Un mes, sólo un mes, un mes exacto, ¡menudo mes! Hace un mes, el 8 de febrero, Paula Sevilla se presentó en el Campeonato de Madrid de pista cubierta con el gesto torcido. Velocista de siempre, especialista en los 200 metros, por ser castellano-manchega no le habían dado plaza para su distancia y sólo le permitían participar en los 400 metros. El doble de sufrimiento, el doble de agonía… ¿Para qué correr? A sus 27 años, se planteó quedarse en casa. De hecho, iba a quedarse en casa. Pero a última hora decidió probarse.
En las distancias cortas, los 100 metros, siempre se había visto eclipsada por amigas suyas como Maribel Pérez y Jael Bestué y, en el fondo, sabía que algún día tendría que probar con alargar sus sprints. Lo que ocurrió sorprendió a todo el mundo, sobre todo a ella. De repente, una cuatrocentista de clase mundial. En su debut registró una marca estratosférica, 51.79 segundos, y se convirtió en la segunda mejor española de siempre sólo por detrás de Sandra Myers. ¿Había sido casualidad? Imposible.
Un mes después, sólo un mes, un mes exacto, Sevilla se colgó este sábado su primera medalla internacional: bronce en los 400 metros del Europeo indoor. Con la inocencia de quien todavía no sabe por qué es tan buena, la española se atrevió a retar
Entrevista
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Spielberg
Actualizado Viernes,
30
junio
2023
-
21:00El piloto de Alpha Tauri, fan de Alonso, quiere conseguir un podio...
La vida sin Carlos Alcaraz y Jannik Sinner es una vida extraña. Sin ellos el tenis no encuentra el camino y anda sin brújula. Este domingo (10.30 horas, Movistar), en la final del Masters 1000 de Shanghái se enfrentarán dos primos, dos hombres fuera del Top 50 que hasta esta semana no habían pisado ni unos cuartos de final en un torneo de este calibre. ¿Cómo? Con uno de ellos, la sorpresa tiene explicación: el francés Arthur Rinderknech, de 30 años, número 54 del mundo, es uno de esos altones que a base de saques puede vivir la semana de su vida en una pista rápida como la china. Nadie lo veía en la final, nadie lo consideró candidato ante rivales como Alexander Zverev, Félix Auger-Aliassime o Daniil Medvedev, pero todos ellos están como están. La verdadera conmoción, sin embargo, lleva el nombre de su primo, Valentín Vacherot.
Nada sabía nada de él, vagaba por el puesto 204 del mundo y optará a un título de Masters 1000 tras derrotar al tenista más laureado de la historia, Novak Djokovic.
Nacido hace 26 años en Roquebrune-Cap-Martin, un pueblo bonito entre Francia y Mónaco, Vacherot eligió representar al Principado -el país de su madre- después de formarse en el tenis estadounidense en la Universidad de Texas A&M. Su tenis no dice gran cosa -mide 1,93, juega con la derecha, revés a dos manos, estilo limpio, sin florituras-, pero su aparición sí. Hasta hace nada, su territorio eran los torneos Challenger, donde había ganado cuatro títulos y su ranking era intermitente hasta que llegó a Shanghái.
Desde la previa, con un patrón lógico, tranquilidad, orden, precisión, economía, se impuso a adversarios del nivel de Alexander Bublik, Tomas Machác, Tallon Griekspoor y Holger Rune y acabó en semifinales ante Djokovic. El resultado fue tan limpio como improbable: 6-3, 6-4. El serbio, incómodo, falto de ritmo, se marchó cabizbajo; Vacherot, apenas con un gesto, levantó la vista hacia el cielo. No gritó. Ni un esfuerzo de más.
El final de Djokovic
Su clasificación es un acontecimiento estadístico —el jugador con el ranking más bajo en alcanzar una final de Masters 1000—, pero también simbólico. Es la demostración de que el tenis, en estos meses, vive una crisis de jerarquías. Con Sinner y Alcaraz fuera del tablero, Djokovic resistiendo el calendario y la generación intermedia atrapada en la duda, los torneos están huérfanos. Vacherot es estos días la imagen de ese vacío.
Andy WongAP
El futuro de Vacherot está por escribirse, y el tenis sabe que las irrupciones de este tipo no siempre se consolidan. Pero pase lo que pase en la final ante su primo, su salto ya tiene un peso estructural. En Mónaco, el país donde viven más tenistas, nunca antes nadie había llegado tan lejos. Su resultado lo convertirá, como mínimo, en top-60 del ranking mundial, y si ganara, rozará el top-40. Más allá de los números, su aparición recuerda que al circuito le faltan referentes que no sean el Big Two.
Y, además, que Djokovic se apaga. Su derrota no es solo un tropiezo aislado; es una señal. Entre mareos y vómitos, Shanghái ha mostrado a un jugador vulnerable ante rivales que antes ni lo rozaban. Su objetivo, alcanzar los cien títulos, empieza a parecer menos inevitable y más lejano, no porque haya perdido el talento, sino porque el físico ya no le alcanza. Lo que antes era rutina ahora es desgaste; lo que antes era dominio ahora es supervivencia. Queda Vacherot como símbolo de que el serbio está cerca de marcharse y que detrás suyo sólo hay dos hombres.
En la biografía de Carlos Alcaraz queda un capítulo por explicar. Su idilio con el tenis se ha narrado muchas veces: del niño que jugueteaba con la raqueta todo el día por las pistas de la Real Sociedad Club de Campo de Murcia al adolescente que asombró al mundo. Su ascenso siempre se narra directo, sin paradas, de la infancia al éxito. Pero no fue así. Durante unos meses, Alcaraz quiso dejar el tenis y dedicarse a otro deporte.
Lo recuerda Alfredo Sarriá, entrenador y coordinador de su club, ahora rebautizado como Carlos Alcaraz Academy: "Carlos tenía 13 años, cambió de categoría, se quedó sin grupo de entrenamiento y en muchas clases estaba solo. Estuvo una temporada así. Al mismo tiempo había empezado a jugar al fútbol sala, era el pichichi del equipo y los compañeros de la escuela le iban a animar. Recuerdo que decía: ‘Quiero dejar el tenis y pasarme al fútbol sala. Aquí ganó un punto, miro alrededor y no hay nadie. En el fútbol sala estoy con mis amigos’. Por suerte, su padre le animó a seguir y, bueno, el resto es historia".
Las dudas de adolescencia de Alcaraz hoy no son más que una anécdota, pero demuestran una máxima: necesita estar arropado. Más allá de lo tenístico, que revalide su título de Roland Garros, el Grand Slam en el que debuta este lunes ante Giulio Zeppieri, depende de que sienta el amor de los suyos. En un circuito repleto de jugadores que viven en Montecarlo o Dubai y viajan con sus entrenadores y, como mucho, sus parejas, Alcaraz todavía reside en El Palmar y moviliza a todo su entorno para los torneos.
Un paseo por Roma
Su hermano Álvaro es su sparring; su amigo íntimo Fran Rubio se ha incorporado este curso a su equipo como fisioterapeuta; sus padres no fallan en su palco; y en las gradas, siempre que pueden, animan sus colegas. Estuvieron muchos en Barcelona, donde fueron los más ruidosos, otros pocos en Montecarlo y estarán todos los que puedan en la Philippe Chatrier si todo va bien. En su entorno aseguran que su reivindicación en el documental de Netflix ‘A mi manera’ se entendió mal: no eran ganas de fiesta, eran ganas de seguir en su mundo. El tenis le exige una vida solitaria, pero él se resiste. Más importantes que las noches en Ibiza, eran las mañanas en el piso de sus padres, donde todavía duerme, aunque se ha comprado una casa cerca. "Nunca se sabe qué pasa en el futuro, pero a corto plazo es imposible que se vaya a vivir a otro sitio", comentan. La semana pasada en el Masters 1000 de Roma, de hecho, una de las cosas que más disfrutó Alcaraz fueron sus visitas al Coliseo y la Fontana di Trevi junto a dos amigos.
Roberto RamacciaEFE
"Los tenistas se acostumbran a viajar desde pequeños y algunos generan pronto un desapego, pero Carlos siempre ha necesitado ese vínculo con los suyos. Cuando estaba fuera, llamaba a familiares y amigos cada día. Tuvimos que trabajar su marcha a Villena para entrenar con Ferrero como una renuncia personal, aunque no dudó en hacerlo", analiza Josefina Cutillas, psicóloga deportiva de Alcaraz durante su adolescencia en Murcia, que añade: "Ha humanizado el deporte de élite. Tiene muchas cosas a su alcance, pero sabe que su felicidad no está en otro sitio que con su gente".
El mismo peluquero de siempre
Esta misma semana, Alcaraz ha pasado un par de días en El Palmar, lunes y martes, donde apenas tuvo tiempo de nada. Ni tan siquiera sacó un hueco para cortarse el pelo. En algunos hoteles caros en los que se hospeda e incluso en torneos como Wimbledon, el actual número dos del mundo cuenta con servicio de peluquería, pero él sigue recurriendo a un vecino, Víctor Martínez, al que conoce desde hace años. "No es mi cliente, es mi amigo. Voy a su casa a cortarle y también a sus hermanos Álvaro y Jaime. Iba a ir al Mutua de Madrid, pero como al final no jugó hubo que esperar. Por eso en Roma llevaba el pelo tan largo. Nos veremos cuando vuelva de París", cuenta Martínez que empezó con la estética masculina como hobby cuando trabajaba en El Pozo.
CHRISTOPHE PETIT TESSONEFE
"A veces le da por raparse y antes me pedía más degradados, pero en el tenis se llevan cortes más clásicos. En el fútbol es lo más normal, pero en el tenis queda agresivo", analiza quien ha podido ver en directo a Alcaraz en varias ocasiones, como en una Copa Davis. Cuando recibe visitas así, el tenista suele seguir una tradición: él pone las entradas, claro, pero también invita a la cena.
Carlitos, Carlico o Charly
"Carlos siempre va a jugar muy bien en Barcelona y en Madrid porque allí siempre tiene a muchos amigos en las gradas. En otros torneos es más difícil, en Roland Garros se intenta, pero escuchar a los suyos en casa le da un punto más de motivación. Sabe que piden permisos en el trabajo, que se pegan una paliza en coche, que se pagan el hotel y él responde", proclama Sarriá y concluye con una cuestión esencial que flota alrededor de Alcaraz y su gente: ¿Cómo le llaman?
De toda la vida, en su casa le han llamado Carlitos para diferenciarlo de su padre, pero últimamente los amigos le animan a base de gritos de "¡Vamos, Charly!". Por Carlitos responde -así todavía le reclaman muchos-, pero él mismo se autoproclama Charly cuando se anima en voz alta. "Lo de Charly se lo pusieron en Villena cuando se fue a entrenar con Ferrero y muchos amigos le llaman así ahora. En su casa siempre era Carlitos, o mejor dicho 'Carlico', que eso de Carlitos es muy fino para lo que hablamos nosotros en Murcia", concluye el coordinador de la Carlos Alcaraz Academy sobre el jugador que a partir de este lunes buscará su segundo Roland Garros consecutivo.