Hubo un momento curioso en la celebración del primer Roland Garros de Carlos Alcaraz. Cuando Alexander Zverev lanzó la última bola a la red y su victoria ya era un hecho, el español se rebozó sobre la tierra batida, saludó al alemán, agradeció sus ánimos al público de la Philippe Chatrier y rompió a correr para festejar con su gente. Todos estaban eufóricos, emocionados, entregados. Pero durante unos segundos sólo esperaron.
Tan feliz como estaba,
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Es el lío que viene. Si en enero el vaivén de inversores llevó a La Liga a enfrentarse al Barcelona y bloquear la inscripción de Dani Olmo y Pau Víctor, posiblemente este verano ocurra lo mismo. El Consejo Superior de Deportes tendrá trabajo otra vez. El optimismo del club con su regreso al Camp Nou estaba reflejado en los presupuestos de la temporada 2024-2025 y los balances no cuadrarán de nuevo. Como mínimo, faltarán 28 millones de euros. El verano pasado, con la previsión de volver a jugar en su estadio en noviembre, la Junta Directiva que preside Joan Laporta incluyó en sus cuentas unos ingresos de explotación por 154 millones de euros, 28 millones más que los recibidos el curso anterior en el Estadio Olímpico de Montjuïc -126- y estos finalmente no llegarán.
Los retrasos en las obras provocarán un déficit que la entidad tendrá que cubrir con venta de activos, sean futbolistas o sea patrimonio. ¿Habrá fichajes? Es una incógnita porque, si los hay, podrían regresar los problemas para inscribirlos si La Liga duda sobre los números. Como renovaciones por hacer como las de Frenkie de Jong, Jules Koundé o Lamine Yamal, parece improbable que lleguen jugadores vía traspaso.
Y los problemas pueden agravarse. La venta de 475 asientos VIP del Camp Nou por 100 millones de euros salvó la participación en La Liga de Olmo y Víctor, pero ahora obliga a que haya fútbol en el estadio cuanto antes. Si no, su cobro está en peligro y sin ese dinero el Barcelona estará mucho más lejos de cumplir las normas del fair play financiero. De hecho, esa cantidad ni tan siquiera apareció en las últimas cuentas entregadas por la entidad a la competición. Desde el club aseguran que se trata de un estado contable intermedio y no de la liquidación del curso, que tendrá lugar a partir del 30 de junio, pero la ausencia es sintomática. Una millonada que está en el aire.
El lío por los palcos VIP
Semanas atrás, la nueva auditora del Barcelona, Crowe Spain, ya recomendó que los 100 millones de esos palcos VIP no se computasen de manera inmediata como ingreso porque los palcos todavía no existen y el contrato es a muy largo plazo. Según explicó la Cadena Ser, la empresa propuso dos opciones más realistas: sumar únicamente los 58 millones ingresados el pasado 3 de enero o, aún mejor, dividir los ingresos totales del acuerdo entre las 20 temporadas de duración del mismo a cinco millones por curso. Habrá más baile de cifras en los próximos meses, pero cualquier solución para por el fin de las obras en el Camp Nou.
Cuando por fin vuelva a rodar el balón, el Barcelona podrá explotar uno de sus principales activos y recuperar músculo económico. En los últimos cursos en el estadio de Les Corts, el recinto generó cerca de 230 millones de euros, pero después de la remodelación deberá aportar hasta 347 millones en ingresos. Las entradas y la restauración, un nuevo contrato de title rights cuando acabe el acuerdo con Spotify o las visitas formarán esas ganancias, con un interrogante.
En principio, una parte de esa cantidad vendrá de la organización de conciertos en el estadio, pero después de la polémica surgida en Madrid alrededor del nuevo Santiago Bernabéu, el club ha negado que se vayan a incrementar los mismos. «Los conciertos son una fuente de ingresos, pero hay otras», comentó la portavoz, Elena Fort, hace unos meses mientras el director de Operaciones, Joan Sentelles, prometía que «habrá pocos» y serán siempre fuera de temporada. El antiguo Camp Nou acogió conciertos de Bruce Springsteen, Michael Jackson o U2, pero por varios motivos el Estadio Olímpico de Montjuïc ha recibido más giras de grandes artistas internacionales.
En el minuto 92, segundos antes del desastre, ningún aficionado del Barcelona hubiera creído que en sus desvelos aparecería el león Álex, la hipopótamo Gloria o el rey lémur Julien y mucho menos el jefe de los pingüinos chiflados, los culpables del todo. A esas alturas de la vuelta de las semifinales de Champions ante el Inter, con 2-3 en el marcador, la afición azulgrana ya no quería marcha, marcha. Pero el defensa italiano Francesco Acerbi apareció en el área pequeña, se anticipó a Ronald Araujo, marcó el gol que llevaba el partido a la prórroga y celebró con sus tatuajes al aire. Unas alas en la espalda, un millón de frases por todos los lados y, entre la amalgama de tinta en su cuerpo, los personajes de Madagascar, la película de animación de DreamWorks que triunfó en 2005. Delirios de juventud.
A Acerbi le apodaban ‘Leone’, en algún momento quiso tatuarse varios leones famosos, de Mufasa a Álex, y un personaje llevó a otro, nadie sabe muy bien por qué. Tampoco se conocen los motivos de las ausencias de la cebra Marty y la jirafa Melman, como tantas otras cosas de Acerbi.
DANIEL DAL ZENNAROEFE
Un futbolista tan peculiar como controvertido, tan ejemplificante como criticable. Que este martes, a sus 37 años, marcara su primer gol en Europa, un gol para la historia, sólo es un episodio de una vida muy vivida.
La muerte de su padre y el cáncer
Formado en el Brescia y el Pavía, Acerbi pasó su juventud al borde del amateurismo en Italia, jugando incluso en la Serie D y no debutó en la Serie A hasta los 23 años. Puro central ‘azzurri’, duro y bueno en el juego aéreo, su carácter y su zurda le llevaron del Chievo al Milan, pero la élite le vino a buscar en el peor momento. Cuatro meses antes de convertirse en ‘rossoneri’ en 2012 había muerto su padre y, con la pérdida, cayó en el alcoholismo.
"No me respetaba, no respetaba mi trabajo, ni a quienes me pagaban. A menudo llegaba al entrenamiento 'achispado', sin haberme recuperado de los efectos del alcohol. Físicamente me encontraba bien porque siempre he sido fuerte. Me valía con dormir un poco para rendir", confesó sobre aquella época en una entrevista con la revista 'L'Ultimo Uomo'. Por suerte lo rescató la medicina, aunque no fue un tratamiento de desintoxicación, si no una quimioterapia.
Después de fracasar en el Milan fue traspasado al Sassuolo y en el reconocimiento médico le detectaron un cáncer testicular. Fue operado y llegó a jugar pocas semanas después, pero una recaída le obligó a parar durante meses y, entonces sí, a replantarse su carrera, sus adicciones, su vida.
"El cáncer fue mi suerte. Doy gracias a Dios por tenerlo. Descubrí que estaba enfermo en julio de 2013, nada más llegar al Sassuolo. Me operaron y seguía comportándome como un no profesional fuera del campo. Por fortuna alguien de ahí arriba me amaba y me envió de nuevo la enfermedad. Sin ella hubiera terminado muy mal. Nadie me hubiera salvado. Sin la enfermedad habría acabado jugando en la Serie 'B' o, tal vez, me habría retirado. Estoy satisfecho de la persona en la que me he convertido a pesar de todas mis deficiencias", afirmaba al mismo medio quien, tras su regreso a los campos de fútbol, ya empezó un ascenso lineal.
Fuera de la selección
Titular en el Sassuolo hasta llegar a debutar como internacional por Italia, en 2018 le fichó la Lazio de Simone Inzaghi, celebró su primer título -la Coppa de aquella temporada- y en 2022 se fue con Inzaghi al Inter. Ya habitual en la Italia que ganó la Eurocopa de 2021, aunque suplente de Bonucci y Chiellini, el año pasado protagonizó una polémica que le apartó temporalmente de las convocatorias.
Luca BrunoAP
El defensa del Nápoles Juan Jesus aseguró que había recibido insultos racistas de él ("me dijo vete negro, solo eres un negro"), aunque semanas después Acerbi no fue sancionado por falta de pruebas. Este martes, en la vuelta de las semifinales ante el Barcelona, después de frenar varios ataques azulgranas, encararse con Iñigo Martínez y con quien se le pusiera delante durante más de 90 minutos, marcó el gol de su vida. Para siempre, entre la afición culé, quedará el recuerdo de su físico ideal.
Aparece Rafa Jódar, con sus 17 años, y sus 1,90 metros, y su juego directo, y sólo queda una certeza: el tenis español tiene futuro. En los últimos tiempos no ha celebrado muchos éxitos que no fueran de Carlos Alcaraz, pero la cantera sigue rebosando talento. En el US Open júnior, por ejemplo, en las últimas cuatro ediciones ha habido tres campeones españoles: Dani Rincón en 2021, Martín Landaluce en 2022 y Jódar este 2024, una racha que no había encadenado ningún país. En la final del Grand Slam estadounidense de este sábado, en la inmensidad de la pista Arthur Ashe, Jódar al noruego Nicolai Budkov Kjær, el ganador del último Wimbledon junior, el número uno del mundo en menores de 18 años, por 2-6, 6-2 y 7-6(1).
"Estoy viviendo un sueño ahora mismo. Ha sido una batalla preciosa y me gustaría felicitar a Nicolai por el partido. Ha sido un placer jugar contra él", comentaba Jódar en sala de prensa con una educación exquisita.
De Leganés, formado por su padre y por los entrenadores del Club de Tenis Chamartín, Jódar empezó a pelotear en su garaje, para luego practicar en unas pistas de pádel cercanas a su casa y descubrir la competición a los siete años. El año pasado ya dio la campanada al ganar por sorpresa y con sólo 16 años el Campeonato de España junior y desde entonces combina las sesiones en su club con 'stages' en la academia BTT de Sant Cugat, donde aprende de Francis Roig, ex entrenador de Rafa Nadal. Precisamente Nadal fue su ídolo de infancia -el primer partido que vio en televisión fue la final del Open de Australia de 2012 perdida ante Novak Djokovic- y un espejo en el que mirarse, madridista como él, aunque el estilo de ambos es muy distinto.
Con su físico, Jódar se acerca más al tenis de Jannik Sinner, el actual número uno del mundo, pese a que todavía le queda mucha formación. Antes del US Open junior, el español se había comprometido con la Universidad de Virginia para jugar allí a partir de enero, aunque ahora podría intentar un salto temprano al circuito ATP. "No puedo decir lo que voy a hacer. Para ser sincero, todavía no lo he decidido", aseguraba después de levantar el título más importante de su corta carrera.