Tiene aún más valor si cabe el triunfo de Carlos Alcaraz en Roland Garros, dado que su tenis no fluyó como acostumbra. Desde el inicio se vio que iba a ser un partido más emocional que de calidad, al menos hasta el último set. El duelo se prolongó más de lo debido, porque Carlos lo tuvo siempre encarado. Dispuso de 4-2 y 15-40 en el primer set y al final lo acabó sacando 6-3. Ya en el segundo, empieza con 40-0, gana el juego, pero pasando varias
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Poco importa que al equipo italiano, defensor del título, vaya a liderarlo Jannik Sinner, el número 1 del mundo, brillante ganador de las ATP Finals, campeón también en el Abierto de Australia y en el US Open. En segundo plano queda también Carlos Alcaraz, poseedor de cuatro grandes, entre ellos Roland Garros y Wimbledon esta misma temporada, y que hace tiempo conquistó el corazón de los aficionados. Igualmente tangencial parece, con todo el respeto para los ocho países que hasta el domingo pelearán por la Copa Davis, el puro desarrollo de una competición que, todo sea dicho, no ha acabado de afinar el tiro desde que adoptó el nuevo formato, que no logra evitar cada año sonoras renuncias, como en esta ocasión la de Alexander Zverev, segundo en el ránking.
La Davis es Nadal.
Desde que el ganador de 22 títulos del Grand Slam decidió que éste sería el último torneo de su dilatada carrera profesional buena parte del interés reside, como es lógico, en su magno protagonista. Ni siquiera importa que su presencia en la cancha no esté garantizada, pues disputó su último partido individual frente a Novak Djokovic el pasado 29 de julio, en los Juegos Olímpicos de París y dos días más tarde se despidió en dobles junto a Alcaraz, con quien comparte equipo por primera vez en esta competición, su Copa Davis, gane quien gane, tenga o no mayor cuota de influencia en el desenlace.
La despedida de Nadal ha otorgado un punto de extraordinario simbolismo a esta edición del torneo, una carga de emotividad que trasciende cualquier otra perspectiva. Roger Federer precipitó su marcha, casi sin previo aviso, en la Laver Cup el 24 de septiembre de 2022, después de 14 meses sin poder jugar por sus recurrentes problemas en la rodilla derecha. Lo hizo recién cumplidos los 41 años. Su némesis, su cordial e implacable adversario, lo hace con 38, con sólo 19 partidos disputados en el curso que fenece, siete de ellos derrotas.
A diferencia del suizo, Nadal ha podido elegir un torneo oficial, también por equipos. No anda lejos Djokovic, quien quedará como el último integrante en activo de la santísima trinidad de este deporte, de sucumbir a las garras del tiempo. A sus 37 años, el balcánico, el más laureado de las tres mayúsculas figuras que han liderado el tenis desde hace más de tres lustros, aún quiere concederse un último recorrido, medir sus fuerzas frente al azote de la nueva generación. Ausente por decisión propia en el reciente torneo de maestros, buscará prolongar su suerte en el Abierto de Australia, donde cuenta con 10 títulos.
Empujado por el destino
Hay algo de destino irremediable en el momento y el lugar elegidos por Nadal. Como reconocía su tío Toni, quien le entrenó desde la infancia hasta 2017, quien aquilató su juego y su carácter, en una entrevista con este periódico, el zurdo confiaba en que una vez más podría darse una nueva oportunidad, como había hecho a lo largo de una trayectoria sembrada de espinas, con momentos que hicieron pensar en que ya no habría vuelta atrás. Su paciencia, su coraje y su determinación le empujaron a seguir intentándolo, con éxitos tan cercanos como el título del Abierto de Australia de 2022, tras levantar dos sets adversos ante Daniil Medvedev, y el de Roland Garros meses después, imponiéndose a Casper Ruud. Pero el tiempo y el desgaste de tantas batallas libradas le acabaron conduciendo a tomar la dolorosa decisión de dejar de ejercer el oficio que ha desempeñado con una pasión inquebrantable.
Ya en 2023 tan sólo pudo disputar cuatro partidos. Fue entonces cuando, consciente de las perennes dificultades, anunció que esta temporada podría ser la última. Seguramente quiso imaginarla de otro modo, aún con combustible para desenvolverse en los grandes escenarios, con Roland Garros, donde sentó cátedra durante 14 años, como la tierra prometida para dejar su aliento postrero. Llegó a París, tras poder rodarse a duras penas en el Conde de Godó y el Masters de Madrid, pero el azar se le tornó esquivo con una primera ronda frente a Zverev. La Caja Mágica le había dispensado la única despedida oficial hasta esa fecha, una vez que anunció que ya no volvería a jugar en la capital. París le dijo adiós en un improvisado homenaje, en el que llegó a dejar la puerta abierta a un eventual regreso.
Nadal y Alcaraz, en la rueda de prensa del lunes.EFE
Volvió a Francia para darse el gusto de disputar sus últimos Juegos Olímpicos. Oro individual en Pekín 2008 y en dobles, en Río 2016, al lado de Marc López, hoy miembro de su equipo, se quedó lejos de optar a las medallas. Se marcha en el torneo que le vio nacer, donde empezó a plasmar todo el catálogo de virtudes que le distinguen. Ningún jugador en activo puede presumir de los registros de Nadal en la Copa Davis. Cinco Ensaladeras, la primera en 2004, con 18 años, la última hasta la fecha en 2019, aún en plena ebullición. 29 victorias en los 30 individuales disputados. Ocho en sus 12 presencias en dobles.
Mientras algunos grandes jugadores se vieron sepultados por la presión de un torneo que entraña un plus de responsabilidad colectiva, él fue de los que supo rentabilizar ese compromiso para alcanzar su máxima expresión, sean cuales fueren las circunstancias. Quién sabe si el destino, a menudo caprichoso, no le habrá reservado un final competitivo acorde a los méritos contraídos.
Hace tres semanas, Carlos Alcaraz y Jannik Sinner enviaron una carta a los cuatro Grand Slam donde mostraban su descontento ante el porcentaje que estos torneos dedican al reparto de premios. Los dos mejores tenistas del planeta, apoyados por Iga Swiatek y Aryna Sabalenka, pedían al Open de Australia, Roland Garros, Wimbledon y US Open un sustancial incremento, desde el actual 16% a un 22% en 2030. Unos días antes de esta misiva, Alcaraz había alzado su sexto major en Nueva York, por el que percibió cinco millones de dólares, la mayor suma del circuito. Esta semana, el número uno juega por un premio mayor, sin necesidad de 15 días de máximo esfuerzo como en los Grand Slam. El español recibirá seis millones de dólares si gana sus dos partidos del Six Kings Slam, un torneo de exhibición que se celebra en Riyadh bajo los auspicios del Fondo Soberano Saudí (PIF).
Mañana, Alcaraz juega en semifinales frente al vencedor del partido entre Taylor Fritz y Alexander Zverev. Tras la preceptiva jornada de descanso, impuesta por la ATP, la final se disputa el sábado. Los organizadores sueñan con otro duelo frente a Sinner, su verdugo en la edición de 2024. El italiano llega a la cita tras su precipitado adiós en el Masters de Shanghai, víctima del calor y los calambres. Su segundo abandono en cuatro torneos por problemas físicos.
"Tienen que hacer algo con el calendario. Hay demasiados torneos obligatorios y demasiados seguidos. Nos obligan a disputar determinados Masters 1000 y Masters 500", advirtió Alcaraz hace dos semanas, tras proclamarse campeón en Tokio. De este modo renovaba sus críticas a un circuito que ya se le había hecho muy cuesta arriba en 2024. Aquella derrota en Riad supuso el preludio de un discreto cierre de curso, con tropiezos en octavos de Paris-Bercy y la round robin de las ATP Finals. Pese a todo, el murciano aún tuvo tiempo de disputar en diciembre un par de exhibiciones más, frente a Ben Shelton en el Madison Square Garden y Francis Tiafoe en Charlotte.
Acuerdo con la ATP
Con su explosivo repertorio y su acreditado carisma, Alcaraz representa el mejor reclamo para el Six Kings Slam. Un evento donde no pondrá en juego sus puntos de la ATP. Y esta peculiaridad debería considerarse como una paradoja, dado que el Fondo Soberano Saudí (PIF) es patrocinador principal del ránking ATP desde 2024, cuando cerró un acuerdo con el circuito para "acelerar el crecimiento mundial del tenis". Desde entoces, Arabia Saudí se ha consolidado como una de las potencias emergentes, organizando las WTA Finals en Riad y las Next Gen ATP Finals en Jeddah.
Hoy, sobre la pista azul del ANB Arena, estrenado para la ocasión, lucirá el logo de Riyadh Season. Y es que este Six Kings Slam representa sólo el inicio de los fastos preparados por la familia real saudí. Nada menos que meses de "experiencia de entretenimiento global a través de 11 zonas únicas". Al tenis de primerísimo nivel se sumarán, entre otros, el WWE Royal Rumble de lucha libre, el Premier Padel, el Snooker Championship o el Fanatics Flag Football Classic, capitaneado por el legendario quarterback Tom Brady.
Alcaraz, durante el Six Kings Slam de 2024.REUTERS
Según Turki Al-Sheikh, presidente de la Autoridad General de Entretenimiento, 20 millones de personas participaron el año pasado en esta Riyadh Season, cuyo valor estima en casi 3.000 millones de dólares. Un espaldarazo para la labor del ministro, ex propietario de la UD Almería, que considera el tenis como una de ss prioridades. Más si cabe tras el los recientes fiascos del LIV. Hace apenas unos días, el circuito saudí de golf anunció perdidas cercanas a los 500 millones de dólares en 2024, por lo que su déficit acumulado de los tres últimos años superaría los 1.200 millones.
El refrendo del Six Kings Slam se cifra a través de su acuerdo con Netflix, que toma el relevo de DAZN para ofrecer sus directos en streaming. De nada sirvieron las críticas de Chris Evert y Martina Navratilova en las páginas de The Washington Post, porque el negocio del tenis sigue floreciendo en Arabia, la monarquía que ocupa el 132º puesto en el Índice Global de Brecha de Género (sobre 148) y el 162º puesto en el Índice Global de Libertad de Prensa (sobre 180).