La crítica de Toni Nadal a Alcaraz por olvidarse de Ferrero: “Queda muy bien poner en valor a tu entrenador pero uno se tiene que acordar del otro también”
Toni Nadal analizó la victoria de Carlos Alcaraz en el Open de Australia en el programa Radioestadio noche de Onda Cero y además de elogiar el mérito del murciano, que se convirtió en el tenista más joven en lograr los cuatro Grand Slam, tuvo una crítica para él.
Y es que al que fuera entrenador de Rafa Nadal no le gustó que el murciano no mencionara a Juan Carlos Ferrero, que había sido su entrenador hasta un mes y medio antes de la victoria en Melbourne, y sólo tuviera palabras de elogio para Samuel López, su nuevo técnico.
“Queda muy bien poner en valor a tu entrenador, pero uno se tiene que acordar del otro también. No sé cómo quedó la relación con Ferrero, pero cuando dice eso me sabe mal decirlo. Seguro que Samuel López ha hecho gran trabajo en estos dos meses pero no puede olvidar el trabajo de Ferrero durante años”, dijo Toni Nadal.
Y fue más allá al asegurar que a él le habría molestado si su sobrino hubiera actuado así cuando ambos separaron sus caminos. “A mí no me hubiese gustado que nada más dejar a Rafael él hubiese dicho esas cosas de Carlos Moyà“, confesó el ex entrenador de Nadal.
Toni Nadal auguró un gran futuro a Alcaraz ya que “tiene una capacidad altísima porque lo tiene todo y tiene una gran ventaja que es que no veo casi ningún rival que le pueda inquietar mucho, sólo Sinner y Zverev… Zverev es un rival peligroso pero tiene un problema en lo mental…tiene mucha presión por ganar un Grand Slam”.
Es la primera vez este año que, sin mediar lesión, Carlos Alcaraz pierde dos partidos consecutivos. A la derrota contra Novak Djokovic en la final de los Juegos Olímpicos de París le ha seguido la sufrida ante Gael Monfils en su debut en el Masters 1000 de Cincinnati. Desde que en el último otoño cayese de entrada ante Roman Safiulin en Paris-Bercy y volviese a hacerlo frente a Alexander Zverev en el primer partido de las ATP Finals, el número 3 del mundo no había tropezado dos veces seguidas. (En el inicio del curso se retiró lesionado en Río frente a Thiago Monteiro tras perder contra Nicolas Jarry en semifinales de Buenos Aires).
El partido de este viernes ante Monfils vino acompañado de un arranque de ira tras perder el servicio en el tercer juego del tercer parcial: Alcaraz destrozó su raqueta con saña, golpeándola reiteradamente contra el cemento.
La situación no es, ni mucho menos, dramática. Alcaraz venía de ganar Roland Garros y de revalidar su título en Wimbledon con un considerable margen frente a Djokovic, siete veces campeón sobre la hierba londinense. Alcaraz es el máximo favorito para ganar el Abierto de Estados Unidos, que comienza el día 26. Resulta difícil discutir que estamos ante un jugador de cualidades superlativas, con tenis para romper barreras, como ya ha hecho con sucesivos récords de precocidad. En Nueva York, con Jannik Sinner lejos de su mejor estado físico y a la espera de medir los efectos de la implosión que el oro olímpico tenga en el rendimiento de Djokovic, su nombre resalta aún más en la rampa de salida.
Alcaraz posee más recursos técnicos que nadie. Más que Nole. Más que Roger Federer. Más que Rafael Nadal. Con buen criterio, el murciano ha tratado de eludir desde su despegue las analogías con el 14 veces ganador de Roland Garros, un jugador a todas luces irrepetible. La imagen de Alcaraz haciendo trizas su raqueta daña más su reputación en el contraste con Nadal, que a lo largo de más de dos décadas en las pistas nunca dejó un gesto semejante. La figura del zurdo está asociada a la ejemplaridad, sin entrar ahora en determinadas decisiones tomadas en el tramo final de su carrera, como la de convertirse en embajador tenístico de Arabia Saudí.
Innumerables recursos
Alcaraz no es Nadal. Posee su propia personalidad y, si bien, como ha quedado escrito, puede jugar mejor que nadie, su cabeza aún está lejos de la de quien ha sido su compañero de dobles en los Juegos. No le hubo ni le habrá más fuerte anímicamente que Nadal. Nadie duda del potencial de Alcaraz. Sí, y es algo lógico, a sus 21 años, de la gestión que sea capaz de hacer de sus innumerables recursos. En muchos momentos, y así él mismo lo ha dejado caer, sin que deba colegirse jactancia de sus palabras, de la impresión de que Alcaraz sólo puede perder contra Alcaraz.
Hay que poner en contexto su actitud en Ohio, una réplica casi idéntica a las frecuentes salidas de tono de Djokovic, a quien no le ha hecho falta fair play para convertirse en el mejor de siempre. Alcaraz viene de suscribir en París, culminado con la medalla de plata, el mayor compromiso con su país.
A diferencia de Nadal, que empezó a tomar vuelo precisamente como líder del equipo campeón de la Copa Davis, poco después de ingresar en la mayoría de edad, el tenista de El Palmar, bien haya sido por lesión o por otras prioridades en el diseño de su carrera, sólo ha disputado tres partidos en esta competición, con dos victorias y una derrota. De algún modo, se sentía en deuda con los aficionados que reclamaban una mayor coherencia con su propio discurso, en la defensa de intereses también colectivos, algo que le pesó en su rendimiento en la final ante Djokovic, como también el desgaste, más emocional que físico, de sumar voluntades en dobles junto a Nadal.
Nadie le conoce mejor que su entrenador, Juan Carlos Ferrero, quien sabe bien que el principal déficit en el joven a quien ha moldeado casi desde niño está en algunas inclinaciones a la distracción y en la tendencia, ya bastante subsanada, al embellecimiento, por la propia concepción del tenis como un juego que sólo tiene sentido cuando prima la diversión. La derrota ante Monfils puede quedarse en algo anecdótico, sólo magnificada por un gesto feo, del que ya ha manifestado públicamente su pesar. Hace unas semanas perdió ante Jack Draper en segunda ronda de Queen's, adonde sólo acudió a rodarse. Poco después saldría a hombros del All England Club.
Hubo un detalle en la derrota de Carlos Alcaraz este lunes que insinuaba qué ocurría. En su palco, los miembros de su su equipo, del entrenador Juan Carlos Ferrero a su hermano Álvaro pasando por su agente, su médico, su fisioterapeuta o su preparador, se cruzaron de brazos al sentarse y se levantaron igual. No hubo gritos de ánimos, ni tan siquiera gestos. De hecho raramente Ferrero daba alguna indicación. Quienes siempre acompañan a Alcaraz sabían que no estaba para ganar y simplemente sufrieron el partido como hizo el tenista.
"Pensaba que podía competir, que podía encarar los intercambios largos, pero la barriga me ha limitado mucho. No me he sentido cómodo en ningún momento. No me gusta hablar de estas cosas porque suena a excusa, pero si me siento mal, me siento mal", aseguró el número tres del ranking mundial después de caer por 6-1 y 7-5 ante Casper Ruud en su debut en las ATP Finals.
Los entrenamientos y la sesión de fotos
Desde hace casi una semana, antes de llegar a Turín, Alcaraz arrastraba un resfriado que no se acaba de ir y que le obligó incluso a tomar antibióticos. En sus primeros entrenamientos en las entrañas del Inalpi Arena se le notaba muy cargado, utilizando el kleenex todo el rato y recurriendo a soluciones temporales para respirar mejor, como la cinta nasal o el Vicks VapoRub. En la sesión de fotos oficial, organizada en el precioso Museo Nazionale del Risorgimento Italiano, realizó varios estornudos que alertaron a sus rivales en el torneo. Pero anteayer, en la última sesión de preparación antes del estreno, se encontró mejor, más liberado, más fresco. Podía ser suficiente.
Ante Ruud, un tenista al que siempre había ganado con solvencia y que llegaba en una profundísima mala racha -dos victorias en los últimos 10 partidos-, quizá no necesitaría la perfección para sumar un triunfo. Pero en cuanto se despertó ayer todo se torció. El dolor de barriga que no le permitió ni comer ni almorzar con normalidad oscureció su estreno en la Copa de Maestros y finalmente le llevó a la derrota.
Seguirá en el torneo
Después de caer ante Ruud, eso sí, en ningún momento se planteó la retirada del torneo, todo lo contrario. Al salir de la pista y de su luz azul fluorescente, Alcaraz se subió a la bici del pequeño gimnasio que hay en los pasillos del pabellón y realizó su habitual rutina post-partido. Con la ventaja de descansar este martes, este miércoles se presentará al segundo partido de la fase de grupos con la intención de remontar y alcanzar las semifinales.
MARCO BERTORELLOAFP
"Si me baso en las sensaciones de hoy es complicado pensar en clasificarme, pero lo bueno del tenis es que todo cambia de un día para otro. Ha habido muchos jugadores que han perdido el primer partido de las ATP Finals y luego han salido campeones. El año pasado yo mismo perdí en el debut [ante Alexander Zverev en tres sets] y luego llegué a semifinales.. Ahora debo ir partido a partido. Ojalá me encuentre mejor, aunque también debo aprender a ganar cuando no me encuentro bien", comentó con todas las opciones en contra.
El cansancio mental
Su clarísima derrota ante Ruud le obliga a ganar a Alexander Zverev y Andrey Rublev, un sobreesfuerzo. Porque además de su dolor de barriga, Alcaraz admitió este lunes que le falta frescura a estas alturas de temporada y que le costará recuperarla ya. Al fin y al cabo, antes de coger vacaciones, sólo le queda la Copa Davis de Málaga, donde jugará tres partidos individuales como mucho y la presencia de Rafa Nadal le aparta del dobles.
"Todos los jugadores estamos cansados mentalmente; si alguien te dice que está fresco te engaña. Algunos lo llevan mejor y otros lo llevamos peor. Me noto cansado, sin tiempo para descansar y para entrenar en casa. Pero, como decía, tengo que encontrar la forma de jugar bien en malas condiciones", repetía Alcaraz después de uno de los peores partidos que ha jugado nunca contra un Top 10.
Antonio CalanniAP
Para el español falló todo lo que podía fallar. Sólo sonrió al inicio del segundo set, cuando fue más agresivo y consiguió su único break ante Ruud, pero luego volvió a hundirse, muy lejos de su juego. Las estadísticas muchas veces engañan, pero esta no: el español tuvo problemas al saque -menos del 50% de primeros en el primer set-, padeció con su derecha -hasta 34 errores no forzados- y no se encontró en la red -sólo convirtió el 60% de sus subidas-.
Mientras Ruud, un defensor como pocos, aguantaba y convertía sus bolas de breaks, Alcaraz se precipitaba en los intercambios y padecía incluso con las dejadas, su recurso más alegre. Siempre con la cabeza baja, nada funcionaba y los miembros de su equipo tampoco podían ayudarle. Era un partido para sufrirlo.
Minutos después de su victoria, la vicepresidenta de Wimbledon, Debbie Jevans, enseñaba a Carlos Alcaraz la actualización del histórico cartelón con los 'Gentlemen's singles champions' del torneo. Arriba, "2023. Carlos Alcaraz". Y abajo ya se podía leer "2024. Carlos Alcaraz". "Espero salir también aquí", deseaba el español señalando el siguiente bloque que recogerá los campeones a partir de 2030. Ahora ya no hay dudas sobre si Alcaraz ganará más títulos sobre la hierba del All England Club, la única duda es cuántos.
El cielo está en los ocho trofeos de Roger Federer o incluso en los nueve de Martina Navratilova, pero paso a paso. "Aún no me siento un campeón", aseguraba en la ceremonia de entrega de trofeos y, luego, repreguntado, señalaba a su rival este domingo, Novak Djokovic, y añadía: "Me refiero a un campeón como él".
"De momento estoy construyendo mi camino, sólo eso. Para mí un campeón es alguien que ha ganado 14, 20, 24 Grand Slam. Esos son los tenistas que comen en la mesa presidencial. Yo he conseguido éxitos, pero quiero estar ahí algún día y para eso necesito seguir trabajando, seguir adelante", explicaba posteriormente en rueda de prensa, con un enorme respeto hacia el serbio, a quien halagó en múltiples ocasiones. Con la concentración de la final y el encorsetamiento de los actos posteriores -charla con la princesa Kate Middleton incluida-, le costó a Alcaraz dejarse ir, sólo lo hizo en el habitual abrazo conjunto con su equipo y ya fuera del club, en la casa que tiene alquilada cerca, cuando se puso a ver la final de la Eurocopa.
Andrew ParsonsAP
La Eurocopa y un baile
Ahí, en el sofá, rodeado de todos sus ayudantes, de su familia e incluso de varios amigos llegados desde El Palmar, soltó toda la tensión, aunque todavía le quedaba mucha noche. Por deferencia hacia él -y por interés de los propios organizadores, se supone-, la clásica Cena de los Campeones de Wimbledon se retrasó hasta el final del España-Inglaterra y sólo después, cuando ya se había resuelto el partido, empezó el convite. Fue entonces cuando a Alcaraz le tocó bailar con la campeona del torneo femenino, la checa Barbora Krejcikova.
"Me he sentido diferente que el año pasado. Antes del partido estaba mucho más calmado, he hecho un calentamiento realmente bueno y hasta una hora de empezar a jugar estaba realmente tranquilo. Eso me ha ido muy bien", aseguró Alcaraz que antes de la rueda de prensa se dio un baño de masas, con una enorme ovación en el balcón de la Central. Entre los líos de otros ídolos, como los que tuvo Novak Djokovic durante el torneo, el español, puro carisma, se ha ganado al público británico, que ya admira su figura histórica. No en vano, sólo otros dos tenistas, Björn Borg y Mats Wilander, tenían cuatro 'grandes' a los 21 años y 70 días como él. No en vano, sólo otros cinco jugadores, Rod Laver, el mismo Borg -tres veces seguidas-, Roger Federer, Djokovic y Rafa Nadal -dos veces-, encadenaron Roland Garros y Wimbledon en el mismo año.
"He visto o he leído todos esos récords, todas estadísticas, pero intento no pensar mucho en eso. Es un gran inicio en mi carrera, pero como decía quiero seguir creciendo. ¿Dónde está mi límite? No quiero pensarlo, la verdad", insistió Alcaraz que este lunes se hará la foto protocolaria con el trofeo a primera hora de la mañana y volverá rápido para España, primero a Madrid y luego a Murcia, a su casa, para tomarse unos días de descanso antes del siguiente reto. En menos de dos semanas en París disputará sus primeros Juegos Olímpicos, otra vez en tierra batida, en solitario y con una leyenda de las que "comen en la mesa grande", Rafa Nadal, al lado.