Sabe Carlos Alcaraz que hay rivales especialmente engorrosos para él. Aquellos tenistas fuera del Top 10 que martillean con su saque y se saben mover en la red siempre le complican la vida, y en esa categoría encaja el francés Arthur Rinderknech. En sus cinco enfrentamientos, el español siempre ha ganado. Pero siempre ha sufrido.
Dos semanas después de proclamarse campeón en el Open de Australia, Alcaraz reapareció en una pista en el ATP 500 de Doha y lo hizo con un triunfo exigente ante Rinderknech por 6-4 y 7-6 (5) en una hora y 47 minutos.
Ya está en octavos de final, donde se medirá al también francés Valentin Royer. El torneo le propone un cuadro asequible hasta las semifinales o incluso hasta una hipotética final contra Jannik Sinner, pero detrás queda el susto. Rinderknech tuvo dos bolas de set para alargar el duelo más allá de las dos horas y solo cayó tras un tenso ‘tie-break’.
A Alcaraz, lejos de aquel ‘flow’ fresco de Melbourne, se le vio serio. Consciente de los peligros de su estreno en Qatar, ahorró en gestos, emociones y expresiones. Incluso en los puntos clave su celebración se limitó a una mirada a su equipo, poco más. Su tenis habló más que él, pese a la exigencia del rival.
Su velocidad con la derecha se impuso en los intercambios desde el fondo, pero Rinderknech encontró la manera de equilibrar el duelo. Consciente de su desventaja en la línea de base, el francés se apoderó de la red como si fuera su único refugio, porque lo era. En cada oportunidad, saque y volea. Una y otra vez.
En el primer set, Alcaraz descifró el reto. En el segundo, en cambio, se le atragantó hasta verse contra las cuerdas. Con 6-5 en contra tuvo que afrontar dos bolas de set, aunque lo hizo con una tranquilidad absoluta. La misma que poco después le condujo a la victoria en la muerte súbita.
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Mónaco
Actualizado Lunes,
29
mayo
2023
-
08:34La decisión de colocar neumáticos de seco cuando empezó a llover obligó...
Es verano y en la playa de Castro Urdiales, tan amplia, tan larga, un chaval corre, corre y corre con una colchoneta bajo el brazo cuando de repente se arrebata: la lanza delante y se tira encima sin parar siquiera. ¿Se ha vuelto loco? No. Es uno de los mejores pilotos de skeleton del mundo y, de alguna manera, como puede, está entrenando.
«Estoy intentando poner un raíl en la pista de atletismo de Castro, pero mientras utilizo un trineo con ruedas de patines o me invento cosas, como tirarme a la colchoneta en la playa. También hago visualizaciones tirado boca abajo en el sofá. No somos un país de hielo, hay que echarle imaginación», reconoce Adrián Rodríguez, que entre el jueves y el viernes disputó su tercer Mundial y acabó vigésimo tercero, la segunda mejor posición de un español, sólo por detrás del vigésimo puesto de Ander Mirambell en 2017. El año próximo, de hecho, Rodríguez debería seguir los pasos de Mirambell como olímpico en los Juegos de Milán-Cortina d'Ampezzo.
Mirambell, Mirambell, Mirambell; él se inventó el skeleton en España, él lo organizó todo y ahí sigue, haciéndolo crecer, como entrenador. Hace ya más de seis años, Mirambell organizó un casting para buscar pilotos y apareció Rodríguez, aún no sabe muy bien por qué.
"Conocía el skeleton por la Wii"
«Desde pequeño había hecho atletismo: al principio crosses, luego triple salto y finalmente, a partir de los 16 años, velocidad. Llegué a dos finales del Campeonato de España de 200 metros [su mejor tiempo, 21.45 segundos]. Un día me llegó un mensaje por Whatsapp de mi club de atletismo con una noticia del Marca que decía que la Federación Española buscaba nuevos pilotos de skeleton. Yo sólo conocía el skeleton por la Nintendo Wii. Pinché, vi que cumplía los requisitos y me presenté. Ahora estoy en mi sexta temporada», recuerda Rodríguez, de 28 años, que ha tenido compañía en el último Mundial: Clara Aznar, de sólo 18 años, debutó con un vigésimo séptimo puesto.
¿Recuerda su primera bajada de skeleton?
Perfectamente. Tuve la suerte de debutar en Sankt Moritz, que es la cuna de este deporte, una pista de hielo natural. Sin correr, me tumbé en el trineo y Ander me empujó hacia abajo. Pasé muchos nervios, pero me enamoré de la sensación de velocidad, de la adrenalina.
Una dura caída hace un año
Desde aquel día, Rodríguez ha ido mejorando en el skeleton, pero hace justo un año, en el Europeo de Europa de Sigulda, en Letonia, vivió el susto de su vida. Su trineo no giró en la salida de la curva 11 y salió volando a más de 110 km/h. «No esperaba ningún problema justo en esa curva, pero toqué el techo, fue un susto muy grande. Por suerte no me rompí nada», rememora quien también trabaja como profesor de Ciencias de la Actividad Física de la Universidad Europea del Atlántico en Santander, que reconoce que España todavía está muy lejos de optar a las medallas en skeleton.
La Federación Española de Deportes de Hielo está potenciando la especialidad, pero faltan sponsors y, por supuesto, instalaciones. El mayor éxito fue la creación hace dos años una pista de arranque de skeleton en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, donde Rodríguez entrena como mínimo una vez al mes. Pero imaginar un circuito en los Pirineos o en Sierra Nevada es utópico.
«Hemos mejorado porque cuando Ander empezó no había nada, pero todavía falta. Es muy difícil competir con países que viajan con ingenieros mientras los españoles ajustamos las tuercas nosotros mismos. También el trineo, la variedad de cuchillas... piensa que los mejores entrenan en túneles de viento, como en la Fórmula 1 o en MotoGP. Estamos muy lejos de eso», reclama Rodríguez que a su vez cuenta con algo que envidian alemanes, suizos, austriacos o canadienses, es decir, los mejores de su disciplina. «Alucinan cuando me ven en Instagram entrenando en la playa», finaliza.
En un par de semanas Dani Alves volverá a aparecer por la Mediterranean International Cup, un Mundialito oficioso para niños entre 12 y 18 años que se celebra cada año en la Costa Brava, pero esta vez, al contrario que en la última edición, no tendrá que esconderse de miradas y comentarios. Desde su salida de la cárcel el 25 de marzo de 2024, antes incluso de su absolución ayer, el ex futbolista había construido un futuro como empresario alrededor de Barcelona basado en su propia agencia de representación de jugadores jóvenes brasileños y en variadas oportunidades de negocios.
Hace sólo unos días, de hecho, creó una compañía nueva, Twinsglobal, que en principio comercializará una bebida, aunque todavía no la ha presentado. También tiene una empresa que gestiona sus inmuebles, como la mansión donde vive en Esplugues de Llobregat, pero su ocupación diaria se centra en ver partidos de chavales y ayudarles en sus carreras a través de OQP Sport & Management.
Con sede en la misma plaza Francesc Macià, en el medio de la Diagonal, la agencia hasta ahora no ha logrado gestionar ningún traspaso a clubes europeos, apenas lleva a un puñado de adolescentes de equipo menores brasileños, aunque eso posiblemente cambiará pronto.
Una posible indemnización
Si la sentencia del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya no es corregida por estamentos superiores, el nombre de Alves volverá a recordar sólo a sus muchos títulos y podrá volver a trabajar sin problemas en el mundillo. Como demostraron las palabras de ex jugadores como Xavi Hernández después de la entrada en prisión del ex lateral del Barcelona, su ascendente en el fútbol sigue siendo importante y posiblemente podrá hacerse un hueco como representante. Quizá la única duda será dónde lo hará.
En pleno proceso judicial, buena parte de su familia, como su madre o sus hijos Daniel y Victoria, se mudaron a Barcelona y ahora no parece probable su regreso a Brasil, al menos de manera inmediata. Además, más allá de idas y venidas, Alves ha recuperado su relación sentimental con la ex modelo canaria Joana Sanz, un motivo más para quedarse en España.
En todo caso, si quisiera hacerlo, Alves ya ha recuperado su pasaporte, igual que el millón de fianza que abonó y está en disposición de pedir una indemnización. En estos casos, no hay una cantidad fija, pero según un estudio realizado por EFE sobre las últimas sentencias de la Audiencia Nacional, se estima una compensación de 30 euros por día, lo que llevaría a Alves a ingresar unos 13.000 euros.