Por cuarta vez consecutiva, Barça y Madrid se disputarán el primer título de la temporada. Tras un gran primera mitad, la Penya se derrumbó ante los triples azulgranas, siete del argentino
Laprovittola, ante el Joventut.José Manuel VidalEFE
Habrá clásico en la final de la Supercopa Endesa, como casi siempre. Por 10ª en la historia, cuarta consecutiva, este domingo (18.30 h., Movistar) en el San Pablo de Sevilla. El Barça espabiló tras una errática primera mitad ante el Joventut y gracias a la inspiración de Nico Laprovittola desafiará al Real Madrid, que ha ganado las cuatro últimas. [91-74: Narración y estadísticas]
Tres meses después de la final liguera, siete de la copera y un año desde que Llull lograra el MVP y el trofeo en Tenerife. El binomio del baloncesto español no cesa. Por un momento, 20 minutos exactamente, pareció que la Penya, baloncesto fresco y osadía, iba a descabalgar a un Barça trémulo. Nada más lejos de la realidad. Contundente y sin dudas en la segunda mitad, los azulgrana, sin el lesionado Mirotic, buscarán la séptima Supercopa de su historia.
El Barça había ido a rebufo toda la primera mitad, sorprendido por la energía verdinegra, por las defensas que le hacían perder el paso y los balones. Kyle Guy había sido un martillo con su velocidad y sus lanzamientos, un refuerzo que dará que hablar en la Liga Endesa. Y Ellenson, otro fichaje clave del Joventut, dominaba. Los de Jasikevicius llegaron a caer por 8 (31-39) y sólo le sostenían los triples -amaneció con cuatro seguidos sin fallo-, en especial los de Laprovittola.
El argentino, otro que llega en forma tras la reciente Americup, siguió en modo ciclón a la vuelta de vestuarios. Acumuló seis triples sin fallo y sus compañeros se subieron a su ola, ahora espoleados desde la defensa. El parcial fue demoledor en un tercer acto en el que sólo el flamante medallista europeo Joel Parra respondía. Pasaban los minutos y llovían triples y triples, incapaz ya Carles Durán de levantar el duelo.
Como en la semifinal anterior, no hubo emoción. Los 17 triples del Barça arrasaron. Laprovittola acabó con 26 puntos (siete triples, récord de la Supercopa), seis rebotes y cuatro asistencias.
Desde las 7.30 de la mañana en los alrededores de la Torre Eiffel hasta las 22:30 aproximadamente en Roland Garros, un supermiércoles olímpico para no levantarse del sofá. Un frenético cóctel de deportes, por tierra, mar y aire, en el que España podría conseguir de cuatro a seis medallas (a falta de cuatro jornadas, igualaría ya las logradas en Río y Tokio) y meterse en varias semifinales por equipos. Tomen nota.
MARCHA
En el Trocadero, bien temprano, dos parejas españolas para seguir ampliando la leyenda de la marcha atlética española. Se trata del novedoso relevo mixto en el que recorrerán la distancia de un maratón (42,195 kilómetros), en cuatro postas. Álvaro Martín y María Pérez, bicampeones del mundo en Budapest y medallistas olímpicos la semana pasada (bronce él, plata ella) en los 20 kilómetros, son claros favoritos. Miguel Ángel López y Cristina Montesinos (décima la catalana) también tienen mucho que decir.
TAEKWONDO
No muy lejos de allí, en el Grand Palais, desde por la mañana -con suerte, hasta las 21.19 de la final femenina y las 21:37 de la masculina-, dos madrileños, Adriana Cerezo (-49 kg, plata en Tokio) y Adrián Vicente (-58), pelearán en una especialidad también siempre propicia. Ella arranca en octavos contra la uruguaya Grippoli (11.11 h.); él, bronce mundial, contra un rival que llegará desde una ronda anterior (11:24).
EQUIPOS
Con el fútbol masculino en la final olímpica, el femenino buscando este martes el mismo lugar y la estupenda plata de las chicas del baloncesto 3x3, los equipos tienen por delante un miércoles decisivo. Por orden, seis citas de cuartos de final. A las 9:30 h., en Lille, el balonmano masculino se enfrenta a Egipto, rival al que ya derrotó hace tres años en los Juegos de Tokio por el bronce. Ya a mediodía (14:00 h.), los chicos de waterpolo se las verán con Croacia. Y, media hora más tarde, en la reedición de la pasada final del Eurobasket, las chicas de Miguel Méndez ante Bélgica en el Bercy Arena. Un poco después (17:00 h.) será el turno del voley playa: ellas, Daniela Álvarez y Tania Moreno, contra la pareja canadiense. Y ellos, ya a las 21:00 h., los legendarios Pablo Herrera y Adrián Gavira, ante los noruegos.
España, el lunes, durante la rutina técnica en Saint-Denis.EFE
NATACIÓN ARTÍSTICA
España se encuentra otra vez entre las favoritas, el sitio que le corresponde por tradición y palmarés. Después del escándalo que desmanteló al mejor equipo español de natación sincronizada de la historia, con Anna Tarrés al frente, hubo dos ediciones de vacío -los Juegos de Río 2016 y los Juegos de Tokio 2020-, pero ya está de vuelta. Con Mayuko Fujiki al frente, un nuevo grupo de nadadoras y otra filosofía de entrenamiento, España vuelve a estar en disposición de colgarse una medalla. Será en la rutina acrobática, a partir de las 19.30 horas, y con un riesgo alto. Con la China de la propia Tarrés como favorita al oro, las medallas se tendrán que discutir con Japón y Estados Unidos, que presentarán ejercicios con menor puntuación de dificultad, pero más seguros.
VELA
La clase 470 mixto, con Nora Brugman y Jordi Xammar, afronta la Medal Race hoy en la bahía de Marsella a partir de las 15:43 horas en inmejorable posición. Ayer sólo pudieron disputar dos de las tres últimas regatas previstas en la última jornada de la serie clasificatoria y siguen segundos en una general muy igualada. Son los números uno del ranking internacional y vigentes campeones de mundo. Ayer firmaron un tercero y un sexto puesto antes de que se quedaran sin viento. Fuera de las medallas quedaron ayer Tara Pacheco y Andrés Barrio en el Nacra 17. La pareja mixta, demasiado irregular durante las tres regatas del martes, se quedó a cuatro puntos de la Medal Race.
Ghadfa festeja su victoria de cuartos ante Chaloyan.AFP
BOXEO Y...
El último en entrar en acción será el marbellí Ayoub Ghadfa, quien, con su medalla asegurada, buscará silenciar Roland Garros a las 22:18 h. ante el local Djamili Aboudou y colarse en toda una final olímpica de los pesos pesados. No hay que perder ojo tampoco a Leslie Romero, con plaza y sueños en la final olímpica de escalada. Daniel Arce estará en la finalísima de los 3.000 obstáculos en el Stade France. Y, sin medallas en juego todavía, comienza el golf femenino (Carlota Ciganda y Azahara Muñoz) y se disputan varias eliminatorias de piragüismo.
Cuando Sylvain Francisco, un pequeño demonio francés que en Manresa vio como su carrera se disparaba, se metió en la defensa del Real Madrid para jugarse la última posesión con el marcador tan igualado como lo había estado toda la noche en Kaunas, ni él mismo esperaba que esa caída hacia adelante con Tavares enfrente iba a ser premiada con falta. Scariolo estalló -"No me preguntéis por la última jugada, porque estoy sin palabras. Absolutamente sin palabras", dijo después en sala de prensa-, Llull protestó, pero le dio igual a los blancos, desplumados en el Zalgirio Arena, pues Hezonja, errático todo el duelo pese a sus 18 puntos, falló después el triple final. [87-85: Narración y estadísticas]
Una derrota polémica y dolorosa, pero otra derrota fuera de casa al fin y al cabo. La 11ª en 16 partidos para un Real Madrid que no arregla su asignatura pendiente en Europa y le puede terminar costando caro. Cayó por causas ajenas y propias también: falló sus últimos seis triples y tres canastas y apenas metió dos tiros libres en los últimos cuatro minutos. Desperdició, en fin, una estupenda oportunidad de ir encarrilando acabar entre los cuatro primeros y gozar de factor cancha en cuartos de final.
La Euroliga toma temperatura, se acerca la hora de la verdad, y como un puñado de sprinters en la recta de meta, se rifan los codos y la tensión. Kaunas, plaza feroz, resultó una batalla enorme para el Real Madrid. Un duelo de esos que hablan del carácter, que van más allá de lo técnico o lo táctico, y en el que los blancos, que acumulaban cuatro victorias seguidas en Europa y unas recobradas sensaciones tras el bajón de la Copa, volvieron a las andadas, achicados en los últimos minutos.
Ya fue una primera mitad de puro dinamismo. De dureza pero también de acierto. Un golpe a golpe que mostraba el carácter del Real Madrid en el siempre caldeado ambiente del Zalgirio Arena, pero también su floja defensa, incapaz de frenar la electricidad de Sylvain Francisco. En esa igualdad, con altísimos porcentajes desde el perímetro, en los blancos fueron apareciendo nombres propios. De inicio, Okeke, autor de los ochos primeros puntos. Después, Hezonja. Y para poner la firma final, con dos triples tan imprevisibles como él mismo -uno sobre la bocina y el otro a tabla-, el infinito Llull. Y, siempre, Tavares (10 puntos y cuatro rebotes en la primera mitad).
A la vuelta siguió la intensidad. Todo impresionantemente ajustado. Pequeños tirones de unos respondidos inmediatamente por el otro. Como si jugaran enganchados con una goma. En el minuto 34 se habían producido ya 15 cambios de liderato en el marcador (iba a ver un par más, mortales para el Madrid). El Zalgiris era pura imprevisibilidad y el rebote ofensivo su aliado. Cuando la cosa bajaba pulsaciones, era el momento del Madrid, de Deck y de Maledon.
Emergió Hezonja, su primer triple a falta de cuatro minutos. Tuvo a continuación el Madrid un puñado de posesiones para casi sentenciar, pero le falló la puntería. Y se fue viniendo abajo. Un par de mates del impresionante Moses Wright, ese pívot que anhela el Barça, dos tiros libres de Maledon... En la penúltima posesión, no acertó Campazzo y Francisco se la jugó con 20 segundos. Le salió cara gracias a los árbitros y al Madrid cara de circunstancias.
La derrota en la final de la Copa del Rey dejó cicatrices en el Real Madrid. Que necesitarán tiempo y alegrías para sanarse. De momento, mientras la normalidad llegue, silbar a Sergio Scariolo cuando su nombre suena por megafonía en la presentación se ha convertido en costumbre (más o menos multitudinaria) en el Palacio. Ocurrió la semana pasada contra el Bayern y este jueves ante la Virtus de Bolonia. Dos pitadas, dos victorias. Y los blancos cada vez más asentados en los primeros puestos de la Euroliga, los que aseguran el factor cancha en los cruces de cuartos de final. [92-84: Narración y estadísticas]
Contra el ambiente enrarecido, contra sus propias ganas de seguir avanzando pese a todo y, especialmente, contra Carsen Edwards. Contra todo eso tuvo que imponerse el Real Madrid en un partido áspero, que no se resolvió hasta los últimos minutos. Mantuvo la calma y encontró el acierto. Y la victoria, con un parcial final de 15-4.
Las dudas blancas, además de por las derrotas a domicilio, acuden desde la propia rotación de Scariolo, tan estática a veces, tan marcada por los excel. Pero en el Palacio es otra cosa, es el refugio donde el Madrid luce poderoso, casi inexpugnable. El mejor de Europa en casa (sólo el Panathinaikos le derrotó, en 15 partidos contando el de anoche). Así que ni los pitos iban a desestabilizar.
Ni los puntos de Edwards, que es una bomba. Al descanso, el pequeño y fortísimo combo texano, acumulaba 22 (de los 40 de su equipo). Imparable. Una pesadilla para Abalde en el amanecer (el gallego no volvió a pista), un auxilio cuando la Virtus se encontraba después contra las cuerdas, con el arreón que para el Madrid supuso la entrada de la segunda unidad. Un parcial de 11-0 (31-23) que cortó el ex de los Celtics. Después otro meneo al partido de Llull y otra vez Edwards. Un triple desde el medio del campo de Campazzo -jugada de pizarra-, sobre la bocina, llevó al descanso a los blancos con una pequeña renta merecida (46-40).
La tónica se mantuvo después, con el Madrid intentando escaparse, con Tavares dominando (cinco tapones) y Hezonja anotando de forma intermitente (llegó a mandar por 11, 51-40). Pero la Virtus, ahora más apagado Edwards, se agarraba a la noche. Como se intenta agarrar el equipo de Dusko Ivanovic (su hijo Stefan es ayudante de Scariolo) a la competición, cada vez más lejos los puestos de play in. Volvió una y otra vez, con carácter. Al Madrid le faltaba contundencia y le sobraban lagunas de concentración. Trey Lyles tuvo una noche para olvidar. No acabó el tercer cuarto por debajo en el marcador porque Deck volvió a meter un triple in extremis (64-61).
Pero el partido ya había entrado en una espiral peligrosa. Era una pasarela de individualidades, un toma y daca. Y a Carsen Edwards se había unido Vildoza para desatar las alarmas en el Palacio. Para entrar parejos a la recta de meta, donde, alivio, el Madrid encontró los triples. Hezonja, Campazzo... y un par de buenas defensas, especialmente de Andrés Feliz, el único que logró apagar el fuego de un Edwards, que se detuvo en 32 (sólo 10 en la segunda mitad).