El durísimo día en que la mejor selección de la historia se rompió en 1.000 pedazos: “El entrenador es arrogante, asqueroso y ridículo”

El durísimo día en que la mejor selección de la historia se rompió en 1.000 pedazos: "El entrenador es arrogante, asqueroso y ridículo"

La historia de la Copa del Mundo está jalonada de goleadas estruendosas, pero ninguna provocó el terremoto del 1-7 de Alemania en Brasil2014 sobre la Verdeamarela, ocurrido el 8 de julio de ese año del Señor. No hace falta enfatizar lo que es Brasil en la historia de la Copa del Mundo. Único país que ha participado en todas las ediciones, ha ganado cinco de ellas (1958, 1962, 1970, 1994 y 2002) y tiene admiradores por todas partes. Su presencia no sólo embellece, justifica la existencia de la competición. En 2014 le tocó por segunda vez albergarla y la torcida dejó de hablar de La Penta en favor de La Hexa, tan seguros estaban. Y eso que en las dos ediciones precedentes habían caído en cuartos.

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Brasil se debatía entre el jogo bonito y un fútbol severo y correoso, duda nacida desde que en España1982 cayera una generación gloriosa ante Italia y aún no resuelta. Dunga, mascarón de proa de la segunda tendencia ya desde su tiempo de jugador, fue el seleccionador del pinchazo en Sudáfrica2010. Se ofreció el puesto a Muricy Ramalho, cuatro años consecutivos mejor entrenador del campeonato local, pero algo vería y prefirió excusarse con su contrato por el Fluminense. Entonces se eligió a Mano Menezes, un apóstol de la preparación física. En la Copa América de 2011 cayó ante Paraguay; luego perdió la final olímpica de Londres2012 con Japón. El presidente de la Federación, José María Marín, le impuso al meta Cavalieri y al delantero Fred para el Superclásico, que se ganó en los penaltis, pero no le sirvió de nada. João Havelange, presidente de la FIFA de 1974 a 1998 y por ende gran santón del fútbol brasileño, dijo literalmente que era «un imbécil» y abogó por la recuperación de Luiz Felipe Scolari. Así se hizo. Menezes dejó a Brasil decimotercero del ránking FIFA, donde ni antes ni después ha estado nunca. Las encuestas dieron un 66 % de aceptación de Scolari, que en el ínterin fue seleccionador de Portugal con buen papel, pero después había pinchado en el Chelsea, la liga uzbeka y el Palmeiras.

Quedaban dos años y el viejo Felipão se puso a la tarea. Había sacado a Brasil campeón en 2002 con Cafú, Roberto Carlos, Dunga, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho entre otros. Ronaldinho podría haber estado aún, pero en la primera citación llegó tarde y borracho, y quedó borrado. La prueba de fuego fue la Copa Confederaciones, en el verano previo al Mundial, que la verdeamarela jugó como anfitriona y se hizo con el título ante España, campeona de Sudáfrica2010, con un rotundo 3-0. Pintaba bien.

Puesto que como organizador no disputó la clasificación, Brasil programó diez amistosos, con una derrota y nueve victorias, seis de ellas ante rivales de poca enjundia. La presidenta Dilma Rousseff llegó a decir que su gobierno era «estándar Felipão». El viejo ídolo Tostão dio voz a los escépticos: «Me choca que ganar la Copa Confederaciones, un torneo de preparación y sin gran nivel técnico, sea motivo de tanta euforia, de que todos los jugadores se conviertan en estrellas y tengan que ser titulares en el Mundial».

Scolari sufrió un revés: Diego Costa, nacido en Brasil pero nacionalizado español y jugador del Atlético, eligió jugar con España, lo que le enfadó: «Está dando la espalda a un sueño de millones, el de representar a nuestra selección pentacampeona en un Mundial en Brasil».

Como había previsto Tostão, Felipão hizo la lista final sobre la base del equipo de la Confederaciones, lo que excluyó, aparte de a Ronaldinho, a notables como Kaká, Robinho, Philippe Coutinho, Filipe Luís y Lucas Moura. Su idea era un equipo presionante y acometedor, con la inventiva reducida a Neymar. Muy firme en sus ideas, cuando dio la lista ya adjudicó los números del 1 al 23, anunciando en los once primeros sus titulares.

El marcador, al final del partido.AFP

La fase de grupos la pasó con 3-1 a Croacia, 0-0 ante México y 4-1 a Camerún. Neymar hizo cuatro goles. El juego no gustó, cundía un desencanto que venía a sumarse al enfado por los precios y por la certeza de que los políticos habían robado a manos llenas en las obras. El partido de octavos contra Chile en el Mineirão de Belo Horizonte tuvo vigilancia especial del Ejército. Hubo empate, 1-1 tras prórroga, y sólo gracias a que el chileno Mauricio Pinilla estrelló en ella un tiro en el larguero pasó la Verdeamarela por penaltis. En cuartos tocó Colombia. Brasil ganó 2-1, pero sufrió una baja fatal: Neymar sufrió un rodillazo bárbaro de Juan Camilo Zúñiga en la espalda que le fracturó la tercera vértebra lumbar.

Brasil estaba en semifinales, pero los partidos eran forcejeos. En octavos hubo 51 faltas; en cuartos, 54. Ahora tocaba Alemania, y no iban a estar ni Neymar ni el central milanista Thiago Silva, el capitán, suspendido por tarjetas.

Por su parte, Alemania había tomado el rumbo contrario. La fascinación por la España del tiquitaca, ganadora de la Euro2008, el Mundial2010 y la Euro2012, había llevado al seleccionador Joachim Löw a desarrollar un juego basado en principios similares. Lo suyo lo conocimos aquí como tikitaken. Pasó el grupo ante Portugal, Ghana y Estados Unidos, batió a Argelia en octavos y a Francia en cuartos. Reunía en su media a Sami Khedira, Bastian Schweinsteiger y Toni Kroos, con Mesut Özil de enganche y los potentes Thomas Müller y Miroslav Klose en el ataque. Poco a poco se adaptaba al nuevo modo, tan distinto de su clásico subanpisenestrujenbajen. Este día se iba a coronar.

El partido empezó con una presión de Brasil, que salió concienciadísima, pero arriba faltaba ingenio para abrir brecha. En el 10, una salida de los alemanes termina en córner que saca Kroos, el balón sobrevuela un grupo de jugadores que pugna en el primer palo y le cae a Thomas Müller, en la frontal del área chica, que remata con el pie. Un descuido increíble y 0-1.

Brasil sigue en el mismo son hasta que se desata un cataclismo. En el 22, Alemania toca y sube, llega en una buena jugada combinativa, Klose remata, rechaza el meta Julio César, el propio Klose caza el rebote y marca. Es su gol número 16 a lo largo de cuatro Mundiales, despegándose de Ronaldo Nazário, con el que estaba empatado a 15. Así, con 36 años, se consolida como máximo goleador histórico en la Copa del Mundo. 0-2. En el 24, Özil lanza a Philipp Lahm por la derecha y éste envía a Kroos, que desde la frontal lanza un zurdazo imparable: 0-3. Nada más producirse el saque de centro, Sami Khedira roba el balón a Fernandinho, avanza, combina con Kroos y éste marca el 0-4, con Julio César neutralizado por la jugada. Han pasado 69 segundos entre los dos goles de este hombre, que establece una marca única en la historia de la Copa del Mundo. Sigue la tortura y en el 29 Khedira protagoniza un contraataque que coronará él mismo tras combinar con Özil. 0-5. En siete minutos el partido ha pasado de 0-1 a 0-5. Los voluntarios que asisten a los periodistas lloran. Telefoneo a Santi Giménez, enviado al partido de As, que entonces dirigía yo, y me dice: «Me parece estar asistiendo a la caída de Constantinopla».

Aficionadas brasileñas, el día de aquel partido.EFE

En el descanso Löw está muy serio y preocupado, pide a sus chicos concentración, que repriman la euforia, que no provoquen. La consigna es seguir igual. Scolari hace de tripas corazón y apela al honor. Brasil sale a adecentar el marcador, hay dos buenas llegadas de Paulinho, comparecido en relevo de Hulk, un descargador de muebles impostando un puesto en la delantera de Brasil. Paulinho es más sutil y le saca dos paradas a Manuel Neuer, pero no pasa de ahí. Alemania sigue concentrada y, aunque ha bajado un punto su velocidad, aún caza dos goles más, ambos por medio de André Schürrle, que ha entrado en el 58 por el veterano Klose. El 0-6 llega en el 68, rematando un buen centro de Lahm; el 0-7 en el 78, de formidable volea a pase de Müller. Todo el estadio está atónito. Oscar marca el gol de la honrilla ya en el descuento, al cazar un buen pase de Marcelo y quebrar a Jérôme Boateng. De inmediato, el pitido final.

Nelson Rodrigues dejó escrito que el Maracanazo fue la Hiroshima de Brasil; siendo así, el Mineirazo, como pasó a conocerse, fue Nagasaki. Con el pitido final, en el estadio es atacado el humorista Marcelo Adnet, identificado como amigo de Scolari, y hay detenidos, aunque la cosa no llega a mayores. En muchas ciudades hay quema de autobuses, asaltos a tiendas, ataques a edificios públicos, policías a caballo, balas de goma… A la mañana siguiente el panorama es de desolación. Se diría que un Ángel de la Muerte había matado con una ráfaga venenosa a todos los primogénitos de Brasil. A la derrota en el partido se une otra en la estadística: con 223 goles, Alemania supera los 221 de Brasil en la historia del Mundial.

Lo de los dos goles de Kroos en 69 segundos creará comentarios picantes por la simbología del número, y lo resucitará el jugador en un tuit felicitando el año 2017 sustituyendo los números uno y siete por las bañaderas brasileña y alemana. Todo Brasil se indignó, y hasta Marcelo le exigió respeto en un tuit de respuesta; él replicó: «Demasiada atención para un pequeño chiste». La revista Lance se lo recordaría cuando en 2018 fueron eliminados por Corea. Saludó las Navidades con un «Feliz 2018» sobre las banderas alemana y coreana.

Scolari no puede alegar nada en su defensa y se convierte en el enemigo público número uno. El vicepresidente de la Federación, Delphim Peixoto, dice que debería jubilarse, no entrenar nunca más en Brasil: «Fue terco en todos los momentos, desde la convocatoria a la elección del sistema táctico». Ronaldo Nazário carga contra el seleccionador: «Siempre eligió la táctica equivocada». Wagner Ribeiro, agente de Neymar, tacha al seleccionador de «arrogante, asqueroso y ridículo». Romario pide cárcel para José María Marín y califica a todos los federativos de ladrones y mafiosos. La prensa brasileña habla de vergüenza nacional. El resto del mundo muestra una respetuosa estupefacción excepto, claro, en Alemania («Os amamos», titula el Bild) y en Argentina, donde se detecta tanta euforia como en el país ganador. Olé titulará con burla: sobre una foto de Scolari en la que muestra los cinco dedos de la mano izquierda y dos de la derecha, titula: «HEXA+1».

Brasil afronta el partido por el tercer puesto con muchos cambios, pierde con Holanda 3-0 y hasta parece un alivio. La final la gana Alemania a Argentina, logrando así su cuarta estrella. Un consuelo para Brasil. ¡Sólo hubiera faltado que los argentinos se consagraran en su suelo!

En cuanto a Scolari, salió eyectado del puesto y encontró acomodo en el Grêmio para enseguida saltar nada menos que a China, que a algunos les pareció incluso demasiado cerca. Allí arrasó en títulos con el Guangzhou Evergrande, tras lo que regresó a Brasil para seguir entrenando clubes locales. Se retiró hace dos años, con 27 títulos oficiales, más que ningún colega sudamericano. Pero su bonita camisa de ganador sufrió un gran girón en forma de siete.

kpd