La noche antes del arranque de Wimbledon un grupo de periodistas ingleses fue a jugar al golf al muy cercano Royal Wimbledon Golf Club y se encontró en el tee del hoyo 1 al vigente campeón, Carlos Alcaraz, acompañado de varios miembros de su equipo. Se quedaron atónitos. La coincidencia en lugar y tiempo era extraña, pero sobre todo sorprendía que el español estuviera tan tranquilo practicando su swing, de risas con los suyos, a menos de 24 horas
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Nadie levantaba la cabeza en el pasillo de vestuarios del Inalpi Arena de Turín, donde Carlos Alcaraz relajaba la musculatura en la bicicleta estática después de su derrota ante Alexander Zverev por 7-6(5) y 6-3 y su eliminación de las ATP Finals. Todos los miembros de su equipo miraban al suelo. Pese a la envergadura del rival, la rapidez de la pista y la dificultad para respirar por culpa del constipado, el español pensaba que la clasificación para las semifinales era posible y por eso estaba hundido.
De hecho, aguantó dando pedales lo justo y se encerró en su vestuario para no salir en dos horas, algo inhabitual en él. Mientras Zverev ofrecía su rueda de prensa, atendía a la televisión alemana e incluso hacía un juego para el Instagram de la ATP, la comparecencia de Alcaraz se retrasaba, se retrasaba y se retrasaba. Finalmente, cuando se colocó ante los micrófonos, con su chándal Nike marrón oversize, la decepción todavía seguía en su rostro y se notaba en sus palabras.
«Estoy un poco decepcionado. Este es un torneo muy bonito y mi objetivo cada año es llegar mejor. Sigo lejos del nivel que quiero mostrar a estas alturas de la temporada, aunque he jugado un buen tenis», analizaba de entrada el actual número tres del ranking mundial que, también raro en él, durante el partido casi rompe su raqueta. Al perder el tie-break del primer set, aún caliente, la lanzó contra su bolsa para después romper en gritos contra sí mismo.
Antonio CalanniAP
«En el último punto de ese tie-break he querido volear y era una tontería hacerlo. En el tenis tienes que tomar decisiones todo el rato; a veces aciertas y a veces fallas. Perder de esa manera duele. Igual que en el segundo set cuando he tenido tres bolas de break y las he desaprovechado por errores tontos. Duele, la verdad es que duele», reconocía Alcaraz que cerró así su temporada en el circuito ATP y recuperó la sonrisa de golpe cuando le nombraron el único torneo que le queda este año: la Copa Davis.
La ilusión recobrada
Este mismo sábado Alcaraz volará de Turín a Málaga para reunirse con el equipo español y empezar a entrenar en el pabellón Martín Carpena de Málaga. En su entorno, este viernes, reconocían que no hay mal que por bien no venga: gracias a su derrota ante Zverev, ahora tiene tres días enteros para preparar su primer duelo en la competición por países. El martes, en cuartos de final, le espera el neerlandés Tallon Griekspoor, un rival ideal para empezar. En sus cuatro enfrentamientos previos, el español ha vencido sin ceder ni un solo set. De hecho, hace sólo un mes en el Masters 1000 de Pekín el partido entre ambos acabó con un clarísimo 6-1 y 6-2.
Con el resfriado ya en remisión, la Copa Davis debería devolverle la alegría. En primer lugar, por la clara oportunidad de proclamarse campeón, sin jugadores del Top 10 en el camino hasta llegar a la final -hipotéticamente ante Estados Unidos e Italia-. Y en segundo lugar, por el privilegio de participar en la despedida del que fue su ídolo y hoy es su amigo, Rafa Nadal.
¿Habrá otra unión Nadal-Alcaraz?
«Probablemente sea el torneo más especial que vaya a jugar. La Copa Davis es una competición que sueño con ganar desde pequeño, poder representar a España es un honor. Voy a intentar aportar al equipo de la manera que pueda, por mí, por España y sobre todo por Rafa. Él es quien más se merece acabar su carrera con un título. Va a ser un reto difícil, pero a la vez motivante», aseguraba Alcaraz que reconocía las ganas de volver a entrenar con Nadal. Jugar, eso sí, es improbable que lo hagan juntos. Alcaraz deberá disputar un partido de individuales en cada ronda y en los dobles estará seguro Marcel Granollers, el actual número tres del mundo de la especialidad. Nadal disputará un encuentro de individuales o, lo más probable, será pareja de Granollers.
Nadal, en su entrenamiento de este viernes en Málaga.JORGE GUERREROAFP
«Es más importante la despedida de Rafa que la propia Copa Davis. Copa Davis hay todos los años, pero la despedida será única, lamentablemente sólo habrá una. Personalmente me emociona mucho poder estar a su lado en ese momento. La Copa Davis es la competición donde empezó su carrera con aquella victoria ante Roddick, una competición donde ha tenido muchísimos éxitos y su adiós será muy especial, estoy seguro», pronosticaba el tercer mejor tenista del mundo que en apenas un rato pasó de la decepción por caer en las ATP Finals a la alegría por participar del histórico adiós de Nadal.
Quizá serán 10, 15, 20 o incluso quizá se acercarán a 50 o 100 seguidores. El caso es que el próximo lunes a las 14.00 horas, el Open de Australia ha convocado a todos los aficionados que crean que se parecen a Nick Kyrgios a un concurso de imitadores. Antes de la jornada, los valientes se colocarán en el centro de la mismísima pista central del Melbourne Park y el público decidirá el ganador. ¿El premio? En realidad, ninguno. La gracia está en ser parte de la broma, aunque habrá un peluquero que peinará a los candidatos como lo hace el tenista australiano.
«¿Por qué? Menuda pérdida de tiempo». «Nadie quiere parecerse a ese payaso». «Qué locura, vais en la mala dirección». «¿De verdad?¿Después de todo lo que ha hecho? Eso quiere decir que el Open de Australia apoya su actitud». El pasado lunes, en cuanto el Grand Slam, anunció el concurso, sus cuentas en Instagram, TikTok, Facebook y por supuesto X se llenaron de comentarios negativos: la idea no le gustó a nadie. Los 'look-alike Contest' están de moda y funcionan para animar al público, pero sigue sin haber tenista más controvertido que Kyrgios. Su conversión en un personaje para todos los públicos realmente no ha funcionado.
Inactivo desde el verano de 2023, el australiano, cuya cima fue el número 13 del ranking ATP y aquella final de Wimbledon ante Novak Djokovic, dedicó toda la temporada pasada a labrarse una imagen distinta fuera de las pistas. Genial con una raqueta en las manos, también había protagonizado mil polémicas como tenista -escupitajos a la grada, insultos a jueces y rivales e incluso una masturbación simulada-, pero se estaba reciclando como un preciado comentarista de televisión.
El chiste sobre Kalinskaya
Su talento le permitía leer los partidos con precisión y su locuacidad, explicarlos como pocos. En el pasado Open de Australia trabajó para Eurosport -llegó a hacer entrevistas en la pista-, en Wimbledon para la BBC y en el US Open, para ESPN.
Con sólo 29 años y mientras se recuperaba de sus lesiones de muñeca y rodilla, Kyrgios se estaba convirtiendo en una estrella televisiva hasta que se descubrió el positivo de Jannik Sinner. Como muchos otros, el australiano fue muy crítico con el número uno del mundo y con la gestión del caso realizada por la ATP, pero eso no fue lo que le perjudicó.
Alastair GrantAP
Sus opiniones se mezclaron con un chiste sobre Anna Kalinskaya, ex novia del propio Kyrgios y actual pareja de Sinner, y en las últimas semanas se han convertido en un acoso constante. Por ejemplo, hace unos días Cruz Hewitt, hijo de Lleyton Hewitt, completó un entrenamiento en Melbourne junto a Sinner y Kyrgios llenó su Instagram de comentarios desagradables. "Pensaba que éramos amigos", le soltó al chaval de apenas 16 años entre emojis de jeringuillas.
La guerra con Roddick
Por ello, Kyrgios, que como comentarista estaba ganando adeptos, ha regresado a la polémica. De censor a censurado. A la espera de saber si podrá disputar este Open de Australia, para el que está clasificado con ranking protegido pese a las molestias que aún arrastra, el pasado martes fue el protagonista del último episodio del podcast del ex número uno del mundo Andy Roddick. Kyrgios había insinuado que el propio Roddick se dopó porque éste defendió a Sinner y su respuesta fue inequívoca.
"Nick necesita los me gusta, necesita las interacciones. Ahora mismo es un influencer de tenis. Vive por y para los me gusta, por y para la sección de comentarios. Se siente guay, claro. Es uno de los tenistas más talentosos que he visto en mi vida, pero es un hipócrita cuando juzga a la gente", apuntó Roddick que no dudó en recordar que años atrás Kyrgios se declaró culpable de agredir a una ex novia, Chiara Passari: "Es alguien que se ha declarado culpable de agredir sexualmente a tu novia, y quiere que la gente entienda su contexto, diciendo que estaba en un mal momento, que tomaba drogas. Siempre será el tipo que se declaró culpable de agredir a una mujer".
El próximo lunes a las 14.00 horas, quizá 10 o quizá 100 seguidores se acercarán al concurso de imitadores de Kyrgios, pero seguirá siendo el tenista más controvertido del mundo.