La Guardia de Finanzas de Italia (policía de delitos fiscales) ha bloqueado varias plataformas pirata con 1,3 millones de usuarios que emitían partidos de la Europa de fútbol y otros contenidos televisivos y 13 personas están siendo investigadas, según informó este jueves el cuerpo.
La operación se hizo a través del Comando Provincial de la Guardia de Finanzas de Milán (norte) tras “una importante investigación para combatir el fenómeno de la piratería audiovisual” y la emisión de contenidos protegidos en internet “a través de canales no autorizados”.
La Policía “llevó a cabo 14 registros locales e informáticos en todo el territorio nacional contra 13 sospechosos, residentes en diversas regiones italianas y en el extranjero, todos acusados de gestionar redes de distribución ilegales de las principales programaciones televisivas protegidas por derechos de autor”.
Estas redes “descifraban y redistribuían ilegalmente los contenidos de los principales actores de televisión a nivel mundial a través de plataformas IPTV no autorizadas, causando importantes daños económicos a los organismos de radiofusión legítimos”, agregó.
La intervención causó que “la transmisión quedara oscurecida, impidiendo que más de 1,3 millones de usuarios accedieran al contenido”.
La operación se puso en marcha tras una denuncia de la cadena de televisión Sky Italia, todo “para combatir los múltiples tipos de piratería” que se registran y “para salvaguardar la legalidad económica y financiera del país”.
“La violación de los derechos de propiedad intelectual constituye, de hecho, una actividad ilícita extremadamente lucrativa para las organizaciones criminales, al mismo tiempo que genera daños notables a la economía legal”, concluyó la Guardia de Finanzas.
«Pasan los años, pasan los jugadores, es por un sueño que vamos a luchar, vale la pena, la Roja es lo más grande, el público que cante, gritando sin parar». El cántico empezó a sonar en los vestuarios de Mar del Plata hace 17 años, una eternidad. Ante aquella hinchada argentina enfervorizada -valga la redundancia- España necesitaba su propia música, su «lo, lo, lo», su emoción a gritos, y funcionó: aquella fue la tercera Copa Davis para el país. En las ediciones posteriores también se cantaba, pero fue perdiendo fuerza porque, con un tenista como Rafa Nadal en la pista, ¿quién necesita tantos ánimos? Por eso esta semana el capitán David Ferrer decidió recuperarla.
No estaba Carlos Alcaraz, no estaba Alejandro Davidovich, pero había un grupo que se sentía un grupo, compañeros ayudándose los unos a los otros, sentimiento de pertenencia. Este sábado, antes de derrotar a Alemania en las semifinales de la Final a Ocho, sus voces retumbaban en todo el recinto ferial Bologna Fiere.
Después, Pablo Carreño, Jaume Munar, Pedro Martínez y Marcel Granollers saltaron a la pista conscientes de que lo podían hacer: clasificarse para la final de este domingo ante Italia (a partir de las 15.00 horas, en Movistar), la undécima final de la historia de España. Alemania presentaba un muro casi imposible de saltar: Alexander Zverev, el líder, el número tres del mundo, pero el resto... «Este grupo ha creído que podía, esa ha sido la clave. Desde que supieron que Carlos [Alcaraz] no podría jugar, estos jugadores se unieron para ganar», analizaba David Ferrer, que añadía: «Este equipo se merece esta oportunidad y este desafío. Jugar contra Italia en su casa es un reto bonito y seguimos creyendo».
TIZIANA FABIAFP
«El equipo», «el grupo», «el equipo», «el grupo». Ambos sintagmas se alternaban en todas sus declaraciones y, con ellos, dando tanta importancia al colectivo, se entendían mejor las victorias de sus jugadores. Exceptuando a Granollers, campeón de dos Grand Slam esta temporada en dobles, Carreño y Martínez venían de épocas complicadas, de torneos Challenger, de rachas de derrotas que ahora ya se han olvidado. «¡Viva la España del pueblo!», gritaban todos al acabar. Son los héroes de la España currante en esta Copa Davis y, pase lo que pase en la final, lo serán.
Las vacaciones de Carreño
«Mi objetivo esta temporada era entrar entre los 100 mejores del mundo y ya estaba de vacaciones con mi familia cuando me llamó el capitán», confesaba Carreño. «Sé que no soy de los mejores del país, pero cuando me llaman, cumplo», proclamaba. Y cumple: vaya si cumple. Ayer fue el primero en saltar a la pista y marcó el camino al resto. El secreto era hacer lo que sabían, nada más, pero nada menos, y eso hicieron todos, empezando por él.
SERENA CAMPANINIEFE
Jan-Lennard Struff, el rival al que derrotó por 6-4 y 7-6(6), es un jugador con un saque y una derecha peligrosos, pero carece de paciencia y había que aprovecharlo. El patrón del español pasaba por mantener su saque, aguantar sus embestidas y esperar su oportunidad. Hasta la última coma lo cumplió. «Ha sido casi milagroso», valoró después sobre el tie-break final, cuando llegó a verse con un 6-1 en contra y, aun así, fue capaz de rehacerse, salvar esas cinco bolas de set e imponerse. «Me voy corriendo a ver a Jaume», reclamaba Carreño al final de su rueda de prensa.
La orden de Ferrer
Pero esta vez no pudo ser. A Munar, líder en los cuartos de final ante República Checa, le tocaba medirse a Zverev y, aunque lo intentó, acabó perdiendo por 7-6(2) y 7-6(5). Todo dependía del dobles. Tim Puetz y Kevin Krawietz, pareja unida desde hace años, clasificados para la última ATP Finals, se anunciaban complicados de superar, pero Granollers y Martínez presentaron mejores argumentos: concentración al principio, tranquilidad ante la remontada rival y decisión en el desenlace. En el tercer set explotaron sus golpes desde el fondo, especialmente en resto, para desactivar la agresividad de los alemanes y derrotarles por 6-2, 3-6 y 6-3.
«Al empezar el tercer set, el capi [Ferrer] me ha dicho que me centrara en mejorar en el resto y eso ha sido clave. Como metían todos los primeros, ya me había relajado y a partir de entonces he estado más agresivo», aceptaba Martínez, autor del golpe clave para el break del tercer set. «Somos humildes, humildad ante todo, pero creemos en esto», finalizaba.
Tadej Pogacar continuó engrandeciendo su figura y rindiendo homenaje al ciclismo obteniendo, en el boloñés Giro de Emilia, su victoria número 87 y la 24ª de la temporada. Una menos que, en 2005, Alessandro Petacchi, "sólo" un sprinter, sin ánimo de ofender, récord de lo que llevamos de siglo. En su estreno con el jersey arcoíris, al que también honró de modo sumo,Poggy ofreció al mundo su enésima demostración de poderío y ambición con un triunfo que nadie discutió, al que nadie osó oponerse, del que nadie podía dudar.
Esta vez, "modestamente", Tadej no atacó a falta de 100 kms. para la llegada, sino a 37. Pero donde podía y debía hacer daño. En la primera de las cuatro subidas al Santuario de San Luca (1,8 kms. al 11% de pendiente media y una máxima del 19%), demarró, como de costumbre, sin levantarse del sillín, a pura potencia sin descomponer el gesto ni desbaratar la postura. Y se acabó la carrera. "Finito". Cuando puso pies en polvorosa, estaban a su lado o a su espalda, Evenepoel, Roglic, Mas, Tiberi, Pidcock, Yates, Woods, Jorgenson, Healy, Gaudu y compañía. Dio igual. Ellos sabían que, en esa subida, tarde o temprano, atacaría el esloveno. ¿Y qué? Bajaron la cabeza, doblaron la rodilla y se dedicaron a tratar de ser segundos.
Pogacar, segundo a su vez en 2022 tras Enric Mas y en 2023 tras Roglic en sus dos anteriores participaciones, ataca desde tan lejos que los demás no se atreven a seguirle. Ni lo intentan, aunque sólo fuera para salvar la cara. Temen una humillación que, de todas formas, se produce. Tal vez si Poggy arrancara desde más cerca, tratarían de resistirse porque aún les durarían las energías. Pero a esas distancias asumen la convicción de que aguantarle la rueda es una tarea destinada al fracaso. Así que para qué esforzarse. Eso se llama impotencia física e inferioridad psicológica. No importa la longitud o la dureza del trazado, Pogacar vuela; otros, los mejores, andan. El resto repta.
Llovía, pero el arcoíris no desteñía. Había niebla, pero la figura de Pogacar no se desdibujaba. Sólo una caída podía privarle de la victoria. No se cayó, porque, además, Pogacar no se cae nunca, o poco menos. Fue aumentando paulatinamente la ventaja. Después de él, a, prácticamente dos minutos, llegaron, para hacer podio, Tom Pidcock y Davide Piganzoli, con Enric Mas en octavo lugar.
Quien diga que Poggy ha matado la emoción en el ciclismo, no tiene razón. Para empezar, ni siquiera el esloveno puede ganar todas las carreras. Para seguir, la incertidumbre queda sometida a la admiración. ¿Desde cuándo las exhibiciones de un campeón excepcional, se llame como se llame, son aburridas? ¿Desde cuándo no se disfruta del placer de ver elevarse hasta el divino cielo de la bicicleta a un humano designado para la inmortalidad deportiva? En otros deportes individuales, ¿aburría Usain Bolt? ¿Aburría Michael Phelps?
Pogacar correrá todavía, completando el tríptico lombardo, los Tres Valles Varesinos (martes) y el Giro de Lombardia, el Quinto Monumento (sábado). Su victoria en San Luca hace la número 78 del UAE esta temporada. Su figura grandiosa contribuye al éxito colectivo del equipo. No quedan ya palabras para exaltar las hazañas de este muchacho de 26 recientes años. Pero habrá que inventarlas. Esto no ha acabado ni aquí ni aún.