“Veo que todavía hay niños por aquí. ¿Qué hacéis aquí? Deberíais estar durmiendo. A mi me va a costar mucho dormir con la adrenalina que llevo, así que si hay alguna fiesta me apunto”. Eran las 3:08 de la madrugada en París cuando Novak Djokovic, feliz por seguir vivo en Roland Garros, bromeaba ante el público de la Philippe Chatrier y salvaba así a la organización del torneo.
En aquel instante, después de salvar su partido ante el italiano Lorenzo Musetti, cualquier cosa hubiera podido pasar. En caso de derrota quizá el serbio habría puesto el grito en el cielo. Si Iga Swiatek, la número uno de la WTA, se quejó por el ruido en las gradas… ¿Qué hubiera dicho de jugar plenamente de madrugada? Pero Djokovic, alegre, juguetón, simplemente hizo un chiste con la hora. En la pista central del Grand Slam parisino, en un ambiente de after, los aficionados celebraron sus palabras, aunque previamente habían empujado a Musetti.
EMMANUEL DUNANDAFP
Porque el italiano de 22 años estuvo cerca, muy cerca, muy, muy cerca de la victoria de su vida. Como en otras ocasiones, Djokovic se asomó al abismo, sonrió y saltó. Musetti llegó a ganarle dos sets, pero el serbio aceleró entonces para llevarse el encuentro por 7-5, 6-7(6), 2-6, 6-3 y 6-0 en cuatro horas y 29 minutos. La actuación del todavía número uno del ranking ATP es imposible de analizar.
En los primeros sets se le notó cansado, exhausto, jadeando después de los intercambios largos, incapaz de poder seguir el ritmo. Desde hace días se especula sobre alguna lesión o alguna dolencia oculta que provoque sus extraños movimientos, pero él lo niega. Y razón tendrá pues en los últimos sets volvió a ser el Djokovic de cerca, un tenista iracundo, el amo del circuito. El serbio necesita levantar su 25 Grand Slam para no perder el número uno ante Jannik Sinner y ahora no se puede descartar que lo haga.
El set de Dimitrov
Más bien todo lo contrario. Si es capaz de remontar así puede ser capaz de cualquier cosa. En octavos de final se enfrentará al argentino Francisco Cerúndolo, aunque antes deberá recuperar del tute al que le obligó la organización de Roland Garros. Porque su partido se alargó, es cierto, pero se jugó de madrugada por otro motivo: empezó justo antes de que tocaran las 23.00 horas.
Por culpa de la lluvia incesante, el torneo lleva días añadiendo partidos a los horarios de las dos pistas centrales, la Philippe Chatrier y la Suzanne Lenglen, y este sábado se la jugaron a todo o nada. Antes de que empezara el Djokovic-Musetti había un hueco de un par de horas y colocaron ahí el enfrentamiento interrumpido entre Zizou Bergs y Grigor Dimitrov. Si el búlgaro vencía en tres sets todo iría rodado, pero lo hizo en cuatro y el planning se descuadró. Años atrás, antes de que existiera la sesión nocturna, la única que emite en Francia la tele de pago -Amazon Prime-, los partidos en Roland Garros se interrumpían a la medianoche. Este sábado Djokovic casi empieza a esa hora. Suerte que se lo tomó con humor.
En la pista de patinaje de Boadilla del Monte un joven da vueltas y vueltas a una velocidad de vértigo bajo la atenta mirada de de Elba Alonso, su entrenadora. Guillermo Gómez Correas (Aranjuez, 2007) gira, salta, baila, hace piruetas, cae y se levanta, una y otra vez. «No duelen, estamos acostumbrados», explica después. Hace un par de meses se proclamó campeón del mundo júnior de patinaje artístico en Rimini (Italia), dominando el programa corto y el largo con una superioridad tal que su puntuación global (257,76) estuvo por encima incluso de la de los competidores senior.
«Y sólo pude llegar al 90% de lo que era capaz, porque hubo un combinado que por la lesión no pude entrenarlo del todo», rememora el patinador sobre su pesadilla, una fractura por estrés en el pie por la que tuvo que renunciar al Europeo para intentar acudir en la mejor forma posible al Mundial, un escaparate imprescindible. Porque pese a su excelencia, el sueño de Guille es de esos que van contra corriente, una disciplina no sólo minoritaria sino también fuera del universo olímpico, el gran anhelo.
Sólo el skate logró colarse en el programa de los Juegos de verano de los deportes que engloba el patinaje sobre ruedas, aunque la modalidad sobre hielo sí que este incluida en los invernales. Ahí está la leyenda de Javier Fernández, un espejo en el que Guillermo se mira, aunque en su paradoja cierre puertas, visibilidad y subvenciones. «A nosotros sólo nos faltaría ser olímpicos. El nivel es altísimo. Por rivalidad y competitividad, estamos por encima del hielo, que, sin las patinadoras rusas, ha bajado. Sin ellas no hay saltos cuádruples. Y los triples también los hacemos en ruedas», expone Gómez Correas, familia de nadadores, cuyos inicios se sitúan en el club Patinaje de Ocaña hasta que Albert Palau le descubrió en su primera competición: «Un diamante en bruto».
Guillermo Gómez Correas, en acción.JAVIER BARBANCHOMUNDO
Ese hándicap nunca frenó su deseo. Guillermo creció viendo los éxitos de Pau García, cuatro veces campeón olímpico ya retirado, y a ello aspira. Aunque por el camino no sólo tenga que realizar malabares sobre los patines. «Por suerte, el material me lo subvencionan mis patrocinadores. Pero tenemos que pagar las coreografías, el montaje de discos, los trajes, los viajes a las competiciones...», detalla ante la atenta mirada de su madre, Loli, que también es la que le prepara físicamente y que seis veces a la semana recorre 150 kilómetros para que su hijo pueda entrenar en Boadilla después de terminar en el instituto. Ante los obstáculos, Guillermo nunca dudó en recurrir al ingenio.
El año pasado, para poder revalidad su oro en la Copa del Mundo, tenía que competir en Trieste y, sobre todo, en San Juan (Argentina). Ante lo elevado de la cuantía, organizaron un crowdfunding y en pocos días superó los 4.000 euros que necesitaba. En su lucha por dar visibilidad a sus hazañas no sólo recurre a las redes sociales, donde es todo un fenómeno viral con sus hipnóticas coreografías. Cuando tenía 13 años impresionó en el programa televisivo Got Talent, donde se presentó ante el jurado con un emotivo discurso: «Quiero que el patinaje se presente en televisión, porque es un deporte muy bonito y con mucho sacrificio».
Gómez Correas, entrenando en Boadilla.JAVIER BARBANCHOMUNDO
También ha aparecido en una serie americana de Disney +, 'Saturdays'. Y hasta ha batido un récord Guiness. «Me escribieron del programa, me habían visto con la spinner y creían que se podía batir el récord. Empecé a ensayar más, a plantearme el objetivo. Lo logré al primer intento», explica sobre un reto 'mareante' para «seguir visualizando el patinaje artístico a nivel mundial». El 27 de febrero en Milán, en el programa de televisión italiano 'Lo Show Dei Record', Guillermo dio 92 giros con una sola pierna sobre su spinner de entrenamiento en sólo un minuto.
Pero, más allá del show, que él asume como necesario para reivindicar su disciplina, lo de Guillermo es pura pasión por el patinaje artístico, un talento único. En lo artístico -«me encanta emocionar a la gente, no sólo quiero ganar, quiero transmitir»-, donde cuenta con la complicidad de las tribunas, y en lo deportivo. Ahí, el madrileño ha supuesto todo una revolución a la hora de romper estereotipos. Porque su patinar no sólo se apoya en poderosos saltos de dominio físico, también ha incluido un nivel altísimo en las piruetas, algo que parecía exclusivo de las patinadoras. «Se ha comprobado que un chico puede saltar, hacer triples perfectos, pero también piruetas igual que las chicas o mejor. Eso antes no pasaba», asegura quien hasta logró que la Federación Internacional homologara una pirueta única, bautizada con su nombre. La Hell-Biellmann Go-Co (Gómez Correas, sus apellidos) fue incluida por World Skate en el reglamento en 2020, una combinación inédita de dos dificultades en una con un valor base de 5,8 puntos, el mayor de los que se realizan.
Gómez Correa, durante un entrenamiento en Boadilla.JAVIER BARBANCHOMUNDO
Toda esa destreza la tuvo que poner a prueba en el Mundial de Rimini, a pesar de que los meses anteriores fueron una tortura por una lesión a la que sigue buscando solución. Tuvo que renunciar al Europeo -que ganó otro español, su compañero de selección Unai Cereijo- y asumir mentalmente que no llegaría en la plenitud deseada. Lo bordó en el programa corto, pero después le llegó «una crisis de ansiedad» que estuvo a punto de arruinarlo todo. «Las expectativas eran altas. El pabellón estaba lleno, todo el mundo estaba esperando que Guille lo hiciera perfecto, que hiciera un discazo y toda la grada se levantara. Había mucha presión, pensamientos intrusivos, no estaba seguro de querer salir a competir, estaba mal», recuerda quien logró superar el trago cuando la música comenzó a sonar. Campeón del mundo júnior, el objetivo de una vida. «Estaba contento, pero en el fondo sabía que podía haber hecho mucho más. Es raro, pero fue un poco sabor amargo», admite.
A Guille le queda un año más en la categoría , donde tratará de revalidar todos sus títulos -«he ganado todo lo que he competido», entre otras cosas cuatro veces consecutivas campeón de España- antes de dar el salto inaplazable a la absoluta. Seguirá esquivando prejuicios («muchos piensan que el patinaje es un deporte más femenino, pero a la gente que no te hace bien hay que silenciarla») y luchando por una disciplina en la que España e Italia son los dominadores mundiales y que reivindica con un discurso claro: «Es un deporte que abarca muchísimo. Tienes que correr para hacer cardio, hacer gimnasio para estar fuerte, saber interpretar todo tipo de músicas, ser buen bailarín, flexible... y, por supuesto, patinar. Y, además, ser mentalmente fuerte. Es la suma de muchas pequeñas disciplinas. Tiene tantos detalles, que te acaba enamorando esa suma».
Hace unos años Jonas Deichmann trabajaba como vendedor para una start-up alemana, Benify, cuando tuvo una revelación: ¿Por qué estar ocho horas al día sentado en una oficina de Múnich cuando podía estar ocho horas al día dando vueltas por el mundo sobre su bicicleta? Y dejó su puesto de trabajo. Y cambió de profesión. Hoy es aventurero. Vive de completar desafíos, de mostrarlo en medios de comunicación y redes sociales, de contarlo en libros y documentales y de explicarlo en conferencias. No hace otra cosa. Pedalea, nada o corre y lo enseña. ¿Un trabajo soñado?
«Tengo mis patrocinadores y sé cómo buscar fondos. Tampoco necesito mucho para vivir», explica Deichmann en conversación con EL MUNDO desde Múnich, donde vive y entrena unas 50 horas semanales entre desafíos. El último, que completó entre mayo y septiembre, fue acabar un Ironman al día durante 120 días consecutivos. Eso quiere decir, 3.800 metros nadando, 180 kilómetros en bici y un maratón a pie cada día. Siempre lo hacía en el recorrido oficial del challenge Roth alemán, una de las pruebas más famosas del mundo, y rodeado de amigos o seguidores que deseaban acompañarlo un rato.
«Fue realmente duro, lo más duro que he hecho nunca. Me exigía llevar un ritmo bastante alto para tener tiempo para descansar antes de volver a empezar al día siguiente», comenta el alemán, el gran especialista mundial en retos de ultradistancia, que sin dar detalles asegura que en 2025 irá más allá.
Aquella perrita en México
A sus 37 años, su cartel impresiona: en 2017, antes incluso de dejar su trabajo, pedaleó del Cabo da Roca, en Portugal, a Vladivostok, en la Rusia asiática; en 2018 cubrió en bicicleta el camino panamericano de Alaska a Ushuaia; al año siguiente viajó de Ciudad del Cabo al extremo norte de Noruega y vuelta a Ciudad del Cabo; y en 2021, después del descanso pandémico, se decidió a recorrer el mundo entero en más de 400 días haciendo triatlón. Primero nadó 450 kilómetros en el Adriático, luego pedaleó 21.000 kilómetros por toda Europa -incluida la costa mediterránea española- y finalmente corrió los 5.060 kilómetros que cruzan México de lado a lado. Allí vivió una de las experiencias de su vida: una perrita le empezó a seguir y él, apodado 'el Forrest Gump alemán' se hizo famoso en todo el país. «Era mi película favorita de niño así que me encantó ese mote. Me dejé la barba larga y me puse la gorra de Bubba Gump», recuerda.
¿Y qué hace cuando aparecen los dolores?
Algunas veces, pero en general me siento bien. Llevo muchos años haciendo deporte de resistencia y en cada gran proyecto noto como el cuerpo se adapta. Después de los primeros días ya coge el ritmo. Entreno mucho para cada reto y controlo mucho el ritmo. Nunca voy rápido.
¿De dónde saca tanta motivación?
La verdad es que eso nunca ha sido un problema para mí. Me siento muy afortunado de vivir tantas aventuras. Cuando tengo un mal día, una jornada con malas condiciones, soy optimista y pienso en los días buenos que vendrán.
Hasta 10.000 calorías al día
Nacido en Stuttgart y criado en un pueblecito de la Selva Negra alemana, Deichmann se graduó en Suecia en Administración y Dirección de Empresas (ADE) y luego hizo un master en Dinamarca antes de empezar a trabajar como comercial en su país y darse cuenta de que, en realidad, eso no era lo suyo.
«Mi abuelo ya fue un aventurero, cazaba serpientes en Guinea, y fue una gran influencia para mí. De pequeño yo hacía ciclismo y llegué a competir como cadete o junior, pero lo mío no era la velocidad, si no la resistencia. En mis tiempos de la universidad ya organizaba viajes por mi cuenta por los Alpes y descubrí lo mucho que disfrutaba», recuerda el alemán que para poder completar sus andanzas sigue una dieta basada en los carbohidratos de entre 7.000 y 10.000 calorías al día. «Básicamente como todo lo que puedo. En casa es relativamente fácil de hacerlo. También en lugares como España, donde recuerdo comer increíblemente bien. Pero en algunos países he pasado mucha hambre y he perdido mucho peso», finaliza Deichmann, el comercial que dejó la oficina para convertirse en aventurero a jornada completa.
El martes había colas por toda Málaga, para salir del metro, para entrar al pabellón Martín Carpena, para sentarse en las gradas, para mear en el baño, para pedir una hamburguesa o para pedir un taxi de vuelta, y en los últimos días ya no hay ni una. La misma Copa Davis, pero otra Copa Davis. La eliminación de España ante los Países Bajos fue un duro golpe para la competición, que había previsto una semana de un lleno absoluto y ahora debe trabajar para llamar el interés.
Si la retirada de Rafa Nadal fue capaz de atraer las miradas de todo el mundo y disparar las audiencias televisivas en España pese a que fuera en la televisión de pago -214,000 espectadores lo vieron en Movistar Plus+-, en su desenlace el atractivo será mucho menor. De hecho el resto de eliminatorias de cuartos de final no llegaron a los 20.000 espectadores, el mínimo para aparecer en el cómputo de audiencia.
THOMAS COEXAFP
Los aficionados, especialmente extranjeros, que pagaron miles de euros en la reventa para ver despedirse al ganador de 22 Grand Slam finalmente asistieron este viernes a una semifinal entre Países Bajos y Alemania con protagonistas fuera del Top 50 de la ATP como Botic van de Zandschulp o Daniel Altmaier. En el pabellón andaluz estaba prevista la presencia de leyendas del deporte como Roger Federer, Pau Gasol o Tiger Woods e incluso de personalidades como Bill Gates, pero finalmente ninguno apareció. Con esas bajas, en la gran carpa alquilada por la organización para hospitality sobraba espacio.
Sinner, la salvación
Desde el cambio de formato firmado por la Federación Internacional de Tenis (ITF) y la empresa de Gerard Piqué, Kosmos, la competición parece arrastrar un mal fario, que sólo disipó momentáneamente la victoria de España en Madrid en 2019 y las semifinales entre la Serbia de Novak Djokovic y la Italia de Jannik Sinner del año pasado. Ahora es precisamente el mismo protagonista, Sinner, quien está llamado a levantar los ánimos, la afluencia a las gradas y las audiencias televisivas; si él cae, el desastre. Su Italia se enfrenta este sábado en semifinales a Australia y se ven muchos seguidores suyos por Málaga, eufóricos desde la victoria de Italia el miércoles en la Billie Jean King Cup.
Manu FernandezAP
Un segundo triunfo consecutivo de Sinner vestiría la Copa Davis y elevaría su repercusión mundial, cualquier otro escenario sería menor. En la parte baja del cuadro, la suerte ha sido la presencia de Países Bajos y su capacidad para arrastrar afición. El millar de 'oranjes' que llenaron el Martín Carpena ante España y superaron en ruido al público local se multiplicó este viernes en las semifinales para regocijo de la economía local.
Fue un pequeño alivio para los hoteleros de Málaga, que el miércoles registraron numerosas cancelaciones, para los restaurantes del centro y especialmente para todos los servicios ofrecidos alrededor del Martín Carpena. Con el tirón de España y de Nadal, se habían montado numerosos stands -uno de ellos de la academia del propio Nadal-, y en los días posteriores el bajón había sido evidente.