12 años, 6 meses y 25 días: y Faustino Oro se convierte en el segundo gran maestro más joven de todos los tiempos

12 años, 6 meses y 25 días: y Faustino Oro se convierte en el segundo gran maestro más joven de todos los tiempos

Actualizado

En abril de 2023, EL MUNDO publicó una entrevista con un niño de 9 años, una locura. El jovencísimo porteño, aficionado al fútbol, empezaba a ser conocido como «el Messi del ajedrez», aunque todavía no había ganado nada relevante. Con el tiempo, Garry Kasparov, nada menos, convirtió el apodo en «Chessy», acrónimo perfecto para los angloparlantes. La apuesta periodística no fue nada al lado de la que hicieron sus padres meses después. Romina y Alejandro abandonaron sus trabajos, bien remunerados, y se vinieron a España para estar más cerca de los principales circuitos internacionales. Sabían que tenían un pequeño genio en casa y sentían que no le podían robar la oportunidad de desarrollar todo su potencial.

Para saber más

La historia demuestra que el talento no siempre florece. Casi siempre hace falta algún empujón del destino. Aquel pibe empezó a jugar cuando su padre lo apuntó a Chess.com para que dejara de causar estropicios con la pelota. Muy pronto, sus victorias en internet llamaron la atención de la comunidad del tablero. Tres años después de aquella conversación por videoconferencia, Faustino Oro es gran maestro, el segundo más joven de la larga historia del ajedrez.

Faustimanía y “haters”

La sucesión de plusmarcas es lo de menos en la carrera de quien podría ser el mejor ajedrecista hispanohablante del último siglo. El cubano José Raúl Capablanca, el gran precedente, fue campeón del mundo en 1921. Lo importante no es que Faustino fuera el maestro FIDE y el maestro internacional (títulos previos al de gran maestro) más precoz de todos los tiempos. O que ahora sea el segundo GM más joven. Lo que sus seguidores ansían es que pronto esté en condiciones de luchar por la corona mundial, que a finales de año disputarán un indio y un uzbeko, dos jóvenes tan admirables como remotos.

Desde que Oro es maestro internacional, título que logró en Barcelona con 10 años, 8 meses y 16 días, en 2024, se ha escrito sobre él más que sobre cualquier otro niño deportista, incluido Messi. Seguro que se han cometido excesos, tal es la faustimanía desatada en medio planeta a contrapelo de un reducido pero bullanguero grupito de odiadores. Sus partidas son las segundas más analizadas, después de las de Magnus Carlsen. Cada jaque mate de Fausti era cantado como un gol de oro, con tendencia imparable a la hipérbole. Al mismo tiempo, no se puede negar el arrojo de sus detractores, capaces de negar un talento tan evidente.

Tres años después de su primera entrevista fuera de Argentina, convertido en vecino de Badalona, Faustino Oro ha conseguido en Cerdeña el tercer y definitivo resultado (norma, en el argot blanquinegro) que le faltaba para convertirse en gran maestro. Es cierto que llega dos meses y un día tarde para sumar un récord irrelevante pero vistoso, que sigue en manos del estadounidense Abhimanyu Mishra. A cambio, Fausti consigue el reconocimiento en condiciones más difíciles de las que tuvo este.

Mishra se estableció con su familia en Budapest, donde disputó torneos cerrados en serie, varios al mes, hasta que pudo completar tres con los puntos necesarios para ser GM. La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) consideró que la maniobra no fue del todo elegante y cambió sus reglas. Desde entonces, empezó a exigir que uno de los torneos puntuables para ser gran maestro fuera un abierto. En los “open”, influyen tantos factores que incluso el azar es protagonista, en un juego en apariencia alérgico a la suerte.

Suerte

Faustino logró sus dos primeras normas en competiciones cerradas (en Madrid y Buenos Aires), pero la tercera se le resistía, solo en parte por la comprensible ansiedad acumulada. En Moscú le faltó una victoria final para conseguir el título y el récord, el pasado mes de marzo. En Menorca, a comienzos de abril, le perjudicó que no le tocaran rivales lo suficientemente fuertes, una paradoja. En Cerdeña se han alineado los requisitos y los astros. La gran actuación del pibe ha coincidido con un plantel de oponentes durísimos. Después de ganar su última partida, este sábado al MI polaco Bartlomiej Niedbala, Fausti tuvo la suerte de ser emparejado para el domingo contra Ian Nepomniachtchi, famoso porque perdió un Mundial contra Carlsen y compartió otro, de rápidas.

¿Suerte por qué?, se preguntará más de uno. Porque el ruso era el único de sus posibles rivales que tenía el Elo necesario para que a Faustino le sirviera incluso la derrota —y en efecto, perdió, por un pequeño error de cálculo— para lograr el título de GM. Si le hubiera tocado un rival igual de duro, pero con unos pocos puntos menos (en la práctica igual de complicado), el argentino habría necesitado hacer tablas, por lo menos, de nuevo bajo una presión tremenda. Y por si los más suspicaces piensan que esto es otra maniobra para ayudar al chico, que sepan que todo lo decide un programa informático, sin intervención humana. El azar o el destino, llámenlo como quieran, también juegan al ajedrez.

kpd