Con sólo 21 años y en los inicios de su carrera, tendrá este sábado en Nueva York su gran oportunidad. “Me gustaría vivir de esto, emanciparme”, dice aún sin sponsors ni otras ayudas. El boom del boxeo femenino le favorece
«Ganar el Channel Slam es dificilísimo. Lo voy a intentar, me encantaría lograrlo, pero no me voy a presionar porque es realmente complicado. Si sale bien, perfecto. Si no, aprenderé. Supongo que el único tenista que lo puede conseguir muchos años es Carlos, para él parece fácil», proclamaba Coco Gauff horas antes de que se le atragantase el llamado Channel Slam, es decir, ganar Roland Garros y Wimbledon de manera consecutiva. Campeona en París, cayó el martes en primera ronda en Londres: el camino de tantos y tantas. De la tierra batida a la hierba, dos superficies contrarias, dos formas de jugar el tenis y un éxito casi imposible. Tiempo atrás sólo lo lograron cinco hombres -Rod Laver, Bjorn Borg, Rafa Nadal, Roger Federer, Noval Djokovic- y seis mujeres -Margaret Court, Billie Jean King, Chris Evert, Martina Navratilova, Steffi Graf, Serena Williams- pero el año pasado apareció Carlos Alcaraz para unirse a esa lista.
Después del título en Queen's y con su progresión esta semana en el All England Club, con victoria este miércoles ante Oliver Tarvet (6-1, 6-4, 6-4), queda claro que vuelve a ser el favorito, que sabe cómo hacerlo, que tiene el don. A su corta edad, 22 años, ¿por qué se le da tan bien?
La transición y el talento
«Por muchas cosas, pero sobre todo por su talento. En esa transición es donde más se nota que tiene un inmenso talento. Carlos mueve la muñeca muy rápido, controla mucho los tiros y eso le permite acelerar la bola con eficacia pese a que bote más abajo. Además es capaz de cambiar el saque de una superficie a otra con mucha facilidad y, por si fuera poco, tiene mucha fuerza en las piernas para adaptarse a los movimientos. Tiene razón Gauff, él hace fácil lo que es muy difícil», analiza en conversación con EL MUNDO Alex Corretja, comentarista para Movistar Plus+, el canal que emite el Grand Slam en España.
Alastair GrantAP
Su experiencia, como la de tantos tenistas españoles, es olvidable; habla con conocimiento de causa. Dos veces finalista en Roland Garros, en Wimbledon nunca pasó de segunda ronda y, de hecho, durante gran parte de su carrera ni tan siquiera participó en el torneo inglés. En su época, a principios de siglo, todavía salía más a cuenta alargar la temporada de tierra batida en Stuttgart, Gstaad o Kitzbuhel.
«Te diría otra cosa, pero para mí era un calvario, era inhumanamente complicado. Sobre tierra la pelota bota más alta, se frena, te permite jugar. Sobre hierba, imposible. Todo se acelera muchísimo, tienes que jugar mucho más flexionado, dependes mucho de tu saque. Yo nunca conseguí adaptarme», reconoce Corretja, que recuerda que en sus mejores años la ausencia en Wimbledon apenas penalizaba.
Los peligros que vendrán
Antes de la redistribución del ranking ATP en 2000, sólo contaban los 14 mejores resultados de cada tenista -ahora son hasta 20- y eso daba aire a los especialistas. Algunos, como Corretja, Sergi Bruguera, Gustavo Kuerten o Mats Wilander, brillaban sobre arcilla y padecían sobre hierba. Otros como Jimmy Connors, Pete Sampras o Goran Ivanisevic, les ocurría más o menos lo contrario. En la actualidad eso ha desaparecido. «Ahora la mayoría de tenistas juegan a lo mismo: golpean muy plano y muy duro. Si ves jugar a [Jannik] Sinner te costará encontrar muchas diferencias entre su tenis en rápida, en tierra batida o en hierba», cuenta Corretja que, pese a ello, ve peligros en el camino de Alcaraz.
En lo que va de edición ya han caído cuatro Top 10 -Alexander Zverev, Lorenzo Musetti, Holger Rune y Daniil Medvedev- y el debut ante Fabio Fognini demostró que en cualquier esquina aguarda un susto. Aunque el sorteo le alejó de Jack Draper o Novak Djokovic, sobre hierba siempre hay que temer de más. «En Wimbledon es normal que un rival que no te esperas te obligue a jugar incómodo. Pienso en un jugador del estilo de Fabian Marozsan, que sorprendió a Carlos en Roland Garros. Aquí hay menos margen, todo pasa más rápido y hay que extremar el cuidado. En Halle, Sinner perdió ante Aleksandr Bublik y no jugó nada mal», finaliza Corretja.
Ya fue el Barça en la Liga Catalana y pronto vendrán el Real Madrid, el Unicaja o el Baskonia en la Liga Endesa, o el Cholet francés en la Champions League. Ricky Rubio vuelve al baloncesto de élite, a enfrentarse a rivales de élite; tras su parón por salud mental, regresa con el Joventut al lugar que le pertenece. Pero el año pasado jugó a un nivel distinto, muy distinto, exageradamente distinto.
"Lo habíamos visto defender a Curry o Harden y, de repente, estaba ahí defendiendo al Antonio, que había llegado tarde al partido porque le tocaba dormir a las niñas", relata Iaco Rocher, máximo anotador de los Peresala Legends, uno de los equipos de la liga privada municipal 2+1 en la que Rubio participó la temporada pasada. Cada semana jugaban sus amigos de toda la vida, como Josep Heredia, presidente de la Fundación Ricky Rubio, y él quería estar con ellos. No le importó pasar de jugar contra los Boston Celtics a hacerlo contra los Boston Sexis; de los Warriors a los Guarriors; de los Timberwolves a los Tinder Wolves. Ahí estaba, contra los Zaca de Banda, los Tiraos Libres, los Gitanos Mellaos, los Gatitos Rosas o el Panatimankos.
"Ya había venido alguna vez como espectador, porque el equipo de sus amigos, que se llama Una més i prou, juega en la liga desde hace muchos años. Nos sorprendió cuando vino como jugador, pero él solo quería pasárselo bien y no llamar la atención. No venía el Ricky exjugador de la NBA; venía el Ricky amigo de sus amigos", explica Rafa Sora, responsable de la liga 2+1, que ya cuenta con 35 años de historia, pese a no ser de gestión pública.
Las raras reglas del torneo
La competición tiene solera entre los aficionados al baloncesto de Barcelona porque la organización cumple. Se disputa entre semana, por la noche, en pabellones de las afueras -en La Verneda, el Besòs o Trinitat Vella-, pero hay decenas de equipos, premios en metálico y reglas muy adaptadas. Para no perder tiempo se juega sin descanso, con cambios al estilo balonmano, sin prórrogas -el ganador se decide con una tanda de tiros libres- y con canastas de cuatro puntos desde el propio campo.
El año pasado los campeones fueron los Chori Heat, pero el conjunto de Rubio logró su mejor clasificación de siempre: acabó quinto. Se clasificó para los ‘playoff’, ganó en primera ronda a los Panteras, pero cayó después ante los Carnal Steakhouse -un restaurante del Eixample-.
La participación de Rubio fue intermitente. A algunos partidos acudía, a otros no. Y, cuando lo hacía, tampoco quería lucirse lo más mínimo. "Iba andando, pero es normal. En el primer partido se puso a correr, robó tres o cuatro bolas seguidas, se dio cuenta y volvió a andar. Se dedicaba a dar asistencias a sus amigos, pero no siempre acababan en canasta. Quizá se la daba solo a un amigo y el amigo tiraba una piedra", relata Rocher, que ya se había enfrentado a los amigos de Rubio cuando eran pequeños. Porque, en realidad, muchos de los participantes en la liga 2+1 se conocen de las categorías inferiores de los equipos de Cataluña: el Barça, la Penya, el Sant Adrià, el Sant Josep, el Mataró... Algunos llegaron a jugar en Segunda FEB o Tercera FEB; la mayoría lo dejaron por la universidad o el trabajo.
"A veces digo que hacemos una obra social. La liga es para aficionados que aman el baloncesto, pero no pueden jugar en un equipo federado. Es curioso, porque hay algunos que vienen un poco flipados porque han jugado en Primera FEB y Ricky hacía todo lo contrario. Solo podemos hablar maravillas de él", proclama Sora, que, como dirigente de la liga, tuvo que enfrentarse a una minicrisis.
La crisis por la prensa
A mitad de la temporada pasada se viralizó un vídeo de Rubio jugando en la liga -con pantalón largo y sudadera-, lo publicaron todas las televisiones y llegó a haber cámaras en la puerta del pabellón para grabarle de nuevo. ¿Qué pasó? Dejó de aparecer.
"Quería pasar desapercibido a toda costa y estuvo varias semanas sin jugar, hasta que se calmaron las cosas. Lo hablé con los miembros de su equipo y me dijeron que no había problema, que sabían que no era cosa de la liga. De hecho, me dejaron publicar alguna jugada suya en nuestro Instagram para promocionar la competición", cuenta Sora, que ya había visto a otros ex ACB en su liga, como Quique Andreu, Carles Marco o Moussa Diagné, pívot del UCAM Murcia que tiene un primo en un equipo. "Este año no se han apuntado más equipos, no ha habido un efecto Ricky, pero tampoco lo buscábamos. Vino, se lo pasó bien y todos contentos", resume el responsable de la liga 2+1, el refugio de Rubio antes de volver al baloncesto de élite.