Hace un año los padres de Paul McGrath reservaron su viaje para los Juegos de París: vuelos y apartamento, todo, y sin posibilidad de cancelación. No fue orgullo paternal, ni mucho menos una locura, fue lo más sensato. Porque McGrath debutará como olímpico este verano a los 22 años y es probable que lo haga con una medalla. Este sábado en el Europeo de Roma certificó la progresión que lleva desde hace años con un oro en los 20 kilómetros marcha.
Era su debut con la selección, pero no era una sorpresa. De madre española y padre escocés -y muy seguidor del Celtic-, desde sus inicios en la marcha en Gavá a los cinco años, McGrath prometía éxitos. Fue bronce en el Mundial sub20 de 2021, campeón de Europa tanto sub20 como sub23 y este mismo año le ganó el Campeonato a España a todo un Álvaro Martín, vigente doble campeón del mundo.
Al llegar entre los mejores ya era uno de los favoritos. En la prueba de este sábado, McGrath se mantuvo en el grupo hasta que saltó el sueco Perseus Karlström, subcampeón del mundo tras Martín el año pasado, y se fue con él. A media prueba, el título ya estaba entre ellos y se resolvió para el sueco, cosas de la experiencia. McGrath llegó a demarrar y marcharse, pero entre avisos al español Karlström remontó para llevarse el oro.
Fue un martes 13, la madrugada del martes 13 de julio de 2010, cuando el mundo de Maria Petit cambió. Volvía de fiesta en moto junto a una amiga, no pudo esquivar a un camión de harina mal aparcado y el impacto fue violento. Por suerte -y seguramente gracias al casco que llevaba puesto-, salvó la vida, pero perdió la vista. A los 17 años pasó de adolescente «que salía mucho» a...
«A buscar mi sitio de nuevo como podía. Con los estereotipos que tenía creía que o me ponía a vender cupones o me convertía en paralímpica», recuerda en conversación con EL MUNDO Petit que, al principio, optó por el segundo camino. O, mejor dicho, se lanzó de cabeza al segundo camino. Corrió, corrió y corrió hasta llegar a la final del Europeo de atletismo paralímpico de 2014, hasta completar los 100 metros en 14 segundos, hasta que se dio cuenta que se estaba equivocando. «Corría por inercia, para demostrar que seguía siendo válida, pero no era lo que necesitaba. No me había adaptado a la ceguera, no era independiente. Podía competir en el Europeo, pero no salía sola de casa. Decidí parar. Y, entonces sí, fue muy duro, pero llegó la adaptación real», rememora Petit, un torbellino, purito nervio, que ahora sabe dónde descargar toda su energía.
Su técnica en la montaña
Mientras estudiaba Integración Social y encontraba su sitio en el mundo laboral -hoy trabaja en la comunicación de Hallotex, una empresa textil de Mataró-, probó el yoga, probó el surf, probó el fútbol, probó la escalada en roca, probó el kayak y, entre otras muchas cosas, probó el trail running. Y ahí se enganchó. ¿En el trail running? Sí, sí, en el trail running. Correr por la montaña no parece lo más recomendable para una persona invidente, pero Petit ha hallado la manera. Con su método ha finalizado las pruebas cortas del Trail Moixeró o de la Gorbeia Suzien y recientemente completó los 44 kilómetros de los Tres Días Trail Ibiza en un tiempo destacable.
MATIAS NOVOARISTA
¿Cómo lo hace?
Correr en asfalto es relativamente fácil. Si las piernas te funcionan puedes incluso ir rápido con la ayuda de un guía. Pero en la montaña es diferente. Llevo dos guías, una delante y la otra detrás, y las tres vamos cogidas a una barra. La guía de delante es quien da las instrucciones, quien avisa de piedras, de raíces, de agujeros, de ramas, y la guía de detrás lleva el timón. Se necesita valentía, ganas de vivir emociones fuertes y mucha confianza en el equipo. En las bajadas vamos rápido y hay mucha tensión, pero es divertidísimo.
Petit confiesa que acaba las carreras con las piernas hechas trizas y que ha perdido la cuenta de las caídas sufridas, pero no va a parar. «No veo el paisaje, pero siento el paisaje. Lo distingo a través de mis pies. La tierra, la vegetación. Cuesta explicarlo, pero yo también siento que estoy en contacto con la naturaleza, vivo esa libertad, noto esos estímulos distintos», revela la corredora que sueña con correr un maratón de montaña, aunque es complicadísimo soportar el desgaste.
La dificultad de entrenar
Más allá del cansancio físico -de correr y de sostener la barrer-, la exigencia psicológica es alta y prepararse es casi imposible. Cada vez que quiere salir a correr por la Serralada Litoral que rodea Vilassar de Mar, su pueblo, a unos 25 kilómetros de Barcelona, Petit tiene que cuadrar la agenda de tres personas: toda una gesta. «Corro por asfalto, que es más fácil, y hago ejercicios de fuerza. Pero sé que será difícil. No pienso eso de 'si quieres, puedes'. Hay mensajes motivacionales que blanquean la discapacidad. Yo no soy una superheroína, ni tampoco un ser de luz. Tengo mucha empenta, pero llego donde llego y no soy ni más buena ni más mala que antes», aclara quien desde la Fundación Adecco lucha por favorecer la integración laboral de las personas con discapacidad.
MATIAS NOVOARISTA
«Para mí es más fácil subir al Kilimanjaro o al Aneto que bajar a la calle a tirar la basura. Sigue habiendo obstáculos, pero puedo cumplir con mi trabajo sin problema. Utilizo el móvil, el Whatsapp, las redes sociales, ha habido muchos avances en eso», expone Petit, que asegura que ha vuelto a subir a una moto y que, en realidad, apenas piensa en el martes 13 de julio de 2010 en el que su mundo cambió.
España se levantó segunda y se acostó sexta, aunque con posibilidades de acceder al podio. Italia, con 290 puntos, se aleja de Alemania (266), Polonia (256,5), Países Bajos (253,5) y Gran Bretaña (252). En una jornada agridulce, España (249 puntos) está cerca de estos cuatro equipos gracias sobre todo a unos soberbios relevos 4x100 femeninos, resueltos con un segundo puesto, tras Países Bajos (42.02), y un récord nacional: 42.11. Esperança Cladera lo hizo muy bien. Un defectuoso cambio de testigo entre Jaël Bestué y Paula Sevilla impidió tal vez la victoria. La rascó, enérgica, entusiasta como siempre, Maribel Pérez.
Hubiera mejorado España el puesto o, al menos, la puntuación si Daniela Fra no se hubiese caído en los 400 metros vallas cuando iba primera a la entrada de la recta. Se llevó el obstáculo por delante con la pierna de atrás, la izquierda. Iba muy cansada.
El equipo tocó suelo con ella, decimoquinta y con María González Sanchís, decimocuarta en el triple salto (¡Ay, Peleteiro!) No tocó el cielo con nadie, aunque, dicho está, lo rozó con las chicas del 4x100. Quique Llopis, cuarto en los 110 vallas, fue víctima de errores técnicos en el paso de los últimos obstáculos, cosa rara en alguien tan técnico. No es la primera vez que le ocurre esta temporada. En este juego de sorpresas negativas y positivas que definen una competición como este campeonato, Diego Casas, cuarto en el disco (64,77), compensó el semifiasco de Llopis. Los demás españoles se movieron en toda clase de puestos intermedios.
Ilusiones de podio
Mención negativa para Lester Lescay, uno de los puntales del equipo, en el salto de longitud. Empezó con dos nulos, se vio obligado a asegurar para puntuar, realizó unos pobretones 7,80 y acabó noveno. Rozó un desastre en el que cayó de lleno el representante de Países Bajos, el equipo que empezó la jornada como líder. Después de todo, España le recortó ocho puntos. He ahí el ejemplo de cómo un mal momento puede resultar positivo en una competición jugada a múltiples bandas, que sólo adquieren su valor real no por sí mismas, sino en comparación con las otras.
España, en resumen, salvó la papeleta en la jornada teóricamente menos favorable. Mantiene aún, pues, ilusiones de podio a la espera de la, también teóricamente, la más beneficiosa, la dominical y última. En una competición de esta naturaleza, las marcas son menos importantes que los puntos. Pero, claro, las mejores marcas aportan más puntos. Incluidas las fascinantes carreras tácticas, distintas de las vertiginosas pero rutinarias de los mítines. La mejor marca del día corrió a cargo de Militiadis Tentoglou en el salto de longitud: 8,46.
Domingo ardiente en la temperatura y en la pasión que despierta una competición abierta a todas las emociones.