El actual formato de la Copa Davis admite opiniones de todo tipo, pero costará encontrar defensores del desenlace del duelo entre Argentina y Alemania de este jueves. En un recinto ferial a las afueras de Bolonia, dos parejas de dobles se jugaron el pase a semifinales de la Final a Ocho ante unos 200 aficionados —un centenar para cada bando— cuando ya pasaba la medianoche, mientras en el exterior caía una mezcla de lluvia y aguanieve que acentuaba la frialdad del entorno. A las 01.03 horas, en el ambiente más desangelado que pueda recordar el tenis de élite, Alemania se llevó el pase y se enfrentará a España este sábado en semifinales (a partir de las 12.00 horas, Movistar), poniendo fin a una jornada tan larga como surrealista.
La pareja formada por Kevin Krawietz y Tim Puetz, dos habituales del circuito de dobles, presentes en las últimas ATP Finals, derrotó al dúo argentino con Horacio Zeballos y Andrés Molteni por un extenso 6-4, 4-6 y 7-6 (10). Después de muchas alternancias, con aciertos y errores por ambas partes, todo se decidió en un tie-break final, donde los germanos tuvieron más oportunidades. Desaprovecharon hasta cuatro bolas de partido -y eliminatoria-, pero a la quinta fue la definitiva.
Antes de eso, muchas horas antes, Tomás Etcheverry y Alexander Zverev fueron los héroes para Argentina y Alemania. En el primer partido de la eliminatoria, Etcheverry venció a Jan-Lennard Struff por un 7-6(3), 7-6(7) de tensión y sufrimiento. El argentino, número 60 del mundo y especialista sobre superficie dura, acabó celebrando después de mucho padecer: además de verse 2-4 abajo en el primer set, salvó un set point en el 6-7 del segundo ‘tie-break’.
Después, en el segundo encuentro, Zverev simplemente impuso su jerarquía para establecer el empate. Ante Francisco Cerundolo, un rival que le había hecho la vida imposible en sus enfrentamientos previos, no dudó demasiado, especialmente en la muerte súbita definitiva que cerró el marcador con 6-4 y 7-6(3), enviando la serie al definitivo dobles. El alemán es ahora mismo el único jugador entre los 20 mejores del ranking ATP que sigo vivo en la lucha por la Ensaladera y sabe que está ante una oportunidad única.
Carlos Alcaraz regresó a la vida sobre una bicicleta estática. Exhausto tras uno de los partidos más épicos de su carrera, el murciano encontró en el gimnasio del Open de Australia el primer paso hacia la recuperación física y emocional después de derrotar a Alexander Zverev en semifinales por 6-4, 7-6(5), 6-7(3), 6-7(4) y 7-5.
Tras la victoria, Alcaraz se lanzó al suelo, celebró con la bandera de Murcia, hizo un gesto de homenaje a Fernando Alonso y estuvo cerca de romper a llorar en su banquillo. Al salir de la pista no podía ni con su alma. En los pasillos de la Rod Laver Arena cojeaba por los rincones y se confesaba exhausto; si allí hubiera habido una cama, se habría estirado hasta el día siguiente. Pero su fisioterapeuta, Juanjo Moreno, le invitó a pedalear y ahí, sobre el sillín, empezó a rehacerse.
Si había un día en el que liberar las piernas era obligatorio, era este viernes. Además, sobre la máquina podía charlar con los suyos, relajarse y dimensionar todo lo ocurrido. Por allí pasó Novak Djokovic para felicitarle unos minutos antes de la otra semifinal, que acabaría con victoria del serbio. Allí recuperó el espíritu, la alegría, la sonrisa. En un instante, el grupo rompió en carcajadas: todo volvía a estar en su sitio.
Tan rehecho estaba Alcaraz en lo anímico -que no todavía en lo físico- que se subió a un carrito de golf junto a todos sus ayudantes y condujo el vehículo en los 50 metros que separan el gimnasio del vestuario, entre los gritos de «¡eh, eh, eh!» de su equipo. Luego llegarían la ducha, el masaje del propio Moreno y la rueda de prensa antes de marcharse, ya pasada la medianoche, a su hotel, el Crown de Melbourne.
Un recuerdo de adolescencia
«Ha sido uno de los partidos más exigentes de mi vida. Físicamente he llegado al límite, pero estoy muy orgulloso porque he creído en todo momento», analizaba Alcaraz, que recordaba cuándo nació esa fe. Pese a sus problemas físicos no pensó en retirarse «ni un solo segundo» porque ya sabía lo que venía después. «Cuando era adolescente había partidos en los que no luchaba, me rendía, y luego me pasaba días pensando que podía haber hecho más. Ese pensamiento me mataba. Por eso ahora nunca quiero darme por vencido. Sé que cada segundo de lucha vale la pena y que es importante estar orgulloso de mí mismo al día siguiente».
Dita AlangakraAP
Sus complicaciones comenzaron en el tercer set. Con dos mangas en el marcador, Alcaraz se acercaba a una victoria rápida, pero su cuerpo empezó a protestar. El día era caluroso en Melbourne, con alrededor de 30 grados, el sol cubría por completo la Rod Laver Arena y el esfuerzo le pasó factura. En un descanso, el número uno hizo algo extraño con una toalla. «¿Qué le pasa?», se preguntaban en su equipo, hasta que él mismo lo explicó: «He vomitado, no sé si tengo que tomarme algo».
A partir de ahí, el partido se convirtió en un ejercicio de supervivencia. «No sé qué ha pasado. He vomitado y luego he empezado a sufrir en el abductor derecho. No tenía claro que fueran calambres, porque solo lo notaba en esa zona, pero luego me ha comenzado a pasar en todo el cuerpo. Puede haber sido culpa de la deshidratación o de la tensión. La verdad es que antes del partido he sentido bastante nervios; es algo en lo que tengo que mejorar: no estar tan tenso», valoraba Alcaraz, que pasó de estar a un paso de la victoria a asomarse al abismo de la derrota.
Sentado en su banquillo, recibiendo un masaje, tuvo que aceptar que la situación había cambiado por completo para él y, además, hacerlo entre las quejas de su rival. El reglamento de la Federación Internacional de Tenis (ITF) impide que un jugador sea tratado por un fisioterapeuta si sufre calambres, pero Alcaraz sentía un tirón muscular en el muslo derecho y por ello fue atendido. Zverev estalló: «Es una vergüenza absoluta. Le están tratando de calambres. Siempre protegéis a estos dos», dijo en referencia a Alcaraz y Sinner.
El alemán intentó presionar a la jueza de silla, la serbia Marijana Veljovic, saliendo a la pista antes de que se reanudara el juego, pero no surtió efecto. Alcaraz fue auxiliado y Zverev se quedó con el enfado. Ya al final del partido, preguntado por la polémica, el número tres del mundo no quiso alimentarla: «Si te digo la verdad, no quiero hablar sobre ello. Creo que hemos protagonizado una de las mayores batallas que se han vivido aquí en Australia y no nos merecemos que se hable de esto».
IZHAR KHANAFP
Su milagrosa recuperación
«Tengo calambres hasta en el dedo meñique, hasta en el último pelo de la cabeza», confesaba Alcaraz a su entrenador, Samu López, a principios del cuarto set y era imposible imaginarle, dos horas después, celebrando ante una Rod Laver Arena rendida a él. A sus 22 años, su talento y su mentalidad han alcanzado un punto en el que ya no dependen solo del físico. ¿Cómo aguantó? Con medicación -se tomó una pastilla-, con jugo de pepinillos y, sobre todo, con paciencia.
«Poco a poco. Respira bien. Te encontrarás mejor. Ya tenemos dos sets nosotros», le aseguraba López y Alcaraz le hacía caso. Dejó de correr, incluso dejó de saltar en el saque, pero se mantuvo en el encuentro. Con su paleta de golpes aguantó, aguantó y aguantó. Hasta el quinto set no le concedió ni un 'break' a su adversario y sólo se doblegó en los tie-breaks del tercer y el cuarto set.
Entonces llegó la resurrección. «Voy mejor», admitía al banquillo, aunque justo cuando empezaba a moverse con más soltura Zverev le rompió el servicio. Daba igual. En cada juego al saque del alemán buscó su oportunidad una y otra vez, hasta encontrarla. Sus armas eran la magia y la fe; no le quedaba nada más. En los momentos decisivos, Alcaraz volvió a ser Alcaraz. Con 5-4 y servicio para que Zverev cerrara el partido, el español recuperó la igualdad y el triunfo ya era suyo.
Para la final, Nadal como ejemplo
«Mañana estaré tieso, eso es obvio, no lo puedo esconder. El cuerpo recuerda, tiene memoria, y costará recuperarse. Pero bueno las cosas se han dado de esta manera. Me recuerda al Open de Australia de 2009 cuando Rafa [Nadal] tuvo una gran semifinal [ante Fernando Verdasco], todos pensábamos que estaría cansado en la final y acabó ganando a Roger [Federer] en cinco sets. En una final de Grand Slam no puede haber cansancio», aseguró ya mentalizado para el domingo.
Ante Djokovic buscará su sexto Grand Slam y, lo que es más importante, convertirse en el tenista más joven que completa los cuatro ‘grandes’. Ya ha vencido en dos ocasiones en Roland Garros, Wimbledon y US Open; le queda la gloria en Australia, donde hasta ahora sólo había alcanzado los cuartos. Le ayudará lo que ya ha vivido: el carrito de golf, la felicitación de Djokovic, la bicicleta estática, la celebración con mensaje a Alonso y, sobre todo, uno de los partidos más épicos de su carrera.
Hubo otras desconexiones, pero ahora, en estos precisos momentos, el peligro para Carlos Alcaraz es alto. De repente, adiós. La mente del español salió de la Philippe Chatrier, concedió un set a su rival en segunda ronda de Roland Garros, el holandés Jesper de Jong, y le colocó ante una posible eliminación. ¿Por qué? Imposible de adivinar, incluso de analizar. Pero en encuentros posteriores tendrá que evitar que vuelva a ocurrir. Porque Alcaraz regresó al partido y ganó por 6-3, 6-4, 2-6 y 6-2 en poco más de tres horas, pero se quedó con malas sensaciones. De una victoria plácida, agradable, incluso reparadora a una victoria rara.
En tercera ronda, ante el vencedor del duelo entre Sebastian Korda y Soon-Woo Kwon, el ahora tercer clasificado del ranking ATP deberá resolver si fue sólo un despiste o una rémora para su futuro. Su celebración al acabar lo decía todo: un resoplido y un brazo al aire tímido, mucho más tímido que de costumbre.
Y esto que hasta ese momento, hasta esa ruptura, la jornada había sido realmente buena para él. Especialmente para su derecha. Si en primera ronda ante el peculiar J.J. Wolf, Alcaraz tiró de inteligencia y oficio para golpear al máximo sólo "unas cuantas bolas", como admitió al finalizar, ante De Jong soltó valiente el drive. Volvió a sacudir la bola, a empujarla, a acelerarla, a empotrarla contra el muro del rival a toda velocidad. Dos meses después de la aparición del dolor, el español parece haberlo olvidado. Ahora es cuestión de volver a coger ritmo.
"Si no estás concentrado..."
Con las facultades recobradas, a Alcaraz se le notaron las semanas de inactividad, la falta incluso de entrenamientos. Si algo falló, falló la puntería. Está fresco, agresivo en el saque, acertado con el revés, pero la bola se le suele marchar unos centímetros más allá. Antes de su desconexión ya había cometido más errores no forzados de lo normal (acabó con 47, por 35 winners), principalmente con su drive, asunto peliagudo. Como ante Wolf, perdió su primer servicio y remató rápido el primer set, pero en el segundo set tuvo que sudar. Con 4-4 en el marcador, salvó una opción de rotura y pareció encarrilar su pase. Luego llegó su salida del partido y su necesario regreso.
De Jong también mereció mérito. Procedente del torneo clasificatorio, con un ranking muy bajo -es el 176 del mundo-, el holandés demostró un nivel muy superior al que la lista le otorga. ¿Cómo es posible que sólo haya ganado dos partidos ATP en su vida y uno fuera el pasado domingo? Su juego es interesante y su golpeo, potente. De alguna manera, De Jong ofreció un tenis parecido al tenis de Alcaraz, aunque sin su velocidad y sus recursos.
Con su derecha dominó muchos puntos y fue capaz de castigar al español con sus dejadas. "Ha estado mejor en las dejadas que yo", reconoció a Alcaraz que agradeció al público francés su apoyo para "olvidar ese tercer set". "Si no estás concentrado en cada set, en cada juego, en cada punto cualquiera puede hacerte daño", concluyó el español antes de marcharse. El próximo viernes, en tercera ronda, deberá revelar si lo ocurrido fue un accidente o una autentico motivo de preocupación.
Unas semanas después, la misma banda sonora: "¡Rafa, Rafa, Rafa!". Si en el pasado Roland Garros sorprendió la ascensión de Rafa Nadal a ídolo de Francia, a leyenda de su deporte, incluso a símbolo galo, este sábado en su debut en los Juegos Olímpicos de París junto a Carlos Alcaraz se vivió esa realidad con desinhibición. Después de que el viernes el español portara la antorcha olímpica en un momento crucial de la ceremonia de inauguración, este sábado entró en la Philippe Chatrier con la ovación que se reserva sólo a las leyendas propias. Unas horas despues, la misma banda sonora: "¡Rafa, Rafa, Rafa!".
Durante todo su victoria en primera ronda en dobles junto a Carlos Alcaraz y contra los argentinos Máximo González y Andrés Molteni, el ganador de 22 Grand Slam recibió el cariño del público francés desde una atronadora ovación de entrada a una atronadora ovación de salida. Tambien Alcaraz, campeón y carismático, es querido en Roland Garros, pero lo de Nadal es otra cosa. Pese a su españolidad y su españolía, Nadal es un mito francés y como tal es tratado.
"Todo lo que pasó en la inauguración será inolvidable, se quedará para siempre en mi memoria. Sólo puedo agradecer a París, a toda Francia, haber tenido un detalle así con alguien que no es de su país", proclamó Nadal, que sobre la pista no quiso perder la concentración. Saludó como siempre y, al final, lanzó pelotas a las gradas junto a un Alcaraz juguetón, pero no quiso entrar a agradecer todos los vítores a su favor. En un momento del partido, incluso, por las tribunas de la Philippe Chatrier empezó una ola y fue él quien se encargó de apagarla para que pudiera volver el juego.
MARTIN BERNETTIAFP
Con su aparatoso vendaje en el muslo derecho se le notó cómodo, fresco, incluso rápido, pero en un momento del segundo set se paró para tocarse la zona. Al parecer, según dijo, sólo se estaba apretando el vendaje, nada más.
Su camino en solitario
"No sé qué haré mañana en el individual. Esta noche hablaré con el equipo y tomaremos la decisión más adecuada pensando en traer medallas a España. No siempre más es más, a veces más es menos. Pero con eso no estoy diciendo que no vaya a jugar", aseguró sobre su partido de primera ronda del cuadro individual ante Marton Fucsovics (14.00 horas, La 1) y esa entrega de la afición francesa también se empapa de esta incertidumbre. Quién sabe cuántos partidos más jugará en Roland Garros, así que mejor rendirle homenaje ahora no vaya a ser que sea el último.
En todo caso, estos días parece que jugará unos cuantos. En individuales, con Novak Djokovic como posible rival si juega y gana a Fucsovics, su camino quizá sea corto, pero en dobles el oro es el único objetivo. En cada encuentro que pasa, en cada encuentro que gana la pareja española, aumentará su compenetración y el dominio de Alcaraz de los entresijos del juego de dobles. "Creo que para los dos jugar juntos representando a España es un combo difícil de superar. El partido que hemos jugado nos permite soñar y seguir adelante. Hemos funcionado bien como pareja. Tener a un jugador como Carlos a mí lado me da tranquilidad, confianza y energía. Los dos mantenemos la energía alta y la actitud adecuada".