Los detalles que dieron las medallas, de las escaleras de Cardona a las pieles de Alonso: “No me lo podía creer”

Los detalles que dieron las medallas, de las escaleras de Cardona a las pieles de Alonso: "No me lo podía creer"

Cuenta Joan Cardona que en casa tienen una tradición cada vez que su hijo pequeño Oriol logra una medalla. En la cena, reunidos todos, debe sacar el metal de donde lo tenga escondido, mostrarlo y recibir un aplauso de los suyos. No es vanidad ni chulería. Es todo lo contrario. Si fuera por Cardona guardaría todos sus oros y pasaría a otra cosa: no los mostraría ni a los suyos. Por eso deben recordarle que hay que celebrar los logros y recibir halagos cuando los merece.

«Con estas cosas es un poco frío», reconocía este jueves su padre, presente en la estación de esquí de Stelvio, y lo mismo aseguran sus amigos, entre ellos Kilian Jornet: «Es muy tímido, muy introspectivo. Se queda mucho para él». Después de ganar el oro en la carrera al sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, ese carácter quedó a la vista. A falta de tres curvas para llegar a la meta, echó un vistazo atrás, confirmó que ni el ruso Nikita Filippov -plata- ni el francés Thibault Anselmet -bronce- le atrapaban y levantó los brazos. Fue lo máximo que se concedió. El festejo se quedó ahí. Como mucho hubo besos para sus padres y para su pareja, la actriz Amaia Aberasturi, pero ya está.

Preguntado por EL MUNDO, aseguró que ni tan siquiera se permitiría un postre por el oro, ni un tiramisú, ni un helado, porque todavía no ha acabado el trabajo. Este sábado, en el relevo mixto (13.30 horas), él y Ana Alonso, también medallista, deben regresar al podio. «Queremos estar centrados hasta el relevo. No celebraremos nada, no haremos nada fuera de lo normal», decía Cardona, que dejó una imagen icónica para la historia del deporte español. En plena subida, con las pulsaciones ya disparadas, se puso a saltar las escaleras de dos en dos mientras sus rivales se resbalaban y caían escalones abajo a su estela. Ahí se decidió su victoria.

John LocherAP

Las condiciones para la final no eran las mejores en los Alpes italianos, donde todas las competiciones se realizaron bajo una intensa nevada, pero «era lo que había». «Yo prefiero sol, como todos los españoles, pero en peores plazas hemos toreado», aseguraba el campeón olímpico, que pasa sus vacaciones en la playa y reconocía su orgullo pese a su calma: «Cuando he girado la última curva y he visto toda la grada ha sido un momento de felicidad enorme, nunca había sido tan feliz. Es un oro para España, que ya era hora, pero también para mi familia, mis amigos y mi equipo».

“Fui totalmente dependiente”

A su lado durante toda la ceremonia posterior a las finales, Ana Alonso trataba de igualar su tranquilidad, con el relevo mixto como objetivo compartido, pero en su caso se intuía la emoción a flor de piel por el bronce obtenido. Cinco meses atrás estaba tirada en una carretera de Granada después de haber sido embestida por un todoterreno y este juevesestaba en la gloria, en la mismísima gloria.

«Vengo de meses muy duros. Además de la rotura en la rodilla tenía lesiones en el hombro y en el tobillo, así que durante varias semanas fui totalmente dependiente. Me tenían que ayudar para cocinar, hasta para ducharme. En noviembre pensaba que era una locura, que tenía que dejarlo, pero no quería que llegaran los Juegos y pensar que no lo había intentado todo», contaba Alonso, que como Cardona aún no había reflexionado sobre cómo el éxito les cambiará la vida: «Lo que tenga que venir, vendrá. Lo recibiremos con los brazos abiertos».

GUILLAUME HORCAJUELOEFE

De 31 años los dos, tanto a Cardona como a Alonso la inclusión del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos les pilló algo tarde, pero la aprovecharon al máximo. Horas después del logro de su vida ya hablaban de seguir incluso más allá del relevo mixto: de llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030, de no parar ya nunca más.

Si en la final de Cardona las escaleras fueron decisivas, el momento de Alonso fue la última transición. Llegó cuarta arriba del todo de la subida, allí donde se cambian las fijaciones y se quitan las pieles de foca para empezar la bajada, pero salía tercera. Por detrás de la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, en la última transición la francesa Margot Ravinel se hizo un lío y le entregó el tercer puesto. «No me podía creer que fuera tercera, he tenido que mirar varias veces atrás», reconocía Alonso al acabar un día de gloria para el deporte español.

kpd