las etapas de montaña, en esas «maratones de los Alpes» donde Vingegaard «puede marcar la diferencia» (como avisa su compañero Jorgenson), el luso se vio involucrado en una espeluznante montonera. Pudo retomar la marcha y en meta se dejó más de 10 minutos. «No todo ha sido perfecto: Joao se está sometiendo a rayos X tras su caída. Por supuesto, es bonito ir de amarillo y ganar la etapa, pero como Tim [Wellens] me acaba de decir, era un lujo tener a Joao tan cerca en la general. También era una buena oportunidad para él, porque está en una gran forma física. Espero que no se haya roto nada y pueda continuar», se lamentaba Tadej tras el triunfo 101 de su carrera: en el arreón definitivo alcanzó una velocidad de 55 kilómetros por hora... con el viento en contra.
Después, las pruebas supusieron un alivio. El UAE Emirates descartó fracturas, pero el estado de Almeida, que sería sin duda uno de los grandes favoritos al podio de competir para otro equipo, era preocupante. En las imágenes de la llegada se le vio repleto de rasguños, sangre en las manos y cojeando. Tiene un fuerte golpe en las costillas (fractura costal izquierda sin complicaciones), aunque lo que más preocupaba era la mano.
Pogacar y Vingegaard, en el sprint del Muro de Bretaña.Tour de Francia
Si no hay nada raro, Pogacar llegará al lunes con 1:17 de ventaja sobre Vingegaard. Ese día, reservado habitualmente al descanso, coincide con la fiesta nacional francesa (16 de julio), así que el Tour ha preparado su propia fiesta. Una etapa nunca vista: entre Ennezat y Monte Dore, poco más de 160 kilómetros y hasta ocho puertos, casi todos de segunda categoría, para un desnivel acumulado de 4.400 metros. Como una jornada pirenaica o alpina. «Será duro, de mucho sufrimiento, con altas temperaturas y muchas subidas durante todo el día. Puede haber algunos movimientos... pero ya veremos», advertía Pogacar, con la mosca detrás de la oreja por la actitud que está teniendo estos días el equipo Visma Lease a Bike de Vingegaard y su «carrera extraña».
Parece una buena renta, pero el pasado confirma que se encuentra en las distancias normales que los dos han mantenido en los comienzos del Tour. Porque sólo la contrarreloj (1:05 a favor de Pogacar), marcó diferencias: el resto es gracias a las bonificaciones. En 2022, el esloveno llegó a le etapa 11 con 39 segundos a su favor, dilapidados en la recordada jornada del Granon. Un año después, en la quinta etapa gozaba de 11 segundos, pero Vingegaard le golpeó con 1:04 en Laruns. Y el año pasado, cuando Jonas acudía tras su fatal caída en la Itzulia, al Galibier, cuarta etapa, acudieron igualados y allí Pogi le distanció en 50 segundos.