Un año después, en el mismo escenario, con idéntico premio y los mismos protagonistas, veo a Carlos Alcaraz mejorado con respecto al que dio el gran golpe al llevarse su primer título en el All England Club y a Novak Djokovic aún en posesión de sus cualidades, que no son pocas, y capaz de sacar provecho del don natural del que también dispone para jugar sobre hierba. Tiene el serbio una lectura diáfana de las jugadas que ayuda a su sobresaliente
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CARLOS FRESNEDA
Corresponsal
@cfresneda1
Londres
Actualizado Domingo,
9
julio
2023
-
22:38El murciano, que hoy se enfrenta a Berrettini, conquista a la prensa y...
Indian Wells va camino de convertirse en un torneo talismán para Carlos Alcaraz. Lo ha ganado dos veces consecutivas, es el vigente campeón y solo dos leyendas como Rafael Nadal y Andy Murray han sido capaces de derrotarle sobre estas pistas del primer Masters 1.000 de la temporada. En su primera final en 2023 destrozó a Daniil Medvedev por un 6-3 y 6-2 y el año pasado venció a Jannik Sinner y Alexander Zverev antes de repetir final frente al ruso. Hay algo sobre el desierto californiano del Mojave que a Alcaraz le sienta especialmente bien. Y en su primer asalto en busca de la triple corona lo dejó patente.
El murciano dejó buenas sensaciones sobre la pista central para despachar al francés Quentin Halys por 6-4 y 6-2 en una hora y siete minutos para plantarse en la tercera ronda. Pese a su condición de víctima propiciatoria, el francés de 28 años venía de dejar en la cuneta a Pablo Carreño en primera ronda y de meterse en las semifinales de Dubai. No fue un paseo militar para el murciano pero sí una buena piedra de toque para ir cogiendo ritmo y sensaciones antes de la figuras más pesadas que, a priori, le esperan por delante.
Claro que dos de las principales amenazas ya han dejado de ser un problema: el italiano Sinner, por estar cumpliendo su sanción por dopaje, y el alemán Zverev, número del torneo, por haber caído a las primeras de cambio frente al holandés Tallon Griekspoor. Es un panorama favorable para que el tenista español recorte diferencias en el ránking ATP con el transalpino, todavía número uno del mundo.
El primer set se lo anotó en 41 minutos jugando a buen ritmo, moviendo a su rival desde el comienzo y sólido con su servicio. A las primeras de cambio le puso un revés paralelo al francés que parecía sentar las bases del duelo. Halys opuso resistencia esgrimiendo la que es su mejor arma: el saque apoyado en sus 191 centímetros de estatura, pero la superioridad de Alcaraz fue manifiesta en todo momento.
Firmó la ruptura sobre el servicio del francés en el tercer juego del partido para jugar con viento a favor el resto del choque, destrozando cualquier opción de reacción de su rival en una segunda manga en la que solo invirtió 26 minutos. Exhibición del joven de El Palmar, que parece preparado para asaltar Indian Wells una vez más, con permiso de Novak Djokovic, la gran amenaza de los jugadores que quedan en liza.
Alcaraz es la gran y única esperanza española en esta edición de Indian Wells. A la retirada por lesión de Paula Badosa se han sumado las derrotas de Martínez, Carballés, Bautista-Agut, Munar, Davidovich-Fokina, Carreño y Bouzas. En la próxima ronda se las tendrá que ver con el canadiense Denis Shapovalov.
Como anécdota, el hombre elegido por la organización para el sorteo: Lance Davis, el apicultor convertido en héroe que el año pasado se encargó de disolver la invasión de abejas en el encuentro frente a Zverev, un partido para la historia del tenis.
Fue en Navidad cuando Carlos Alcaraz creyó encontrar el equilibrio. Durante tres semanas entrenó en las pistas de su infancia en el Real Club de Campo de Murcia y fue feliz rodeado de familia y amigos, más feliz que nunca. En la cima del tenis mundial, por fin todo encajaba. Sin la obligación de desplazarse a Valencia para estar junto a su exentrenador Juan Carlos Ferrero, su físico y su mente conectaban, la vida era maravillosa, como quedó demostrado en el Open de Australia. Pero no era tan fácil. Aquel júbilo ahora es un recuerdo y lo que queda es el último partido. Alcaraz, eliminado en tercera ronda del Masters 1000 de Miami, enfadado consigo mismo y con el mundo.
«¡Hoy no puedo más! ¡Es un no parar! ¡Quiero irme ya a casa! ¡No puedo más! ¡No puedo más, tío! ¡No puedo más!», gritaba antes de certificar su derrota. La paz interior, por los aires. ¿Qué había cambiado? En realidad, nada. La desesperación ante SebastianKorda solo es un aviso de que, por muy bien que vayan las cosas, el hastío siempre estará al acecho.
El tenis es agotador, no hay remedio. Desde principios de año, Alcaraz apenas ha estado un par de semanas en Murcia entre torneos y compromisos. De Corea del Sur, donde jugó un amistoso con Jannik Sinner, al Open de Australia; de allí a Bahréin para asistir a la pretemporada de la Fórmula 1 y a Qatar para el ATP 500 de Doha, y de allí a los dos Masters 1000 de Estados Unidos. Cuando estuvo por casa aprovechó para ver a su familia y quedar con sus amigos para ir al karting, pero poco más. Tenis, tenis y más tenis. Al final tenía que pasar.
"Es una lesión psicológica"
«Tendemos a atribuir poderes sobrenaturales a los deportistas, pero son humanos como todos. Carlos ha estado acumulando demasiado durante muchas semanas y ha habido un momento en el que se ha desbordado emocionalmente. Ha sufrido una lesión psicológica, como podía sufrir una lesión física. Quizá le ha faltado más prevención, o cuidar más los descansos, o trabajar más sus fuentes de bienestar. Eso es lo que va a poder hacer ahora», explica la psicóloga Josefina Cutillas, que trabajó con el número uno hasta los 15 años e incide en una máxima: «Lo que le ha pasado no es tan raro ni tan grave».
«Carlos es transparente, y bajo mi punto de vista eso le engrandece. Con él podemos ver lo difícil que es ser una estrella del tenis. Antes los campeones tendían a ocultar estas situaciones, pero estoy segura de que las vivían igual», cuenta Cutillas. El público español se acostumbró al prodigioso autocontrol de Rafa Nadal, pero el resto de las grandes leyendas vivieron momentos de frustración sobre la pista. Todos. Hasta Roger Federer rompió alguna raqueta -una de ellas precisamente en Miami-.
Quizá la mayor diferencia de Alcaraz con sus predecesores esté en el tipo de partidos en los que explota, pues prácticamente nunca le ha pasado en un Grand Slam ni en semifinales o finales de Masters 1000. El vaso siempre se colma en rondas iniciales y eso también tiene una explicación. «Desde que era pequeño, el motor de su motivación siempre han sido los retos y disfruta en ese contexto. Ante una situación de presión máxima se crece. Pero eso no quiere decir que no lo esté viviendo. Después, cuando llega la descompresión, aparecen los problemas. Por ejemplo, no sé hasta qué punto ha gestionado las emociones de ganar en Australia», analiza Cutillas, que sabe cuál es la solución.
¿Y ahora qué hacer?
En los próximos días, Alcaraz podrá estar con los suyos y recuperar el equilibrio perdido desde Navidad. Después de su derrota ya regresó a El Palmar y esta misma semana regresará a los entrenamientos en el Real Club de Campo de Murcia, pero lo importante no será lo que haga con la raqueta. Será lo que haga fuera de la pista. La recuperación mental es esencial para encarar lo que le viene.
Si decide mantener su calendario, a mediados de la semana próxima ya debería viajar al Masters 1000 de Montecarlo para encadenar luego el Trofeo Conde de Godó en Barcelona, el Mutua Madrid Open y el Masters 1000 de Roma. La lógica impone que renuncie a una de sus competiciones, pero el tenis es agotador, no hay remedio. Si Sinner vence en Miami, el español deberá defender su número uno del ranking ATP con uñas y dientes hasta llegar a Roland Garros, que arranca el 24 de mayo.