La NBA decidió este sábado suspender a tres jugadores por su participación en un enfrentamiento a golpes en la cancha durante el partido del viernes entre los Dallas Mavericks y los Phoenix Suns.
El alero de Dallas Naji Marshall fue suspendido con cuatro partidos y el pívot de los Suns Jusuf Nurkic con tres, mientras que el alero de los Mavericks P.J Washington recibió un partido de castigo.
El incidente se produjo a falta de 9:02 para el final del tercer cuarto, cuando Nurkic cometió una falta ofensiva sobre Daniel Gifford, de Dallas.
“Marshall y Nurkic se enzarzaron entonces en un altercado en la cancha. Nurkic lo intensificó balanceando el brazo y golpeando a Marshall en la parte superior de la cabeza. Marshall respondió lanzando un puñetazo que conectó con la cara de Nurkic”, dijo la NBA en un comunicado.
“Mientras los árbitros y otros jugadores intentaban calmar la situación, Washington agravó aún más el altercado empujando a Nurkic al suelo. Por su actuación, Marshall, Nurkic y Washington recibieron faltas técnicas y fueron expulsados del partido”, agregó la liga.
Marshall se encaró a última hora con Nurkic cerca de los vestuarios, de “forma hostil”, según la NBA.
La liga dijo que los jugadores no percibirán salario durante sus periodos de suspensión.
Con la llegada del agradable sol invernal, los golfistas surgen como caracoles poblando los campos madrileños. Es media mañana de un sábado de enero en uno de los impresionantes cuatro recorridos del Real Club de La Moraleja. Aquí llevan años viendo a Eugenio y Carolina López Chacarra. Desde niños despuntaban. Ahora, como los turrones, vuelven a casa sólo por Navidad, pero lo hacen como referentes del golf y con la curiosidad de que dos hermanos hayan llegado a la élite. Hermanos varones hay alguno, pero ellos, chico y chica, son únicos. Sólo el australiano Min Woo Lee, ganandor de un torneo PGA, y su hermana Minjee Lee, con 11 victorias en el LPGA (tres Majors), son un caso similar.
«Desde pequeños hemos entrenado juntos y eso ayuda, pero sin nuestros padres hubiera sido muy complicado llegar donde hemos llegado», afirma Eugenio, el mayor y más conocido. Jugó en el LIV Golf, fue el primer español en ganar. Triunfó en el Circuito Asiático y salió de la liga saudí desmotivado y sin rumbo hasta que el año pasado ganó en el DP World Tour jugando en la India con una invitación. Esta será por fin su primera temporada con un calendario completo y una hoja de ruta muy clara.
«Euge es la razón por la que yo juego. Cuando era pequeñita tampoco me llamaba la atención el golf, pero como él jugaba, empecé. Es mi referente en todo momento. Alguien que con trabajo ha cumplido sus sueños, y eso me anima a mí a seguir», dice Carolina, tres años menor que Eugenio, la nueva sensación del golf femenino español. Ha cumplido una gran carrera amateur, pero su explosión apenas llegó en su primer mes como profesional con una de las machadas del año: en dos semanas se sacó las tarjetas para jugar el exigente circuito americano y el europeo, una gesta al alcance de pocas.
«Uno podría ser casualidad, pero dos», afirma Ignacio López Chacarra, aunque el padre de las criaturas se quita mérito. «El sacrificio de los dos y su trabajo todos los días del año», define como la clave del éxito. La mirada de Eugenio desprende fuego. Sus ganas de comerse el mundo en cada campo contagian. Carolina parece más serena y pausada. «Somos muy parecidos en muchas cosas, pero muy diferentes en otras», afirman, aunque los dos coinciden en que golfísticamente tienen más semejanzas. «Los dos somos buenos en el juego largo y nuestros resultados dependen un poco más del putt; quizás siempre hemos entrenado más el juego largo», afirma Eugenio, que a finales de 2025 estuvo a punto de ganar en Sudáfrica: «Quedé tercero, finalizando en la estadística de putt alrededor del puesto 80».
Los hermanos, cuando eran pequeños.H. C.
Maribel Coto, la madre, es otro de los ejes de la familia. De hecho, no se separó de su hija en la escuela de clasificación en Estados Unidos ni en Marruecos, donde logró la tarjeta del Circuito Europeo. En América, arropada por su madre, la primera llamada que hizo Carolina fue a su hermano. «Si haces algo, hazlo lo mejor que puedas», es el consejo que siempre le ha dado a su hermana, aunque reconoce que tampoco faltan las discusiones. «No le digo las cosas que quiere oír, le digo las cosas que creo que son buenas para ella». Carolina interrumpe a su hermano: «Un hermano es para lo bueno y para lo malo; ya ha vivido todo lo que yo estoy viviendo, me ha ayudado mucho». Sus padres reconocen que no tenían que empujar a sus hijos para entrenar. Más bien era al revés, y sólo había una condición: había golf si las notas en el colegio acompañaban. «Mínimo notable», apostilla Ignacio.
Fruto del hambre por ganar, Eugenio ha entrenado todos los días en esta pretemporada: «Me daba igual, Nochebuena, Nochevieja, el día 1...». Su temporada empezará en solo unos días en Dubai y llega mejor que nunca: «Ha sido la mejor pretemporada de mi vida y me he rodeado del mejor equipo posible», dice. Pello Iguarán es su nuevo y experimentado caddie, el único español con un major en su palmarés, el Open que ganó junto a Francesco Molinari. Por su parte, Carolina se muestra más tranquila: «Tengo muchas ganas, pero por mi estatus de novata no puedo entrar en los primeros torneos. Probablemente tenga que esperar a China en marzo para debutar en el LPGA. Siempre tienes la ilusión de ganar en tu primer año, sería un sueño, pero tengo que seguir mejorando y aprendiendo», se muestra serena.
Eugenio lo tiene clarísimo: «Mi objetivo principal es jugar y ganar en el PGA Tour». Tras su paso por el LIV Golf ya ha cumplido la sanción correspondiente y no descarta poder competir este año en América a través de alguna invitación o una clasificación previa. Eugenio ronda ahora mismo el puesto 120 del mundo y no está lejos del Top-100, que le daría acceso a uno de los majors, el PGA Championship, donde ya compitió el año pasado.
Las últimas noticias de la renuncia de Brooks Koepka, la primera gran deserción del LIV Golf, no le pillan por sorpresa. «La verdad es que no me ha sorprendido, yo viví algo parecido. Tomé esa decisión y el tiempo me ha dado la razón: estoy más motivado, mucho mejor de juego, físicamente, y supongo que a su nivel Koepka habrá pasado por un proceso parecido al mío», apunta.
Durante el mes de julio, Eugenio viralizaba sus redes con una publicación de una jornada de golf y comida con el mismísimo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su amistad con el presidente y su familia viene de su etapa en el LIV Golf. «Tengo la suerte de ser muy amigo de la familia Trump; todo empezó en el LIV Golf cuando jugué con Erik, su hijo. Hicimos un buen partido, nos caímos bien y seguimos en contacto, y luego tuve la suerte de que me hicieron embajador de Trump, llevo su logo en la bolsa. Le veo como una persona a la que puedo pedir ayuda y consejo, hablo con él bastante, y con Erik, y son personas que siempre me han ayudado. Dejando atrás la política, que en eso no me meto, son personas magníficas y estoy encantado de poder tenerles ahí apoyando. Ahora que hace mucho frío en Oklahoma, voy a sus campos en Florida». Juego partidos con todos, tengo relación con toda la familia, siempre me han tratado como uno más".
Desde el primer día que jugaron, a Eugenio le sorprendió el nivel competitivo del presidente: "Es muy bueno para tener casi 80 años, le gusta ganar y siempre es muy divertido jugar con él, siempre hay apuestas y risas. Para mí es muy sorprendente, con la edad que tiene, lo largo y bien que le pega. Normalmente jugamos en sus campos, que conoce bien, falla poco y es muy competitivo; es divertido jugar con él".
Una de las cosas que no deja de sorprender a Eugenio en sus encuentros con Trump es la seguridad que rodea al hombre más poderoso del mundo. "Yo he jugado con él cuando no era presidente y cuando lo ha sido. Antes tenía seguridad, pero ahora es una locura: igual hay 300 personas entre seguridad y servicio secreto, hay agentes escondidos en los árboles, francotiradores, cortan siempre tres hoyos por delante y tres hoyos por detrás, es como estar en un videojuego. Es una de las personas más poderosas del mundo, pero cuando estoy con él se te olvida y le veo como un amigo. No eres consciente de estar jugando con una persona que cambia el mundo de un día para otro".
LaLiga EA Sports 2023 - 2024
ORFEO SUÁREZ
@OrfeoSuarez
Madrid
Actualizado Domingo,
17
diciembre
2023
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23:59Ver 11 comentariosEl equipo blanco se acuesta líder,...
Quien no ha tenido una pareja o un amante que siempre llega tarde, que te desespera en la espera. Cien veces decides irte y cien veces decides quedarte, porque crees que el final de la noche será único. Cuando no acude, lo maldices, pero sabes que volverás al mismo lugar, con la misma excitación, en la siguiente cita. Esa pareja o amante es el Madrid. Lo saben todos los que formaron la larga procesión secular al Bernabéu, esperanzados en una remontada que esta vez no se produjo, porque la cita exigía pasión, claro, pero a las mejores pasiones las acompañan las caricias, y nadie del Madrid se las ofreció a la pelota. El Arsenal lo hizo lo justo, suficiente no sólo para pasar a semifinales de la Champions, también para ganar en el Bernabéu. El Jueves Santo no va a impedir las maldiciones, aunque el fútbol tenga querencia por las estaciones de la Semana Santa: martirio y resurrección. El creyente Ancelotti tiene difícil la segunda. Ha empezado su via crucis. [Narración y estadísticas (1-2)]
El entrenador había hablado, entre medias sonrisas, de la cabeza, el corazón y los cojones. La máxima de las cuatro C la acuñó Seve Ballesteros. Ancelotti se olvidó de citar la primera: la calidad. El Madrid no la encontró en ningún momento, como si esta vuelta de cuartos fuera la metáfora y la hipérbole, ambas a la vez, de la temporada. La sobreexcitación no ayudó. De hecho, el Madrid empezó el partido por el final. Necesitaba tres goles para igualar la eliminatoria, tres goles en 90 minutos, y escogió la montonera. Está bien algo de descontrol, pero si es para descontrolar al contrario en la salida de toriles, en un arranque a fuego. Pasado ese tiempo, es necesario el juego.
El problema no es que el Madrid no lo encontrara en el Bernabéu, es que prácticamente no lo ha hecho en toda la temporada. El choque fue el collage de todos sus problemas estructurales a los que Ancelotti no ha encontrado solución desde la marcha de Kroos. La entrada de Modric, tardía, no sirve de nada porque no es el mismo Modric, y porque el croata no siente ya la jerarquía de antaño. Ceballos pasa por el centro del campo como unos padres por la habitación de un adolescente. Pone las cosas en su sitio, nada más.
Demasiados centros
Esta eliminación, esta derrota y esta impotencia va a pesar sobre la figura del italiano, cuando al via crucis le quedan dos paradas decisivas: la final de Copa y el clásico en Montjuïc, ambas ante el Barcelona, con ventaja en la Liga. Después de haber perdido ya dos este curso ante los azulgrana, el mayor aliado del Madrid es la estadística, porque es difícil perder cuatro. Ese Barça necesitaba un estímulo nuevo en el vestuario la temporada pasada y lo encontró. A Florentino Pérez le corresponde reflexionar acerca de si lo necesita el Madrid, con todo el respeto por el entrenador que más títulos ha ganado en la institución. Difícil análisis.
Ancelotti optó por lo esperado, con Valverde en el centro del campo, aunque ello supusiera dar el lateral a Lucas Vázquez. Pese a sus lagunas defensivas, fue de los más activos en su despliegue ofensivo, aunque una vez en los tres cuartos, el Madrid abusó de los centros, frontales muchos de ellos y fáciles de defender para el Arsenal. Ni un balón comprometido tuvo que sacar Raya de la portería del Arsenal en todo el primer tiempo. Courtois, en cambio, detuvo un 'penaltito' cometido por Asencio, cantado como un gol en el coliseo blanco, a Saka, un Panenka confundido, y otro disparo cruzado de Martinelli tras una contra.
Poco más hicieron los de Arteta, a la espera de que pasaran los minutos frente a la frustración blanca. Es el equipo de la Premier menos goleado, el que mejor defiende. Se siente cómodo en esa situación. La impresión es que mostró menos de lo que tiene, porque no lo necesitó, en el aspecto ofensivo. En una de sus triangulaciones se encontraron Odegaard, Mikel Merino y Saka para elevar sobre Courtois y redimirse del penalti. El efecto psicológico, pasada la hora, lo emborronó el propio Arsenal, con un error de Saliba que ofreció el gol a Vini.
Los futbolistas del Arsenal festejan el 1-2 en el Bernabéu.EFE
Nada cambió, en realidad, porque no había ideas con que cambiarlo, mientras el Arsenal, inteligente, intentaba jugar más tiempo en campo del Madrid, alejarlo de su área y refugiarse en largas posesiones. El control que pretendía Ancelotti, sin conseguirlo pese a dar entrada a Ceballos o Modric, lo tuvo siempre Arteta, un entrenador español de nueva generación que se presenta a lo grande en el mejor escenario posible. Martinelli culminó, a la contra, lo que el juego decía. Sólo se trataba de esperar el momento.
A Arteta le aguarda el PSG de Luis Enrique. El PSG en el que ya no juega Mbappé, que llegaba después de una patada de impotencia ante el Alavés. La impotencia continuó. El francés vino para ganar Champions después de ganar todo el dinero posible. Tendrá que esperar. Se movió por todas partes, pero sin la precisión adecuada, y dejó el campo lesionado. Tampoco acometió escaladas individuales, como intentó Vinicius desde el inicio, pero siempre perdedor frente a Timber, Saliba o Declan Rice, goleador en la ida y pletórico en la vuelta. La cruz que porta Ancelotti es también su cruz.