Santi Aldama y los pasos hacia el status de estrella: “Cada vez tengo más el balón en las manos. Y eso se nota”

Santi Aldama y los pasos hacia el status de estrella: "Cada vez tengo más el balón en las manos. Y eso se nota"

«Respirar aire europeo siempre es algo bueno», bromea Santi Aldama tras el relajado entrenamiento del sábado de los Grizzlies en un coqueto gimnasio de Londres, el CitySport, en el que él, por precaución, no ha participado. Las miradas se centran en los bailecitos (a veces broncas con sus compañeros, como hace unos días en Berlín) del siempre polémico Ja Morant, en la inmensidad de Jaren Jackson Jr. o en la juventud de su entrenador, el finlandés Tuomas Iisalo. El español es casi una estrella. En lo mediático y en lo deportivo. Un rato después se dará un baño de multitudes en la tienda oficial de la NBA de la capital británica.

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Es su quinta temporada en la NBA y es ya el 10º español con más partidos allí (pronto alcanzará a Mirotic, los Hernangómez y Sergio Rodríguez). Desde la flema canaria y una formación destinada a ello. Asentado sin saltarse un paso, pero tampoco sin darlos hacia atrás. Lo llevaba en los genes (su padre, 2,13, su tío materno Santi Toledo, 2,11) y ha cumplido el plan. Año a año no ha dejado de evolucionar, siempre un poquito más. Hasta acercarse a eso, a rozar el nivel de estrella. Su siguiente desafío.

Esta temporada Santi pudo no estar en Memphis, donde suenan ecos de los Gasol, la eterna comparación que ni le inmuta. «Cuando juegas donde han jugado dos leyendas de tu país, es más fácil. De alguna manera, a la gente le gusta, conecta más contigo. Siento que me entendían incluso antes de llegar. Vivir de su legado ha sido un verdadero honor», admite. Pero la franquicia de Tennessee le renovó millonariamente, como todo en la NBA (tres años más, por un total de 52 millones). Aldama es el cuarto mejor pagado de una plantilla en busca de playoffs; sólo le supera Jackson en minutos, es el tercer máximo anotador (14,1 puntos, en una progresión casi perfecta: 4,1 el primero, nueve el segundo, 10,7 el tercero y 12,5 el pasado) y el mejor reboteador (6,7, también en progresión)… Un jugador clave… que siempre parte desde el banquillo.

Algo, lo de no ser titular, que tiene asumido sin que le moleste. Porque, además, le puede llevar, de rebote, a un premio inédito por el que ya pujó el pasado curso: ser el mejor sexto hombre de la temporada. Es uno de los favoritos. «Está a lo lejos. Yo estoy listo para lo que me pida el entrenador. Por cómo está construido el equipo, empiezo desde el banquillo. Si estoy en esa pelea, significa que estoy haciendo algo bien. Y si no, si soy titular, también será bienvenido», reconoce Santi a EL MUNDO, algo preocupado por ciertas derrotas de su equipo este curso cuando ya parecían tener encarrilados esos partidos.

Más allá del pasito adelante, uno más, a sus 25 años recién cumplidos (en Londres lo festeja con su familia, llegada para la ocasión), la novedad han sido dos estallidos que han dejado pistas de una nueva dimensión de Santi. Dos noches consecutivas de 37 puntos (sólo Pau y Marc, de españoles, han superado esa cifra en la NBA), el pasado mes de diciembre ante Washington y Utah. Una pista de lo que puede llegar a ser. «Creo que se trata de responsabilidad y liderazgo. En defensa, Iisalo siempre me exige un poco. Y en ataque, creo que se trata simplemente de asumir más el balón. Este año se ha notado que tengo más el balón en mis manos y tomo más decisiones», argumenta quien también admite otro crecimiento. El que va más allá del juego. Su importancia en un vestuario en el que empieza a ser espejo para los jóvenes.

«He tenido que saber adaptarme a diferentes roles. Creo que, además, al ser mi quinto año, se nota mi presencia veterana en el equipo. Ser importante fuera de la pista. Creo que ha sido lo más complicado este año, aceptar ese rol. Y está siendo una experiencia de crecimiento para mí», explica quien recibe los elogios de ese vestuario en una NBA tan impersonal y llena de egos. Jaren Jackson, el jugador franquicia -sin contar los devaneos disciplinarios de un Morant en el que no cesan los rumores de traspaso-, habla del español con este periódico. «Es súper importante para nosotros, increíblemente inteligente, con un sentido del juego increíble. Cuando vuelve de jugar con España, es como si subiera de nivel, ya sabes, el doble cuando va y vuelve», reconoce el pívot.

Eso, el liderazgo, algo que también se le exigió este verano con la selección española. Porque Chus Mateo confía en él como líder de la nueva generación. El referente de un combinado que espera recibir a las estrellas que se forman en Estados Unidos. De Hugo González a Aday Mara, pasando por Baba Miller, Mario Saint-Supèry… Porque eso, el baloncesto europeo que ahora oye los cantos de sirena de la NBA y su posible desembarco, finalmente es la diferencia. «Cuando mis compañeros y yo hablamos de baloncesto, tiendo a mencionar a los jugadores españoles. Creo que puede ayudarlos, porque están menos familiarizados con nuestro juego. Ejemplos como Ricky, con su visión, la toma de decisiones, cómo elige y encuentra al compañero de equipo abierto… y mira hacia un lado pero pasa a un compañero que está en el otro…».

kpd