«A veces me hablan de él y yo pienso: ¡A mí qué me cuentas!», exclama Jaume Pueyo sobre el absurdo que le persigue. A sus 23 años ya ha celebrado el mejor resultado de un español en la Copa del Mundo de esquí de fondo y con su estilo está logrando que la modalidad sea cool, que se sigan sus retransmisiones en Eurosport -fue lo más visto en el canal el pasado fin de semana-, que se multipliquen sus seguidores en redes sociales, pero tiene que aguantar un recuerdo que nada tiene que ver con él: «¿Oye, eso no es lo que hacía Juanito Muehlegg?». Lo era, lo era.
«Supongo que es inevitable porque mucha gente es lo único que ha visto de esquí de fondo. Pero yo no había cumplido ni un año, no quiero que me relacionen con él y, por supuesto, que nadie me acuse de lo mismo. No sé casi nada de él, sólo que era un dopado a más no poder, que lo nacionalizaron sin tener relación con España y que ganó tres medallas en los Juegos de Salt Lake City 2002 antes de que le pillaran», cuenta Pueyo sobre un estigma difícil de borrar. Aunque si alguien puede hacerlo es él.
Jaume Pueyo, en competición, el pasado fin de semana.Jean-Christophe BottAP
Un aro en cada oreja, un gestito guapo en cada foto, un trend en TikTok, un baile al llegar exhausto a meta. «Hago un poco el perla, ya está bien de vez en cuando. Sé que es muy difícil en España, pero hay mucha gente que esquía y el fondo les puede molar. Es un deporte muy guay, es como el ciclismo, muy táctico a veces, muy explosivo otras veces. En países como Noruega o Suecia es el deporte nacional y aquí va creciendo poco a poco», explica en pleno despegue.
Fans de los países nórdicos
La temporada pasada fue décimo en una prueba de la Copa del Mundo, lo nunca visto por un español -más allá del innoble Muehlegg-, y este curso va a por mucho más. El 7 de diciembre, en la noruega Lillehammer, fue tercero en la clasificación del sprint, algo que obligó a los expertos de los países nórdicos a preguntarse: «¿Pero éste quién es?». «He visto que hay gente de Noruega que ha empezado a seguirme. Supongo que les hace gracia que sea español, ese flow nuestro. También tienen que estar hartos de ver ganar a noruegos, que son muy serios, que no hacen nada de show», asume Pueyo.
Mientras sus rivales noruegos llevan con ellos una decena de entrenadores y otros tantos skimans, es decir, los especialistas en encerar los esquís, Pueyo sólo va acompañado de dos técnicos y recibe la ayuda del equipo italiano para lo demás. Junto a él suele viajar Bernat Sellés, de su misma quinta, también habitual en la Copa del Mundo, y en ocasiones también los dos juniors, Marc Colell y Peio Añarbe. «Creo que lo nuestro tiene mucho mérito porque somos cuatro que tenemos que ser buenos sí o sí. En los países escandinavos tienen miles de esquiadores en la base y sólo llegan los mejores a la Copa del Mundo», analiza Pueyo con un objetivo en mente: los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina d’Ampezzo 2026.
El diploma olímpico, la ambición
En la anterior cita, los Juegos de Pekín 2022, ya participó con sólo 19 años y se quedó a un segundo de las rondas finales en el sprint estilo libre. «En 2026 el sprint será estilo clásico, que me va a un poco peor, pero da igual, estoy mejorando. Creo que puedo conseguir un diploma, me encantaría», finaliza en conversación telefónica desde Davos, en Suiza, donde este sábado volvió a colarse en los cuartos de una prueba de la Copa del Mundo.
Hasta que acabe el Mundial de Trondheim, en Noruega, que tendrá lugar en marzo, dará vueltas por las montañas de medio planeta en busca de éxitos para hacer que el esquí de fondo tenga más seguidores en España y para borrar de la memoria colectiva la imagen del tramposo Muehlegg ganando medallas en Salt Lake City 2002.
Medio siglo después de la era dorada del boxeo, los deportes de contacto vuelven a estar de moda en España. Quedó atrás la satanización, la aprensión e incluso la mojigatería alrededor de los combates, con su violencia, su sangre y sus posibles lesiones. Mientras se multiplican los seguidores y los practicantes, Topuria, un desconocido para el público general hace no tanto, planea llenar el Santiago Bernabéu en los próximos meses para defender su título del peso pluma en la UFC. Semejante boom merece una explicación.
«Hay muchos motivos, pero el principal es que ha desaparecido el tabú. Durante la transición en España se consideraba que los deportes de contacto ya no iban con los tiempos, que eran anacrónicos, y esa idea ya no existe, ahora son 'cool'. Es consecuencia de varias fenómenos: hay gimnasios que trabajan muy bien la base, hay mucho público interesado en la autodefensa, el boxeo fitness o boxeo recreativo ha atraído a aficionados diferentes, procedentes de las clases liberales...», analiza Raúl Sánchez, sociólogo del deporte por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que desde hace años analiza la evolución de los deportes de contacto en España y que se apoya en datos para sus argumentos.
Antes del éxito de Topuria, varias disciplinas de contacto ya crecían exponencialmente en España. Entre 2012 y 2022, las licencias federativas del boxeo pasaron de 1.300 a 8.000, las del kickboxing aumentaron de 3.000 a 13.000 y las licencias de lucha se elevaron de 6.000 a 16.000. Todos esos nuevos aficionados, mayoritariamente adultos, eran la base ideal para un fenómeno así, pero faltaba público joven. ¿Y quién mueve hoy a más chavales?
Entre Ibai y Jordi Wild
«Tener a un campeón como Topuria es muy importante, pero también lo ha sido el auge de las veladas de streamers. Sin ellas, la Topuriamanía sería más pequeña. Ibai Llanos, Jake Paul y Jordi Wildhan hecho mucho para popularizar los deportes de contacto», explica Gonzalo Campos, comentarista de UFC en Eurosport, presentador del podcast Generación MMA y una de las caras visibles del Dogfight, el evento creado por Jordi Wild. Una semana antes de la pelea de Topuria y Alexander Volkanovski, unos 400.000 espectadores veían a través de Youtube los combates organizados por el creador de contenido en el Tarraco Arena de Tarragona.
La audiencia adolescente radicada en Youtube y Twitch -que en julio llenará el Santiago Bernabéu en la Velada del año 4 de Ibai- ha abrazado las artes marciales mixtas (MMA) o el boxeo como modalidades propias, algo generacional. «Y para ello ayudan factores como que los combates de MMA sólo duren entre 10 o 15 minutos o que ya no tengamos tantos remilgos. Los jóvenes podemos acceder a lo más gore en nuestro teléfono con un solo click; no nos parece fuerte que dos profesionales accedan a intercambiarse golpes dentro de los límites que establecen las reglas», añade Campos, que ha vivido el fenómeno UFC casi desde el principio.
Porque la principal competición de artes marciales mixtas del mundo ha explotado en España este año, pero antes ya contaba con fans en el país y fuera era un éxito rotundo. Hace una década, mientras en Estados Unidos, parte de Asia y algunos países de Sudamérica superaba las audiencias del boxeo, a España llegaban los ecos de las peleas de Jon Jones o Ronda Rousey y empezaba a crearse una comunidad de fans alrededor de Conor McGregor. Con un personaje como él como gancho, con sus KOs, con sus celebraciones, con sus escándalos, con su combate con Floyd Mayweather, la UFC generó interés, hasta el punto que en enero de 2022 Eurosport España compró los derechos en exclusiva. Eran unos pocos y hoy son muchos, pero... ¿Todos tienen el mismo perfil?
¿Una respuesta a lo 'woke'?
«Bienvenidos al Estirando el chicle de la gente que no sabe que es Estirando el chicle», presentaba el controvertido cómico David Suárez al inicio del último evento Dogfight de Jordi Wild y luego estiraba la caricatura del público presente, muy mayoritariamente masculino: «Se quejan de que en los premios Esland hay pocas mujeres. Eso es porque todavía no han visto esto».
«No podemos negar que el éxito de las artes marciales mixtas tiene mucho que ver con la masculinidad clásica. Una reacción de aquellos que piensan nos estamos pasando con lo woke, que los hombres están discriminados, como señalaba el último CIS», afirma el sociólogo Raúl Sánchez, que encuentra respuesta en el comentarista Gonzalo Campos: «Los deportes de contacto siempre han sido de nicho, para hombres de entre 25 y 45 años. Ahora, con este boom, al llegar al mainstream, no son deportes más de hombres, todo lo contrario. El target se está abriendo y están llegando más mujeres. Si seguimos la comparación, es como Estirando el chicle: era un programa para un público mayoritariamente femenino y ahora que es mainstream lo escuchan más hombres».
Un WiZink lleno o "dos telediarios"
Sea como sea el fenómeno está en plena expansión, con una Federación Española de MMA en ciernes y varias organizaciones apostando fuerte por la expansión de los deportes de contacto en España. El pasado domingo 3, de hecho, la más importante de ellas, WOW, abrió la temporada con un llenazo en Vistalegre: 7.000 personas para ver artes marciales mixtas. «Topuria es como Pau Gasol para la NBA en España o Fernando Alonso para la Fórmula 1. Es la mecha para encender el fuego. Pero si no pusiéramos combustible todo se apagaría rápido. En cuatro años hemos producido 600 combates y cada vez viene más gente a ver nuestras veladas. La última pelea de Topuria en la UFC, en California, tuvo unos 18.000 espectadores, aquí ya casi estamos en la mitad. Es una locura», acepta David Balarezo, el CEO de WOW, que acaba de cerrar una ronda de inversión serie A con un fondo estadounidense y numerosos socios, entre ellos varios futbolistas.
Sus combates son emitidos en exclusiva en Movistar y la competición planea una gira por toda España que llenará el Cartuja Center de Sevilla o la cúpula de Las Arenas en Barcelona. «Con Topuria hemos notado un incremento de un 30% de nuestros seguidores. En un futuro no muy lejano quizá podamos llenar el Wizink o Vistalegre, que son unas 14.000 entradas, pero todavía nos falta un poquito», cierra el ex luchador apodado Bala. Aunque hay voces que no son tan optimistas.
Al fin y al cabo, en los últimos 50 años en España los deportes de contacto estuvieron a punto de asomar la cabeza en varias ocasiones y nunca antes lo consiguieron. Hubo muchos chascos. «Para mí, es una moda y está bien, pero no durará mucho. En España lo único que se mantiene todos los años es el fútbol», proclama Javier Castillejo, quien casi fue Topuria antes de Topuria.
En los años 90 y los 2000 fue ocho veces campeón del mundo de boxeo y, como después harían Sergio 'Maravilla' Martínez o Joana Pastrana se hizo un hueco en las televisiones, en las radios, en la prensa, pero no duró mucho. Las peleas estuvieron cerca de volver a ser moda, pero quizá por el tabú, quizá por la ausencia de una base, quizá por la falta de una organización como la UFC o quizá porque no existían las veladas de 'streamers', no llegaron a convertirse en un fenómeno de masas. «Ahora es un buen momento, los medios están interesados y me parece fenomenal. Ojalá dure muchos años, hay mucha gente joven interesada. Pero por mi experiencia durará dos telediarios», cierra Castillejo con la dureza propia de estas disciplinas.
De visita en Melbourne para recibir un homenaje, Rafa Nadal paseaba ayer por la ciudad lo que no pudo pasear como jugador. O, al menos, lo intentaba. En una de las orillas del río Yarra disfrutaba del sol junto a su padre, Sebastián, y su responsable de prensa, Benito Pérez-Barbadillo, pero la tranquilidad duró poco. En un corto trayecto se montó la marimorena: decenas de aficionados aparecieron para pedirle fotos y hubo que acortar el camino. Nadal se retiró, pero sigue siendo Nadal: uno de los mejores de la historia, ganador de 22 Grand Slam y, entre un millón de cosas más, el jugador más joven en conseguir el Career Slam, el pleno de torneos grandes. Al menos, de momento. Quizá hasta este domingo.
Si Nadal completó su palmarés con 24 años y 101 días, Carlos Alcaraz puede hacerlo con 22 años y 274 días si vence en la final a Novak Djokovic (09.30 horas, HBO Max y Eurosport), y por eso este Open de Australia obsesiona al actual número uno.
«¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar otro Grand Slam en toda la temporada?», le han preguntado en las últimas dos semanas. Y su respuesta siempre ha sido la misma: «Sí, este año sí lo firmaría». Los deportistas de la talla de Alcaraz no suelen dar importancia a los récords, porque si no el peso de la historia no les dejaría ni levantarse de la cama. Es el más joven en llegar a 100 o a 200 victorias en la ATP, el más joven en ganar un torneo en todas las superficies, el más joven en alcanzar cuatro finales consecutivas de Grand Slam, el más joven en... De muchos de esos logros ni tan siquiera es consciente, pero el Career Slam es distinto. El Career Slam le sitúa entre las leyendas.
"Es mi objetivo principal"
Si el español vence, será la confirmación de una versatilidad que otros no tuvieron o que, como mínimo, tardaron más en adquirir. Hay campeones históricos con agujeros en su palmarés, como Pete Sampras, que nunca ganó Roland Garros. Y luego están los campeones históricos que sufrieron lo indecible para lograr el pleno, como Roger Federer y su larga travesía hasta conquistar París.
«Este Open de Australia es mi objetivo principal de la temporada. Otros años no había sido así, pensaba en llegar al máximo a la primavera y al verano, pero esta vez ya planteamos la pretemporada con este título en la cabeza. Completar el Career Slam es un objetivo muy importante para mí, sería maravilloso hacerlo», comentaba Alcaraz hace unos días.
Aaron FavilaAP
En años anteriores, en el entorno del jugador se consideraba que para ganar el Open de Australia debía pasar la Navidad en el verano austral, disputar algún torneo previo -como los ATP 250 de Adelaida o Auckland- y llegar rodado a Melbourne. Pero este año Alcaraz planteó a los suyos otro enfoque: hacerlo a su manera. En lugar de centrarse en adaptarse al cambio horario y en jugar partidos antes del primer Grand Slam del curso, organizarían la pretemporada más exigente de su vida, y lo harían en Murcia, rodeado de su familia y amigos. Así llegaría preparado y, al mismo tiempo, feliz.
El trabajo en invierno
Al contrario que la mayoría de tenistas, Alcaraz pasó la Nochebuena, la Nochevieja e incluso los Reyes en casa y solo después tomó un avión a la otra punta del mundo. Pero eso no significa que estuviera descansando. Tras la separación profesional de Juan Carlos Ferrero, Samu López le organizó una serie de sesiones con sparrings de lujo, como Flavio Cobolli, pensadas para exigirle el máximo. Además de perfeccionar el saque, Alcaraz trabajó la concentración con simulaciones de partidos de hasta tres horas en las que relajarse estaba prohibido. Era diciembre y solo eran entrenamientos, pero debía vivirlo como si fuera una final de Roland Garros contra JannikSinner. Visto lo visto, funcionó.
«Hemos trabajado mucho la atención. Ahora cada vez tiene menos altibajos. Lo está haciendo muy bien», valoraba López antes de la cita de Alcaraz con la historia. El jugador más joven en conseguir el Career Slam, un récord que importa.
Carlos Alcaraz ha adquirido una virtud que hasta ahora no tenía. Serán los cinco Grand Slam. Será la remontada de todas las remontadas ante Jannik Sinner. Serán las 22 victorias consecutivas. Hasta el momento, frente al abismo de la derrota, le quemaban los nervios, la prisa, la rabia o el desconcierto; es todavía joven, es muy transparente. A veces incluso se enfadaba consigo mismo o con su equipo. Pero ya no. En este Wimbledon asombra con su tranquilidad cuando las cosas no van bien, que son más veces de las esperadas.
Este domingo, en octavos de final, ante Andrey Rublev, perdió el primer set ¿y qué hizo? Su rival se marchó al vestuario para atemperarse y él se quedó en el fondo de la pista dando toquecitos con el pie a una pelota. Pim, pim, pim... La bola se le escapaba y volvía buscarla para seguir con el malabarismo. Con esa calma sólo quedaba que remontara. Al final, venció por 6-7(5), 6-3, 6-4 y 6-4 en dos horas y 43 minutos de juego y se clasificó para cuartos de final, donde se medirá al inglés Cameron Norrie, adversario más complicado de lo que parece.
Las virtudes de Rublev
Dirá el cuadro lo que diga, pero no está siendo un torneo fácil para Alcaraz. Un semiretirado como Fabio Fognini, un amateur como Oliver Tarvet, un cañonero como Jan-Lennard Struffy este domingo, Rublev. Todos con sus peligros, muchas trampas. El ruso ofreció la mejor versión de lo que es: no inventa, pero no falla. Desde el fondo de la pista, con su fuerza en el saque y la derecha, ejecuta y aguanta. No hace nada distinto y la mayoría de veces no le hace falta. De hecho su punto débil no suele ser su tenis, es su cabeza: todavía no ha ganado ni un partido a rivales del Top 5 del ranking ATP y eso que ya van 12 intentos. Si el marcador se le complica, normalmente se desespera. Este domingo eso sólo ocurrió cuando ya se habían superado las dos horas de juego, a mitad del cuarto set.
Alastair GrantAP
Antes, Rublev obligó a Alcaraz a esperar, a esperar y a esperar. Ya vendrían momentos brillantes como los dos preciosos golpes pasantes que le valieron el break definitivo en el tercer set. Después de una semana delicada con el saque, el número dos del mundo recuperó la confianza y a partir de ahí fue creciendo. Más allá de los 22 ‘aces’, que ya son, su porcentaje de puntos ganados con el primer servicio (82%) fue un resorte.
Las molestias en el hombro
También es que Alcaraz carga ya con cierto cansancio. En los tres encuentros anteriores, se intuía; este domingo fue evidente. En su sesión de calentamiento de la mañana, en las bonitas pistas del Aorangi Park, se quejó a los suyos del hombro y durante su partido ante Rublev tuvo que estirar la articulación tras algún golpeo potente. En su entorno aseguran que no hay problema, pero el cuerpo ya protesta, claro que protesta. Desde su renuncia al Masters 1000 de Madrid ha encadenado sin descanso Roma, Roland Garros, Queen’s y Wimbledon en un mes y medio. Que haya molestias es lógico, también que escaseen las ideas.
La hierba impide la fluidez de la tierra batida, el juego es más monótono, no hay espacio para el espectáculo, pero en Londres se le ve menos fresco que en París. En la Philippe Chatrier, entrada la última semana, Alcaraz volaba, con aquella exhibición ante Tommy Paul. Aquí sigue siendo favorito al título, muy favorito, pero en el camino hay menos brillantez. Puede observarse ante la red, donde usualmente el español no falla.
La tensión del público
"Siempre digo que lo más importante es creer en mí mismo. He estado un set abajo, pero sabía que podía jugar mejor, que tenía que seguir, que debía ser fuerte mentalmente. El tenis es así, un punto lo cambia todo. Andrey es uno de los tenistas más potentes del circuito y me ha llevado al límite, pero estoy muy orgulloso de cómo me he movido en la pista. Creo que he jugado de una manera muy inteligente", comentó Alcaraz al acabar el partido, cuando agradeció al público de la pista central del All England Club su ayuda: "Cada partido en este sitio es un regalo".
KIRILL KUDRYAVTSEVAFP
Hubo más de una ovación para él, aunque también hubo mucha tensión a su alrededor. En el primer set sufrió un resbalón y centenares de aficionados se pusieron las manos en la cabeza. Ante la posibilidad de la derrota, otros tantos contuvieron la respiración. Pese al avance de Norrie, que ofrece esperanza a los locales, la mayoría de los presentes esperan que una nueva final entre Sinner y Alcaraz dé lustre a un torneo que hasta el momento no está siendo brillante, lleno de sorpresas y angustias.