El Real Madrid ha anunciado el fichaje de Bernardo Silva para las dos próximas temporadas, hasta el 30 de junio de 2028.
El centrocampista portugués, de 31 años, llegará al Bernabéu después de finalizar su contrato con el Manchester City. Silva se incorporará a la disciplina blanca cuando termine su participación con la selección portuguesa en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá.
Tras más de 600 encuentros, 111 goles y 103 asistencias, el portugués ha cosechado seis Premier League, una Champions League y otra decena de títulos con los ‘Sky Blues’, donde es una leyenda y una de las claves del éxito del club en la última década.
Pero tras una década en el Etihad, y quizás tras anticipar la salida de Guardiola, Bernardo optó por un cambio. Al anunciar su marcha, dejó caer que ahora tenía la posibilidad de elegir su destino y siempre ha estado bien ligado a España. Habla el idioma a la perfección, ha dejado siempre un buen regusto aquí y sabe que a sus 31 años aún puede ser el líder de un proyecto y tiene grandes años aún por delante.
En el equipo blanco asumirá una función más parecida a la de los últimos dos años en el City, un complemento en el centro del campo. Ayudará a los otros dos jugadores en esa zona del campo, alejándose del extremo de antaño, y se deslizará por todo el medio con entrega, lucha y mucho toque.
La edad no debería ser un problema para el portugués, que participó en los 38 partidos ligueros del City la pasada temporada y que, además, ha demostrado con los años ser un activo muy seguro en cuanto a las lesiones. Se ha perdido menos de una decena de partidos con el City por lesiones desde que llegó en 2017 procedente del Mónaco a cambio de 50 millones de euros.
A José Mourinho le conoce a la perfección y este fichaje consolida la buena relación que ahora el conjunto blanco mantiene con Jorge Mendes, que representa a Silva a través de su empresa Gestifute.
Se trata del cuarto fichaje del conjunto blanco para la próxima temporada. Durante la campaña electoral, Florentino Pérez ya anunció los fichajes de Dumfries y Konaté, de 30 y 27 años. El lunes, el Real Madrid comunicó la llegada de Cucurella, de 27, y ahora, un nuevo refuerzo para el centro del campo.
El ex entrenador sueco Sven-Göran Eriksson confesó este miércoles que espera ser recordado como "un buen hombre", al conocerse en enero de 2024 que padece un cáncer de páncreas terminal y habiéndose apartado de la actividad futbolística, tras una dilatada carrera como seleccionador inglés y técnico de equipos como la SS Lazio, el IFK Göteborg y el SL Benfica, entre otros.
El ex técnico será el protagonista del próximo documental de Amazon Prime Video, 'Sven', y, en palabras recogidas por el diario inglés 'Mirror', dijo que ha tenido "una buena vida" y que cree que "todos tememos el día de nuestra muerte, pero la vida también es muerte".
"Hay que aprender a aceptarla tal y como es. Con suerte, al final la gente dirá 'sí, era un buen hombre', pero no todo el mundo lo dirá. Espero que me recuerden como un tipo positivo que intentaba hacer todo lo que podía. No lo lamentéis, sonreíd. Gracias por todo, entrenadores, jugadores, público... Ha sido fantástico. Cuídate y cuida tu vida. Y vívela. Adiós", concluyó Eriksson.
A sus 76 años, en enero de este año anunció en la radio sueca P1 que le habían detectado ese cáncer inoperable y que le quedaba "como mucho un año de vida". "Todo el mundo puede ver que tengo una enfermedad que no es buena, y todo el mundo supone que es cáncer, y lo es. Pero tengo que luchar contra ella el mayor tiempo posible", comentó al respecto.
Eriksson era consciente de que "en el mejor de los casos" su esperanza de vida sería "alrededor de un año", pero que sus médicos tampoco podían "estar totalmente seguros". "Es mejor no pensar en ello. Hay que engañar al cerebro. Podría ir por ahí pensando en eso todo el tiempo y sentarme en casa y sentirme miserable y pensar que tengo mala suerte y cosas así", indicó.
En el documental, el ex seleccionador de Inglaterra prefiere ahora ver "el lado positivo de las cosas" y no enterrarse "en los contratiempos" surgidos a raíz de su enfermedad terminal, aunque sabe que "este es el mayor contratiempo de todos".
Tras una larga vida dedicada al fútbol, en febrero de 2023 dejó el puesto de director deportivo que ocupaba en el club sueco Karlstad debido a problemas de salud. Anteriormente, se había convertido en el primer seleccionador extranjero de Inglaterra, cuando fue nombrado en 2001 para dirigir a los 'Three Lions'. El sueco fue el entrenador en el Mundial de 2002, la Eurocopa de 2004 y el Mundial de 2006, llegando en los tres torneos hasta los cuartos de final.
Como técnico también dirigió al Degerfors IF y al Göteborg en su país natal, con el que conquistó la Copa de la UEFA, así como al Benfica, donde en dos etapas cosechó tres Ligas y una Copa de Portugal; luego entrenó a la Sampdoria, con la que se proclamó campeón de la Copa de Italia, y la AS Roma, con la que logró otra Copa de Italia.
Pero su etapa más destacada como entrenador de clubes la vivió con el vecino del conjunto 'giallorosso', la Lazio, con la que levantó una Serie A, una Supercopa de Europa, una Recopa de Europa, dos Copas de Italia y dos Supercopas transalpinas en las cuatro campañas en las que dirigió al conjunto romano, entre 1997 y 2001.
También ocupó los banquillos del Manchester City y del Leicester City, durante una temporada en cada caso, pero sin lograr ningún título. A nivel de selecciones dirigió a México, Costa de Marfil y Filipinas, que fue su última experiencia como entrenador entre 2018 y 2019.
En marzo de este mismo año, Eriksson también pudo cumplir su sueño de entrenar al Liverpool FC sobre el césped de Anfield, cuando se hizo cargo de las Leyendas del club para un partido benéfico en un estadio 'red' con las gradas abarrotadas.
En el culmen de la era esplendorosa del Big Three había un fenómeno que afectaba a la mayoría de sus rivales, si no a todos. Ante Roger Federer, Rafa Nadal o Novak Djokovic, no había manera. El resto saltaban derrotados a la pista, conscientes de su desventaja. Algunos tenistas que podían discutirles los partidos había perdido tantas veces ante ellos y de manera tan dolorosa que, ante una oportunidad de ganarles, temblaban, se encogían, reculaban. Ese mismo efecto provoca ya Carlos Alcaraz.
A sus 22 años hay adversarios que se entienden incapaces y saltan a la pista con el miedo en el cuerpo. Este domingo el estadounidense Tommy Paul pudo inquietar a Alcaraz, incluso llevarle al límite, y si perdió en tres sets por un rápido 7-6 (6), 6-4 y 7-5 fue porque en ningún momento pensó que podía hacer otra cosa. El partido fue más igualado que lo indica el marcador, pero Alcaraz alcanzó los cuartos de final del Open de Australia sin un rasguño.
Fue también mérito suyo, por supuesto, y de una nueva habilidad que también recuerda a las leyendas. Antes Alcaraz volaba durante la mayor parte de los partidos y, en algunos momentos, se relajaba y se metía en líos. Ahora, alcanzada la madurez, domina esos altibajos: es él quien decide cuándo embestir y cuándo esperar.
IZHAR KHANAFP
Este domingo ambas circunstancias, el temor de Paul y el control del número uno, convergieron en un primer set largo, tenso y decisivo: su desenlace fue el desenlace del encuentro. El estadounidense, de vuelta a su mejor nivel después de una lesión, tuvo hasta tres oportunidades para llevarse el set y entregó las tres. La primera fue obra de Alcaraz, que recuperó un ‘break’ temprano. Pero las dos siguientes fueron errores suyos. En el ‘tie-break’, Paul exageró su tenis duro y adquirió ventaja -se puso 5-4 y dos saques a su favor-, pero acabó deprimido entre fallos y doble faltas.
Fiabilidad con el saque
A partir de entonces, en el segundo y tercer set sólo quedaba esperar la arremetida de Alcaraz. Ante el número uno, muy seguro con su saque y su derecha, el yankee ya no volvió a tener ni una opción de rotura, menos de victoria. Todo estaba decidido.
"Estoy muy contento de haber ganado en tres sets. Tommy ha jugado a un gran nivel desde el principio y yo he tenido que trabajar para igualarle", analizaba el español que ahora se enfrentará al vencedor del duelo entre Alex De Miñaur y Aleksandr Bublik. En la entrevista post-partido, además, se felicitaba por su porcentaje de primeros servicios (70%), una de sus armas durante el encuentro: "Me sorprende hasta a mí, para ser sincero. Llevo mucho tiempo trabajando mi saque y ahora estoy apreciando los resultados"
El destino obsesiona al ser humano desde el principio de los tiempos. Ni siquiera para todos los creyentes lo resuelve un «si Dios quiere», un «in sha'a Allah». La filosofía, la literatura y también la teología, con perdón del ser superior, se preguntan por el devenir que nos espera. Uno de los pensadores de culto actuales, el japonés Haruki Murakami, define al destino como una tormenta de arena que cambia de dirección sin patrón alguno. Cuando crees haberla esquivado, la tienes a tu espalda, en cambio constante, como la propia naturaleza. Sobre esos cambios escribió siglos atrás Heráclito de Efeso para concluir que el único destino posible es el carácter. Es decir, la capacidad que tenemos de determinarlo, ya que aguardarlo es inútil. Carácter es lo que define a Raúl González, que ha esperado demasiado tiempo a un destino para el que parecía señalado, el banquillo del Madrid, como un príncipe heredero. Ni siquiera las monarquías lo garantizan, como bien supieron Juan de Borbón y otros nacidos para ser reyes. El Madrid no es una monarquía, no se hereda, se gana. Es un club, pero también una fe que el antiguo capitán representa en carne y hueso. Tras esperar largo tiempo el «si Dios quiere», es momento del carácter, de Heráclito, de Raúl, de hacer madridismo en el exilio para seguir en pie tras la tormenta de arena.
Es la prueba que necesita Raúl y la prueba que necesitan los demás para saber si uno de los futbolistas que mejor ha representado lo que significa el Madrid, está capacitado para dirigir algún día al primer equipo. Quienes han estado cerca lo creen, y es lo que cuentan los futbolistas de la cantera que se han marchado en busca de minutos. Esa información maneja un puñado de directores deportivos, incluso de presidentes, que pensaron en Raúl durante estos últimos años. La respuesta fue siempre la misma, vehiculada a través de su fiel e inseparable agente, Ginés Carvajal. No.
Espanyol, Sevilla, Leeds...
Han sido años de repetirlo. Al Espanyol, en la etapa de Rufete como director deportivo; a este Sevilla a la deriva; al Leeds que dejó Marcelo Bielsa, y al Schalke, donde militó como jugador, aunque el hecho de estar en Segunda es un freno. Raúl busca un proyecto, por eso le tentó la idea del Villarreal, no una urgencia. El Getafe, donde Ángel Torres sabe de la visibilidad que ofrece un gran nombre del pasado en el inicio de su carrera como entrenador, desde Quique Sánchez Flores a Laudrup, Schuster o Míchel, que bien sabe cómo se siente Raúl, le permitiría mantener a su familia en Madrid, pero eso, con sus hijos criados, no es ya una prioridad, salvo por María, la pequeña, de 15 años, que sigue sus pasos como goleadora del cadete del Madrid.
Raúl González, en Valdebebas.Angel MartinezMUNDO
Raúl esperaba una transición natural, la de un ex canterano, ex capitán y estandarte de una época, al que se da la oportunidad después de dirigir al filial. Quizás faltó el ascenso a Segunda del Castilla, pero en ninguna de las dos promociones que disputó en sus seis años lo consiguió. La caída más dura, ante el Eldense. Guardiola, en el Barcelona, ascendió al filial de Tercera a Segunda B, la actual Primera RFEF, pero no a Segunda, algo que sí hizo Luis Enrique. Los madridistas no están en la categoría de plata desde la temporada 2013-14; los azulgrana, desde la 2017/18, hecho que habla de las dificultades.
Esta temporada los azulgrana han caído a Segunda RFEF, algo que puede parecer contradictorio con su cantera, pero los frutos están en el primer equipo. En el Madrid, apenas Asencio, aunque Raúl preparó a otros para probar el salto, Rafa Marín, Mario Gila, Jacobo Ramón, finalmente utilizado, o Joan Martínez, que sufrió una larga lesión. Al técnico le gustaba jugar con tres centrales y carrileros largos, un equipo sólido y vertical, vertiginoso en el despliegue, con jugadores como Peter, y delanteros de potente remate, para lo que reconvirtió a Gonzalo. Puro Madrid. Lo recuerdan como un «entrenador didáctico, que nos hacía mejorar», y estricto en el comportamiento.
El objetivo del ascenso tampoco lo consiguieron Zidane ni Solari, pero tuvieron sus oportunidades. Raúl, nunca. La querencia de Florentino Pérez por el francés, uno de sus grandes fichajes estratégicos, su galáctico preferido, nunca fue la que tuvo por Raúl, cuya mejor conexión en el Madrid fue siempre Jorge Valdano, que lo hizo debutar a los 17 años para sentar a Butragueño. Dentro y fuera del club, como demuestra que pusiera Jorge a su primogénito.
Xabi Alonso, en su presentación.MUNDO
La prueba definitiva
La contratación de Xabi Alonso fue definitiva para el adiós de Raúl. Un ex jugador, aunque no formado en la casa, que dirigió en categorías inferiores en Valdebebas, pero decidió hacer el recorrido que Raúl tiene pendiente. Ni siquiera cuando el tolosarra planteó su idea de incorporarse después del Mundial de clubes, el Madrid pensó en Raúl. Antes estaba Solari. Era imposible tener más pruebas y, a la vez, sentir más desconfianza.
"Estoy preparado para cualquier reto. Y cuando digo cualquier reto, es cualquier reto", dijo Raúl en sala de prensa. No hacía falta ponerle nombre. Podría haber seguido en otro cargo en la cantera que no dirige un ex jugador, sino Manu Fernández, el hijo de un histórico gerente. También antes podría haber entrado en el 'staff' del primer equipo con Ancelotti, con el que tenía una excelente relación. Nada de eso era lo que quería, y menos al final.
La salida tiene, pues, un efecto liberador para Raúl, aunque también para el club, porque el movimiento permite ascender a entrenadores. Arbeloa ocupará su puesto en el Castilla, quizás el compañero que mejor conectó con Xabi Alonso, y bien anclado a los poderes en el entorno del club. Raúl no regala sonrisas ni frecuenta despachos. Recluido en su trabajo y su familia, mitad monje, mitad guerrero, como los templarios, su pasado es el único poder al que puede sujetarse para vencer a la tormenta y, a sus 47 años, ganarse el futuro.