El Real Madrid está de regreso a la Final Four, a la lucha por el cetro continental, su razón de ser. A la segunda, en el improbable escenario del Botevgrad Arena, remató al Hapoel de Tel Aviv y la serie ya no volverá al Palacio. No es un título, pero estar en Atenas es un logro de este colectivo que fragua a fuego lento Scariolo, superando borrones como el de la Copa. [81-89: Narración y estadísticas]
Lo consiguió a la segunda, sin Tavares de nuevo y superando esa extraña parálisis que le lleva atenazando toda la temporada a domicilio en Europa. Se desmelenó al fin, intuyó la presa y no la soltó. Bailó al ritmo atildado de Maledon, a lomos de la garra de Garuba, del colmillo de Andrés Feliz. Secundarios indispensables para completar la obra de Campazzo, el principio y el fin de todo en este Madrid. Ni el empeño de Micic ni la rotunidad de Oturu (29 puntos) pudieron con todo eso.
Fue un triunfo de dureza mental. De esos que gustan a los entrenadores. De superar cada obstáculo, incluido un mal comienzo y otra actuación sin demasiado brillo de Hezonja. Fue un paso adelante de tantos que se refleja en la batalla por el rebote y en la cantidad de asistencias. Todo, acompañado por el indispensable acierto: apenas fallaron un tiro libre.
Esta vez el guion fue diferente al del martes, un mal amanecer y un rotundo despertar. La prueba del algodón para Alex Len, la ausencia de Tavares, no le está sentando bien al gigante ucraniano, al que Oturu le hizo trizas en un arranque preocupante (13-4, 10 puntos del nigeriano). Todo lo contrario Garuba, agarrando la oportunidad. Dos equipos diferentes según el pívot que esté en cancha.
Porque fue salir el de Azuqueca, con su mano vendada por el golpe del partido anterior, y llegó la revolución. Despertó el Madrid con rabia, un parcial de 8-32, velocidad, triples y rebotes ofensivos; alegría. Un ciclón que alargó Maledon y un tramo en el que el Hapoel se tambaleó como un boxeador sonado (21-36). Pero fue regresar Len y Oturu, también Llull en ese mal rato en pista, y de nuevo la batalla cambió de color, ahora, poco antes del descanso, la inercia en favor del local, un 3-13 para darle vida. Aunque Campazzo dejara un triple sobre la bocina para los highlights…
Scariolo había encontrado la fórmula: escapar del ritmo áspero de Itoudis. Más Campazzo y menos Micic. Las transiciones fugaces de Maledon, Feliz… la defensa de Deck sobre Elijah Bryant. Pese a Oturu, el rebote era dominado totalmente por el Madrid y esa era la mejor forma de controlarlo todo. Aunque eran las pérdidas el principal lastre.
En la frialdad del Botevgrad Arena, el Hapoel empezaba a dar muestras de rendición ante el bloque duro del Madrid, ante el ímpetu de Feliz y Garuba. Echaba de menos a Malcolm y los triples de Blakeney, baja de última hora. Pero el empeño de Micic era grande. Fueron dos acciones de esas que cambian partidos las que sentenciaron al Hapoel. Un dos más uno sobre la bocina del tercer cuarto de Maledon y un triple nada más comenzar el cuarto de Lyles. Al poco, un más 15 que era ya remar a favor de corriente. Por supuesto, Garuba fue el que puso el remate, una de las mejores noches de su carrera.
Este Madrid, aún con tantas cosas por mejorar y a la espera de Tavares, se las verá en el OAKA con el Panathinaikos o el Valencia. Aunque eso será otra historia.








