Como un autómata en busca de la décima perdida. Quizá en los tacos de salida, o en el paso de unas de las seis vallas, en la aceleración final o en ese gesto que sólo la biomecánica desvela. El hierático Quique Llopis es desde hace tiempo un vallista de elite mundial, la gran baza del atletismo español, junto a Attaoui, para el Campeonato del Mundo de pista cubierta de este fin de semana en Torun (Polonia), para esa medalla mundial que persigue como persigue rascar tiempo a lo que parece ya imposible rebajar.
El valenciano de Bellreguard habita en una plenitud que no esquiva, «en el mejor momento de forma» de su carrera. Lo cuenta en un hotel madrileño antes de partir con la expedición hacia el desafío. Con la seguridad de quien lo siente y de a quien se lo reafirman las marcas. El invierno ha sido de buena cosecha: campeón de España en el Velódromo Luis Puig y, antes, récordman nacional con 7,45 (lo clavó dos veces, en Gallur y en Lievin), la quinta marca mundial del año… Y, sin embargo, él mismo es consciente de que no es suficiente: «Es circunstancias normales, no debería valer para una de las medallas. Pero yo creo que puedo rebajarlo y confío en sacar mi mejor versión en esa final. Si es así, nos iremos orgullosos».
La evolución del pupilo de Toni Puig, camino de los 26 años, ha sido tan constante como abrumadora. De aquella espeluznante caída en Estambul, a rozar el podio en los Juegos de París (cuarto), el Mundial de Tokio (4º) y en Mundial de pista cubierta de Glasgow (cuarto). A la medalla de chocolate -se ríe y lo valora cuando se le recuerda: «Es que quedar cuarto en unos Juegos o en un Mundial… nosotros lo vemos como un logro. No es nada fácil. Es verdad que te quedas con la espinita de estar tan cerca»-, le alivia la plata en el Europeo de Roma, en esos 110 metros que le van mejor a la potencia de sus 1,90 metros.
Llopis, celebra su victoria en la final de 60m Vallas del campeonato de España.EFE
Llopis, que sigue estudiando ADE, que los videojuegos y las series ocupan el poco tiempo de ocio que le resta, mira también el horizonte del Europeo de Birmingham en agosto, el otro gran reto. Habla de «acabar de sacar todo lo que tenemos» y de que «no firma el bronce», pero también de cómo los propios atletas valoran tan poco el camino: «Aún no has cumplido un objetivo, estás buscando otro y hay muchas veces que se te olvida todo lo que estás consiguiendo».
Pregunta. ¿En qué detalles técnicos ha enfocado su preparación?
Respuesta. En la primera fase de carrera. En la segunda valla, que es la parte que más me cuesta a mí. Es verdad que mi fase lanzada es muy buena, aunque no dejamos de trabajarla. Y después, en la mejora sobre todo de aspectos a nivel de distancias de zancadas hasta la primera valla.
P. Correcciones milimétricas.
R. Así es. Medimos todo para saber dónde está el error. Yo soy partidario de que todo lo que no se puede medir no se puede mejorar. Igual hacemos muy largas las primeras zancadas o muy largas las últimas, entonces en base a ello trazamos un plan y vamos mejorando. Son muchas horas de vídeo, grabamos todos los entrenamientos, todas las series. Especialmente, estuvimos unos cuantos días con los biomecánicos en el CAR de Barcelona y nos sacaban datos de todo tipo. Nos vinieron de maravilla.
Quique Llopis posa para EL MUNDO:
P. Han detectado problemas al invadir parte de la calle derecha. Un fallo que podría ser fatal.
R. Sí. Es que me he echo un poco para el lado contrario. En los entrenamientos estoy intentando ser consciente de ello a la hora de correr, porque eso obviamente en competición es más difícil estar pendiente de ir en línea recta. Hemos movido los tacos de salida, igual un palmo entero a la izquierda. Especialmente si la persona que tengo a mi lado corre en la parte opuesta de mi calle: si corre por la izquierda, yo me voy a la derecha.
P. En su prueba, ¿se puede calibrar cuánto de importante es el tema mental, el físico y el técnico?
R. Es todo un conjunto. Si no tienes la cabeza, por mucho que tengas el físico no vas a correr. Al contrario también.
Quique habla del nivel de sus rivales, “de los americanos”, “especialmente Trey Cunningham… Y Szymanski, que es el polaco. Hay tres chicos con 7,37…”. Y reflexiona sobre la presión, sobre esa medalla a nivel mundial que le falta a su palmarés. Que quizá merece. “Pues sí, sería algo que creo que algún día acabaré consiguiendo. Ojalá sea ya este fin de semana, en este campeonato del mundo. Pero bueno, en caso de no conseguirlo, seguiremos luchando e iremos a por la próxima”, valora. Porque, aunque no lo parezca por su rostro inexpresivo, Llopis también siente el cosquilleo por dentro antes de la hora de la verdad. “A ver, te aseguro que luego a la hora de competir, a la hora de estar en cámara de llamadas, hay nervios, obviamente. Pero son nervios siempre muy buenos, de ganas de salir a correr. Siempre hay que tenerlos”, apunta quien no tiene rituales ni manías: “No hago nunca nada especial”.






