El resultado refleja todo el trabajo que han hecho Diego y Florian durante esta mini campaña de tres años, cuando empezaron a navegar juntos. Hace unos meses estuve con Diego y Iago (López Marra) hablando sobre la mala suerte que tuvieron en Tokio, a donde llegaron como una de las mejores parejas. Después de eso hubo un cambio de tripulante, llegó Florian por Iago y han seguido siendo una de las tripulaciones más fuertes. Ahora mismo están tocando el cielo, así que cuando aterricen, que aterricen poco a poco. Que lo celebren bien celebrado.
Creo que su victoria es muy merecida por todo lo que han sufrido en unas condiciones que no les beneficiaban nada. En la Medal Race se ha visto que con condiciones más estables hubieran dominado más y hubieran llegado a la última regata con mucha más distancia sobre el segundo. Han tenido que luchar contra la presión de saberse favoritos, contra la presión de la decepción de los últimos Juegos y contra la presión del viento, porque navegar en esas condiciones no se lo aconsejo a nadie. Es lo peor que le puede pasar a un regatista, que las condiciones del viento sean una especie de lotería donde todo tu trabajo se puede echar por tierra. Siempre prefieres unas condiciones estables de navegación.
Han sido unas condiciones de viento muy complejas y se han sabido sobreponer a todo eso. El colmo ha sido la Medal Race, que estaba programada para el jueves, se anuló dos veces, tuvieron que empezar de cero y psicológicamente eso es difícil, lo tienes que asimilar. Para mí, chapeau por ellos. Ahora mismo deben de tener una alegría enorme por ser medalla de oro, por haber conseguido lo máximo con todo lo que han luchado y sufrido. No puede haber una sensación mejor.
Que mantengan la cabeza fría, y conociendo a Diego sé que lo va a hacer porque no es una persona que se venga arriba, es humilde y no alardea de sus triunfos. Están tocando el cielo.
*Luis Doreste participó en cuatro Juegos Olímpicos y ganó dos medallas de oro en la clase 470 de vela. Una en Los Ángeles 1984 y otra en Barcelona 1992.
Marc Márquez sigue estando sencillamente imparable. En la sprint race del Gran Premio de Las Américas de MotoGP, tras hacerse otra vez con otra pole, sólo dejó un leve resquicio para algo de suspense en una primera vuelta en la que tanto Pecco Bagnaia, con un gran arranque de carrera pese a partir desde la sexta plaza de la parrilla, como su hermano Álex, que lo hacía desde la segunda, lograron ponerse ni que fuera brevemente en cabeza. Brevemente, porque, cuando el mayor de los Márquez sacó las garras, tras un susto culminado con una nueva salvada marca de la casa, ya nadie pudo oponérsele.
"Ha estado demasiado cerca ese susto", confesaba Marc Márquez tras la prueba. "Las condiciones de la pista cambiaron mucho en la primera vuelta, iba empujando y de repente me di cuenta de que el agarre había empeorado. Estuvo cerca la cosa y hubo pelea ahí con Pecco y con Álex, pero con mi ritmo pude gestionar la distancia y, aunque cometí otro pequeño error, pude volver a empujar. Tenemos que mejorar un poquito a nivel de contacto trasero para el domingo, pero la moto está funcionando muy bien", recalcó el vigente líder del mundial.
"Estoy muy contento. Ser segundo aquí, detrás de Marc, es como una victoria, porque él está a otro nivel", señalaría por su parte Álex Márquez, mientras que Pecco Bagnaia buscó también conclusiones positivas. "Me siento contento por el resultado, estoy mejorando. Las primeras vueltas han sido muy bonitas, las he disfrutado mucho. Este domingo trataré de repetir salida y ser aún más competitivo", aseguró el italiano tras una sprint race en la que tanto Joan Mir, a causa de una caída, como Maverick Viñales se vieron obligados a abandonar.
En cuanto al resto de pilotos españoles, Pedro Acosta, quien salía desde el cuarto puesto de la parrilla, acabó séptimo, Fermín Aldeguer, duodécimo, Álex Rins, decimoquinto, Raúl Fernández, decimoséptimo, y Augusto Fernández, relevo del lesionado Miguel Oliveira, decimoctavo.
El Real Madrid, campeón de Liga, de Champions, de la Supercopa de España, de la Supercopa de Europa y de la Intercontinental en 2024, ha perdido desde el mes de septiembre 1-0 contra el Lille, 0-4 ante el Barça, 1-3 frente al Milan, 2-0 contra el Liverpool, 2-1 ante el Athletic y 2-5 en el último clásico contra el Barça. Algunas han sido una leve piedra en el camino, un toque de atención, como la de Francia o la de San Mamés, pero las sonrojantes goleadas contra el Barça y la desgracia continental en Anfield y contra los italianos en el Bernabéu han levantado todas las alarmas, con sombras que se repiten en cada encuentro y que preocupan al cuerpo técnico, al vestuario y a la directiva de Chamartín.
La salida de Kroos y la llegada de Mbappé han desestabilizado a un equipo cuya mayor virtud, mencionada por Ancelotti en cada uno de sus éxitos, era el equilibrio. No lo ha hecho por los nombres, sino por los perfiles. El Madrid ha perdido cerebro y ha ganado gol cuando sin cerebro no existe gol. El mercado veraniego era exclusivamente para completar su galaxia con Mbappé y el centro del campo se entregó a Valverde, Tchouaméni y Camavinga. Los cromos eran ideales, pero el puzle de videojuego comenzó a desintegrarse.
Las lesiones de Carvajal y Militao han transformado por completo la plantilla, poniendo a Lucas Vázquez en un foco inesperado y a Tchouaméni en una posición que no domina. Al gallego se le vieron las costuras en aquella semana dramática ante Barça y Milan y el francés cuajó el domingo una de sus peores actuaciones, totalmente superado en la marca, en velocidad y en los duelos individuales.
El 4-2-4 y la parálisis
Al caer Tchouaméni a la posición de central y elegir Ancelotti a Rodrygo por delante de otro centrocampista, el Madrid se rompe, como se pudo ver ante el Barça. El equilibrio que le hizo campeón de Europa en ese 4-4-2 con Bellingham en la punta de un rombo liderado por Kroos ya no existe. Ahora es un 4-2-4 en el que pocas cosas fluyen, especialmente contra los grandes del continente.
En ataque está falto de ideas, paralizado ante equipos que, como el Barça, le dejan sin espacios. No puede dominar el juego como lo hacía con Kroos porque Camavinga y Valverde son todoterrenos imparables, no metrónomos. Y en defensa hace aguas, insistiendo Ancelotti en ese famoso bloque bajo con el que ganó dos Champions. No es otra cosa que cerrarse y buscar la velocidad al contraataque, simple y efectivo, pero imposible con el nivel actual de sus defensa, lastrada por ese Lucas-Tchouaméni del carril derecho y por la poca ayuda de Rodrygo y Vinicius a los laterales.
Y ante los problemas, la búsqueda de soluciones. El cuerpo técnico entendió después de los duelos ante Barça y Milan que Lucas no podía ser titular en partidos grandes y planeó situar ahí a Valverde. Pero perder al uruguayo en el centro del campo era demasiado riesgo. El mercado parece una opción casi obligada para cualquiera, aunque en la dirección de Chamartín se trabaja más por proyecto que por impulso. Los planes por encima de las necesidades puntuales.
Ancelotti y sus futbolistas, tras el 2-5 del domingo en Yeda.EFE
El fichaje de Alexander-Arnold va por buen camino, pero más para verano, cuando sea libre, que ahora en invierno pagando un traspaso al Liverpool. Como el curso pasado, tras las lesiones de Militao y Alaba, la urgencia deportiva no parece que vaya a cambiar el mapa de los despachos. Ni fue así antes ni parece que vaya a ser así ahora salvo que en Anfield rebajen sus pretensiones.
En el conjunto blanco señalan ese plan como la base principal de sus éxitos recientes. Si uno analiza los fichajes del Madrid en el último lustro, no hay urgencias y sí realidades. La respuesta al adiós de Benzema fue la cesión de Joselu (y adelantar a Bellingham) las llegadas hace tiempo que son 'jugadores inversión', como los llaman en Valdebebas, o gangas a coste cero. De Camavinga y Tchouaméni a Alaba o Rüdiger. El próximo sería Arnold.
Plan deportivo
Hay un plan económico y deportivo sobre la mesa que, de momento y condicionado por las lesiones, deja al vestuario con varias sombras complicadas de corregir. Se buscará un centrocampista organizador y con calidad, pero no en invierno ni con prisa, esperando un paso adelante de Valverde y Camavinga. Se buscará un central joven asumiendo la edad de Alaba o Rüdiger y los problemas físicos de Militao, pero tampoco será con urgencia. Tchouaméni y Asencio son, para el club, soluciones de emergencia y se espera a Alaba.
Se considera que hay piezas suficientes y que es deber de Ancelotti y de los futbolistas a nivel individual hacerlas funcionar. El lateral, conscientes de que Lucas está sólo y que Valverde es mediocentro, podría ser el foco de interés para un parche, pero siempre, como lo que fue Joselu, a coste mínimo.
En la última Asamblea, el Madrid anunció una cifra de negocio de 1.073 millones, 150 más que en 2023, un saldo en tesorería de 83 (40 millones menos), un presupuesto de gasto de plantilla de 482 millones (20 menos que la anterior), una subida en los ingresos de marketing de 90 millones (hasta los 426) y un presupuesto para este curso de 1.127 millones, sin contar los conciertos, pendientes de la pelea legal con los vecinos. Dijo Florentino que no hay que darle "mucha importancia al tema de los ingresos, porque el grueso viene de patrocinadores y estos son espectaculares". Hay dinero, parece, pero también un plan, un carril. Balones a Ancelotti.
Al fondo, el Palacio de Versalles. Alrededor, los jardines no sólo más famosos de Francia, sino del mundo. Y delante de él, 4.000 metros cuadrados que son un lienzo. Quién la próxima semana siga la competición de saltos de la hípica de los Juegos Olímpicos de París puede pensar que los obstáculos no tienen secreto ninguno, que su colocación sigue las instrucciones de un aburridísimo reglamento, incluso que siempre son los mismos en el mismo sitio, pero caería en el error. El circuito creado al suroeste de París es arte y su creador es un español, Santiago Varela, el mejor en lo suyo.
Con unas normas básicas, entre 12 y 14 obstáculos y 1,65 metros de altura máxima -que llega a 2,00 si hay dos listones y a 2,20 metros si hay tres-, Varela puede idear el camino que quiera para los caballos y sus jinetes aunque siempre con una máxima: que luzca, que quede bonito. En las competiciones habituales está más limitado por el presupuesto, pero en los Juegos Olímpicos tiene permiso incluso para mandar a construir obstáculos distintos, originales, diferentes a lo visto hasta ahora.
"Hay unas normas básicas, sobre todo en cuanto a altura y anchura de los obstáculos, pero cada circuito debe ser distinto. Mi máxima es hacer que los caballos salten lo mejor posible, que se expresen en toda su plenitud. La gente piensa que la gracia es la dificultad, que haya muchos errores, pero no es así. Un buen circuito es un circuito en el que los caballos se lucen, ya está", explica Varela en conversación con EL MUNDO en el privilegiado escenario que esta edición acoge la hípica. En la antigua residencia del rey Luis XIV, 75 binomios jinetes-caballos -entre ellos tres españoles, los formados por Eduardo Álvarez Aznar y Rockefeller de Pleville Bois Margot; Sergio Álvarez Moya y Puma HS; e Ismael García Roque y Tirano-, correrán y saltarán por dónde diga Varela.
La checa Miroslav Trunda por delante del Palacio de Versalles.AP
"Aquí en Versalles es imposible no pensar en cómo va a quedar la foto. Este sitio es el paraíso, es la bomba. Cuando vine por primera vez hace meses me quedé cuajado. Pregunté: '¿Dónde estará la pista?'. Y me dijeron: 'Aquí'. Y les respondía que era imposible, ni de coña", recuerda el creador de circuitos.
Pregunta. Hay un debate eterno sobre la salud de los caballos en este tipo de competición.
Respuesta. Todos los que formamos parte de la organización nos desvivimos por del bienestar del caballo. En todo deporte hay riesgo de lesión, pero está muy controlado. Como decía, no se trata de poner al caballo en riesgo, si no de que brille. Yo llevo 40 años haciendo esto y siempre pienso en ellos. Yo no pienso como un jinete ni como un espectador, pienso como un caballo: '¿Qué va a hacer el caballo?'. Son animales listísimos.
De 55 años, Varela fue jinete en el Club de Campo Villa de Madrid, pero pronto se dio cuenta que lo suyo no era saltar, que lo mejor que podía hacer era decidir por dónde saltaban otros. "Para diseñar te tienen que gustar mucho los caballos. Yo desde pequeño tuve relación con la hípica, mi familia tenía caballos, mi abuelo era general de caballería, y por eso empecé a montar. Pero a los 14 años se me lesionó una yegua y me quedé sin competir en el Campeonato de España de infantiles así que le pregunté al diseñador si podía ayudarle. Era sólo un chaval, pero me encantó poner barras, participar del montaje del circuito, la creatividad que había detrás. Hice un curso territorial, luego otro, luego otro y a los 23 años ya era diseñador en competiciones internacionales", rememora Varela que en los próximos días se la jugaría.
Santiago Varela, en el circuito de hípica.El Mundo
Después del diseño y el montaje de un circuito de ciclismo, de triatlón o de la marcha y el maratón lo normal es probarlo. Semanas antes se organiza una competición previa, aunque sea menor, para ver si todo funciona. Días antes y horas antes se manda a varios deportistas a que den vueltas para corroborar que no hay fallos. Pero en el circuito de saltos de hípica eso no se puede hacer. Para mantener el efecto sorpresa y que nadie tenga ventaja, Varela y su equipo de cuatro ayudantes montan los obstáculos poco antes de la competición y ya está. No hay ensayo. No hay posibilidad de error.
"Yo abro el melón y si está pepino, pepino se queda. Si me equivoco, me equivoco 75 veces porque pasarán por allí todos los caballos y quedará claro que el erro es mío. Por eso necesitas experiencia, haberlo probado todo para saber lo que funcionará. Yo sufro, no te voy a engañar, pero el día que no sufra me retiraré", comenta Varela, economista que trabaja para una multinacional y al mismo tiempo artista, el mejor diseñador de circuitos de saltos de hípica del mundo.