”No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”, afirmaba Óscar Wilde. Y, sin duda, las personas mayores tienen mucho que decir. Para celebrar su talento, la Fundación ”la Caixa” regresa con la 17ª Edición del Concurso de Relatos 2025 para autores de más de 60 años.
"Copa Davis hay muchas y Rafa sólo hay uno", concluía Carlos Alcaraz a la una de la madrugada, en la sala de prensa del Martín Carpena, después de la derrota de España ante Países Bajos en los cuartos de final y tenía razón. A sus 21 años le queda por delante más de una década de oportunidades para levantar la Ensaladera, pero también acertaba en su análisis días antes, a su llegada a Málaga: "Es una oportunidad única". Y realmente lo era.
La Copa Davis no depende de uno mismo y el actual número tres del mundo lo tendrá muy difícil para ganar. Rafa Nadal se retiró este martes con cinco en su palmarés porque es Rafa Nadal, pero también porque coincidió primero con Carlos Moyà y Juan Carlos Ferrero, más tarde con David Ferrer, Feliciano López y Fernando Verdasco y finalmente con Roberto Bautista y Marcel Granollers. Hay margen de tiempo, pero de momento Alcaraz no empieza con tanta suerte.
Porque después del adiós de Nadal, coetáneo de Granollers (38 años) y casi también de Bautista (36), el equipo español se queda vacío; el tenis español se queda vacío. Si hubo un tiempo en el que del Top 100 del ranking ATP asomaban 12 o 14 jugadores del país, ahora sólo hay seis y sólo Alcaraz está en los 40 primeros. Junto a él y Bautista, están Pedro Martínez, Alejandro Davidovich o Jaume Munar, los tres entre los 25 y 27 años, pero con pasos por hacer para afianzarse en la élite. ¿Y por detrás?
Los 'colleges' y la presión
Como le ocurre a otros deportes como el baloncesto, la buena fama de la cantera española ha atraído a un altísimo número de extranjeros y en las academias cada vez aflora menos talento nacional, aunque hay excepciones. Ahí está el palmarés, por ejemplo, del US Open junior, con tres campeones españoles en los últimos cuatro años: Daniel Rincón, Martín Landaluce y Rafa Jódar. "Viene una generación muy, muy buena, claro que el tenis español tiene relevo. Martín, por ejemplo, ya está el 156 del ranking ATP, va a llegar arriba pronto", anuncia Andrés Santamarta, otro miembro de ese grupo, que a sus 17 años esta semana ha ejercido de sparring del equipo español.
"El listón está muy alto y ahora hay caminos distintos. Hay muchos tenistas de mi generación que se van a jugar a las universidades americanas y no entran tan rápido al circuito de futures y challengers", analiza Santamarta que asume que habrá que esperar unos años para valorar el alcance de los jóvenes españoles de su edad. Del éxito en júnior al éxito en la ATP hay un abismo y mucha, mucha presión. Durante los 20 años de carrera de Nadal, los tenistas crecían fuera de los focos, sin atención mediática porque había muchos otros por delante.
Ahora hay cierta ansiedad por saber quién saldrá para acompañar a Alcaraz y eso se nota. Rincón, por ejemplo, 246 del mundo a sus 21 años, reconocía recientemente que no supo manejar el interés generado después de ganar el US Open júnior. "A muchos jugadores les afecta un montón. Me han contado cosas y las entiendo, porque puede ser agobiante. En mi caso, de momento, no me ha afectado. He escuchado opiniones sobre si voy a llegar o no, pero simplemente quiero ser yo mismo", finaliza Santamarta que, en el futuro, si realmente llega, tendrá otro punto en contra para ganar la Copa Davis.
Cuando la Davis no se juegue en España
Porque desde 2019, es decir, desde el pacto de la Federación Internacional de Tenis (ITF) con la empresa de Gerard Piqué, Kosmos, las finales de la competición se celebran en España -Madrid y Málaga-, pero eso va a cambiar. A partir de 2026 seguramente se disputarán en Asia, lo que multiplicaría su dificultad. Además la fase previa también cambiará de formato y España podría tener que irse a Argentina o a Australia para clasificarse, por lo que podría incluso no llegar.
"Es una competición preciosa, pero entiendo la ventaja que supone jugar siempre en casa. Si no fuera así lo vería todo distinto", reconocía el capitán, David Ferrer, al que le queda mucho trabajo por delante. Sin Nadal y con Granollers o Bautista observando el ocaso, Alcaraz se advierte muy solo y a los talentos que vienen por detrás todavía les falta recorrer un duro camino.
La esquiadora María Castellví relata una experiencia propia y común: en lo suyo, el freeride, el esquí fuera de pistas, es un rito de iniciación.
«Fue el año pasado en una canal, en Argulls, en el Valle de Arán. Había estudiado el parte de aludes y no había peligro, pero hice dos o tres curvas máximo, empecé a encarar los esquís, frené un poco y noté una fuerza que me tiraba para abajo. Bajé toda la canal rodando. Intenté salir como podía del alud, estabilizarme, ponerme de pie, pero no había manera. Hubo momentos muy angustiosos de verlo todo negro. Por suerte no me llegó a enterrar del todo y cuando llegué abajo pude levantarme».
A sus 20 años, antes de debutar con la élite en el Freeride World Tour (FWT), Castellví ya ha sufrido un alud, un trance por el que también pasaron otros referentes españoles, Aymar Navarro, Abel Moga o Nuria Castán.
«No es una norma, no quiero que lo sea, pero al final es lo que hacemos. Por estadística te puede pasar, eso está claro. Siempre hay peligro. Espero que no me toquen más veces», reclama la esquiadora, que en 2024 dominó el FWT Qualifier, la tercera división mundial, y este año competirá en el segundo escalón, el FWT Challenger, y debutará entre los mejores en Baqueira-Beret entre el 16 y el 21 de enero.
Pero si no hay una salida y una meta, si no hay puertas que pasar... ¿Quién gana en el esquí fuera de pistas?
Eso es lo que más le llama la atención a la gente. El freeride no se basa en la velocidad. Es un deporte con un jurado que mide tu creatividad, tu técnica, tu control, tu fluidez y tu estilo. Te envían una foto de un trozo de montaña y tienes que inventarte la bajada. No puedes esquiar allí en los días previos a la competición, así que primero debes estudiarlo todo bien con fotos y vídeos y luego, cuando ya estás allí, inventarte un descenso original, meterle saltos y hacerlo todo de una vez, sin pararte.
Precocidad en contra de las reglas
«Soy de Cambrils, que es un pueblo de la costa de Tarragona, lejos de la montaña, pero mis padres siempre han esquiado y tenemos una casa en el Valle de Arán. Empecé a esquiar a los tres años, hice un grupo de amigos, pero cuando crecimos empezaron a competir en esquí alpino y a mí no me llamaba la atención. No quería estar todo el día bajando la misma pista, quería ver montaña, vivir aventuras, hacer cosas diferentes. Un día, con los monitores, salimos de pista y empezamos a flotar, a saltar, y pensé: 'Esto está guay'. Tenía 10 años», recuerda Castellví, que obligó a cambiar una norma.
En su club, el Club Esquí CEVA de Vielha, no se permitía el esquí fuera de pistas antes de los 14 años, pero con ella tuvieron que hacer una excepción. «Siempre iba con los mayores y al final me dejaron. Ahora los niños ya pueden hacer 'freeride', ha cambiado el enfoque», cuenta quien después descubrió que en el freeride hay competición y que, de hecho, existe todo un mundo competitivo.
Un deporte a las puertas de los Juegos
El Freeride World Tour, con sus tres categorías, celebrará el año próximo su decimonovena temporada y se acaba de crear el Mundial, cuya primera edición tendrá lugar en Andorra, en Ordino-Arcalís, del 1 al 6 de febrero.
Al contrario que en otras disciplinas, aquí la mayor parte de la atención se la llevan los snowboarders, con figuras como el francés Victor de le Rue, aunque a los esquiadores no les faltan patrocinadores.
La ambición del freeride es entrar en los Juegos Olímpicos de Invierno y no es una utopía. En busca del público más joven, el Comité Olímpico Internacional (COI) ya ha aprobado la intención de hacerle un hueco a partir de los Juegos de los Alpes Franceses 2030, aunque como le ha pasado al skimo, es posible que se pierda algo de autenticidad por el camino.
«Estaría bastante bien que el freeride fuera olímpico porque sería más fácil obtener ayudas. Ahora las federaciones lo tienen complicado para dar oportunidades», reconoce Castellví, que compagina sus estudios de Negocios Internacionales y Marketing en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona con sus entrenamientos en Baqueira-Beret, siempre fuera de pistas, aceptando el riesgo.
«Cuando me pilló el alud, ese mismo día ya esquié. Me tomé 20 minutos para tranquilizarme y volví. Es muy difícil que se me quiten las ganas de esquiar», finaliza Castellví.
Bajo un calor insólito, 34ºC en Londres, la mayor temperatura registrada en la ciudad en un mes de junio, decenas de ingleses se amontonaban en las gradas de la pequeña pista 4 de Wimbledon para observar la hazaña de un compatriota suyo, un vecino, un aficionado como ellos. Oliver Tarvet vencía al suizo Leandro Riedi por un triple 6-4 y se clasificaba para la segunda ronda del Grand Slam, donde este miércoles se enfrentará al vigente campeón, Carlos Alcaraz. Un sueño de infancia, el partido de su vida.
Muchos tenistas locales reciben cada año una invitación para el torneo y algunos avanzan rondas, pero la gesta de Tarvet es única. A sus 21 años, no sólo debuta en Wimbledon, no sólo descubre un grande, no sólo se estrena ante un Top 10 del ranking mundial; es que está jugando su primera competición profesional. Después de ganar el torneo previo, su primer partido ATP fue el lunes ante Riedi y ante Alcaraz este miércoles disputará el segundo. De momento, su casillero marca un 1-0 en el circuito, donde aparece como el número 733 del mundo.
"¡Gareth!", gritaba para celebrar su triunfo, igual que hizo en los tres partidos clasificatorios, en una broma interna con sus amigos de la estadounidense Universidad de San Diego que supuestamente tiene alguna relación con Gareth Bale. "Cuando era niño solía venir aquí todos los años con mis padres y mi hermana. Estos días estoy sintiendo muchas emociones, pero la principal es felicidad. Estoy viviendo un sueño", pronunciaba Tarvet, nacido en Saint Albens, un pueblo a 30 kilómetros de Londres y formado en la Batchwood Tennis Academy.
Un premio que no gastará
De pequeño estuvo entre los mejores de Reino Unido, invitado al circuito Nike Junior International para sub-14, pero su progresión adolescente fue modesta. En 2021 fue invitado al Wimbledon junior y cayó en primera ronda y en esa categoría sólo celebró un título, el remoto J5 de Nairobi, en Kenia. Por eso cuando tuvo la oportunidad de aceptar una beca en Estados Unidos no lo dudó y se marchó a estudiar una carrera científica en San Diego y a competir en la NCAA con los Toreros, el equipo de la universidad.
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"Estoy muy agradecido a la universidad y quiero acabar mi carrera, me queda todavía un año", comentaba este lunes sobre la posibilidad de convertirse de inmediato en profesional. Porque su gesta estos días en Wimbledon le puede cambiar la vida, pero no le hará rico, ni mucho menos. Aunque los tenistas que alcanzan la segunda ronda reciben unos 115.000 euros, Tarvet no se podrá quedar ni un euro. Las normas de la NCAA estadounidense sólo le permiten utilizar 8.500 euros para gastos y debe presentar los tickets.
"Es un poco raro porque en la mayoría de torneos a los que voy normalmente el premio no me da para cubrir los gastos y ahora me sobra. Quizá le alquile un avión privado a mi entrenador para la vuelta", asumía un tenista que hasta esta semana sólo había ingresado en toda su carrera 13.000 euros en premios. De hecho su experiencia hasta ahora se limitaba a la competición universitaria y a algunos torneos Futures durante el verano, en las vacaciones entre curso y curso. El año pasado llegó a ganar uno en Túnez y eso le elevó hasta el 624 del mundo; este julio cuando acabe Wimbledon entrará como mínimo entre los 400 mejores.
Su virtud, el saque
Por lo visto en primera ronda ante Leandro Riedi, para Alcaraz la principal amenaza de Tarvet será su saque, tan potente como efectivo. En su debut como profesional, el inglés no tuvo que encarar ninguna bola de break y ganó el 91% de los puntos que empezó con su primer saque. Mientras su rival cayó en muchos errores, a Tarvet le valió con mantener su servicio y jugar con consistencia. Ante el español necesitará mucho más si quiere vencer, aunque haga lo que haga saldrá de la pista central de Wimbledon con una ovación.
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"Me encantaría dejar mi huella aquí, voy a intentar disfrutar del partidos", que comparte con el campeón de cinco Grand Slam un hecho: ambos idolatraron a Rafa Nadal cuando eran niños. Luego los caminos de los dos se separaron hasta encontrarse este miércoles en un partido más para Alcaraz, en el partido de su vida para Tarvet.