El pasado 13 de diciembre, la borrasca Emilia iba a poner, de rebote, patas arriba un evento que se celebraría más dos meses después. Ese fin de semana, jornada 10 de la Liga Endesa, el temporal impidió que se disputasen dos partidos. En el Roig Arena, el Valencia-Casademont Zaragoza. Y en Gran Canaria, el Dreamland-Kosner Baskonia. La borrasca y el inasumible calendario. En el sorteo celebrado este lunes, hubo un asterisco.
Un lío propiciado porque el encuentro entre canarios y vitorianos todavía no se ha podido celebrar: se disputará el 8 de febrero, no sin ‘mover’ otro par de partidos. Y, dependiendo de ese resultado, los de Paolo Galbiati serán (si ganan) o no (si pierden) cuarto clasificado y cabeza de serie, arrebatándole (o no) la posición al UCAM Murcia. Por lo que en dicho sorteo, celebrado en el Teatre Martin i Soler – Palau de les Arts Reina Sofia de la capital levantina, el Barça no sabe si se las verá con los murcianos o con los vitorianos. Tampoco La Laguna Tenerife.
Una situación insólita, de complicadísima resolución (para el Zaragoza-Valencia sí se encontró acomodo en el calendario antes del fin de la primera vuelta) que ha propiciado alguna crítica. “Maravilloso, súper, mucha inquietud, mucha sorpresa… muy serio todo, me parece”, comentó Ibon Navarro, entrenador del Unicaja, que defiende título, añadiendo: “No sé si se podría haber arreglado de otra manera, no estoy en la ACB, seguramente no. Pero no me parece muy serio”. “La situación es un poco extraña sin saber que rival vamos a tener”, valoró Jordi Trias, representante del Barça en el sorteo.
Finalmente, su equipo no se vio perjudicado por esta circunstancia. Los malagueños se las verán en cuartos con el Real Madrid, el líder. Por ese lado del cuadro también se disputa el Valencia (anfitrión)-Joventut. La Copa del Rey se disputará por primera vez en su historia en el asombroso Roig Arena de Valencia, entre el jueves19 y el domingo 22 de febrero.
Tour de Francia
Etapa 13: Châtillon - Grand Colombier
LUCAS SÁEZ-BRAVO
Enviado especial
@LucasSaezBravo
Culoz
Actualizado Viernes,
14
julio
2023
-
17:54Kwiatkowski se impuso en el...
Todo se resolverá el sábado en el Colle delle Finestre, un duelo al sol en un puerto extraordinario, porque en la penúltima etapa de montaña nadie pudo con Isaac del Toro, el mexicano fino y bravo, una auténtica revelación a sus 21 años, al que ni los zarpazos de furia de Ricard Carapaz cambian el gesto ni arrebatan el rosa. En Champuluc, donde el triunfo fue para Nicolas Prodhomme en solitario, los dos latinos descartaron al resto. [Narración y clasificaciones]
Lo dejaron todo para el final, pero confirmaron que el ganador en Roma el domingo hablará castellano. El ataque final de Carapaz, a siete kilómetros de meta, a dos de coronar el quinto y último puerto del día, sólo lo resistió Del Toro. Sin inmutarse, con una frialdad impropia. No alcanzaron a Prodhomme, el francés del Decathlon que aguantó de la fuga, quien a sus 28 años se apunta la primera victoria en una grande, que supera a la lograda hace apenas unos días en el Tour de los Alpes.
Pero aventajaron en 24 segundos al resto de líderes, entre ellos un Simon Yates que no mostró las mejores sensaciones, aunque sigue a 1:21 del liderato de un Del Toro que arrebató dos segundos de bonificación a su rival Carapaz.
Carapaz, en su ataque en Antagnod.LUCA BETTINIAFP
La etapa se fue adentrando en el Valle de Aosta, siempre con el Cervino y el Monte Rosa en el espléndido horizonte, devorando metros de desnivel a una velocidad suicida (la primera hora a más de 45 km/h). Una trituradora hacia Champoluc que achicaba a los valientes, ya con 20 días de pelea en sus piernas y la amenaza del temible Finestre el sábado, la Cima Coppi de este Giro. La escapada del día, que tardó en formarse, acabó con un grupo de nueve hombres, que fueron siete ya en el Col de Saint Pantaleon, entre ellos Pello Bilbao, Igor Arrieta y Carlos Verona, salvando los muebles nacionales en este Giro maldito para España desde la caída inicial de Mikel Landa.
Pero ya en el Col de Joux, más de 15 kilómetros casi al 8% de media, se intuyó que pocos de los escapados llegarían a meta. Coronó Nicolas Prodhomme (a él le aguardaba la gloria), que pugnó con Verona y Tiberi hasta casi el final. Pero los que se juegan el rosa afilaban el colmillo. Hubo algún amago de Pellizzari (quien se fue al suelo después, en la misma recta de meta) y otro de Carapaz, pero todo se iba a decidir en la primera subida de la Corsa Rosa a Antagnod.
Ahí, sin embargo, reinó la calma hasta casi el final, dominando el UAE con Majka. Cuando los dos latinos del Giro dejaron al resto y se citaron para el sábado.
«¡Buen rollo, siempre!», grita Tadej Pogacar en una de las primeras secuencias de la tercera edición del documental 'En el corazón del pelotón', de Netflix, mientras hace un caballito sobre su Colnago. Y ahí podría estar el secreto de todo, de por qué nos conquista un esloveno que arrasa, el tipo que no deja ni las migajas.
Nunca en la historia del Tour una rivalidad se consolidó de tal forma, jamás los dos mismos ciclistas se repartieron los primeros puestos del cajón cuatro años consecutivos. El quinto episodio del Pogacar-Vingegaard, con sus filias y fobias, arranca este sábado en Lille como un torrente de promesas, con las batallas pasadas, derrotas y victorias incrustadas ya para siempre en el ideario colectivo del ciclismo de época, marcadas a fuego para ambos y sin apenas elementos externos (Evenepoel, Roglic...) que amenacen su binomio. Es el danés ahora el aspirante, el que busca el resquicio por el que hacer dudar a un Pogacar tiránico. Ellos son la reencarnación de Coppi y Bartali, de Anquetil y Poulidor, de Merckx y Ocaña, de Hinault y Lemond. De Bird y Magic, de Nadal y Federer, de Ali y Frazier. Se necesitan. Se engrandecen. «Prefiero esta rivalidad a haber ganado cuatro Tours por 10 minutos», se sinceraba el líder del Visma, quien, a diferencia del 2024 con la terrible caída de la Itzulia, ha podido tener una preparación óptima.
Pogacar acude pletórico tras un comienzo de año en el que lo ganó todo menos París-Roubaix, San Remo y la Amstel. En las antípodas del carisma, tan distintos en su forma de ser y de correr, en sus orígenes y en sus ambiciones, con el único elemento en común de perseguir la misma gloria. ¿Por qué Pogacar cae mejor y acapara las preferencias del aficionado? «Por su forma de ser. Comunica más, es más abierto. Vingegaard es más tímido, no conecta con el gran público», explica Eduardo Chozas, quien, sin embargo, no se postula. «Están ambos tocados por una varita y son nobles. A mí me parecen dos grandes deportistas, no tengo preferencia clara. Vingegaard tiene buenos detalles. Recuerdo cómo esperó a Tadej hace dos años cuando se cayó», elogia el ex ciclista y ahora comentarista de Eurosport.
Para ese evidente favoritismo del siempre apasionado aficionado ciclista hay que buscar explicación en la psicología, recurrir incluso «al mito grabado en el inconsciente colectivo de los seres humanos, el del héroe y el villano», como expone Rubén Moreno, psicólogo deportivo y profesor de la Universidad Europea. «Pogacar irrumpe de una manera muy particular, destronando a Roglic, al todopoderoso Jumbo Visma, en aquella cronoescalada [La Plagne]. Quedó en la retina una imagen icónica. Era un chico jovial, alegre, feliz que casi sin darse cuenta había ganado el Tour», rememora los orígenes del fenómeno, razonando por qué el fan español en particular se decanta por el esloveno. «Ahora no tenemos con quien identificarnos. Podemos ser más landistas, alguno tiene fe todavía en Enric Mas... Luego vienen Romeo, Ayuso... Y aquí entra el contexto sociocultural. Para un español, ver a un tío sonriente, alegre, feliz, dicharachero... nos es más fácil identificarnos que con el introvertido que cuando llega a meta sólo quiere besar a su mujer e hija y casi no concede entrevistas. Ser introvertido en España no se premia. Siempre hay alguien que dirá: '¿A este qué le pasa?' 'Es un raro...'. Por eso la identificación es mayor con Pogacar".
Al carisma de uno y otro se aferra también Pascual Momparler, ex seleccionador español. "Lo que sucede con Pogacar es que gana y arrasa. Todo lo hace a lo grande. E influye que tiene muy buena relación con la prensa. Siempre ofrece muy buenas respuestas. Recuerdo este año, cuando ganó en Flandes, le dijeron que hacía mucho que nadie ganaba esa clásica con el maillot arco iris y el respondió que no, que eso pasó en la edición anterior en la categoría femenina. Gusta a la gente porque es muy natural, fresco. Se nota que no prepara las respuestas con su jefe de prensa. En cambio, Vingegaard es como nuestro Carlos Rodríguez, buena persona, más callado, menos dicharachero, cala menos entre el público", argumenta.
Vingegaard, en Lille, en los días previos al comienzo del Tour.Thibault CamusAP
Eso, la relación con los medios, que el danés ha ido tratando de mejorar en los últimos tiempos, también tiene mucho que ver en la percepción de ambos. "Pogacar tiene cara de niño, es simpático, corre de una manera alegre, incluso revolucionaria. Hace lo que quiere, entre comillas. Y se expresa bastante mejor que Vingegaard, al que no tacharía de antipático, pero es más frío, calculador, metódico, cuidadoso con sus declaraciones. Se moja entre poco y nada a la hora de regalarnos algún titular", cuenta Carlos de Torres, el periodista español más veterano en el Tour: lleva 27 ediciones cubriéndolo para la agencia EFE.
Esa imagen gélida Vingegaard la ha ido intentando transformar en los últimos tiempos. Especialmente empático se le comprobó en el último Tour, en la derrota. Fueron varias las ocasiones en las que la emoción le conquistó. "Es muy anticuado pensar que un hombre no tiene derecho a llorar. Mostrar tus emociones me parece incluso más fuerte que intentar ocultarlas", admitía en una entrevista reciente a L'Equipe desde Sierra Nevada, donde ha preparado el Tour.
Pero, cómo combatir con la sonrisa de Tadej, con sus bromas en redes sociales, con sus guiños sobre la bici incluso en agonía. "El carisma no tiene que ver con el sufrimiento. Es una cualidad que tiene una persona que hace que la gente se sienta atraída por él o por ella. Pogacar lo tiene. Sonriente, dicharachero, hace gestos continuamente, como en la pasada Dauphiné, cuando bajó a por un bidón para su compañero Sivakov", concluye Moreno.