En una década será apenas una línea en Wikipedia, pero este Godó supone la carta de presentación ante el público español de un nuevo ídolo, de otro portento: Rafa Jódar. Si en el Open de Australia dejó destellos en primera ronda y conquistó su primer título en el ATP 250 de Marrakech, en el ATP 500 de Barcelona ha dado un paso más al alcanzar las semifinales con un tenis agresivo, muy alejado del tópico nacional.
Como sucede con Carlos Alcaraz, Jódar no es un jugador defensivo, ni un especialista en resistir o en el desgaste físico. Todo lo contrario: ataca, impone y gobierna el punto desde la pegada.
Tras su etapa universitaria en Estados Unidos, afronta su primera temporada como profesional con una madurez sorprendente. En los cuartos de final del Godó, ante un veterano como Cameron Norrie, confirmó su crecimiento con una victoria por 6-3 y 6-2 en poco más de una hora.
Superados unos nervios iniciales que le costaron un par de breaks, el español brilló con el revés cruzado sobre la zurda de Norrie, incapaz de encontrar soluciones. Enfrente, un chaval de apenas 19 años. Enfrente, un rival que le acribillaba a golpes. El británico terminó con 25 errores no forzados que, en realidad, lo fueron a medias: la velocidad de bola de Jódar resultaba muy difícil de sostener.
“Ahora quiero más, hay que seguir. Todavía queda mucho torneo A prepararse para mañana”, comentaba Jódar al acabar con su tranquilidad. Su grandeza futura se lee en su calma al celebrar los éxitos: nunca se vuelve loco porque sabe que vendrán más. “Soy una persona tranquila dentro y fuera de la pista y esa mentalidad me ayuda mucho a afrontar estos partidos”, confirmaba quien se enfrentará este sábado en semifinales (16.00 horas, Teledeporte) al francés Arthur Fils, que derrotó a Lorenzo Musetti por 6-3 y 6-4. En la otra semifinal, por otro puesto en la final, se medirán el ruso Andrey Rublev y el serbio Hamad Medjedovic, procedente del torneo clasificatorio.
Mundial de atletismo
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Budapest
Actualizado Sábado,
19
agosto
2023
-
13:49Ver 2 comentariosTeledeporte emitió las semifinales del relevo 4x400 mientras...
Fred Kerley había anunciado que batiría a Usain Bolt, ese era el envite. "El récord del mundo va a ser destrozado", proclamó en la rueda de prensa previa. El estadounidense, un notable velocista y doble medallista olímpico en los 100 metros, se había apuntado a los Enhanced Games y en ese escenario todo parecía posible. ¿Correr los 100 metros en menos de 9,58 segundos? Por qué no. Sin reglas contra el dopaje, Kerley podía utilizar todo lo que estuviera en su mano para doblegar a Bolt y poner la historia a sus pies, aunque su registro nunca fuera a ser oficial. Todo estaba preparado en Las Vegas: las cámaras, las acciones de marketing posteriores, incluso la polémica. Y al final no pasó nada de nada. Kerley completó los 100 metros en 9,93 segundos, una marca que había mejorado decenas de veces a lo largo de su carrera, y aquí paz y después gloria.
Los Enhanced Games, que habían prometido récords y más récords, fueron un fracaso. Pese a que la organización había anunciado que los 42 atletas registrados habían utilizado testosterona (un 91% de los participantes), hormona de crecimiento (un 79%), Adderall (un 62%) e incluso EPO (un 41%), no hubo ninguna marca para la historia. Más bien todo lo contrario.
El fiasco no se limitó al atletismo. En halterofilia, la dominicana Beatriz Pirón, cuatro veces olímpica y campeona panamericana, llegaba como una de las grandes esperanzas del evento: los organizadores habían anunciado que ya había superado un récord mundial durante los entrenamientos. Pirón intentó repetir la hazaña en el arranque de la competición, pero se quedó corta en sus tres intentos de levantar 100 kilos en arrancada. En natación, más de lo mismo. El récord de los 100 metros libre del chino Pan Zhanle, supuestamente amenazado, no se movió de sitio -también se podían utilizar superbañadores- y todo el andamiaje de los Enhanced Games cayó en los 100 metros espalda. El estadounidense Hunter Armstrong había anunciado que participaría limpio para demostrar que sin sustancias podía seguir ganando. Y lo hizo.
Queda por ver si los Enhanced Games tendrán una segunda edición y qué precio personal acabará pagando cada uno de sus participantes. Varios de ellos llegaban ya con el agua al cuello. El propio Kerley, sancionado provisionalmente por la Unidad de Integridad del Atletismo por tres fallos en la localización antidopaje, aseguró no haberse tomado nada y confía en poder competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Si no da positivo en ninguna sustancia prohibida, podrá hacerlo, aunque quedará por ver quién le patrocina y qué estigma arrastra.
El nadador británico Ben Proud, por su parte, ya perdió la beca de la Federación Británica de Natación y tiene muy complicado seguir compitiendo a nivel oficial. El mayor logro de los Enhanced Games fue, quizás, reunir a atletas que habían quemado sus naves en el deporte convencional, prometiéndoles millones y gloria eterna. Lo que les dieron fue un escenario efímero en Las Vegas, unos protocolos farmacológicos ilegales de escasa efectividad y unos resultados que Usain Bolt, desde su retiro en Jamaica, seguramente ni se molestó en mirar.
El enorme catamarán se prepara, coge velocidad, echa a volar sobre unas finas palas y, en uno de los asientos para la tripulación, Joel Rodriguez empieza a mover dos ruedecitas arriba y abajo. Es un movimiento sencillo; es como quien regula la intensidad y la temperatura del agua de la ducha. Pero de él depende la integridad de quienes van en el barco. Si todo va bien, Rodríguez ni tan siquiera toca nada. En cambio, si hay cambios de rumbo o de altura no para de rabilar.
"Lo que hago se entiende mejor si pensamos en el catamarán como si fuera un avión. Cuando despega o aterriza cambia la posición de los flaps de las alas para generar más sustentación, para mejorar la resistencia al aire. Eso es lo que hago yo en el barco. Tenemos las palas, los foils, que nos permiten planear sobre el agua y yo las voy moviendo para que vayamos con la mayor estabilidad posible. Si se hunden mucho perdemos velocidad pero si salen del agua hay mucho peligro de que nos choquemos. Si yo me equivoco nos podemos pegar una buena castaña", cuenta Rodríguez, el controlador de vuelo del equipo español en SailGP, la Fórmula 1 de la vela.
En su quinta temporada, la competición se decidirá el próximo 30 de noviembre en Abu Dhabi después de once citas por el mundo: Sydney, Los Ángeles, Río de Janeiro, Portsmouth, Saint Tropez, Ginebra y, entre otros lugares, el pasado octubre, Cádiz. El conjunto español, que se hace llamar Los Gallos, venció el año pasado, pero este curso lo tiene muy difícil. A la última cita llega en cuarto puesto y necesita brillar para meterse en la regata final, una regata que sólo disputan tres barcos. Sus rivales son los equipos de Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Australia.
"Está complicado, no vamos a engañar a nadie, pero todavía hay opciones. Tendríamos que ganar y que uno de nuestros rivales fallara. No sería la primera vez que ganamos un evento y tampoco sería la primera vez que los australianos o los kiwis quedan del quinto para atrás. Tenemos que hacer lo nuestro y esperar", reconoce Rodríguez, parte del grupo que domina la vela española desde sus inicios.
Dudas con los Juegos
Hace ya ocho años, un grupo de chavales se fueron a las Islas Bermudas a competir en la Copa América juvenil de 2017 y de allí salieron varias medallas olímpicas -un oro y dos bronces- y el conjunto actual de Sail GP. "En aquella Copa América empezamos a ver cómo iban los catamaranes, cómo funcionaban los foils, y dos años después, en 2019, cuando nació Sail GP, nos interesó muchísimo la competición. Yo no formaba parte del equipo en las primeras temporadas e igualmente veía todas las regatas", recuerda Rodríguez.
¿De SailGP se puede vivir?
Es bastante diferente al mundo olímpico, no depende tanto de los resultados. En ese sentido es más profesional. Cada uno tiene su contrato y luego hay unos premios en metálico. Está bien montado, aunque vamos temporada a temporada. Hay que ver la evolución del equipo y de la competición a largo plazo.
En realidad Joel Rodríguez debería ser jugador de rugby. Su padre, argentino, fue profesional del oval, incluso llegó a jugar en Gales, y acabó en Barcelona como entrenador de un equipo. Así conoció a su madre. Y juntos se mudaron a Las Palmas de Gran Canaria, donde su hijo descubrió la vela con un simple cursillo de verano. "Yo probé el rugby, pero muy de refilón. Viviendo en Canarias es más fácil dedicarse a la vela", asume quien ahora cruza una crisis con su deporte.
Rodríguez fue olímpico en los Juegos de Tokio 2020 en la clase Láser -acabó decimosexto-, pero otro español, Joaquín Blanco, se quedó con la plaza para París 2024 y ahora no sabe qué hacer de cara a Los Ángeles 2028. Puede volver a hipotecar cuatro años al completo, vivir fuera de casa, entregarse a entrenamientos y competiciones y que luego no pueda ni tan siquiera participar en la gran cita. O que tenga que hacerlo sin los medios necesarios.
"Me gustaría seguir porque me encantaría ganar una medalla olímpica, pero siento que para mejorar mi nivel necesito identificarme con el proyecto y ver que realmente tengo opciones de luchar en los Juegos. No tengo muy claro qué hacer", finaliza Rodríguez que de momento aparca cualquier debate. En unos días se decide la temporada de Sail GP y el equipo español lo tiene muy difícil, sí, pero no lo tiene imposible.