Junto a su hermano Mark la pareja se convertiría en 13 veces campeona de la AEW (All Elite Wrestling)
La estrella del wrestling Jay Briscoe en el ring.All Elite Wrestling
La estrella del wrestling Jay Briscoe ha muerto a los 38 años en un accidente de coche en Laurel (Delaware).
Briscone, cuyo nombre real era Jamin Pugh, estaba considerado como uno de los mejores especialistas de la lucha por parejas de todos los tiempos.
En el accidente, en el que se produjo la colisión de dos vehículos, murió otra persona, cuya identidad no ha trascendido, y otras dos fueron trasladadas de urgencia al hospital.
Jamin Pugh y su hermano Mark empezaron en el wrestling profesional a mitades del año 2000. Eran conocidos en el ring como Midnight Outlawz, y en 2002 pasaron a llamarse The Briscoe Brothers, con el que se convertirían en 13 veces campeones por parejas de la AEW (All Elite Wrestling). Su último gran éxito fue su reciente título de ganador de la Final Battle de ROH (Ring of Honor).
La muerte de Jay Briscoe fue anunciada por Tony Khan, propietario de AEW y ROH, en sus redes sociales: “Lamentablemente, Jamin Pugh ha fallecido. Conocido por los fanáticos como Jay Briscoe, fue una estrella en ROH durante más de 20 años, desde el primer programa hasta el día de hoy. Jay y su hermano Mark dominaron ROH, reinando como campeones hasta el día de hoy. Haremos lo que podamos para apoyar a su familia. Descansa en paz Jamin”.
El Madrid ganó de milagro. No lo mereció. El Atlético no debió de perder. Tuvo más el balón, hizo más acciones de gol y se fue de la semifinal sin pena ni gloria. El equipo rojiblanco no ha encontrado a Julián Alvarez, que parece otro jugador y Llorente no puede ser siempre el milagro. Simeone no da para más.
Da igual, porque los dos equipo estaban muertos de calor, hastío, cansancio y apenas podían con esa asesina humedad que acaba a cualquier deportista. Es un sitio nefasto para jugar. Es inaudito que el fútbol español sufra por dos aventureros -por no decir otra cosa- como el ex-presidente, el del piquito y el pesetero Piqué.
Son culpables de que nos tengamos que tragar un partido anodino, sin fe ni fiebre, porque las condiciones de juego son criminales. Los árabes acabarán con el fútbol tal como lo entendemos.
El Madrid sobrevivió en la primera parte gracias al golazo de Valverde y los milagros de Courtois. Y poco más. Así que no jugó a nada, con una inacción obsesiva. Sobre todo para el plano mediocre de Alonso, que no puede con el síndrome de Ancelotti, de cuando no se tiene ventaja siempre hay que echarse para atrás.
El Atlético, con Llorente y Baena fue más lascivo en ataque que el Madrid. Los brasileños perdieron dos ocasiones de gol meridianas, aunque el que más se desesperaba era Vinicius, que dejaba a Llorente llegar hasta la meta y estaba allí, casi sentado, como un convidado de piedra.
El Madrid jugaba andando, como es habitual en la personalidad deficiente de Alonso. Ni Bellingham ni Tchouaméni ni Camavinga juegan con inteligencia en el centro del campo. Además, Camavinga casi regaló un gol por esa manía que tiene de conducir el balón, personalmente, algo que también es facultativo de Bellingham.
¿Por qué se lesionan tanto los defensas del Madrid? Porque están vendidos, al no existir un centro del campo que proteja y organice. Es un puñetero escándalo que habla de la plantilla y de ese aprendiz que es Alonso. El trabajo de Asencio y Rüdiger fue estajanovista. No había centro del campo. Nadie ordenaba. Ni sufría.
Al final, es el chutazo de Valverde y su gran pase para la buena definición de Rodrygo sirvieron para una final injustamente conquistada. Da igual, con el cansancio y la mezquindad del equipo de Alonso, el Madrid será carne de cañón ante el hambres azulgrana.
El caso de Vinicius sobrepasa la indignación. Ni jugó ni peleó y sólo intentó que perdiera el Madrid. Simeone -qué odio tiene al Madrid- le decía que Florentino le iba a echar y el brasileño picaba. Es imposible que Vinicius siga jugando de blanco. Es un escarnio. Lo malo es que su papá Florentino no le va a sacar ni un euro por quitárselo de encima.
"¿Por qué no? Quizá algún día los españoles puedan ver a su equipo ganando a los All Blacks". Corría marzo de 2023 y Bill Beaumont, entonces presidente de World Rugby (la Federación internacional), respondía a los periodistas sobre las razones para que Madrid fuera una sede de las Series Mundiales de rugby a siete. Dos años después la selección masculina no sólo ha vencido varias veces a Nueva Zelanda sino que se ha proclamado subcampeona, por detrás de Sudáfrica.
Hace ahora un año, precisamente en esa serie final en Madrid, el equipo trataba de evitar el descenso. Se salvó con solvencia. Al inicio de esta temporada, el seleccionador Paco Hernández se planteaba meterse entre los ocho primeros para garantizar la permanencia. En el primer torneo España fue plata; en el segundo, cuarta. Al término del tercero, en el que hizo bronce, era colíder. "Ahí nos dimos cuenta de que podíamos mirar objetivos más grandes", contaba Hernández a EL MUNDO tras la final de este domingo.
La explosión de 'los hombres de Paco', como se les ha llamado en las redes sociales de la Federación, se ha producido en los últimos meses pero se debe a un trabajo de años en un contexto favorable. El seven es olímpico desde 2016. En paralelo, constituye la apuesta de World Rugby para atraer nuevos públicos. Estadios grandes, con sucesión de partidos (14 minutos cada uno) sobre el césped, juego siempre en movimiento y ambiente festivo. La espectacularidad como principio y las redes sociales, en los últimos años, como escaparate.
En el rugby a siete han dominado las grandes potencias del rugby tradicional. Pero abre una ventana a los países emergentes: no hace falta una plantilla de cuarenta jugadores y quince personas de staff. Con la mitad se puede competir en la élite. Es más barato y permite la entrada de fondos adicionales vinculados al olimpismo.
Para saber más
"Desde que terminó el covid este equipo lleva años junto", recordaba el jueves pasado Manu Moreno, incluido junto a Pol Pla en el equipo ideal de la competición. Es otra clave del despegue español. A las órdenes de Paco Hernández y del preparador físico Manuel García Sillero -también decisivo en la subida de nivel-, desde hace dos temporadas una veintena de jugadores pagados por la Federación están concentrados todo el año en Málaga -la selección femenina, en Madrid- y dedican al rugby su jornada laboral. Su rendimiento se ha multiplicado. "Se han convertido en mucho más profesionales de lo que eran, son compañeros de trabajo que funcionan muy bien", explica el seleccionador. A la vez, tratan de evitar la sobrecarga. Con el dinero que recibe cada uno se organiza para vivir, ya sea con compañeros o con personas ajenas al deporte.
Al éxito ha contribuido cierta continuidad. Hace más de una década la selección masculina, dirigida por Tiki Inchausti, ya estuvo en la élite. Pero sobre ella pesaron siempre las estrecheces presupuestarias. Pese a la clasificación para los Juegos de Río 2016, el plan no continuó. Volvió a coger impulso con Pablo Feijóo y ahora Paco Hernández ha llegado al vértigo de firmar seis semifinales en siete torneos. Incide también la especialización. Los seleccionadores detectan jugadores con capacidades para esta modalidad explosiva y les ofrecen probar. Excepto en algunos casos, eso supone la renuncia al rugby de quince, pero otorga la posibilidad de ingresar en un entorno muy competitivo con viajes por todo el planeta.
Hace unos años, además, que a las selecciones de rugby llegan jugadores con muchos años de bagaje porque se iniciaron de niños. España disfruta ahora de un conjunto con enorme competencia interna. Tiene un gran veterano, Pol Pla, 110 ensayos en Series Mundiales. Otros compañeros con mucha calidad, aún jóvenes pero con mucha experiencia en el circuito. Y jóvenes capaces de desatascar los partidos con descaro y velocidad.
Por último, la química interna del grupo humano funciona. Deportistas que lo pasan bien, que transmiten optimismo cuando se arrancan a cantar 'La Morocha', el altavoz siempre a mano. "Somos un equipo muy joven, muy alegre, tenemos muchas ganas de estar aquí, eso también es importante, porque es un deporte que quema bastante", cuenta Moreno. Una prueba de su aceptación popular es que en los contratos con la Federación se han incluido cláusulas para regular las acciones publicitarias.
Selfie de Tobías Sainz-Trápaga con el equipo y el staff
Este excelente momento de la selección masculina se ha consolidado días después de que World Rugby, que se financia sobre todo con los mundiales de rugby a quince, redujera los equipos de seven en las Series Mundiales para la próxima temporada en un intento de limitar gastos. A los Leones, subidos al podio, no les afecta. Las Leonas, duodécimas en la temporada regular, han quedado fuera. Al circuito le hace falta dinero privado. A nivel nacional, lo señalaba Pla con la plata colgada al cuello. "Ojalá tengamos más apoyo económico de empresas que apuesten por nosotros, y seguimiento, que vean que jugamos contra los mejores y se diviertan con nosotros".
En conversación con EL MUNDO, el seleccionador Paco Hernández manifestaba sus deseos para llegar aún más lejos. "Intentar generar un campeonato de España de rugby a siete, seguir trayendo chavales, que los jugadores y jugadoras quieran estar en este entorno". Hace unas semanas, en el entrenamiento abierto que el equipo hizo en Madrid, él deslizaba en privado que en Los Ángeles miraban al podio. En el torneo que decidía el título han dado otro paso más. Del tercer puesto de la temporada regular han avanzado hasta el subcampeonato.
De Los Ángeles a Los Ángeles, "volver a los Juegos Olímpicos" es la meta que a medio plazo se marca el seleccionador. Significan reconocimiento, dinero, visibilidad. Pero después de una temporada deslumbrante que les sitúa bajo los focos de la élite internacional, los jugadores españoles, cuando se plantean objetivos antes utópicos, coinciden sin saberlo con aquella reflexión que entonces sonó a cumplido algo sorprendente. "¿Por qué no?"