No podía ser de otra manera, dada la acérrima rivalidad entre unos y otros: la grada del Spotify Camp Nou, con una entrada de récord, 60.213 espectadores, le pasó factura al Real Madrid por la convulsa semana que se ha vivido en el seno del vestuario blanco. Cuando los jugadores madridistas saltaron al calentar, el grito de los presentes fue unánime: ‘Que se peguen, que se peguen’. En los prolegómenos del encuentro, ya había muchas ganas contra el eterno rival. Tanto, que los seguidores más radicales llegaron a confundirse de autobús y lanzaron objetos tanto contra el propio como contra el ajeno, provocando en ambos casos rotura de lunas. El humo de las bengalas con el que se recibió la llegada de ambos conjuntos, unido al poco sentido común que se gastan algunos, desde luego, también debió jugar su papel.
Los seguidores azulgrana, cuya presencia se dejó notar por los alrededores del Spotify Camp Nou de hecho varias horas antes de que el balón empezara a rodar sobre el césped, tampoco se olvidaron de un Álvaro Arbeloa cuya continuidad al frente del Real Madrid llegaron a reclamar con algo más que sorna varias veces a lo largo del partido con gritos de ‘Cono, quédate’. En el exterior del estadio, además, tampoco faltaron aficionados llevando gorros con forma de ese aparato señalizador. E, incluso, alguno de esos propiamente dicho decorado con fotos del actual técnico madridista. Dentro del recinto, cómo no, hubo un mosaico espectacular para recibir la entrada de los jugadores azulgrana, con el himno del club entonado incluso a capella. Durante el calentamiento, además, estuvo sobre el terreno de juego uno de los grandes ausentes por parte de los locales: Lamine Yamal. El de Rocafonda, vestido de calle, no quiso perdérselo. Apretando los dientes, tal vez, ante la imposibilidad de poder estar junto con sus compañeros en un partido tan determinante.
Justo antes de iniciarse el choque, eso sí, hubo un multitudinario y sentido minuto de silencio en memoria del padre de Hansi Flick, fallecido en la madrugada del sábado al domingo. Un instante culminado con aplausos y la grada coreando el nombre del técnico germano, quien agradeció el gesto de cariño levantando las manos al cielo y aplaudiendo los gritos de ánimo de los culés. Un momento antes del saque inicial, Jude Bellingham se acercó a la banda para darle un sentido abrazo. Un gesto que, de hecho, Ferran Torres repitió cuando marcó el segundo tanto de los azulgrana. Cómo no, tampoco faltó un canto tan clásico en este tipo de choques como el de ‘madridista el que no bote’, lanzado una y otra vez desde la grada. Tampoco faltaron exabruptos hacia Vinicius, con el tan manido ya ‘Vinicius, balón de playa’ ni tampoco insultos hacia todo jugador y seguidor madridista desde la grada de animación, tan irreproducibles como innecesarios. Hasta que, una vez decretado el final, se desató ya del todo la euforia en una grada que propició récord de facturación para el club: 16,2 millones de euros.





