A Novak Djokovic le persigue la sombra del ocaso. Como les ocurrió a Roger Federer y Rafa Nadal en sus últimos torneos, todavía es capaz de derrotar a muchos rivales, no en vano ha llegado a las semifinales de los tres Grand Slam de este año, pero su propio cuerpo no le deja ir más allá. Si en el Open de Australia sufrió un desgarro muscular en la pierna izquierda que no le permitió discutir con Alexander Zverev; este viernes en Wimbledon una lesión en la cadera le mermó ante Jannik Sinner.
Desde el primer juego, el serbio se movió de manera extraña por la pista central y la competición se resintió. Con su saque todavía aguantaba, pero Sinner dominaba a su gusto cada intercambio desde el fondo de la pista. Al final el marcador reflejó 6-3, 6-3 y 6-4 después de una hora y 53 minutos de juego. “¡Novak, Novak, Novak!”, le animaba el público londinense, con quien mantiene una relación tensa pese a sus siete títulos, pero no había manera. ¿Fue su último partido sobre la hierba del All England Club? Sólo el tiempo lo sabe.
TOLGA AKMENEFE
Sinner le aplaudía al finalizar el encuentro en reconocimiento a su carrera. No hubo una gran celebración del italiano, aunque en el tercer set Djokovic le sorprendió con un break temprano y tuvo que remontar un 0-3 adverso. Quizá hubiera sido descortés. En todo caso por fin disputará su primera final de Wimbledon, su quinta en un Grand Slam.
En su contra, que el rival será nuevamente Carlos Alcarazy entre ambos existe un abismo anímico desde la remontada en la final de Roland Garros. A su favor, el escaso desgaste sufrido en el camino. En todo el torneo, el italiano nunca ha jugado más de tres sets. Ante Luca Nardi en primera ronda, Aleksandar Vukic en segunda, Pedro Martínez en tercera y Ben Shelton en cuartos de final, Sinner venció por la vía rápida y en octavos de final, ante Grigor Dimitrov, también se benefició de su retirada. Los dos sets que perdió contra el búlgaro, que lo tenía contra las cuerdas, pueden notarse en su confianza, pero más duro será superar el recuerdo de lo ocurrido en París.
Todo cambió cuando apareció Brad Pitt. Un par de décadas atrás la mayoría de actores del deporte (directivos, entrenadores, jugadores...) veían el Big Data como una herramienta para los negocios, números inaplicables a lo que ocurre en el campo, hasta que unos locos empezaron a usarlo para fichar mejor: Moneyball. La historia de Billy Beane y los Oakland Athletics popularizó la estadística avanzada y hoy la utilizan hasta los equipos más modestos. Según los expertos, eso mismo está ocurriendo con la Inteligencia Artificial.
Con el ChatGPT como máximo exponente se considera un avance para generar textos o vídeos, pero poco o nada puede cambiar lo que ocurre en el campo. ¿Cuándo volverá a aparecer Brad Pitt?
"Pronto habrá ese cambio, estamos en ese punto. De hecho, ese mismo caso, Moneyball, es el ejemplo más obvio de lo que pueda hacer la IA. Antes necesitas invertir en estructura y software para crear un analítica de Big Data que te ayudara a fichar. Ahora la IA ya tiene herramientas para crear modelos sencillos y asequibles. Un equipo modesto puede tener el mismo sistema de scouting que un grande", descubre Pau Garcia-Milà, director del máster 'IA e Innovación en el Deporte' que ofrece su empresa, Founderz, en colaboración con el Global Sports Innovation Center de Microsoft.
"Otra utilidad muy vistosa es el análisis de probabilidades en plena competición. En la Fórmula 1 ya la usan algunos equipos para saber, por ejemplo, qué opciones hay de que salga el safety car. En el fútbol ya se puede emplear para detectar el cansancio de un jugador y, en consecuencia, sustituirlo o cambiarlo de posición. Si esas aplicaciones de la IA no son populares todavía es por falta de información y por las reticencias de los dirigentes. Pero vamos a empezar a ver sorpresas porque la IA ayudará sobre todo a los equipos humildes, acortará las diferencias entre grandes y pequeños. Puede marcar la competición más pronto que tarde", añade Garcia-Milà.
¿Despidos masivos?
Según un estudio de Allied Market Research, las herramientas de IA en el deporte alcanzarán un valor global de 29.700 millones de dólares en 2032. En el deporte estadounidense ya se está invirtiendo en su avance, aunque de forma heterogénea. Varias franquicias de la MLB de béisbol trabajan con ella para tomar mejores decisiones sobre el juego. En la NBA se ha avanzado su aplicación en el scouting. Y en la NFL se ha popularizado su uso para crear análisis tácticos detallados del propio equipo y sobre todo de los rivales. Ya no hace que haya un entrenador ayudante viendo decenas de partidos para detectar esquemas ofensivos o defensivos. Ahora lo hace la máquina.
"¿Eso quiere decir que se va a despedir a entrenadores y ojeadores en masa? Yo creo que no. Pero sí tendrán que reorientar su trabajo. Ahora se necesitará que esos trabajadores manejen metodologías de IA. Será muy útil para mecanizar procesos. Con su implementación cuatro ojeadores podrán hacer el trabajo que ahora mismo hacen ocho, por ejemplo. O se podrán optimizar los planes de entrenamientos de los preparadores físicos. Las herramientas ayudarán a tomar decisiones, pero estas siempre serán de las personas y se mantendrá ese componente de azar que tiene el deporte", analiza Javier Sánchez, doctor en IA y director del Grado en Sistemas de IA de la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid.
Más salud, menos sustos
"Y todo eso hablando de alto rendimiento, pero hay otros sectores del deporte en los que la aplicación de la IA tiene todavía más recorrido. Por ejemplo, en la gestión de un estadio, para simular lo que va a suceder y mejorar los accesos u optimizar el ticketing. Por ejemplo, en la experiencia televisiva, creando con realidad aumentada un campo de fútbol en la mesa de tu comedor. O por ejemplo en todo lo referente a la salud. Ya se está trabajando en la predicción de arritmias con IA o la prevención de muertes súbitas en el deporte, lo que es muy interesante", finaliza Sánchez, que considera que todavía faltan unos años para que todas esas innovaciones alcancen a los deportistas amateur, aunque tarde o temprano llegarán.
Más allá de la mejora del rendimiento, la gestión deportiva o de la prevención de la salud, se acerca un futuro en el que la Inteligencia Artificial multiplique las posibilidades de herramientas ya existentes -relojes inteligentes, pulsómetros, GPS o aplicaciones como Strava- y cambie la manera de entrenar de los aficionados. La IA ya está preparada para revolucionar el deporte. Sólo falta que vuelva a aparecer Brad Pitt.
Fue en la noche del lunes cuando Carlos Alcaraz decidió junto a su equipo que el riesgo era demasiado grande. Ganar una Copa Davis seguirá siendo un sueño. Otro año será. El número uno del mundo no estará en la Final a Ocho que se disputa esta semana en Bolonia por culpa de una lesión en los músculos isquiotibiales de la pierna derecha sufrida en las ATP Finals.
Al finalizar el encuentro ante Jannik Sinner, Alcaraz esperaba que fuera solo una sobrecarga, una molestia subsanable en los días de descanso antes de la eliminatoria de cuartos de final ante la República Checa, pero la resonancia magnética realizada a su llegada a Bolonia descubrió un edema, líquido en la zona. Según fuentes cercanas al jugador, no hay rotura de fibras y es un proceso autolimitado, es decir, que se cura por sí solo, pero es doloroso y existe la posibilidad de que acabe en desgarro.
Existía la opción de dejar que el jugador reposara 48 horas para valorar la situación nuevamente el miércoles, pero era esperar un milagro. Una hinchazón así requiere más tiempo y, pasara lo que pasara, sería peligroso saltar a la pista. Al fin y al cabo, los músculos isquiotibiales de la pierna derecha —el bíceps femoral, el semitendinoso y el semimembranoso— son los que más sufren durante sus partidos.
Un músculo ya tocado
En el saque generan la fuerza que permite el salto de Alcaraz y, al golpear de derecha, son los que resisten el apoyo de todo el cuerpo. De hecho, a lo largo de su carrera el número uno ya ha padecido varias lesiones en la zona.
Hace dos años, justo después de su explosión, una dolencia muy parecida ya le obligó a renunciar al Open de Australia y le estuvo incordiando durante meses —venció en Wimbledon 2023 con un vendaje en ese muslo derecho— y, esta misma temporada, una sobrecarga similar en la final del Godó ante Holger Rune le llevó a la derrota y le obligó a renunciar al Masters 1000 de Madrid.
Según explican en su entorno, durante la fase de grupos de las últimas ATP Finals Alcaraz ya notaba la zona cargada y por eso se tomaron precauciones. Después de cada partido se aplicaba un tratamiento para liberar la zona y en los calentamientos utilizaba bandas de restricción sanguínea para aprovechar su efecto analgésico. Antes de salir a la pista colocaba una banda BFR en la parte superior de su muslo derecho, justo debajo del glúteo, y cinco minutos después se la quitaba para que la sangre volviera a fluir. Así aguantó hasta la final contra Sinner, cuando se acentuó el dolor.
Demasiados partidos por delante
En el formato clásico de la Copa Davis, con una final única, quizá habría opciones de que jugase, pues solo debería disputar uno o dos partidos como mucho. Pero en una Final a Ocho la exigencia es muy distinta. Si Alcaraz asumiese el riesgo, tendría que jugar dos encuentros —individual y dobles— para derrotar a la República Checa, luego hacer lo propio en las semifinales del sábado ante la Alemania de Alexander Zverev o Argentina y finalmente repetir la gesta en la final del domingo.
Aunque algún compañero pudiera liberarle del dobles, levantar la Ensaladera le exigiría completar entre tres y seis partidos en cuatro días, un imposible con una sobrecarga muscular. Por eso, al final, decidió que el riesgo era demasiado grande.
Si del fútbol americano les apasiona todo menos su agresividad, su testosterona y esa ingente cantidad de placajes que machacan a los jugadores, ya han encontrado su deporte: el fútbol flag. Para detener a alguien aquí no se dan golpes: basta con tirar de una de las dos cintas que el rival lleva colgadas de la cadera. La violencia sobra, también los golpes en el pecho.
Esta modalidad -que nació en el ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial como práctica inofensiva para mantener en forma a las tropas- ha crecido tanto que será olímpica en los Juegos de Los Ángeles 2028. En categoría masculina será difícil que España logre clasificarse, pero en la femenina es posible, más que posible. La selección se ha subido al podio en los tres últimos Europeos y, en el pasado Mundial, incluso bailó a la todopoderosa Estados Unidos.
«Cuando acabó el partido, una persona del cuerpo técnico americano nos dijo: ‘Sois las que más cerca habéis estado de nosotras’. Muchas de sus jugadoras salieron llorando», cuenta a EL MUNDO Olga Sotillo, referente española tanto en fútbol americano como en fútbol flag. «En el fútbol flag jugamos cinco contra cinco y parece que haya mucho espacio, pero luego va todo tan rápido que apenas te da tiempo a pensar», analiza Sotillo, que ha visto cómo el anuncio olímpico le cambiaba la vida: «Antes éramos un deporte minoritario, sin recursos para nada. Ahora ya podemos entrar en el Centro de Alto Rendimiento, pedir becas ADO, tenemos la ayuda del Comité Olímpico... El deporte se puede profesionalizar. Ya no hablas de un hobby, sino de una carrera».
¿Y cómo empezó en el fútbol americano?
Probé muchos deportes: fútbol, voleibol, triatlón, gimnasia artística... pero mi madre trabajaba muchas horas y le costaba llevarme a los clubes. Dejé de jugar, pero a los 14 años, cuando ya podía coger un autobús sola, vi un vídeo de un jugador de la NFL haciendo un catch [Odell Beckham Jr] y quise probar el fútbol americano con Las Rozas Black Demons. Empecé de cadete en un equipo mixto.
FEFA
Cuando arrancó en su club solo había dos chicas, ella y Cristina Gómez —también actual miembro de la selección española—, y tuvieron que integrarse en un conjunto masculino. Pero no hubo problema alguno. «Tuvimos suerte de caer en un club que siempre nos ha apoyado y, además, aquel equipo era magnífico. Los compañeros eran súper inclusivos, nunca escuchamos un comentario en contra; ahí éramos todos una piña. Con ellos estuvimos también en categoría júnior y, en sénior, ya pudimos formar un equipo femenino de fútbol americano. Luego llegó el flag, que vamos combinando. Cuesta encontrar mujeres para el fútbol americano por miedo al contacto, y por eso va tan bien que ahora el fútbol flag esté creciendo», analiza Sotillo, que se congratula de la estructura que se va creando alrededor de esta disciplina, aunque reconoce que todavía queda mucho por recorrer.
Una concentración en una granja escuela
Es difícil igualarse con selecciones como Estados Unidos, que se concentran habitualmente y entrenan en las macroinstalaciones de alguna franquicia de la NFL, pero no tanto con Reino Unido o Austria, que se preparan sin problemas en centros de tecnificación. España, de momento, está a años luz: su última concentración tuvo lugar en la Granja Escuela del Ayer, en Villanueva de Perales.
«Nos trataron muy bien y había un campo de juego muy cerca, pero dormíamos en literas, al lado de los animales. No sé por qué no podíamos hacerlo en el CAR. Con lo que tenemos, hacemos muy buen trabajo», comenta la jugadora, que pese a las carencias en los entrenamientos se colgó con sus compañeras el bronce en el Europeo celebrado en septiembre. En París derrotaron a Francia por un solo punto para hacerse con la medalla.
La próxima competición importante será el año que viene, el Mundial de Alemania, aunque todos los esfuerzos se centrarán en el Europeo de 2027, donde se repartirán las plazas olímpicas. Sotillo volverá entonces a liderar a la selección, aunque quizá se pierda la concentración previa —sea donde sea— porque acaba de aceptar una oferta para estudiar y jugar en la Universidad de Ottawa, en Canadá. «Estoy acabando Enfermería aquí, pero surgió la oportunidad de irme allí y empezaré Ciencias de la Actividad Física. Siempre he sido muy americana, llevaba tiempo enviando vídeos a universidades y lo aprovecharé al máximo», finaliza la jugadora española.