Se acabó el culebrón, Mario Hezonja renovará por el Real Madrid. Así lo ha confirmado el propio jugador en sus redes sociales, con un mensaje de amor abierto al club blanco, al que no ha dudado en tildar de su “casa”.
“El Real Madrid creyó en mí cuando muchos no, se cuidó de mí y de mi familia desde el primer día que llegué y nos hizo sentir como en casa. Mi única intención era quedarme así que estoy feliz de comunicarles que continuaré mi viaje en MI CASA, MI REAL MADRID ¡por mucho tiempo!”, ha escrito el croata en X.
“Como todos sabéis, después de mi último partido de la temporada me convertí en agente libre y soy libre de decidir dónde quiero jugar durante los próximos años. No he celebrado ningún acuerdo con nadie más a partir de ahora y, como dije, ¡siempre lo oiréis de mí primero!”, ha añadido ‘Super Mario’.
Con este anuncio, Hezonja pone punto y final a uno de los culebrones más sonados en el baloncesto patrio desde la llegada de Mirotic al Barcelona. El eterno rival, que ha firmado a Kevin Punter, tenía, según muchos medios especializados, la firma del jugador blanco en un contrato de larga duración y de sustanciosas cifras económicas.
Todo parecía indicar que el ala-pívot iba a hacer las maletas para instalarse en la casa del eterno rival y convertirse en uno de los puntales del nuevo proyecto blaugrana, que trata de salir a flote después de una temporada para el olvido. Pero finalmente, en un nuevo giro de guion, en otro revés de un ‘partido de tenis’ que tenía al espectador girando el cuello de lado a lado de la cancha, Hezonja ha terminado de deshojar la margarita y se ha decantado por el equipo de la capital.
Muchos dicen que fue el Barça quien se echó atrás después de las declaraciones de Hezonja tras la conquista de la última liga por parte del Madrid, pero nunca lo sabremos a ciencia cierta. En esa alocución, un emocionado Hezonja le declaró amor eterno al equipo blanco, destacando la presión del propio Florentino Pérez para convencerle de que se quedara.
La noche, que era un carrusel de talentos para el Real Madrid, se complicó. Y en la reacción del Partizan de Obradovic, en ese susto final comandando por Duane Washington que recordó los fantasmas del domingo en Vitoria, apareció un chico con pinta de despistado y una clase especial. El esperado Theo Maledon tomó las riendas como si llevara toda la vida haciéndolo y solucionó la papeleta en el Palacio, una presentación a lo grande, ilusionante, y el tercer triunfo seguido en casa en la Euroliga para los de Scariolo. [93-86: Narración y estadísticas].
En su debut con el Madrid tras su lesión de inicio de curso (apenas pudo jugar un par de minutos en la pasada Supercopa), Maledon dejó poso de jugador genial. Los "minutitos" que anticipó Scariolo fueron minutazos, el balón en sus manos en la hora de la verdad, un triple demoledor en la recta de meta, cuando más apretaba el Partizan con la remontada, un casi robo a Jabari antes y dos tiros libres para acabar con lo que se daba. Firmó 16 puntos en 14 minutos y endulzó las estupendas actuaciones de varios de sus compañeros, del omnipresente Tavares (19 puntos, ocho rebotes), al encendido Trey Lyles (17, 5), otro que se suma a la fiesta de este Madrid que presume de un arsenal como no se recordaba.
Antes de los sudores, había sido un Madrid arrollador y compacto desde el mismísimo amanecer, como si quisiera desprenderse de los sinsabores del desenlace ante el Baskonia. Y como si quisiera seguir haciéndose fuerte en un Palacio que siempre fue refugio. Pese a la amplia e imponente escuadra que maneja el maestro Obradovic -pocos nombres balcánicos y muchos norteamericanos-, con el último en llegar, el prometedor finlandés Mikka Muurinen, ya listo, los blancos encontraron rápido la forma de desmontarles los planes.
Tavares, defendido por Tyreque Jones, en el Palacio.JUANJO MARTINEFE
Tavares dominaba a sus anchas la pintura (aplastando a Tyreque Jones) y Okeke, una amenaza, le acompañaba como si jamás fuera a fallar un triple en esos aros (acumula ocho de 10 en los dos últimos partidos de Euroliga). Después apareció Lyles para unirse a la fiesta ofensiva, que a la vez lo era defensiva, 12 puntos encajados en todo el primer acto. Con un abrumador dominio del rebote, el esperado debut de Maledon y acciones certeras, el Madrid se fue al descanso con dos dianas más de Okeke y una máxima reluciente (52-33).
Que fue más a la vuelta, con un Real Madrid suelto y divertido y un Partizan que se encomendaba a la elegancia de Jabari Parker para intentar meterse en el partido. Pero al ex del Barça le respondía Lyles, desplegando las esencias de lo que puede llegar a ser. En ese tramo, sin embargo, los blancos se enredaron en una serie de errores y pérdidas (especialmente impreciso estuvo Campazzo) que no terminaron por enterrar a los serbios.
Y que despertaron hasta acercarse a cuatro puntos de la mano de un desatado Washington. Pero, a falta de un minuto, un triplazo de Maledon (en cancha acabó el Madrid con él, Campazzo y Llull juntos), finiquitó al Partizan.
Aquella mañana en la playa de Fuentebravía, en el Puerto de Santa María, la carrera con Jaime, el pequeño de sus tres hijos, no había sido como las demás. "Joder, me ganaba con seis años. Estaba reventado", revisita Tomás Bellas (Madrid, 1987) en voz alta al instante preciso en el que todo cambia para siempre, en el que uno se da cuenta de que algo, de verdad, no va bien. Las vacaciones familiares en Cádiz el pasado mes de julio tornaron en pesadilla, en una sucesión precipitada de acontecimientos. Noches de sudoración descontrolada, "como un animal", inflamación de ganglios, tos, una visita de urgencia al hospital y un ingreso sin tiempo que perder. "A los pocos días nos confirmaron todos los presagios. Tenía un linfoma", recuerda el base, 14 temporadas en la ACB, el salto inicial del otro partido de su vida.
El 10 de mayo de 2024 Tomás, sin saberlo, se había vestido de corto por última vez. "Ganamos al Valladolid. A un entrenador que me echó de Fuenlabrada, que le tenía ganas... Bueno, no es mal colofón", saca pecho con media sonrisa melancólica. Repartió ocho asistencias, disfrutó y se despidió del Fernando Martín dándose el gusto de un baile más: la siguiente temporada seguiría en el Fuenla, uno de los clubes de su vida, al que ayudaba en su retorno a esa Liga Endesa en la que él disputó 466 partidos. "Nada mal para un tipo normal que no levanta el 1,80", reivindica una carrera que "ha sido la hostia". Ya en pasado, confirmada su retirada, pese a "estar ya sin enfermedad en el cuerpo". "Eso no quiere decir que este curado. El alta no te lo dan hasta que pasan 10 años", explica.
Tomás repasa con EL MUNDO su batalla de los últimos meses sentado en la mesa de reuniones de su empresa familiar, en Las Rozas. La que fundó su padre hace 32 años y en la que ahora le acompañan sus cuatro hermanos. A la que volvía cada verano unas semanas para echar una mano, para hacer gala de sus estudios universitarios. Un jugador profesional. Ya le ha crecido el pelo, aunque aún le acompaña una boina, nueva seña de identidad. Llegó a perder nueve kilos. Está volviendo al deporte, al crossfit, y va tachando de su lista las cosas que apuntó que no podía dejar de hacer. Esquiar, tirarse en paracaídas, viajar con sus hijos, ver en directo un Partizán-Estrella Roja (lo hizo este mismo viernes, en Belgrado)... Porque el final era una posibilidad. "Te pones en el peor escenario, claro. Y piensas: 'Mi vida ha sido fantástica, no tengo un solo pero a los 37 años", pronuncia con crudeza.
Tomás Bellas, en su empresa familiar en Las Rozas.ANTONIO HEREDIA
El sopapo fue inesperado. "Cuando me dicen, 'tienes un linfoma', yo estaba con mi padre en la habitación del hospital. Así, de frente. Es difícil describir las sensaciones. Intentas no llorar [se emociona, "ahora me cuesta"]. Intentas hacer ver a todos que estás bien. Porque creo que yo he sufrido, pero mucho más los que están alrededor", cuenta. El 19 de agosto recibió la primera sesión de quimioterapia en el Puerta de Hierro. "Hay cuatro estadios y yo estaba en el cuarto. Fue un tratamiento súper fuerte. Una bomba para mi organismo. Mi médula no estaba preparada, tuve un problema en el pericardio porque tenía el corazón encharcado, la quimio te inmunodeprime: cogí fiebre, varias semanas ingresado...", relata un infierno físico y mental del que escapó también con velocidad, como siempre deambuló por la cancha. "Antes del segundo ciclo, a finales de septiembre, me hicieron una prueba de Pet Tac y vieron que no tenía enfermedad. Había sido efectivo. Me dieron dos más, de refuerzo. El último, a mediados de noviembre", celebra.
"Estoy convencido de que el deporte me ha ayudado muchísimo. Para coger el toro por los cuernos. Era como un partido, había un objetivo y sabía que iba a tener que esquivar balas. Gran parte es actitud. El baloncesto me ha enseñado a saber sufrir, a que no siempre hay una recompensa inmediata, a gestionar las emociones...", relata un tipo al que no le cuesta admitir que nunca tuvo "pedigrí", pese a que con 12 años ya estaba en la cantera del Real Madrid.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
El hándicap de la altura siempre le acompañó. Fue a la vez su acicate. Como las miradas de sospecha: "Ser infravalorado forja tu carácter". "Nunca fui a una selección. Es mi espina clavada, lo reconozco. Me podían haber llamado, sin lugar a dudas. Hay gente que ha estado con mucho menos nivel que yo", se queja, consciente también de que no ayudó su forma de ser -"mi carácter. Yo no soy una ovejita a la que dirijas"-, para bien y para mal, es su otra gran seña de identidad. Ha habido pocos guerreros con más ardor en la cancha que Tomás Bellas, pesadilla para los rivales, pretoriano de los entrenadores en sus cuatro equipos ACB (Gran Canaria, Zaragoza, Fuenlabrada y Murcia), desde Pedro Martínez hasta Sito Alonso, pasando por Aíto García Reneses, Jota Cuspinera, Luis Guil... "Era una mosca cojonera. 'Joder, hoy me toca contra Bellas', decían los rivales. He tenido peleas con todos. Yo siempre fui a muerte. Hacía en la cancha lo que nadie quería hacer", admite de unas batallas que ahora son anécdotas de amistad con sus ex rivales, los que le han abrumado con mensajes de apoyo e interés.
¿Cómo llega un niño bajito de Las Rozas a la elite? "Todo es más o menos positivo en función de las expectativas que tengas. Las mías ni de lejos eran estar 14 años en la ACB, casi 500 partidos, más competición europea, haber jugado la Summer League de Las Vegas... y un denominador común: he jugado muchísimos minutos", se enorgullece de una trayectoria que empezó por su padre, entrenador en equipos femeninos, guardián de sus primeros entrenamientos en el patio de su casa. En infantil ya estaba en el Madrid, pero a los 18 jugaba en Primera Nacional en el Torrelodones, "entrenando a las nueve de la noche con abogados, dentistas, pintores...". Quería centrarse en sus estudios universitarios y en su novia. Y por eso rechazó, ahora ríe, hasta a Pablo Laso. "Me quería en Cantabria tras una pretemporada, se quedó alucinado", recuerda.
Tomás Bellas.ANTONIO HEREDIA
Pero le llamó el Cáceres de Piti Hurtado, destacó en LEB Oro, y después le surgió la oportunidad "de una vida". Saltar a la ACB con el Gran Canaria. Se acogió a aquel decreto 1006 que hizo famoso Alberto Herreros. "Con Pedro Martínez fue un máster de cinco años, diario. Con una exigencia bárbara. Pero es lo que me permitió estar tantos años en la liga". Tras seis temporadas en Las Palmas, sale a Zaragoza, la otra cara del baloncesto, "peleando por no bajar, impagos... No fue muy agradable. Remar y remar". "De ahí a Fuenlabrada. Decido acercarme a casa por el tema de la empresa, la familia...". Y después Murcia, "una segunda juventud". Tras tres cursos, repliega, otra vez el negocio familiar como prioridad, y Tomás, Paola y Jaime, claro. Pero mantiene el gusanillo del deporte de elite en su vuelta a Fuenlabrada. "Ha sido la hostia. Mi carrera ha sido la hostia", repite.
Cuando le sobrevino la enfermedad, Bellas, siempre celoso de su intimidad, no quiso hablar públicamente demasiado. Se centró en la recuperación, se fue despidiendo del baloncesto al que no sabe si volverá como entrenador o director deportivo quizá y del que, por ahora, sólo echa de menos lo bueno, "competir, el vestuario...". "Si me llega a pasar más joven, probablemente hubiera intentado volver. Pero ya no está en mis planes", dice. Ahora cuenta el proceso por primera vez. En unos días, en Gran Canaria, recibirá un homenaje durante la Copa del Rey, en el "club de su vida", en el que fue capitán. "Todo esto ha sido una lección de vida. Me ha retirado del baloncesto, pero no de la vida. Te hace cambiar las prioridades. Antes te preocupabas porque no metías dos canastas y ahora porque estás vivo".
Sergio Scariolo, seleccionador español masculino de baloncesto, lamentó la situación que atraviesa su equipo, que de momento no tiene pista para entrenarse "en condiciones" en los dos días previos a su debut en los Juegos Olímpicos.
"No sé a qué se deben los problemas con los entrenamientos. Me gustaría saberlo, pero la realidad del jueves y del viernes es realmente muy preocupante. No tenemos en este momento la posibilidad de entrenar en condiciones justo los dos días antes del primer partido de los Juegos. Espero que haya margen para que se pueda arreglar todo esto, pero en este momento estamos muy preocupados. La federación no tiene ninguna responsabilidad en esto, ha buscado alguna opción alternativa. Pero es muy complicado", expresó.
La expedición se plantea incluso entrenar fuera de Francia, país donde se va a celebrar la cita: "Va a ser muy complicado que podamos entrenar de una manera aceptable en Lille. Estamos muy preocupados porque la situación de los entrenamientos el día de llegada y el siguiente nos obliga posiblemente a tener incluso que salir de Francia para entrenar. Parece una absurdez, pero es la realidad en este momento, el mejor escenario".
Scariolo hizo estas declaraciones después de que su equipo se impusiera por 107-84 a Puerto Rico en su último duelo de preparación, disputado en el WiZink Center de Madrid: "Seguimos con un déficit en el rebote que es estructural debido a las características de nuestro equipo. Pero esperemos que podamos hace un esfuerzo extra contra equipos superiores físicamente como los que nos esperan para poder compensar este hándicap".
"Competir en los Juegos no es difícil con este equipo y estos jugadores. Siempre competimos ganemos o perdamos, no creo que vaya a ser más difícil que otras veces. El objetivo es competir y nunca estos jugadores, después de tantos años entrenándoles, me han decepcionado. No espero que lo hagan en esta ocasión", manifestó.
Por otro lado, se refirió al homenaje que recibió su jugador Rudy Fernández en el que fue su último partido como profesional en España: "Me voy muy satisfecho con la respuesta que ha dado la afición al último partido de Rudy aquí en casa, con momentos muy emotivos y de agradecimiento por parte de todos hacia un grandísimo campeón".