No es un partido más para España. Ante Italia, en Berna, se juega el liderato del grupo B que le depararía un cruce más amable en cuartos. Aunque, por encima de eso, lo que quiere la selección es sumar su tercera victoria. “Ganar significa confianza, mejorar desde la victoria, y eso es fundamental en el máximo nivel. Esto es élite y vamos a tener que competir bien, pero luego el partido nos puede llevar a un empate o una derrota”, advirtió Montse Tomé.
La seleccionadora tiene a las 23 jugadoras disponibles tras la recuperación de Cata Coll y la progresión de Aitana Bonmatí -“Alba Redondo es la que más tenemos que cuidar”, advirtió-, pero no dio pistas sobre rotaciones. Se esperan cambios en las laterales, con Leia y Jana, y habrá que ver cómo maneja las amarillas que arrastran Laia Aleixandri y Ona Batlle, a una de tener que cumplir sanción. Pero la asturiana insiste en darle valor al duelo contra Italia, que busca la clasificación y son la segunda mejor defensa del campeonato hasta el momento.
“Es una selección muy competitiva. Siempre ha sido difícil ganarles. Son muy rápidas en ataque y puedes tener una situación de centro lateral con cuatro jugadoras en el área. Eso hay que cortarlo”, destacó. “Defensivamente vamos a mejor, pero ahora entramos en una fase del campeonato en el que los detalles son claves”.
En los últimos tres enfrentamientos se ha dado todo: una victoria de España, una de Italia y un empate. “Les motiva jugar contra España y siento que es una selección que ha evolucionado. Tenemos una idea de lo que nos puede hacer y tenemos preparado nuestro plan. Vamos a ser competitivas siendo España“, aseguró.
Eso pasa por el control del duelo, la posesión y la vocación atacante, tres características que las llevan a ser favoritas para el resto de las selecciones. De eso, el equipo está al margen. O eso se esmeran en recordar. “Lo bueno de España es que ellas se concentran en el trabajo. No pensamos en el favoritismo y siempre respetamos a los rivales”, resumió la entrenadora.
Si en la faceta defensiva puede hacer cambios, en la ofensiva tiene un ramillete de posibilidades que está explorando. “Hemos ido cambiando en función de estados de forma y situaciones de partido. Ahora es Esther la 9, que nos aporta ayudas para tener superioridad por dentro en el centro del campo, llegada al área y opciones a la profundidad. Con Salma en otros momentos hemos buscado rupturas al espacio. Y con Martín-Prieto hay un registro más de área: de forjarse con defensas. Ella lee rápido las jugadas, por eso marcó ante Portugal”, describió.
Ni una pista dio sobre su plan: “Vamos a pensar el mejor once para mañana pensando en todo. España siempre juega a lo mismo, entre quien entre, y todas están muy motivadas”.
Esa idea la refuerza Leila Ouahabi, que puede entrar en la lateral zurdo por Olga Carmona: “Somos una selección que queremos ganar, queremos ser primeras y el pleno de victorias.
Hay una luz que el valencianismo ve al final del túnel con más intensidad que hace sólo siete días. La era post Peter Lim se empieza a vislumbrar después de tres movimientos estratégicos que confirman que el empresario, ahora sí, está en disposición de atender a ofertas que puedan serle ventajosas para salir del avispero de Mestalla que él mismo se ha dedicado a agitar desde 2019.
Aunque la atención esté focalizada en tirar del equipo de Rubén Baraja para que salga de la delicada situación deportiva en la que lleva inmerso desde el inicio de la temporada, al fondo de la tabla con seis puntos y sólo una victoria, el origen de los males se sigue viendo en el abandono del máximo accionista y su marcha se sigue coreando en Mestalla a voz en grito en cada partido, con la bandera amarilla de 'Lim Go Home' que ha llegado hasta las puertas de la mismísima casa del magnate en Singapur.
Pero Lim no iba a dejar al Valencia sin exprimir el rendimiento que da el lujo de ser propietario de un club histórico de LaLiga, con la vitrina cuajada de títulos y una masa social que lleva al estadio a 40.000 personas en cada partido, aun con el equipo sufriendo por la permanencia.
En los últimos siete días se han dado los pasos que esperaba para endulzar el valor del club y hacerlo más atractivo a nuevos inversiones. No significa esto que Peter Lim se lance a una venta inmediata, pero sí que le va a ganar dinero.
Para eso era imprescindible el trabajo en busca de la sostenibilidad financiera que llevan persiguiendo sus ejecutivos desde 2021. El máximo accionista empezó por hacer los deberes que estaban en su mano. Tomó las riendas del Valencia en 2014 comprando por 100 millones la deuda de la Fundación, propietaria entonces del 80% del capital social, y renegociando con Bankia, aún no convertida en Caixabank, la deuda con una quita de 60 millones de euros si mantenía el 51% de la propiedad al menos hasta 2026. Además, ha ido prestando asistencia financiera a través de Meriton por un valor que suma alrededor de otros 100 millones.
Han sido préstamos que ha capitalizado para aumentar su control del capital social al 91,55% y de los que el Valencia sólo va a tener que devolver los últimos 35 millones. De hecho, empezará a tener que hacerlo el próximo 15 de diciembre. El 70% lo afrontará en pagos hasta 2028 y el 30% lo tendrá que liquidar el 30 de julio de 2029. No parece que se vayan a agotar esos plazos.
El club ha ido ajustando su gasto y empequeñeciendo su plantilla hasta reducirla a los ingresos por televisión, de manera que incluso en el ejercicio 2023 va a dar beneficios. Y es que las ventas de futbolistas que se han realizado en los últimos dos años no se han reinvertido en jugadores sino que se han destinado a reducir una deuda que supera los 320 millones de euros. O al menos a no engordarla más.
La conocida pancarta de 'Lim go home' en una de las protestas de la afición.EFE
Una deuda contenida y unos gastos operativos equilibrados es lo que Lim exigía para hacer el club más atractivo y, de paso, dejar de prestarle dinero a fondo perdido. Eso ya lo ha conseguido. Además, tiene una plantilla joven, con valores en crecimiento, barata y con contratos cortos.
Nuevo Mestalla
Otros escollos no estaban en su mano. El primero, el embrollo urbanístico del cambio de estadio. Lim compró el Valencia sabiendo que estaba comprometido a cambiar Mestalla por el campo de la Avenida de las Cortes cuyas obras estaban paradas. Sin embargo, nunca le interesó retomarlas hasta que las instituciones le forzaron.
La Generalitat decretó la nulidad por incumplimiento de la Actuación Territorial Estratégica (ATE) que garantizaba al Valencia un mayor, y mejor, aprovechamiento urbanístico del suelo del actual Mestalla y, con ello, un aumento de su valor. También de una parcela anexa al nuevo campo que se puede explotar comercialmente.
Pese a que el Valencia tensó sus relaciones con el Ayuntamiento e incluso llevó a la Generalitat a los juzgados, finalmente alcanzó un acuerdo para mantener esos privilegios y lograr las licencias urbanísticas a cambio de activar las obras de nuevo campo antes del 15 de enero de 2025 y tenerlas finalizadas en el verano de 2027. Ese proyecto de estadio, el enésimo desde 2005, se presentó el pasado 11 de octubre al Ayuntamiento para ser sometido a la valoración de los técnicos y a una auditoría de costes que ya ha encargado el consistorio.
Se trata de un estadio de 70.044 localidades, con cubierta de cables tensados y membrana textil y una fachada ondulada simulando las balconadas del actual Mestalla. Todo con un coste total de 241millones de euros, de los cuales 63 ya estaban invertidos en la estructura actual de hormigón y a los que habría que sumar los 35 del coste del suelo. En total, una obra por encima de los 300 millones.
El Valencia sólo contaba con la financiación de 80 millones de CVC y la venta del terciario y algún inmueble más por valor de 35 para hacer frente a esta inversión. Necesitaba financiación por eso se lanzó a los mercados internaciones y lo hizo con el desbloqueo municipal bajo el brazo.
Los contactos se establecieron hace un año con Goldman Sachs para tantear las posibilidades de financiación y se han acelerado después del verano, con la hoja de ruta urbanística aclarada desde el pasado mes de julio. El Valencia busca los casi 100 millones para hacer frente a las obras y, además, otros 120 para refinanciar su deuda de corto a largo plazo. Esto le permitiría saldar la deuda con Caixabank, principal accionista y ponerse en manos de la firma norteamericana. Quedaría por saber si en esa negociación se incluiría la quita de 60 millones con que penalizarían a Lim si vende su mayoría. De hacerlo, tendría las manos libres.
El acuerdo entre el Valencia y Goldman Sach, con el nuevo estadio como principal garantía, está muy cercano y podría anunciarse en la próxima junta de accionistas, lo que supone dar una patada al balón hacia adelante. Con las finanzas a corto plazo ordenadas y el nuevo estadio desbloqueado, el valor del club en el mercado permite a Lim vender con beneficio.
El cuaderno de venta está ya en manos de las principales consultoras europeas, según desveló el diario AS, y el precio podría rondar entre los 350 y los 400 millones de euros. Es la cifra que también conoce LaLiga. Javier Tebas se ha esforzado en los últimos tiempos en ofrecerse para ayudar al magnate a buscar un comprador.
En ese precio influirá también el tiempo, porque en el momento en que Lim se decida será importante la situación deportiva del equipo. No vale lo mismo un club salvado que en riesgo de descenso o en Segunda.
¿Es la salida de Lim la salvación del Valencia? Depende de quién sea el comprador y de los planes que tenga. Si el interés es deportivo, su inversión tendrá que ser progresiva por las normas de fairplay de LaLiga pero el margen es muy amplio. Si es inmobiliario, todo será mucho más complicado, pero este interés es imprescindible tanto por el compromiso, ahora sí con penalizaciones, de acabar el estadio como por la necesidad de rentabilizar el viejo Mestalla.
Esta vez, a diferencia de en 2014, ni siquiera existirá una figura que pretenda velar por los intereses del valencianismo, aunque entonces se olvidaran de ejercer esa labor. Ahora será Lim y sólo Lim, o sus bancos, quienes decidan.
"Estoy para aportar mi granito de arena". Athenea del Castillo vino a Suiza con una idea muy clara: estaba en una lista de privilegiadas, iba a competir y a aprovechar su momento, aunque Montse Tomé no le tenga reservado un papel de titularísima. Lo asume, lo digiere con naturalidad y lo aprovecha. Es una más de un bloque de 23 que la seleccionadora pretende que sea muy dinámico, y eso le da momentos para aprovechar su chispa. Ante Italia le tocó ser titular y estrenarse como goleadora en una fase final. No pudo marcar en el Mundial, tampoco en la final de la Nations League pero le llegó la ocasión ante Italia en su segunda Eurocopa y no la desaprovechó.
"He entrado en diagonal y he visto a Alexia. Se la he dado porque me esperaba que algo iba a hacer, porque Ale tiene magia", contaba mientras miraba en el móvil la jugada. "Ah, pues es más bonito ahora. No pensaba que la había ajustado tanto", explicaba entre risas con una naturalidad que nunca disfraza.
Hizo más de lo que le pidió Tomé: "Nos da amplitud, uno contra uno, es capaz de desbordar y tiene pegada metiéndose en el área, como ha hecho en el gol". Por si no fueran suficientes argumentos, de ella nació también el gol de Patri Guijarro.
Ese papel que destaca la seleccionadora lo lleva trabajando meses con una psicóloga que estaba con sus familiares en la grada en Berna a los que dedicó el gol. Las pautas que le marca las sigue a rajatabla... y las complementa. Athenea en sus ratos libres hace los "deberes" que le pone muy concentrada -"me gusta subrayar para enterarme muy bien de lo que leo", explica- y se ha traído a Lausana un libro de liderazgo al que dedica los ratos después de la comida. "Me habéis pillado porque no recuerdo el título", admitía en rueda de prensa entre risas. "Llevo 50 páginas. Es sobre el liderazgo y trabajo en equipo, que es algo superimportante de cara al año ilusionante que tenemos en el Real Madrid. Es importante encontrar el liderazgo que quiero tener en el club", explicaba.
Madridista confesa, ha estado pendiente del desempeño de su equipo en el Mundial de Clubes y de Xabi Alonso. "Tenía muchas ganas de ver cómo iba a jugar el equipo porque, como todos los madridistas, estoy muy ilusionada con su llegada. Tengo muchas ganas de conocerle", admitía la jugadora en entrevista a Efe hace unos días. Iba a "picar" a Olga Carmona, que acaba de cambiar el Real Madrid por el PSG, pero el tiro le salió por la culata.
Su gran apoyo en esta concentración está siendo María Méndez, la central con la que comparte club. "Somos Pili y Mili. En el bus las dos supimos que íbamos a ser titulares y ella me dijo que lo estaba haciendo muy bien y seguro que marcaba". No se equivocó.
Lo que peor lleva Athenea es que falta casi una semana para los cuartos de final ante Suiza, el próximo viernes de nuevo en Berna. "Como futbolista, te diría que quiero jugar mañana mismo, pero bueno, ahora tendremos momentos para desconectar y luego volver a prepararnos", comentó.
Montse Tomé fue más explícita: "Me han pedido libre, sí, pero ya lo teníamos previsto, por equilibrio mental", aseguró. Algo que ella no tendrá: "Hemos visto a Suiza, pero todavía no lo hemos analizado. Desde que está Pía como entrenadora, tienen una línea de cinco, como todas las estructuras que nos hemos encontrado en esta primera fase. Me espero un equipo arropado por su gente, que en los últimos minutos pasa a cuartos y tiene grandes jugadoras con buen rendimiento. Vamos a ver cómo podemos desajustarlas".
Nada de lo que ocurrió en las entrañas del Arena AufSchalke desde que Georgia puso un pie en los octavos de la Eurocopa es casual. Todo tiene, buscado o no, un simbolismo que va más allá del balón. Estos futbolistas son un emblema para las nuevas generaciones de un país orgulloso que quiere, como en el campo, conquistar a Europa. El aldabonazo en Alemania, venciendo a Portugal y enfrentándose a España, es una metáfora de que quieren colocarse en todos los mapas.
Cuando Saba Lobjanidze enfiló, altavoz en mano, el largo pasillo de la zona mixta, lo seguían Mekvabishvili, Kvekveskiri y se fueron sumando jugadores al grito 'Sakartvelo'. No era un cántico de jugadores eufóricos que, hasta hace apenas un año, casi eran desconocidos si los encontraban por las calles de Tiflis. Era un grito patriota. Para los georgianos no existe Georgia sino Sakartvelo, «la tierra de los kartvelianos», los habitantes del Reino de Kartli que ocupó parte del actual territorio hasta el siglo XV. Allí hunden sus raíces estos jugadores que ni siquiera superan la treintena y que, por eso, han establecido un vínculo directo con la juventud del país.
Comparten inquietudes, sueño europeísta y orgullo nacional, porque como quienes salen a las calles a manifestarse, ellos tampoco se esconden. «El camino de Georgia pertenece a Europa. ¡El camino europeo nos une! ¡Hacia Europa!», afirmaba Kvaratskhelia en febrero cuando la UE abrió las puertas a la adhesión de Georgia. «¡El camino y el futuro de Georgia pasan únicamente por Europa!» decía Giorgi Mamardashvili, el nuevo ídolo, que ya es imagen de marcas como Emporio Armani o Pepsi.
«Como tres Champions»
«No he conocido un jugador con más sentimiento patriótico que él, lo lleva muy dentro», cuenta José Manuel Ochotorena, entrenador de porteros del Valencia y formador del mejor guardameta del torneo. «Cada cosa buena que hace piensa en lo importante que es para su país. Con la clasificación era el hombre más feliz del mundo. Como si hubiera ganado tres Champions. Cuando volvió a Valencia me contó que la noche del partido ante Grecia que les llevó a la Eurocopa casi no puede entrar en su casa de la gente que le esperaba», relata a EL MUNDO.
Y es que este grupo que dirige Willy Sagnol es mucho más que una suma de deportistas. Son ídolos por lo que hacen en el campo, donde sólo el luchador Ilia Topuria en el ring les gana en popularidad, y fuera. Pocos tienen un recuerdo de la invasión rusa que les arrebató dos provincias, Abjasia y Osetia, pero todos saben que no quieren vivir bajo la suela de esa bota de la que se libraron tras la caída de la URSS. «Cuando yo llegué en 2011 había aún ambiente de guerra y estos chicos conocen las dificultades que ha vivido su gente, la pobreza y las condiciones de vida que aún están muy por debajo de las de Europa occidental. Para todo el mundo era impensable que consiguieran esto», cuenta Carles Coto, que fue jugador del Dinamo de Tiflis durante tres temporadas. Fue junto a Xisco Muñoz, Alex García o Andrés Carrasco uno de los pioneros en «españolizar» el fútbol en Georgia. Ellos pusieron una semilla que luego germinó. «Jugadores como Kvaratskhelia, Mamardashvili o Mikautadze son un ejemplo de que tener lazos con Europa hace crecer», apunta el ex futbolista.
Eso es precisamente lo que piensa buena parte de la población y de los jugadores, a los que les gusta mostrarlo. En el vestuario entonaron 'Samshoblo' (Patria), una canción folk publicada después de la guerra con Rusia y hoy himno proeuropeo.
«dejadnos mostrar nuestra fuerza»
Después, en esa especie de conga por los pasillos del estadio de Gelsenkirchen a la que se unió Mikautadze -pero no el tímido Kvaratskhelia ni Mamardashvili, en el control antidopaje-, siguieron lanzando mensajes en el mismo sentido: «Estamos aquí, dejadnos mostrar nuestra fuerza, estamos juntos».
Los futbolistas georgianos festejan su pase a octavos.AFP
Mientras, las banderas de Georgia seguían ondeando en manos de los aficionados que, desde las escaleras de acceso a la grada, esperaban a ver salir a su héroes. Ellos les responden. Algunos se posicionaron contra la Ley de Transparencia sobre la Influencia Extranjera, la llamada 'Ley rusa' que pretende controlar la actividad de «agentes extranjeros» en el país, lo que supone de hecho una restricción de libertades, entre ellas las de expresión y todas las que posee en colectivo LGTBI.
Esa propuesta viene avalada por el partido Sueño Georgiano, liderado por el oligarca Bidzina Ivanichvili, considerado el dirigente en la sombra del país, que ayer anunció que donará más de 10 millones de dólares al equipo nacional de fútbol por la proeza de la clasificación para octavos. Se trata de una prima mayor que la que recibiría España si termina campeona. Falta saber si estos jugadores la aceptan o queda en los fondos de la Federación, menos beligerante.
Ahora espera España, pero ellos disfrutan y hasta unen a su fiesta en su base de Velbert, cerca de Dortmund, a otro conocido luchador, Merab Dvalishvili. Eso sí, con el corazón a 4.000 kilómetros. «Me han enviado vídeos de cómo está celebrando la gente y es increíble», contaba Giorgi Kochorasvili tras el partido. Antes de la Eurocopa, el anhelo del jugador del Levante era darle una alegría su pueblo, «que lo está pasando mal». Ya lo han conseguido.