Tres años después, el líder de Honda saldrá desde la primera posición de la parrilla con Fabio Quartararo y ‘Pecco’ Bagnaia muy atrás
Marc Márquez, en el circuito de Motegi.TOSHIFUMI KITAMURAAFP
El debate era lícito, incluso obligado: ¿Cuál es el nivel de la nueva generación? Después de las retiradas de Valentino Rossi, Jorge Lorenzo y Dani Pedrosa y de la lesión de Marc Márquez era imposible ponderar a Fabio Quartararo y ‘Pecco’ Bagnaia, su velocidad, su precisión, su valentía. Ahora el regreso de Márquez ha resuelto la duda. Pese a los dos años de lesión, de sus dolores en el brazo derecho, el seis veces campeón de MotoGP sigue siendo más rápido que los jóvenes y apenas ha necesitado un par de días para confirmarlo.
Este sábado, en su segunda clasificación después de tres meses de parón, Márquez consiguió la pole, el primer puesto en la parrilla. No importó que el circuito fuera a derechas, es decir, que exija más a su brazo maltrecho. No importó que su Honda sea con diferencia la moto más lenta del Mundial. Con la lluvia como amiga, el español volvió a la posición de honor .
El año anterior, Carlos Alcaraz se marchó de Melbourne con el ánimo por los suelos, desmoralizado por una derrota en cuartos ante Alexander Zverev donde apenas mostró su tenis. Ayer no fue así. Ante Novak Djokovic perdió en la misma ronda del Open de Australia por 4-6, 6-4, 6-3 y 6-4, pero fue un aprendizaje, más que una decepción: en el futuro no le volverá a pasar. Desde que acabó el encuentro, incluso antes, Alcaraz entendió que había caído en la trampa en la que muchísimos otros cayeron antes, que se había dejado enredar. A sus 21 años, un error perdonable.
Al salir de la pista Rod Laver, el español se subió a la bicicleta estática del gimnasio para soltar la mente, recibió el consuelo del equipo del propio Djokovic -empezando por su nuevo entrenador, Andy Murray- y se metió en la ducha. Fue una ducha larga. Había perdido por culpa del juego psicológico, ya lo sabía, pero necesitaba digerirlo. Después, antes de abandonar el recinto y volar de vuelta a España, aceptó ante los medios de comunicación lo ocurrido.
"Estaba controlando el partido y en el segundo set le he dejado volver. Ha sido mi gran error. Tenía que haberle llevado al límite y no lo hice. Luego empezó a sentirse mejor y fue más agresivo. Yo tuve mis oportunidades, pero casi todos los puntos importantes cayeron de su lado", analizó el actual número tres del mundo, que no perderá el puesto pese al tropiezo: se va con los puntos que vino.
El momento Djokovic
En la primera hora de partido, Alcaraz fue superior a Djokovic. Su derecha gobernaba, disfrutaba de las dejadas. Ya se intuían algunos problemas con su segundo saque, pero el resto de sus golpes eran decisivos. Con todo a su favor, el español conseguía el primer break, el primer set y se abalanzaba hacia la victoria cuando Djokovic mandó parar. Como muchas otras veces, reclamó un tiempo muerto médico para curar unas molestias en el aductor de la pierna izquierda, se marchó al vestuario y obligó a una pausa de 10 minutos. Al volver ya todo era distinto. Los intercambios se acortaron, se ralentizaron, se trastabillaron y Alcaraz no supo reconstruirlos.
"Cuando he visto que Novak tenía problemas físicos, ha sido como si dejáramos de jugar al mismo nivel. Parecía que iba a ser más fácil y me he centrado en no cometer errores. Por eso he dejado de golpear la bola como antes. Después ha sido muy difícil volver", confesaba el español, que participó de las dudas. ¿Realmente Djokovic estaba herido? Los precedentes invitaban a la suspicacia, más con el rendimiento del serbio en el último tramo del encuentro.
DAVID GRAYAFP
Sobre la pista, después de su celebración, el vencedor de 24 Grand Slam aseguró que se reservaba los detalles de su dolencia porque sigue en competición, que se hubiera retirado si hubiera perdido el segundo set, que los medicamentos habían hecho efecto justo después y que sólo el viernes en las semifinales ante Zverev podrá comprobar si está al 100%. "No digo que haya hecho show, pero en el segundo set se le veía con problemas y en el tercero y el cuarto no se veía nada. No creo que se hubiera retirado si hubiera perdido el segundo set. Un tenista que piensa en retirarse no juega así después", opinó Alcaraz que proclamó que la derrota le haría mejor. "Me voy con la cabeza alta", aseguró.
Ahora, en Doha, más cemento
En los próximos días deberá analizar en profundidad y aprender del partido, del enredo de Djokovic y también de su mala racha en superficie dura. Pese a su historial en el resto de 'grandes', en la pista dura 'aussie' sigue sin disputar unas semifinales, un vacío que se une a sus problemas en los torneos indoor del final de la pasada temporada. En pretemporada ha mejorado su saque para intentar ser más peligroso, pero necesita mejorar más si quiere dominar.
Para ello, este febrero competirá en el ATP 500 de Doha nuevamente sobre cemento en lugar de marcharse a Brasil y Argentina para disputar sus torneos de tierra batida. Será la preparación ideal para los Masters 1000 de Indian Wells y de Miami de marzo y, al mismo tiempo, un incentivo económico. El torneo qatarí ha aumentado de categoría -de ATP 250 a ATP 500- y para ello ha propuesto una bolsa de premios que ha hecho que se apunten también Jannik Sinner, Djokovic o Daniil Medvedev.
Novak Djokovic ha visto como todos sus coetáneos se retiraban, ha asistido a sus despedidas, les ha aplaudido e incluso les ha añorado, pero lo que nunca hará es seguir sus pasos. Rafa Nadal, Roger Federer, Andy Murray o Juan Martín del Potro tendrán que esperar eternamente para poder jugar con él un partidillo de leyendas. A sus 38 años, después de ganar 24 Grand Slam, Djokovic todavía es capaz de coger al actual número tres del tenis mundial, Alexander Zverev, zarandearlo, marearlo, desorientarlo, desesperarlo y al final de ese viaje, por supuesto, eliminarlo.
Después de vencer este miércoles por 4-6, 6-3, 6-2 y 6-4, el serbio volverá a jugar las semifinales de Roland Garros y lo hará ante Jannik Sinner, un número uno que tenía seis añitos cuando levantó su primer título grande. La longevidad de Djokovic sólo se entiende por la unión de su compromiso consigo mismo, un físico elástico y una mentalidad rígida.
Porque el tenista más laureado de todos los tiempos tenía que perder el partido ante Zverev y no lo hizo. Como tantas, tantísimas otras veces en su carrera, Djokovic se entendió en desventaja y buscó la manera de sobreponerse. En los primeros puntos, el alemán volaba, dominaba con su derecha, ni se inmutaba con su saque, todo estaba a su favor. Pero si tiene que cambiar, Djokovic cambia. Lo lleva haciendo toda la vida.
THIBAUD MORITZAFP
De repente, a mediados del segundo set, el serbio se convirtió en un especialista en las dejadas como nunca se había visto otro. Para cortar el ritmo a su adversario, ‘Nole’ insistió con ese golpe de revés, una vez, y otra vez, y otra vez. Y le funcionó. Hasta 35 veces lo hizo, casi siempre con éxito. Al principio, Zverev ni se inmutaba, confiado en seguir imponiendo su juego en el fondo. Pero más tarde se fue frustrando en la red hasta desfallecer. Después de un break en contra en el tercer set, el alemán lanzó un quejido a su equipo que sonó a derrota. En el cuarto set lo siguió intentando, hubo un intercambio delicioso de 41 golpes, pero Djokovic ya tenía un pie por delante.
Adiós al fantasma de la retirada
El 24 veces campeón llegó a París con la opción abierta de que este fuera su último Roland Garros y pase lo que pase ante Sinner se marchará con la idea de que puede ganar otro Grand Slam, especialmente otro Wimbledon. Su gira de tierra batida había sido un desastre, eliminado en su debut en los Masters 1000 de Montecarlo y Madrid, pero despidió a Andy Murray como su entrenador, venció en el modesto ATP 250 de Ginebra y todo cambió. "Ahora ganas porque tienes un entrenador de verdad", le soltó Murray en el homenaje a Nadal y era broma, sí, pero quizá no del todo.
Hasta el primer set este miércoles, Djokovic no había perdido ningún set en sus cuatro partidos anteriores en París y siempre había sido muy superior a sus rivales. Mackenzie McDonald, Corentin Moutet, Filip Misolic y Cameron Norrie fueron quienes le ayudaron a coger ritmo para su demostración ante Zverev. El serbio es eterno, no se va a retirar nunca.
En el canal de Vaires-sur-Marne, la sede del piragüismo slalom en los Juegos de París, hay espectáculo fuera del agua. Los kayakistas bajan por el agua entre puertas y remolinos y son a quienes enfocan las cámaras, quienes se están jugando las medallas, pero en la orilla bajan con ellos por la hierba a toda prisa sus entrenadores, sus fisioterapeutas, incluso los presidentes de sus federaciones. Normalmente hay gritos, en realidad siempre hay gri
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web